miércoles, 10 de febrero de 2021

Leer una novela para dar una opinión

 Este año he estado un poco atrasada con el blog, y a pesar de que soy organizada, a veces es complicado encontrar el momento en que confluyen los deseos de decir algo y el tiempo para hacerlo.

Hoy voy a exponer lo que pienso acerca de una situación que me parece que ocurre a la mayoría de escritores, como es la petición de lectura de obras de autores que desconocemos, bien sea porque no hemos leído nada de ellos o porque no forman parte de nuestro círculo habitual de amistades internáuticas. Me llegan por correo, a través de mensajes en Facebook o por mensajes directos de Twitter: “Por favor, lea mi novela y deme su opinión”; “solo lea el primer capítulo y dígame qué le parece”; “es mi primera obra y tiene muy buenos comentarios, quisiera que la leyera y me diga qué opina”… Bueno, particularmente creo que yo no puedo dedicar mi escaso tiempo libre a convertirme en lectora editorial de una serie de libros de personas que no conozco y en la mayoría de los casos de gente que ni siquiera se ha tomado la molestia de leer un libro de mi autoría, y no estoy hablando de asuntos de reciprocidad, sino de elemental sentido común.

Sé que para un escritor novel su obra es lo más importante, desea que sea leída por todo el mundo y que le digan que es una maravilla y algunos pasan horas hablando de ella y explayándose en sus personajes, en cómo concibió la idea, y por qué la escribió. Eso se refleja en la propia obra, pero si nos ponemos a pensar: ¿realmente le interesa a alguien por qué escribió un autor tal o cual novela? A menos que sea un escritor clásico o famoso o que tenga un motivo determinante para haber escrito su libro. En ninguno de mis libros he gastado páginas para explicar mi decisión de escribir un libro. Ni para poner un prólogo que prepare al lector para leer una maravilla.

Hay autores que piensan que si tienen un prólogo de algún escritor conocido su obra se venderá más, y no se detienen a pensar que tal vez ese prologuista tuvo que acceder a su petición más por compromiso que porque en realidad la obra le haya parecido excepcional. Poner en esa tesitura a un escritor amigo es una falta de consideración, porque la novela puede ser mediocre y el prologuista debe hablar bien de ella, con lo que su veracidad queda en entredicho. Sin embargo, cuando los prólogos son hechos por otro escritor de manera voluntaria porque la obra lo merece, ya es otro cantar. En este caso me estoy refiriendo a aquellos autores que piden, solicitan, demandan ayuda de muchas formas, como enviarme un mensaje privado en Facebook con el link de su novela diciéndome que le ayude a venderla. ¿Cómo puedo yo, una simple escritora, ayudar a vender un libro que no conozco si no soy dueña de una librería? Creo que es una desconsideración para conmigo. Tengo mis propios trabajos, siempre una novela en elaboración, y en estos momentos también el aprendizaje y la escritura de un guion de una de mis novelas además de mis ocupaciones regulares.

Leer una novela para dar una opinión requiere de horas de concentración.
Cuando recibo esa clase de mensajes, especialmente de escritores que jamás me han dejado una opinión, nunca han entrado en mi muro, y mucho menos han leído un libro mío, me siento utilizada. Creo que merezco respeto. Respeto a mi tiempo, a mis gustos y a mis necesidades. Yo soy incapaz de enviarle un libro a alguien que no me lo haya pedido, mucho menos con la condición de que deje un comentario en Amazon. No lo he hecho ni pienso hacerlo. Y yo también he sido novata, todos hemos empezado de cero. Obviamente, tengo amigos con la suficiente confianza como para intercambiar manuscritos y opiniones, pero son amigos forjados a través del buen hacer de los años, amistades que pueden haber nacido en las redes sociales pero que se han consolidado y con quienes mantengo una amistad permanente. Con gusto leo sus obras y hasta me atrevo a hacer sugerencias, pero no puedo gastar mi tiempo en leer novelas de desconocidos y dar una opinión que generalmente equivale a hacer una revisión completa de la gramática y de la estructura de la novela.

