domingo, 30 de octubre de 2011

¿Quién desea ser un autor anónimo?


En el tiempo que llevo frecuentando los blogs y foros de literatura, me he encontrado con algunas situaciones difíciles de asimilar.  Una de ellas es el uso de un “nick” o sobrenombre.  Esto no me llamaría la atención si se tratase de alguna red social como Twitter, pero es curiosa la manera cómo los que tienen intenciones de dedicarse a la escritura, se esconden tras un nombre que nada tiene que ver con sus deseos de publicar.

Siempre me ha parecido incongruente el que un escritor no se conozca por su nombre de autor. Están los casos en que algunos escritores utilizan de manera habitual un seudónimo; es una estrategia muy diferente. Un autor debe ser conocido por nombre y apellido, de manera que se le pueda ubicar en la red con facilidad, si su intención es hacerse de un nombre, claro.  Para el que quiera escribir para sí mismo no cuenta lo que acabo de decir.

Me he tropezado con casos en los que me dejan mensajes y no recuerdo el verdadero nombre. Cuando voy a su blog sigue utilizando el nick, y sin embargo desea publicar y de hecho, lo hace en su blog, pero siempre bajo el susodicho nick.

Yo les recomendaría que faciliten la tarea a sus probables o posibles lectores, y utilicen sus nombres y apellidos; es mucho más sencillo para reconocer su obra, que un “Julio P”. o un “Rositadelcamino” o un “ángeldelaguarda”.  Es mucho más fácil dar con un Teo Palacios, un Guillem López, una Lola Mariné, una Marta Querol Benech, una Maribel Romero un Blas Malo, un Armando Rodera, un Fernando Trujillo Sanz, un Alejandro Laurenza, un Fernando Hidalgo,  un FranciscoGijón o una Arlette Geneve (estos últimos son seudónimos bajo el que salen todos sus libros) y si es posible una foto, para que su rostro se haga conocido.  Creo que ya que tenemos al alcance tantas herramientas que nos facilitan la difusión, deberíamos utilizarlas al máximo.  Y, por supuesto, nunca está demás decirlo: hacerse presente en la red, porque en estos tiempos de memoria rápida es muy fácil olvidarse de los nombres cuando no se ven con frecuencia.

Recuerdo que este debate se dio en el foro El Recreo, hace ya tiempo, cuando ese sitio estaba en su apogeo, y la mayoría de los que deseaban publicar utilizaban un nick.  Algo incomprensible, completamente fuera de lógica. Entiendo que se utilice un nick en el caso de que se quiera pasar inadvertido o se desee ocultar su identidad, (no sé con qué intenciones, la verdad) pero en una de las redes sociales más importantes, como es Facebook, todo el mundo o casi todos usan sus nombres y apellidos, ¿por qué entonces utilizar un apodo?

Espero no haber ofendido a nadie con esta entrada; creo que los aficionados a los nicks deberían pensárselo un poco si desean ser escritores y llegar a publicar, que el camino se hace andando y cuando más “suene” el nombre, mejor será para el autor.

¡Hasta la próxima!

B.Miosi


martes, 25 de octubre de 2011

Conociendo a Fernando Hidalgo, «Panchito», administrador de Letras Entre Amigos

Una charla con Fernando Hidalgo, autor de dos libros de cuentos y administrador de un sitio que parece un foro pero no lo es: Letras Entre Amigos.  Más popular por su nick «Panchito», pocas son las personas asiduas a los foros literarios que no lo conocen.

Mi primer encuentro con Fernando Hidalgo fue en el foro Bibliotecas Virtuales hace ya cinco años.  Muchas lunas han transcurrido desde entonces y es ahora cuando decidí entrevistarlo, tomando como pretexto la publicación de sus dos libros de cuentos: «Fábulas del siglo XXI» e «Historias para minutos», los que se pueden leer absolutamente gratis en 24symbols.  Digo que es un pretexto pues él siempre ha rehuido cualquier clase de publicidad, es una persona que ayuda en silencio y sé por experiencia que hay algunos escritores y aspirantes a serlo que le deben mucho.  Fernando es un lector avezado, uno de los pocos que conozco que sabe diseccionar un texto y encontrar los defectos aunque a nosotros nos parezca perfecto, lo cual es de agradecer en un mundo donde por lo general las lecturas se hacen por amiguismo y las felicitaciones por reciprocidad.

―Fernando, ¿cómo irrumpes en el mundo de los foros literarios y por qué siendo de profesión médico eres tan buen lingüista y un excelente corrector de textos?

―Hola Blanca, va a ser un placer hablar contigo de Literatura. Llegué a Bibliotecas Virtuales de modo totalmente casual. Alguien contactó conmigo por e-mail a raíz de un libro que escribió mi padre y me sugirió que pasara por ese foro. Yo ni siquiera sabía entonces que existían sitios como ese. Nunca se me habría ocurrido. Hice bachiller de Ciencias, no de Letras, y disto mucho de saber lo que sabe un filólogo. Sin embargo la lógica del idioma me apasiona. La lógica del lenguaje es bastante parecida a la lógica del Álgebra, por ejemplo, o de la Informática. Por eso, cuando descubrí el foro, me hice asiduo.

―No sé si Bibliotecas Virtuales fue un foro tan bueno como lo recuerdo o si lo considero así porque le guardo mucho cariño por ser el sitio donde podría decir que aprendí que escribir era algo más que poner una palabra tras otra.  ¿Qué piensas de ese foro? ¿Cuál ha sido el que más has disfrutado?