Sé que lo que digo puede parecer antipático, y con seguridad muchos pensarán que soy una persona insensible a las necesidades de los colegas que requieren ayuda, pero también es bueno que sepan que hay muchas maneras de pedir ayuda. Lo importante es no perder la perspectiva; no por el hecho de que un autor novel haya culminado su novela merece que todos tengan que ayudarlo a venderla. Escribir es un gran logro. Escribir una buena novela es aún mayor, pero para ello es necesario que esa novela realmente interese. La mejor manera de darse cuenta si una novela es buena o no es enviarla a una editorial. Si recibe una respuesta negativa, lo más recomendable es trabajar en ella, porque con seguridad necesita mejoras. Las editoriales no rechazan manuscritos que para ellas podría significar muchas ventas o como mínimo, recuperar su inversión. Yo he tenido la suerte de que mis novelas hayan pasado por la criba editorial porque me he esforzado por presentar manuscritos repasados hasta el cansancio. Pero esto es algo que los escritores no comprenden y siguen presentando la misma novela con los mismos errores a otras editoriales y al final terminan subiéndola a Amazon. Allí es probable que unos cuantos amigos la compren y publiquen comentarios halagadores. Si la novela vale la pena se venderá; de lo contrario se irá perdiendo entre los miles de libros que se suben a diario y por más promoción que hagan en Twitter, Linkedin, Facebook o Instagram, o por reseñas favorables que hagan de la novela (siempre de amistades que se sienten comprometidas) no podrán venderla, porque los lectores han aprendido a no fiarse demasiado de los comentarios; leen la muestra (al menos es lo que yo hago antes de comprar) y si no los convence simplemente no comprarán.

Por eso repito lo dicho ya muchas veces: Si eres rechazado por una editorial revisa tu novela. Yo lo hice con la única de mis novelas rechazada: “El manuscrito”. Y qué bien que la rechazaron, porque pude modificarla hasta quedar satisfecha. Y no es que la editorial me haya dicho dónde se encontraban los errores o cuáles eran sus carencias; utilicé mi sentido común y la autocrítica. En ese sentido nunca he sido autocomplaciente. ¿Pero qué hacer cuando no se conoce a nadie que pueda ayudarlo a uno?

Les voy contar cómo hice yo. Debo aclarar que empecé a escribir como pasatiempo, sin intenciones de publicar, pero me interesaba compartir con otros escritores acerca de mis escritos. Busqué en Internet (en aquella época no existían tantos foros literarios, pero los que habían eran realmente buenos) y encontré “Bibliotecas Virtuales” en donde conocí a muchos escritores que estaban en mi situación. Intercambiábamos opiniones, publicábamos cuentos y entre nosotros opinábamos, criticábamos y corregíamos. Fui aprendiendo que escribir no era tan fácil. En ese foro encontré personas maravillosas que me abrieron los ojos a un campo inexplorado para mí. Ese foro cerró y nos mudamos a otro llamado “Prosófagos” en el que realmente hice muy buenas amistades, que después de casi quince años siguen siendo mis amigos. Allí fue donde encontré a la persona que sería crucial en mi desarrollo como escritora, pero fue consecuencia de muchos intercambios de opiniones, conversaciones y lecturas mutuas. No es que de un momento a otro yo escribí a un autor y le pedí que leyera mi novela y listo. Las amistades se deben cultivar, y si son autores noveles y de verdad desean recibir opiniones sinceras, deben ser de una persona de confianza, que conozcan, que sepa de sus inquietudes, que desee colaborar, y eso solo se puede conseguir con paciencia, buenas relaciones y reciprocidad.

También pueden hacerlo diferente: pagar a un lector profesional o contratar los servicios de una página que se ocupe de la corrección del manuscrito. Antes no existían; hoy en día las hay por montones, pero así como hay libros mediocres, también hay correctores mediocres, que no tienen idea de lo que es escribir, y si escriben lo hacen de manera deficiente. Se debe tener mucho cuidado al elegir un corrector o un lector especializado. No me atrevo a recomendar a ninguno(a) porque no he utilizado esos servicios, pero es cuestión de investigar y no irse por el camino más fácil como pedir que lean su novela como si fuese un simple favor. Leer BIEN una novela para dar una opinión real requiere de muchas horas y días de dedicación y eso solo están dispuestos a hacerlo los que elaboran Informes Literarios y cobran por el servicio.