―Yo también le guardo mucho cariño. BV fue en su momento un gran foro, bien organizado y con bastante actividad. La organización depende de la administración del foro pero la actividad, la vida, se la dan los usuarios. En aquellos momentos, hace unos cinco años, confluyó allí un grupo de gente valiosa y muy participativa. Tuve la impresión de que había dos tipos de escritores: los que realmente querían hacer Literatura y buscaban mejorar, perfeccionarse, y los que sólo querían dar a conocer su hobby, sin más pretensiones; ambas posturas son muy válidas, pero el comentario superficial y amable que requerían los segundos no servía para los primeros, que necesitaban una crítica veraz y que les fuera útil.  Empezamos a hacerlo así y, salvo algún pequeño roce al principio, se asimiló muy bien y creo que fue entonces cuando BV vivió su edad de oro. Después se vino abajo por lo de siempre: conflictos entre las personas. Visitarlo ahora es como pasear por una ruina romántica. Allí está casi todo, aún, como las tumbas de un cementerio olvidado.  Sólo he participado en cuatro foros de Literatura: Bibliotecas Virtuales, Prosófagos, Prosadictos y Letras entre amigos. Pero básicamente ha sido con las mismas personas, que han ido pasando de un foro a otro. Para mí todos son el mismo foro y he disfrutado todos por igual.

―Un foro literario es un lugar de encuentro entre personas con un mismo interés: el intercambio de opiniones acerca de sus textos, sin embargo hay quienes entran únicamente para ser leídos o en algunos casos para ser corregidos, sin aportar nada positivo, ¿qué les dirías a esas personas?

―Los foros son para compartir. Si no se da, no se recibe. Por lo que he visto, los mejores escritores no suelen ser los mejores críticos, y viceversa. Si alguien escribe muy bien, o alguien analiza un texto muy bien, para mí es valioso y aporta algo positivo, aunque no participe en otros aspectos. Hay personas que no comentan porque no se les da bien o no les interesa comentar; y personas que no escriben, por los mismos motivos. A eso no le doy mucha importancia. Lo que sí la tiene es la actitud. Hay que aportar, o uno mismo se excluye. No responder a los comentarios, o ser agresivo en la crítica, incluso grosero, o excesivamente distante, prepotente, o recalcitrantemente obtuso, o demasiado susceptible… Todo eso da problemas.

―No siempre reina la armonía en un lugar donde hay muchas personalidades diferentes y es bien sabido que los escritores tienen un ego más grande que ellos mismos. Sé que has tenido algunas diferencias con otros participantes, ¿qué es lo que más te irrita de estos sitios?

―En Internet, con la distancia y el anonimato, surgen roces con facilidad. Pero un foro de Literatura debería ser distinto. Se debe acudir a estos sitios con una actitud de aproximación a los demás, de descubrir y compartir ideas y puntos de vista. A veces se tocan temas sensibles; dices que los autores tenéis un gran ego, pero también sois vulnerables pues de algún modo os reflejáis sobre lo que escribís. Existe ese pudor. Sin embargo la crítica, la opinión, ha de ser sincera; si no, no serviría para nada. Por eso creo que un foro de Literatura ha de ser un grupo de amigos, un lugar sin máscaras ni naipes en la bocamanga, donde se pueda comentar con franqueza sin que eso se diga ni se reciba como una ofensa. De lo contrario es fácil que acabe siendo un corral de gallos. O un acuario de ostras.  Los malos entendidos imposibles de enderezar por la necedad que los acompaña son lo que más me irrita.

―En la actualidad administras más que un foro: un club de escritura. ¿Qué expectativas tienes? ¿Estás satisfecho con la participación de sus miembros? ¿Qué te motivó a abrirlo? ¿Cuál es la diferencia con otros?

―Verás, tanto Prosófagos como Prosadictos surgen de “naufragios”.  Son botes salvavidas creados a toda prisa porque el barco anterior se hundía. Después de ver lo que sucedió con Prosófagos y el rumbo que tomó Prosadictos, ya no quise seguir apostando por ese modelo. Si el foro al final pertenece a una sola persona, lo mejor es que quede claro desde el principio. Como lo estaba en BibliotecasVirtuales.  Letras entre amigos no es un refugio de náufragos, nadie tiene que venir “por necesidad”. Es un foro que creamos —te recuerdo que eres cofundadora— sin más normas que las de la amistad y el sentido común. Somos pocos, tiene una parte abierta pero no es un foro abierto, y lo planteé casi como un taller. No sólo se cuelgan relatos y se comentan; a veces se trabaja durante semanas sobre un texto propuesto por algún miembro. Eso se hace en la parte más privada del foro, naturalmente.  Por el momento estoy muy satisfecho. Tenemos hasta un “héroe” al estilo de El Zorro: El Gramático Justiziero, ja ja, que nos saca de cualquier duda lingüística. Como lleva antifaz nadie sabe quién es. Es el único “anónimo” del foro. Y como todo taller ha de tener un principio y un final, LEA tendrá una vida de dos años. Me gustaría que todo el que pase por allí en este tiempo lo recordara como un sitio donde se sintió a gusto y donde aprendimos un poquito unos de otros. Si en mayo de 2013 nos apetece seguir con otro proyecto, lo haremos. Pero esta travesía acaba ahí.

―Prácticamente ya ha transcurrido el primer año, ¿no crees que dos años son muy poco tiempo?

―Han transcurrido sólo cinco meses, Blanca. Creo que en dos años da tiempo para hacer muchas cosas y se producen cambios; es mejor replantearse la situación. Cuando llegue el momento, entre todos decidiremos qué hacer. Lo que no cambia, muere.

―¿Cuáles consideras que son las cualidades que debe tener todo escritor?

―Se me ocurren muchas cualidades pero, simplificando, ha de tener imaginación para crear una buena historia y saber contarla bien. Eso requiere inteligencia y algo de experiencia de la vida. No se puede hablar de lo que no se conoce. El escritor tiene una mirada especial sobre lo que lo rodea. Además, hay que sentir esa vocación, claro. Y tener capacidad de trabajo.

―¿Crees que el talento se aprende?

―No se aprende, pero se descubre y se desarrolla, que es parecido. Muchos “talentos” quedan dormidos toda la vida porque no llegan a descubrirse. Creo que hay más gente con talento de lo que parece. Algunas cosas se aprenden  a base de codos, como las listas de los reyes godos,  y otras se aprenden, o descubren,  como si se encendiera una lucecita dentro del cerebro. Es un click. La costumbre de leer desde pequeño ayuda mucho.

―¿En qué piensas que consiste un escritor de éxito?

―Pues una mezcla de talento, trabajo y suerte. Y no necesariamente en ese orden de importancia, pero han de estar presentes los tres. En la suerte incluyo la de conocer a las personas adecuadas. Eso también ayuda.

―¿Qué piensas de los best sellers?

―Puro marketing, mercadotecnia. Hoy día, una historia corriente puede ser un best seller o un capítulo más de una serie de televisión. Eso lo deciden en los despachos. A veces ni siquiera las ideas son originales, sino refritos de antiguas novelas que pasaron sin pena ni gloria. Los editores ya no buscan talento sino negocio. Tanto para la Democracia como para el sistema de mercado que llamamos Capitalismo es básico algo que se ha roto: la racionalidad del general de la gente. Así, hoy día, buenos escritores no pueden vivir de su obra y tienen que trabajar en otras cosas mientras algunos que apenas servirían para guionistas de televisión viven de ello a sus anchas. O un futbolista de veinte años puede ganar en una temporada mucho más que el mejor neurocirujano en toda su vida. El Mundo está loco, como decía la vieja película, pero ahora de verdad.

―¿Crees que la escritura se ha prostituido?

―La escritura ofrece placer a cambio de dinero, como otros muchos negocios. Pero eso siempre ha sido así.  Es la lectura lo que ha perdido valor. De otro modo nadie podría dar gato por liebre a tantos millones de personas.   

―De los escritores actuales, ¿cuál es al que admiras?

―El primero que me viene a la cabeza es Pérez Reverte, pero lo admiro más por sus columnas en prensa que por sus novelas. Gala, también,… No soy muy moderno en mis gustos, como puedes ver. No sigo a ningún autor actual; leo novelitas sueltas que generalmente “están bien”, simplemente eso.  

―Y tus escritores favoritos, los que te han marcado, ¿cuáles son?

―Ya sabes que Hermann Hesse es uno de los que más. Recomiendo especialmente “En el balneario”. Y Julio Verne, pues lo primero que leí, aparte los tebeos, fue su colección completa de novelas. Asimov, Poe, Dumas padre…  muchos.

―¿Por qué las fábulas, Fernando? ¿Qué te llevó a ese género?

―Hace ya muchos años quise explicar una idea y se me ocurrió que en forma de fábula sería mucho más fácil. No tuve ninguna intención literaria, simplemente quería explicar algo. Las fábulas son un símil útil, como las parábolas del Evangelio. También creo que son fáciles de leer, de entender y de recordar. Me gustan.

―El contenido de tus cuentos tiene un mensaje implícito, ¿crees que toda literatura debe dejar una enseñanza?

―La buena Literatura, sí. El escritor escribe porque tiene algo que decir. Más que enseñanza, algo que trascienda. Si está bien escrita es inevitable, incluso en una novela de aventuras, por ejemplo. La mera humanidad de los personajes ya deja una enseñanza.

―¿Qué piensas de la literatura «light»?

―Que es la adecuada para el lector “light”. El problema de “lo light” aparece en todos los niveles. Creo que entre la mentalidad del escritor y la del lector no puede haber una diferencia demasiado grande. Si la hubiera, no podría haber comunicación. Quien quiera hacer algo para que lo consuman muchos millones de personas, necesariamente ha de hacer algo simple. Pero algo simple también puede ser grandioso.  El problema no es que exista esta literatura “light”; siempre ha habido novelitas de quiosco que se han vendido como rosquillas, y algunas no están mal. El problema es que ahora esa mediocridad se presenta como “Gran Literatura” y, para muchos, cuela. Compara el Código da Vinci con El conde de Montecristo y verás lo que quiero decir.

―De tus compañeros de foro quiénes son los que crees que han aprendido más de tus enseñanzas?

― Todos aprendemos de todos y no es a través de enseñanzas, sino compartiendo. Si alguien, como lector, es capaz de hacer llegar al autor una visión clara de lo que ha captado en su lectura, eso es importante y útil. Recuerdo a Silas, a Forke, a Aureliano…, pero no porque aprendieran de mí sino porque me hubiera gustado aprender de ellos. Rach3, de Silas, es lo mejor que he leído en cualquier foro.  He visto aprender muy rápidamente a algunos. Y también a otros empecinarse en errores escandalosos. Antes dije que escribir es tener una idea y explicarla bien. La idea suele ser trabajo exclusivo del autor; lo de explicarla bien es lo que más se puede trabajar en un foro o taller. El trabajo de pulir y repasar un texto consiste sobre todo en eliminar lo que sobra y poner precisión y orden. Tachar, ordenar, razonar. Y a veces hay que retocar un poco el enfoque.

―¿Algún día escribirás una novela?

―Pues me dais un poco de envidia por tanto como disfrutáis los que escribís novelas tan amenas y es algo que me gustaría hacer, ¡ojalá!, pero me siento incapaz de escribir cualquier cosa más larga que seis o siete folios. No lo sé, quizá cuando tenga más tiempo; pero creo que no es lo mío. Yo soy lector, no escritor, aunque escriba algo de vez en cuando por mimetismo.

―¿Qué tipo de novela te atrae? ¿Por qué?

―Cualquier novela que me lleve a un “estado alfa” de lectura. Es decir, que me sumerja en ella completamente, abstrayéndome de todo lo demás. Puede ser de ciencia ficción, histórica, de aventuras, de suspense… Novela rosa, no. Creo que es el único género que no soporto. Me aburre muchísimo. Me interesa más cómo está escrita una novela que el género al que pertenezca. Cuando lees, has de “tragar” la historia como un hilo de seda, sin nudos, sin arrugas, a la velocidad adecuada para que no se rompa ni se creen vacíos que te saquen de la lectura… Por ejemplo, si el autor se entretiene demasiado en la descripción de algo que no interesa, el pensamiento se va a otra cosa. Una novela lenta puede ser insufrible. Como repetir, o explicitar lo ya sabido, o las “muletillas” de autor… Se habla poco del tempo de la narración y lo considero importante.
Fábula de la cebra Felipa y otras fábulas del siglo XXI (Spanish Edition)
―¿Qué piensas de las redes sociales? ¿Participas en alguna?