¡Hasta la próxima, amigos!

sábado, 9 de enero de 2021

¿Quieres ser escritor? ¡Ponte a escribir!

Hace veinte años empecé a escribir. No porque creyese que tenía aptitudes para hacerlo, sino porque soy una persona práctica y deseaba probarme a mí misma que podía escribir una novela. Y no hay mejor manera de comprobar algo que poniendo manos a la obra. ¿Deseas escribir una novela? Ponte a escribir. Es lo que hice.

A partir de ese momento y a medida que avanzaba con mi experimento noté que me gustaba más de lo que había creído al comienzo. Mucho tiempo ha transcurrido desde entonces y llevo ya unas cuantas novelas escritas. Para mi asombro, a la gente le gusta como escribo. ¿Por qué? No sabría decirlo. Soy consciente de que no soy una gran literata ni he seguido estudios universitarios de literatura ni de filología española, lingüística o de narrativa. Lo mío fue escribir, así, de golpe, e ir hilvanando acontecimientos en un montón de hojas de papel bond con un bolígrafo; porque empecé a escribir a mano, a la antigua. Los días sábados me quedaba hasta tarde en mi taller y pasaba todo a la computadora. No tenía  ordenador en casa.  

El asunto es que después de haber escrito un total de veinte novelas todavía hoy no me considero una escritora. Una buena, de las que dejan huella, una escritora que resalte y que sea tomada en cuenta por grandes firmas editoriales que me apoyen con grandes campañas. Y miren que he tenido a una de las mejores agentes literarias y empecé publicando por editoriales bastante conocidas. Estoy segura de que entre mis amistades literarias me consideran una advenediza con suerte. Y debe ser verdad, porque nunca he ganado concursos. Incluso mi consejero, el que me enseñó que escribir era más que poner una palabra detrás de otra -debo decir que empecé a aprender después de haber escrito algunas novelas- todavía a estas alturas me dice: "estoy esperando tu mejor novela".  Y entonces cada vez que empiezo una nueva trato de hacerla mejor,  a ser más sutil con las palabras, ¿a eso se referirá?, pienso; más literaria, tratando de que mis frases sean hermosas, mis pensamientos más profundos, mis planteamientos más complicados, los personajes más humanos... Y siempre él me dice: "Estoy esperando que escribas tu mejor novela". 

No sé si será una táctica para hacer que me esfuerce. Las personas que me leen dicen en sus comentarios que cada vez mis novelas son mejores, pero yo no me lo creo. No sé si es porque sea una autocrítica demasiado severa o porque mi autoestima sea baja, como me dijo una amiga hace unos años. No creo tener baja autoestima; soy realista, eso es todo. Nunca me he creído ser la mejor en esto o aquello, ni tampoco ser bella o atractiva aunque lo haya escuchado muchas veces. La gente suele ser amable y generalmente miente cuando se refiere a la apariencia. Creo que soy una mujer común y corriente, pero sé que tengo una virtud: soy consecuente. Cuando empiezo algo debo terminarlo. Tal vez sea lo que influyó para que siguiera escribiendo.

Con todo, creo que no ha llegado todavía ese momento. No he escrito algo que realmente me haga decirme a mí misma: "lo logré".  Y no sé si llegará. A estas alturas de la vida, cuando escribir ya no es una pasión sino un acto habitual, automático, que ha perdido la emoción de los primeros tiempos y en el que para mí cuenta más la perfección y la coherencia que la emoción de saber que puedo escribir una novela, no sé si sean estas suficientes para crear mi mejor libro. No cuando siento que voy perdiendo ciertas facultades; hay momentos en que se me olvidan los sinónimos o la palabra justa y apropiada para expresar una determinada actitud y debo recurrir al diccionario de la RAE, ¡gran salvadora! o a el santo Google para ver ejemplos o similitudes.

Y luego viene una amiga y me dice que debo escribir un guion para mi novela La búsqueda y que ella me puede enseñar porque lleva ya muchos años estudiando y escribiendo guiones. Entonces, como soy una persona práctica, como dije antes, me digo: ¿quiero escribir un guion? Sí. Pues ponte a estudiar y a escribirlo.