―Me resistí durante mucho tiempo; al fin, hace un par de meses, me inscribí en Facebook, aunque realmente apenas participo. Dan miedo las noticias que corren sobre ellas. De vez en cuando, al entrar en Facebook me dice: “Puede que su cuenta no sea segura”, y para “verificar” me pide que identifique a las personas que aparecen en unas fotografías, que deben de estar en mi lista de amigos a los que no conozco. Eso no es normal. Parece la trama de una novela siniestra, ¿verdad? O que escriba el número de mi tarjeta de crédito. ¡¡Que mi cuenta no será segura hasta que les dé el número de mi tarjeta de crédito! Se les nota mucho que están haciendo una enorme base de datos para venderla al mejor postor, ve a saber con qué finalidad. No están los tiempos para fiarse de las empresas.  Prometo que no exagero, y supongo que eso les sucede a otros usuarios. Son peligrosas, pero también son un modo de comunicar con mucha gente. Hay que ir con pies de plomo. Lo dije antes: el Mundo está loco y no se arreglará con seis fábulas, ni con seiscientas. Pero algo habría que hacer. Por ejemplo, yo tendría que haberme borrado de Facebook la primera vez que me sucedió lo que cuento más arriba. Sería lo razonable. ¿Por qué no lo hice? No lo sé. Quizá nos ponen en el agua algo que nos atonta… Prometo que lo haré en cuanto acabe esta entrevista.

―Tus libros están a la venta en Amazon-Kindle y en 24symbols se pueden leer gratis, ¿tienes alguna sensación especial al saber que están al alcance de todos?

―Sensación especial no, pues son sólo unas pocas fábulas y algunos relatos cortos, y además ya han estado en los foros y en algunos sitios web, también al alcance de todos. La Fábula de la cebra Felipa, la primera que escribí, se publicó hace unos años en Puerto Rico, dentro de un tratado de Lengua Española para uso escolar. Yo no la promocioné de ninguna manera; la vio Ediciones Norma en la red y contactó conmigo. Eso sí me gustó especialmente. 24symbols me parece interesante. Amazon-Kindle para mí no tiene ninguna relevancia. Quien quiera leerlos puede hacerlo gratuitamente en 24symbols. No tengo ningún interés económico con estos dos libritos, que son muy breves. Sólo intento que quien los lea, especialmente las fábulas, reciba como una pequeña sacudida, que se cuestione cosas que, por acostumbrado, ya ni ve. Nunca se sabe qué grano es el que hará virar la balanza. Ya sé que es mucha aspiración para tan poco autor y tan poco libro, pero es lo que hay.

―¿Qué consejo darías a los escritores noveles que tienen tanta dificultad para ser admitidos por agentes y editoriales? ¿Crees que se deba a la crisis?

―No estoy introducido en el mundo editorial, no podría dar consejos. Hasta hace poco una buena novela podía ser publicada sin demasiados problemas. Ahora creo que es mucho más difícil pues bastantes editoriales han colgado el cartel de: “No envíen originales, está completo”.  Y así es imposible.  Tal como están las cosas, si yo fuera escritor y quisiera darme a conocer me olvidaría de ganar dinero con la primera novela. La pondría gratuitamente en circulación y la promocionaría para que la leyera el mayor número posible de personas. Kindle o 24symbols son adecuados para eso. Si la novela era buena, no dejaría de llamar la atención. Si ni de ese modo conseguía darme a conocer, entonces quizá sería mejor olvidarse de publicar. Aunque siempre está el factor suerte, y lo inesperado… O los concursos. En resumen, mi consejo sería que hagan caso a los consejos de personas que han publicado, como tú. De todos modos tengo la impresión de que el libro de papel va a tener una muerte más rápida de lo que imaginamos. No puede competir con el libro electrónico por precio, disponibilidad, costes, distribución, y ya se sabe que hoy día manda el negocio. En muy pocos años las ediciones en papel volverán a  ser incunables. A los que se resistan al cambio los disuadirán los precios.

―Fernando, ha sido un verdadero placer conversar contigo, sabes que te estoy muy agradecida porque hiciste posible la publicación de mi novela «La búsqueda», pues gracias a tu infinita paciencia pude concluir la última revisión, estoy segura que no haber sido por ti, esa novela seguiría descansando en un cajón de mi escritorio.

―Siempre te estaré agradecido por lo que disfruté  la revisión conjunta de esa maravillosa novela, que de ningún modo seguiría en el cajón del escritorio porque es demasiado buena para eso. Ha sido un honor responder a tus preguntas.  


http://unaymilnoches.blogspot.com/
http://www.alcuescar.com/taller/
http://www.24symbols.com/releases
Fábula de la cebra Filipa en Amazon

domingo, 23 de octubre de 2011

ISLA DE NAM, de Pilar Alberdi. Un viaje hacia el inicio de las leyendas...


Acabo de leer un libro muy especial: Isla de Nam de Pilar Alberdi.  No es una novela al uso. Tampoco es un cuento.  La verdad, no sé cómo catalogarlo y tampoco sé si importa hacerlo. Isla de Nam está escrito para disfrutar de sus escenas, y de lo que sus letras van dejando deslizar a medida que se avanza en ellas.  Empieza con la declamación de Giacomo en una Isla llamada Nam, adonde llegó porque el barco en el que iba naufragó.  A partir de allí la autora por medio de saltos en la memoria nos va hilvanando una historia de amor y promesas que quedaron en el pasado, pero que pervive en dos corazones: Giacomo y Elisa.

Pero ¿Quién es Pilar Alberdi? Creo que para comprender el libro es necesario conocer acerca de la autora. No es una advenediza en el mundo de las letras: Tiene en su haber Premios y nominaciones literarias, es licenciada en Psicología y ejerce de Terapeuta de Constelaciones Familiares.  De manera que no estamos ante un libro de entretenimiento. Sus páginas tienen un contenido que se queda en el subconsciente.  Es un viaje a través de la mente en el que se entrelazan argumentos tan conocidos como los de “El mercader de Venecia”, lo cual hace que despierte nuestro interés por asociación de ideas; menciona a Marco Polo, el viajero por excelencia y, unido a estos dos personajes legendarios, nuestra mente tiene un motivo visual para iniciar el viaje al que Pilar Alberdi nos dirige: uno hacia la imaginación, hacia donde nacen las leyendas. Para los que han leído a William Shakespeare o al menos saben de qué se trata el «Mercader de Venecia» la moneda que aparece en La isla de Nam, que no es otro sitio que el lugar de nuestros sueños, simboliza el anillo que el joven veneciano Bassanio (Giacomo) obsequió a su amada Porcia, en este caso: Elisa.

Recomiendo La isla de Nam para todos aquellos que deseen empaparse de buena literatura en el sentido estricto de la palabra, hagan un alto en su lectura de Best Sellers, y tomen un respiro e inhalen un poco de la frescura que ofrece Pilar Alberdi. 
Setenta y cuatro páginas que valen su peso en oro.

PILAR ALBERDI
Ha obtenido -entre otros- el Premio de Teatro para textos teatrales Lazarillo, 2000 (Manzanares, Ciudad Real); "II Premio de Relatos de la colección Debolsillo, Plaza & Janés Editores (Barcelona, 2000); "Ciudad de Segovia de Teatro" (Segovia, 1997). Finalista de "Ciudad de La Laguna de Cuento" (La Laguna, Tenerife 1998), y "Juan Martín Sauras de Relatos" (Andorra, Teruel 1999). "XVI Certamen Nacional Ánfora de Plata de Poesía" (Málaga, 1997); Mención de Honor del "Premio Internacional de Poesía Juana de Ibarbourou" (Montevideo, Uruguay, 1995).
Estudios de Arte Dramático, Dramaturgia y Guión Cinematográfico en el Aula de Medios Audiovisuales y Escénicos de la Universidad de Alcalá de Henares. Así como en la Sala La Cuarta Pared de Madrid a través de los cursos organizados por la Asociación de Directores de Escena de España.
Entre otras actividades, dirigió "Universal del Libro" -revista de Arte y Literatura- por Internet de 1996 a 1999. Organizó muestras de mailart y poesía visual (Foro de Fnac, Teatro El Canto de la Cabra, Casa de la Juventud (Alcalá), Suplemento Tentaciones (Diario El País), y talleres de literatura y teatro en el Centro penitenciario para mujeres y jóvenes de Alcalá-Meco y en la Residencia de Ancianos de la Comunidad de Madrid en Alcalá.
Tiene varios libros publicados.
Colaboraciones suyas han aparecido en El Diario Vasco y en la revista Interviú, así como en otros medios.
Es miembro de la Asociación de Autores de Teatro.

jueves, 20 de octubre de 2011

¿Quieres una novela gratis? Pues pídela


Desde que empecé a publicar algunas de mis novelas en Amazon he aprendido algunas tácticas.  Algunas de ellas se las debo directamente a mi joven amigo Fernando Trujillo Sanz, autor de nada menos que trece novelas que están a la venta en esa plataforma digital.

La publicidad a este nivel es diferente de la que solemos ver por la televisión o los formatos impresos; se requiere estar “conectado” a todas las redes sociales posibles, y ser agresivo, lo cual no significa atacar a nadie, todo lo contrario: se trata de ofrecer el producto con una mejor envoltura, una facilidad al alcance de cualquiera, el mundo virtual nos permite muchas más acciones que interactúan directamente con el cliente, o en este caso el posible lector.

Una de las herramientas son las reseñas que algunos lectores pudieran hacer en sus blogs, aunque esto es dejarlo un poco al albur, pues algunas veces las reseñas obedecen a impresiones subjetivas o con escaso ánimo de ayudar a incrementar las ventas y lectores, sobre todo en las reseñas que costumbran a dar un puntaje. Pero si el libro lo vale, poco o nada pueden hacer una vez haya entrado con fuerza al mercado. O podemos acompañar nuestros libros con booktrailers, vídeos, música, artículos, la lectura de los primeros capítulos, o como en este caso, en el que Fernando una vez más toma la batuta en sus manos, obsequiando un ejemplar de una de sus novelas insignia: La biblia de los caídos.

¿Cómo acceder a este regalo? Solo tienen que enviar un correo a nandoynuba@gmail.com con su nombre e indicar el formato electrónico que prefieran.

Y si tienes un kindle, menciónalo en el correo y les harán llegar el ejemplar directamente a tu lector electrónico. 

¿Más facilidades? Creo que es imposible.

 Sinopsis:

El mundo cuenta con un lado oculto, una cara sobrenatural que nos susurra, que se intuye, pero que muy pocos perciben. La inmensa mayoría de las personas no es consciente de ese lado paranormal... ni de sus riesgos.

A veces la gente se topa con esos peligros y desespera, se atemoriza, y no sabe qué hacer ni a quién recurrir. Pero no todo está perdido...

Dicen que en Madrid reposa una iglesia muy antigua, cuyo origen es desconocido. Allí, en su interior, frente a una cruz de piedra esculpida en uno de sus muros, se puede alzar una plegaria. También dicen que aquel que no tiene alma la escuchará, y si la fortuna acompaña, el ruego será atendido.

Pero exigirá un elevado precio por sus servicios, uno que no todo el mundo está dispuesto a pagar. Mejor será asegurarse de que se quiere contar con él antes de recitar la plegaria.

Eso es lo que dicen.

Espero que sean muchos los que soliciten esta novela, está entre las más vendidas de Amazon, y a  Fernando Trujillo: ¡Felicitaciones por la idea! 

B. Miosi

domingo, 16 de octubre de 2011

Escritor: ¿Una profesión o un hobby?