Así es como me encuentro ahora. Pero resulta que escribir un guion no es tan fácil. Se deben seguir ciertas pautas, reglas y formatos a los que no estoy acostumbrada; no es lo mismo ser novelista que ser guionista. En primer lugar se requieren tres pasos: La diagramación, las escenas y el guión. Además, la descripción completa de los personajes (algo que ni siquiera hago en mis novelas, no sé si los que me leen se han dado cuenta). Es decir, no digo Raymundo mide 1.90, es de cuerpo atlético, moreno y usa anteojos. En lugar de eso en una novela acostumbro a decir: Las largas piernas de Raymundo con las justas cabían en el espacio. Iba en clase turista, para variar. Se ajustó los anteojos y trató de leer algunos de los folletos que sobresalían del bolsillo del asiento delantero. Sus cabellos oscuros sobresalían de entre los demás pasajeros que parecían un grupo de vikingos... algo así. Ya ven la diferencia. 

En estos días estoy sumergida en la diagramación de la novela y mi amiga me dio la idea de empezar por una escena que acapare la atención. La del bosque, en la madrugada, cuando los nazis atrapan a Waldek y al grupo de los chicos de la resistencia. Magnífica idea. Porque esa es otra cosa: un guion no necesariamente es la copia fiel de la novela, debe ser una adaptación, porque habrá muchas partes que por cuestiones de tiempo o de interés no se convertirán en escenas. Llevo varios días solo para hacer unas cuantas escenas, apenas voy por la 8 y casi no he contado nada de lo que sucede en un solo capítulo. Eso me lleva a pensar que tal vez  el guion de La búsqueda no sea para una película sino para una serie. De lo que estoy segura es de que soy la persona ideal para escribir el guion. Conozco la novela de pe a pa. ¡La reescribí cinco veces y pasé corrigiéndola seis años!; y mi amigo, el que siempre dice que espera por mi mejor novela, me ayudó en la última corrección, ¡que duró siete meses! O sea...

Veamos qué me depara esta nueva etapa. Me preocupa un poco no poder continuar con la novela que había empezado a escribir, aunque tal vez sí lo haga, será como un descanso entre escena y escena de La búsqueda. Mi amiga me dice que tiene contactos en ciertas esferas, y que después de terminado el guion también se puede colgar en una plataforma específica a la que entran los productores y gente de cine y televisión en busca de ideas frescas o interesantes. Pero lo principal es tener un buen guion. Así que como siempre digo: Manos a la obra. ¿Quieres un guion? ponte a escribirlo.

¡Hasta la próxima, amigos!

martes, 29 de diciembre de 2020

El tulipán de tía Margo


Traigo este cuento como regalo de fin de año. Espero que logren descifrarlo, si no es así, será absolutamente mea culpa.


El tulipán de tía Margo

 

Para cualquiera que no fuese Charlie sería entretenido vivir en Evergreen, un lugar en el que abundaban los parques y las escuelas rebosaban de infantes de su edad. Pero él no era un niño cualquiera, desde que tenía memoria recordaba de su tía frases como: «Eres tan extraño, Charlie», «¿Por qué no juegas como los demás, Charlie?», «No te pareces en nada a tu padre, Charlie». Y así podría seguir recordando y sería como si todas aquellas frases formasen una sola: «eres raro». Sin embargo, él no estaba de acuerdo, pensaba que era como los demás, incluso mejor. Se lo había dicho el abuelo la vez que lo fue a ver en su cumpleaños número cuatro, antes de que partiera para uno de sus misteriosos viajes. En esa época «mamá ya había ido a morar con los ángeles» como todo el mundo se empeñaba en convencerlo. Especialmente su tía Margo, quien era la encargada de que todo se viese a través de características indefinibles, como si el existir fuese parte de un sueño. Para ella todo era malo o estaba prohibido. Cualquier pregunta que Charlie hacía era cuidadosamente evaluada, luego, con la misma cadencia con la que se reza el rosario, tía Margo respondía como si sus palabras fuesen un veredicto sin derecho a apelación. «No, Charlie, cariño, no puedes jugar con las niñas de esa forma. Eso es malo». «Charlie, no es correcto que pases en el baño más de cinco minutos. Es malo».  «Nunca abraces de esa forma a la señorita Mary, no se ve bien…» y así sucesivamente. La vida de Charlie estaba sujeta a una larga cadena de situaciones inapropiadas, vedadas y prohibidas, hasta el punto de que su delicado espíritu se fue recogiendo bajo una gruesa caparazón como la de las tortugas.

          Desde ese duro blindaje asomaba al mundo con la timidez del niño que tiene miedo de decir lo que piensa como suelen hacer la mayoría de los chicos, y su universo se centraba en su mente, en su imaginación inagotable que lo llevaba más allá de la cerca del jardín donde los tulipanes ejercían de guardianes, con su largos tallos y sus flores bulbosas con olor a nuez como la flor de tía Margo; a Charlie le parecía que ella y sus tulipanes debían de tener algún parentesco. Uno que no le concernía a él. Por ello cuando se enteró de que su abuelo había llegado para llevarlo con él, sintió que finalmente sus ruegos habían sido escuchados, y se convenció que de algo había servido orar cada noche como tía Margo le había enseñado.

          —Ven, Charlie, cariño, saluda a tu abuelo.

          Desde donde se encontraba, Charlie solo podía ver los delicados tobillos de tía Margo envueltos como siempre en gruesas medias color carne, y sus ridículos zapatos negros con un lazo de cuero casi en la punta. No respondió.  Era su manera de decirle que esperase un momento.

          —Le he dicho muchas veces que no debe usar las sábanas para armar este desastre que él llama castillo… —se excusó Margo.

          —No te preocupes, Margo, sé que Charlie está ordenando sus asuntos y saldrá cuando tenga que hacerlo.

          La voz cálida que acababa de escuchar le trajo gratos recuerdos, pero no estaba seguro de si debía salir de inmediato o esperar. Con tía Margo nunca se sabía cómo debía actuar.

          —Te ruego que nos dejes solos un momento, querida —pidió el abuelo.

          —Está bien. Pero has de tener paciencia, tienes un nieto demasiado raro.

          Charlie vio desaparecer los tobillos de tía Margo al cerrarse la puerta y decidió que era el momento de saludarlo.

          Una mano grande apareció ante sus ojos.

          —Vamos, hijo, sal de ahí, iremos a dar un largo paseo.

          El contacto con la mano del abuelo fue una agradable experiencia sensorial que apenas recordaba. Era tan grande, fuerte y cálida como su voz. Hacía tanto que no recibía un contacto físico demostrándole cariño que empezaba a olvidarlo. Salió de su escondite y el anciano retiró la sábana de una de las sillas que había servido de torre para su castillo y se sentó para estar a su altura.

—Pequeño, he venido para llevarte conmigo, ¿te gusta la idea?

          —Sí.

          —¿Qué hacías ahí dentro? —preguntó señalando las sillas ahora desnudas.

          —Me escondía de las brujas.

          El hombre lo miró sin decir nada. Dos años atrás estuvo allí para el cumpleaños de su nieto… ¿qué edad festejaba? No estaba seguro. Su hijo, fallecido apenas seis meses antes de ese día, ocupaba toda su mente, y lo único que deseaba entonces era estar solo. Al ver a su nieto observó en él sus mismas facciones delicadas, parecía su gemelo. El corazón le latió más presuroso de lo que solía.  No era justo que los hijos muriesen antes que sus padres, pensó con tristeza, pero en el caso del pequeño tampoco era justo quedarse sin padres a edad tan temprana. Notó que Charlie evitaba su mirada, así que cuando habló, lo hizo mirando a través de la ventana, consciente de que su nieto se sentiría libre para examinarlo.

          —Iremos a la casa donde creció tu padre, sé que te va a gustar, hay una caballeriza y mucho espacio para corretear. —Bajó la mirada y notó el brillo en los ojos del niño. Le extendió la mano y Charlie confiado se dejó llevar.