Mucho se habla del oficio de escritor.  Lo cierto es que pocos pueden decir que son escritores profesionales, excepto, por supuesto los que viven de la escritura.  ¿Y quiénes lo hacen? Personas con el «Factor X» que determina el destino del escritor, no siempre unido a la excelencia.  Yo más bien creo que escribir es un hobby, pues es una pasión, una afición que nos deleita y nos causa mucho placer cuando sabemos que lo que escribimos es leído por otros.

El «Factor X» es conocido en los círculos de programación neurolingüistica como una cualidad que se puede aprender para lograr el éxito.  Yo dudo mucho que se pueda aprender la pasión, el talento o los deseos de sacrificar gran parte de la vida para dedicarla a una labor tan infructuosa como escribir un libro.  Digo infructuosa porque si lo analizo, un libro no es más que una historia imaginaria.  Una mentira escrita y rubricada, cuyo autor enseña con orgullo su nombre en la portada.  Es la única manera de mentir impunemente y que todos queden felices, porque a la acción del que inventa la historia para que otros se la crean, se une la de la complicidad que se genera con el lector, quien se sentirá ultrajado si le contaron una historia poco convincente.

La complejidad del asunto es tal, que se hacen foros y se generan discusiones en torno a gran cantidad de libros cuyos autores, estoy segura, solo quisieron escribir una historia para el disfrute de los demás.

Pero… ¿Por qué algunos escritores obtienen el éxito y otros no? ¿Será que sus mentiras no están bien contadas? ¿O será porque les falta el famoso «Factor X» del que tanto se habla incluso en el mundo empresarial?

Personalmente creo que el «Factor X» es una cuestión de azar. Es como sacarse la lotería. Ocurre a menudo en el mundo del cine en donde se puede apreciar con más claridad. Un buscador de talentos lo reconoce apenas lo ve. Sabe cuándo se encuentra ante una potencial estrella por muchos motivos que solo se encuentran en su instinto de cazador.  Si no me creen habría que preguntar a los miles que se presentan a un casting de manera infructuosa. Y no se trata de buena presencia, belleza o espectacularidad. Se trata de ese je ne sais quoi que hace que el individuo deje de formar parte de la pluralidad y resalte como una luz en la oscuridad. Los que conocen de cine dicen que un individuo así es el que llena la pantalla, no por su gordura (que también puede ser); la llena por su presencia escénica.

En la escritura es más difícil llenar otra cosa que no sean folios y más folios de palabras que, bien puestas, dan lugar a historias que pueden llegar a maravillar a la gente.  A subyugarlas, a hacerlas soñar, vivir, amar y sufrir. El «Factor X» dependerá de qué tan bien estén encadenados los acontecimientos, los personajes y de lo que se tenga que contar, como para que el lector no desee desprenderse del libro ni para ir a comer.  Y algo más: Creo que también hace falta que se den determinados movimientos en el destino para que de manera clara, ordenada y sin equivocaciones, un escritor determinado se convierta en un súper ventas. Nadie me va a convencer de que en todo esto no existe cierta magia: un toque de la varita mágica de la suerte, pues sé de muy buenos escritores que no les ha llegado el ansiado momento a pesar de tener talento, empeño, pasión y de saber escribir.  Ha ocurrido siempre, no es solo hoy. Hoy se habla más de ello porque tenemos muchos medios para comunicarnos.

Si los expertos dicen que el «Factor X» se puede aprender, tal vez sea hora de que empecemos a estudiarnos. ¿Qué hace falta para escribir una novela magnífica? Una gran historia. Unos personajes inolvidables y, por supuesto: saber la manera correcta de contarla.

¡Hasta la próxima, amigos!

B. Miosi


sábado, 15 de octubre de 2011

Compulsión, Cuento por B. Miosi

Que el pájaro se posara en su ventana no era inusual. Lo hacía todos los días desde que empezó a dejar migas de pan en el alféizar. Lo curioso era no escuchar el picoteo en la madera y, justamente al percibir que la metódica rutina de su vida sufría un cambio, levantó la vista y miró la paloma parda de pecho blanco, cuyo ojo derecho parecía observarlo con fijeza. No pudo evitarlo. Sintió el desasosiego que acompañaba sus momentos de inseguridad. La paloma no apartaba la vista de él; estática, más parecía una de las palomas disecadas de la tienda de antiguallas de don Roque. Tenía una similar, solo que era gris, con la misma mirada fija y perdida.

      Un movimiento brusco, como los que acostumbran a hacer las aves cuando vuelven el cuello y ven con el otro ojo, le produjo un sobresalto. Sintió con claridad que el miedo empezaba a atenazarlo hasta provocarle taquicardia, que sus manos se humedecían, y que estaba sucediendo algo anormal. ¿Podría una paloma parda de pecho blanco a la que le daba de comer a diario hacerle daño? Y en tal caso, ¿cómo lo haría desde el otro lado del vidrio? Por un momento se le ocurrió que era una paloma espía. Sabía de la existencia de las palomas mensajeras, pero no estaba seguro de que pudieran ser adiestradas para espiar. Y si fuese así, ¿cómo podría informar lo que había visto? ¿Era posible acaso que tuviese una cámara en su membrana óptica?