          Margo vio alejarse el coche hasta que solo quedó una débil estela de polvo. La invadió una leve vaguedad, como cuando sentía nostalgia, pero dudó de que fuera por Charlie. No lo extrañaría, aunque sí le pareció extraña la perversa sonrisa de despedida que apareció en el rostro del abuelo al dirigirse al coche con él.

          El niño definitivamente había sido una tarea pesada para ella, acostumbrada a su vida rutinaria, consideró su presencia una invasión a su privacidad, una obligación que debía a la menor de sus hermanas, la madre de Charlie, quien a los cuarenta había decidido que ya era hora de tener un hijo. «¿Por qué?», le había preguntado. Y la madre de Charlie se había encogido de hombros. «Creo que es hora de completar la familia». Una respuesta que para cualquiera habría estado bien, para Margo era simple cuestión de egoísmo. Después de haber vivido de juerga en juerga y cuando las canas asomaban a sus sienes, era lógico que pensara que necesitaba un entretenimiento más tranquilo. Como si un niño fuese un muñeco al que se le puede dejar de lado si se está cansada, especuló Margo. Y no estuvo muy equivocada. Su hermana siguió con la costumbre de fumarse un pito de vez en cuando y de conducir pasada de tragos. La noche del accidente ella y su marido regresaban de una fiesta y no llegaron jamás a casa. El pequeño Charlie de tres años apenas cumplidos le fue entregado por la mujer de la seguridad social. Siempre le pareció un niño raro, y no era porque jamás llorase: algo en su comportamiento le indicaba que no actuaba como los demás niños. Y de ellos conocía bastante, hasta hacía poco había sido maestra de párvulos. «Papá y mamá se abrazan mucho», solía decir. «¿Se abrazan?». «Sí. También cuando nos bañamos». «¿En la piscina?», le había preguntado esperanzada. «No. En la bañera». Y así fue conociendo mucho de la vida íntima de su hermana. Parecía que practicaba el amor con su marido de manera libre en presencia del niño, incluso en la misma cama. La inocencia de Charlie le hacía relatarlo todo, y aquellos detalles brotando de la boca de un niño de rostro angelical eran sencillamente dantescos. 



            Los primeros días había dejado que el pequeño durmiera en su cama porque había insistido: «Siempre duermo con mamá y papá». A Margo le pareció que era una manera de convencerla, pero después se dio cuenta de que había sido cierto. Fue cuando él le preguntó por qué dormía con ropa señalando su camisón que cayó en la cuenta de que había algo extraño en todo aquello. Y cuando aclaró: «Mamá, papá y yo, dormíamos sin ropa». Margo se sintió perturbada. Supo entonces que las noches que Charlie pasó en su cama, su camisón había sido subido deliberadamente. Él acostumbraba arrebujarse contra ella, y lo que al principio le pareció un acto de dulzura y le enterneció el corazón, después cobró para ella visos de degeneración. «Así le gustaba dormir a mamá, con mi mano aquí» o «Yo vi a papá hacerlo, ¿no te gusta?». Fue cuando decidió llamar al abuelo de Charlie, el padre del difunto marido de su hermana. Pero el viejo vagaba recorriendo el mundo, como siempre, y tardó un par de años en llegar. Y Margo empezó a criar al niño a su manera, con dureza y mucha vigilancia. Lo acostumbró a dormir solo en una habitación destinada para él, y a asistir a la escuela, donde jamás hizo amigos.

          Y ahora todo estaba en manos del abuelo. Sin embargo, al desvanecerse el polvo en la lejanía no pudo apartar de su mente la sonrisa del abuelo, entonces la sensación de culpa se apoderó de ella y aparecieron las lágrimas que no había derramado en el entierro de su hermana.

martes, 8 de diciembre de 2020

Finalizando el año y algunas noticias más

Y llegamos a diciembre. Este año atípico y colmado de noticias falsas referentes a la pandemia del Covid 19, ha servido para que muchos nos demos cuenta de lo importante que son las redes sociales para difundir. Y la enorme cantidad de incautos que caen en las mentiras que desean creer, pero el daño es mayor cuando las hacen virales. 