      Seis días antes había roto una de sus reglas primordiales: Nunca hacer algo nuevo o diferente. Su psiquiatra había insinuado algunas veces que una mascota sería buena compañía, pero a él le horrorizaba un animal desordenándolo todo, sin embargo, hizo caso al médico y fue más osado: decidió poner migas en el repecho de la ventana y ver qué sucedía. Permitiría que algún pájaro se acercase, así estaría seguro de que lo haría por su propia voluntad. Como él, que todo lo hacía porque así lo deseaba. Un ave era otro ser viviente, pero uno que no hablaba, ladraba ni maullaba, y que no lo distraería de sus múltiples ocupaciones calculadas al milímetro, que le daban la seguridad de vivir en un mundo estable y predecible. Sonrió cuando recordó que el médico le había dicho que las mascotas eran tan buenas compañías que llegaban a actuar como sus dueños. Pero ese día la paloma no hacía lo previsto. Lo miraba y en sus ojos percibía cierta intencionalidad. Sintió la frente húmeda, un calor inusitado se alojó en su vientre y subió hasta sus orejas. Se volvió despacio y le dio la espalda para no despertar sospechas, tratando de que no notase su estado de nerviosismo. Mientras se acercaba a la cama y tapaba el cuerpo inerte de la chiquilla que miraba el techo con ojos fijos, como los de la paloma, miró hacia la ventana de reojo. No podía permitir que una espía llevase información que sólo le pertenecía a él. Ese día no sería metódico, como todos los martes. Un evento como aquel podría echar a perder la planificación hecha con la meticulosidad de un cirujano. Se acercó despacio a la ventana y deslizó la hoja hacia un lado. Como quien hace un movimiento al descuido sin un objetivo concreto, cogió un pedazo de pan y empezó a desmigarlo delante de ella, y tuvo razón. La paloma parda de pecho blanco pareció caer en la trampa, seguía mirándolo fijamente, sin moverse. Esparció las migas en el alféizar y esa fue la peor parte. Había diseminado migajas dos veces el mismo día y no podía ser. La desesperación le hacía difícil respirar. El vapor que salía de su boca jadeante al mezclarse con el aire helado, le hizo caer en cuenta que estaba desnudo, pero como cosa extraña, no sentía frío, por el contrario, un calor sofocante recorría su cuerpo, pero no podía volver atrás, una vez tomada una determinación había que seguir adelante.

      Haciendo un supremo esfuerzo evitó el deseo de limpiar el repecho, a pesar de que las migas adicionales semejaban grandes manchas en cuyo centro existía una luz fosforescente. Extendió el brazo despacio, evitando rozarlas. La paloma se hizo a la izquierda. Él trató de acercarse y ella se alejó con pasitos apresurados, guardando la distancia. Impaciente, sacó medio cuerpo por la ventana y con gesto brusco estiró el brazo; abrió y cerró la mano y ella, como por arte de magia, desapareció del vano y voló junto a él mientras caía desde el octavo piso. Él sabía que romper la disciplina le traería consecuencias. Antes de dar contra el suelo de mosaicos de la entrada le preocupó la ventana que dejó abierta, y que no hubiera terminado con el ritual de los martes.

      La paloma parda de pecho blanco dibujó una elegante curva y volvió a posarse en el alféizar. Empezó a quitar frenéticamente las migas sobrantes y logró al fin comer las anteriores sin miradas curiosas ni interrupciones molestas, hasta que volvió a reparar en el bulto inmóvil que yacía en la cama.

B. Miosi

Juan Gómez Jurado, entrevista



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Una visión de Juan Gómez Jurado


Soy  amante de los libros desde que tuve en mis manos un ejemplar de La dama de Monsoreau, de Alejandro Dumas. ¿Cuántos años tenía en aquella época? Unos once o doce, y recuerdo el impacto que causó en mí El duque de Anjou, Chicot, el bufón de la corte… y por supuesto ella, la dama, quien llevó a volar mi imaginación y supe por primera vez cómo era perderme en el reino de la fantasía. Han pasado muchos años desde entonces, y hoy sigo amando los libros, y descubriendo autores que siguen haciendo vibrar mis sentidos.
 Uno de ellos es Juan Gómez Jurado, un escritor que empezó muy joven y que sin embargo tiene una pluma que fácilmente se puede codear con los grandes de la escritura.


En sus novelas, entre la novela negra y la de aventuras, prevalece un excelente dominio del idioma y de los temas que trata —siempre actuales—, hasta el punto que es muy difícil lograr separar la fantasía de la realidad.  



—Juan, lo que te voy a preguntar lo debes haber respondido en muchas ocasiones, pero es mi deber hacerlo: ¿Cómo un muchacho tan joven pudo escribir una novela como Espía de Dios? Pensé que para ser escritor había que tener cierta experiencia de vida. ¿En qué te inspiraste para recrear la personalidad de los personajes de tu novela?


—No hay una respuesta fácil a eso... Sigo pensando que soy un muchacho joven, aunque cuando escribí
 Espía de Dios ya llevaba una década trabajando como periodista y era padre, así que algo de experiencia vital tenía. De todas maneras, hoy soy incapaz de releer mis primeras novelas, lo único en lo que pienso es en escribir una mejor que la anterior y me doy cuenta de que cada día aprendo algo distinto que se vuelca en los libros.

Contrato con Dios, tu siguiente novela, cubre un tema apasionante, ambientado en el desierto de Jordania, con unos componentes que bien podrían servir para una superproducción cinematográfica. ¿Te han hecho alguna propuesta?

—Sí, tenemos un proyecto en marcha que está en fase de preproducción, ahora toca cruzar los dedos y que consigan armar un buen equipo de profesionales. Me hace mucha ilusión ver la novela trasladada a la gran pantalla.

—Tu tercera novela,
 El emblema del traidor, merecedora del VII Premio de Novela Ciudad de Torrevieja 2008, también tiene un componente de la época nazi, ¿crees que aún hay mucho que contar de ese período?

—Creo que nunca terminaremos de hablar de la época nazi porque es el momento en que como seres humanos raspamos el fondo del barril, y lo que
 encontramos es repugnante. Es necesario y bueno que se sigan ambientando novelas en esa época para no perder nunca de vista hasta dónde nos pueden llevar los extremismos. Estamos a tan solo un pequeño empujón de repetir esa situación, incluso hoy en día. Llevamos tres años de crisis y aquí en España ya hay voces reclamando a gritos la expulsión de los inmigrantes que roban el trabajo de los españoles. Danos veinte años de crisis como tuvieron los alemanes y verías cómo empezaríamos a pasar magrebíes por las cámaras de gas. Tristemente el ser humano es muy predecible.

—¿Cuánto tiempo te toma dar forma mental al tema de una novela?

—Hasta ahora me ha pasado lo mismo con mis cuatro novelas (tres publicadas y en la que estoy trabajando). Una
 noche me viene una idea, un tema que me sacude con un golpe de inspiración y me desvela.  A partir del día siguiente me pongo a buscar documentación, proceso que lleva seis o siete meses. Y luego otros diez para escribirla. En esta última estoy tardando más porque es bastante más compleja, al ser una novela histórica ambientada en el siglo XVI.