Yo acostumbro a verificarlas, y en lo posible evito difundirlas, pues no me considero periodista ni reportera y no me interesa competir con los noticieros. 

Pasando a un tema más agradable, debo decir que este año ha sido bueno para mí. Sé que muchos que me lean pensarán: ¿qué de bueno puede haber en vivir en un país como Venezuela? Les cuento: No es el país ni el lugar donde te encuentres el que te hace sentir bien. Sé de muchos que se fueron y a pesar de vivir en países en los que abunda todo, no cuentan con el dinero suficiente para adquirir lo que desean. Eso sucede en su país, o en cualquier otro. Depende de la visión que tengan del mundo, de la meta que tengan en la vida y de su paz interior. 

Como decidí dedicarme a escribir, lo considero mi oficio. Y todo lo que hago es en función de este oficio que me da tantas satisfacciones. Escribir es fácil, como siempre he dicho; lo difícil es hacerlo bien, porque de eso dependerá el que uno sea leído y que nuestros libros se vendan. Pongo énfasis en "se vendan" porque es la única manera de ser leído. Y como decía al comienzo, este año me ha ido bien y tengo muchos motivos para sentirme feliz.

En los primeros meses tuve la excelente noticia de que mi novela "La lista" va camino de convertirse en una serie larga, entre unos 60 a 80 episodios, según dijo en una entrevista el maestro guionista Mauricio Navas Talero, el showrunner de "La lista". RCN aceptó la propuesta y definitivamente algún día no muy lejano podré verla por televisión. 

Este año publiqué mi novela "El vendedor de naranjas" y, como suele suceder, no se fue a los primeros lugares desde el lanzamiento, pero después de escalar posiciones ya se encuentra de manera sostenible desde hace meses en el #1 y #2 de Acción y Aventura y Thriller y Misterio, y entre los primeros 10 de Ficción General en Español de las listas de Amazon USA, lo cual no es nada despreciable viendo con los libros superventas que tiene que codearse en el infinito mundo amazónico. Es la primera novela ambientada en España que escribo, y hasta el momento ha tenido muy buenas críticas, aunque en ese país apenas me lean. No sé si es porque publico desde Amazon USA o porque a los españoles no les agrada mi literatura, pero ese no es motivo para que me desaliente, todo lo contrario. Es todo un desafío.

También este ha sido el año en donde he otorgado mayor cantidad de entrevistas, la verdad, no sé los motivos, pero se comunican conmigo personas que nunca conocí, para estar en su programa, su revista, su blog o lo que ahora se estila mucho: un podcast. Aquí algunas de ellas:

Hablemos Franco con Franco Ruiz. Instagram. (Colombia)

Owl Institute Institut Psicològic con el Dr. Oriol Lugo. (España)

Desayuno con Grandiosas con Gabriela García González (España)

La Puerta de la Pirámide con Jorge Arijón Escudero (Vendedor de Naranjas) (España)

La Puerta de la Pirámide  con Jorge Arijón Escudero (La búsqueda)

Pop Art (Argentina)

Además de la innumerables entrevistas por escrito para blogs, revistas y grupos literarios, también las que me hacen clubes de lectores de otros países como Freeport Memorial Library en Freeport, NY, quienes todos los años conversan, discuten y preguntan acerca de mis novelas vía Skype. Dicen que soy muy conocida, yo no pienso lo mismo, me asombra que lo digan.

También este año empecé a estar presente en Instagram. Antes lo había hecho sin mayor entusiasmo, porque es una plataforma que no logro comprender del todo, pero me propuse tener presencia allí y en eso estoy. 

Y este 12 de diciembre se cumplen diez años del fallecimiento de mi marido, el inolvidable Waldek Grodek de "La búsqueda". Increíble cómo pasó el tiempo. Cuánto me gustaría que estuviera aquí para ver el éxito que tuvo la novela de su vida, "La búsqueda", después de varios años de publicada se sigue vendiendo gracias a Amazon. Creo que si hubiera estado en librerías ya habría desaparecido. Actualmente tiene más de 1000 calificaciones de los lectores, la gran mayoría de 5 estrellas. Es la novela que me abrió al mundo de la escritura y la que más aprecio.