—¿Crees que una novela con un buen tema pero mal escrita o deficientemente escrita pueda llegar a publicarse?

—Podría ser que ocurriese, si los editores que leen el primer manuscrito son lo bastante valientes como para coger al autor por las orejas, decirle que es muy mala pero que tiene posibilidades. En nuestro país tenemos un caso muy reciente, de un autor de novelas históricas que en su primer trabajo presentó un manuscrito infumable, de 1200 páginas. Pero alguien vio ahí algo, y acabó siendo uno de los mayores éxitos de los últimos años. No cito el nombre para proteger las fuentes.


—¿Desde qué edad escribes?

—Desde los cinco años, dicen mis padres. Haciéndolo en serio y con consciencia de ello, desde los 16.


—¿Cómo pasas el tiempo libre?, si lo tienes, ¿ qué es
 lo que más te satisface hacer aparte de escribir?  


—Tiempo libre
 tengo poco porque debo dedicarlo a mis dos hijos. Pero mis aficiones favoritas son el cine, los libros y los cómics, obviamente. Claro que con esas actividades no es como si realmente dejase de trabajar, porque todas ellas te acaban llevando a tus propias historias. La única afición que se aleja un poco de eso es la fotografía, que puedo practicar mucho menos de lo que me gustaría. 


—¿Te sigue gustando firmar autógrafos?

—Me encanta dedicar libros, y cuanto más manoseados mejor. Sobre todo a los chavales de 15 o 16 años, que es la edad a la que los escritores deciden serlo. Me tomo mi tiempo con cada lector y les suelo dar mi correo electrónico para que me cuenten qué les pareció. Se aprende muchísimo de los comentarios de la gente, y suele ser un intercambio maravilloso.

—La fama tiene un precio, generalmente es la tranquilidad. ¿Te molesta que te reconozcan en público?

—No te creas que ocurre mucho, tengo una cara bastante corriente. En las librerías sin embargo sí que me pasa, incluso en las de los aeropuertos. Supongo que la gente no me reconoce si no me ve rodeado de libros, y yo a mí
 mismo tampoco.

—¿Cuál consideras que es la parte más difícil en
 la ejecución de una novela, el inicio, la trama, los personajes, el final?

—Depende de cada historia. Para mí suele ser el segundo acto, que es normalmente donde más pelotas tienes en el aire y tienes que hacer que circulen a gran velocidad
 sin que se te caiga ninguna. En el caso concreto de la novela que estoy escribiendo ahora, lo más difícil fue conciliar la documentación con una trama sencilla y directa. Y también dar con el lenguaje adecuado. No me gustan los autores que intentan recrear el lenguaje del XVI cuando escriben sobre aquellos tiempos. Sería lo mismo que escribir en inglés cuando escribes el diálogo de un personaje nacido en Londres. No tiene sentido. Aunque parezca mentira, lo raro es escribir con un lenguaje moderno y directo después de leer decenas de libros del Siglo de Oro. Vive Dios que esa parla pégase como las moscas.

—Vivimos una época en la que es muy fácil tener acceso a una editorial, por lo tanto existen muchos escritores que desean
 publicar. Te voy a hacer la pregunta del millón: ¿Cuáles crees tú que son los requisitos para llegar a publicar?


—Escribe todos los días, lee todos los días, no dejes de intentarlo y espera lo mejor. No hay más. Por desgracia el primer libro que escribimos suele ser una auténtica basura, y te lo digo yo que perpetré tres de esas basuras antes de escribir mi primera novela. Eran malas, malísimas. Pero todas me sirvieron para algo: aprender. Hoy ya no existen, las destruí. No fuera a ser que algún desaprensivo se las encontrase cuando me muera. Resumiendo, no hay que tener miedo al rechazo, ni entristecernos por las negativas. A todos nos han rechazado manuscritos al principio, el problema es que muchos autores noveles se frustran pensando que no valen y no siguen intentándolo.

—Y como esta entrevista se publica en una revista literaria en la que participan muchos aspirantes a escritores, me gustaría que les dieras unos tips, algún secreto, un sortilegio, lo que sea, para que aquellos que desean ver su obra en las vidrieras de las librerías puedan cumplir su sueño.

—Bueno, pero no se lo contéis a nadie. Lo primero es que leas lo que escribes en voz alta. Si te sale algo del estilo "El despertar primoroso del sol encontró a Lucinda tendida en el lecho con sus brillantes ojos abiertos, como dos esmeraldas enterradas en la oscuridad del asfixiante cuarto", tenemos un problema. Y sobre todo procura usar pocos adjetivos, frases más cortas, menos narrativa y más diálogo. Eso siempre es aplicable, hayas publicado o no. Estudia también las novelas de éxito, y entiende qué las hace funcionar. Cómo son sus esquemas narrativos, qué es lo que hace que vibremos con sus historias. No caigas en el victimismo de pensar que novelas como
 La Sombra del Viento o El Tiempo entre Costuras son fruto del marketing o los intereses editoriales, porque no es cierto. En ninguna de las dos se puso un duro en publicidad y han vendido millones de copias. Y por último, y lo más importante: decide para quién vas a escribir. Si es para tu mamá ("Mira mi hijo, qué cosas más bonitas que escribe sobre el espíritu de las golondrinas") o para hacer felices a muchos lectores escribiendo las historias que no se han contado nunca.

—No sabes cómo agradezco esta entrevista, Juan, sé que estás pasando por momentos familiares muy difíciles, lo cual demuestra la gran calidad humana que posees.

—Lo mismo digo Blanca, un abrazo muy grande para ti y los tuyos, que
  que son momentos duros también.

Muchas gracias por la oportunidad, Juan, eres increíble.






Otras Voces (Alfaguara, 1996), coautor
Espía de Dios (Roca Editorial, 2006)
Contrato con Dios (El Andén, 2007)
El emblema del traidor (Plaza & Janés, 2008)