Este año he leído muchísimo. Creo que más que muchos otros, y no voy a enumerar esta vez los libros porque no los tengo anotados. La lectura es uno de los placeres de mi vida y después viene la escritura. Como jurado del Premio Literario Amazon, leí unos libros impresionantes que me hacen pensar que la literatura independiente se está asegurando un futuro promisorio en el mundo de las letras. Obviamente siguen publicándose obras mediocres y algunas muy malas, pero entre lo malo, mediocre y bueno los lectores saben diferenciar, así que auguro mucho éxito para muchos escritores.

La promoción de libros con la facilidad que nos brinda Internet, es relativamente sencilla, pero no sirve de nada si el producto no es bueno. Ocurre con todo, no solo con los libros. Si un producto cuya promoción se ve en televisión, cine, radio, prensa, etc., no cumple las expectativas con seguridad no volverán a comprarlo, y de eso se trata: que un lector que lea uno de nuestros libros desee leer todo lo que escribamos. Me sucede a mí como lectora y pienso que a todos los demás también. Si el primer libro de un escritor desconocido no me convence, ni siquiera termino de leerlo y en adelante evito comprar otro libro suyo.

Por eso estoy en contra del aviso que algunos colegas ponen en la descripción del libro: "Edición mejorada" o "Edición revisada". ¿A qué lector se le ocurre comprar un libro dos veces para ver si mejoró un libro que no le gustó? (empezando por el hecho de que en Amazon no se puede comprar dos veces) Y si es un lector nuevo, la sola mención de ese aviso hace que lo piense dos veces. Más si se trata de una novela de un escritor independiente. Lo correcto es que antes de publicar un libro se cercioren de que está bien escrito, que la historia es interesante y los diálogos naturales, de lo contrario pueden haber perdido la batalla antes de empezar.

Escribir "La búsqueda" me tomó seis meses. Reescribirla, modificarla, corregirla, tomó cinco años. Pero cuando la presenté a una editorial solo pasaron quince días y ya firmaba un contrato con Editorial Roca. Eso me enseñó que las editoriales no rechazan manuscritos con buenas historias y bien escritos aunque el autor sea novel. Claro, también se equivocan, como ocurrió con "El manuscrito" una novela que presentó mi agente de aquella época a una editorial que la rechazó. Tal vez el lector o lectora editorial no supo comprenderla o no estuvo de humor cuando la leyó, pero esa novela tuvo un éxito sin precedentes cuando la publiqué en Amazon y después la escogió Ediciones B. ¿Y qué pasó con la editorial que la rechazó? Cerró sus puertas dos años después, tal vez las novelas que escogían sus lectores literarios "especializados" no eran tan buenas, porque si veías el catálogo daba pena. Seguí la pista de las publicaciones de esa editorial por puro morbo, porque fue la primera vez que rechazaban una de mis obras. 

Sé que muchos escritores sueñan con publicar por editoriales para quitarse de encima la consabida "promoción" de su obra. Se equivocan. Tendrán que hacer ese trabajo de todos modos. Hoy en día el escritor debe ser proactivo. Es la única forma de sobresalir en un mundo saturado de publicaciones, autopublicaciones editoriales y escritores independientes. Y hasta ahora la única promoción válida y efectiva que he experimentado es la que nos da Amazon con sus campañas. Yo sigo promocionando mis libros en Twitter, Facebook, ahora en Instagram y de vez en cuando en Linkedin. No podemos quedarnos dormidos en espera de que los lectores den con nuestros libros de pura casualidad. Y por supuesto, seguir escribiendo. Siempre una nueva publicación rinde beneficios. 

Y bueno, esto es todo por este año, y si no se me ocurre nada más, les deseo una feliz Navidad, los que tengan la dicha de tener a la familia sana y reunida, y a los que no, ¡que pasen una Navidad tranquila con un buen libro entre las manos!

jueves, 5 de noviembre de 2020

Autor Rico, Autor pobre: 50 razones por las que algunos autores venden muchos libros y otros no


Reconozco que no soy aficionada a leer libros de autoayuda ni de crecimiento personal, sin embargo, me llamó la atención el título de este libro de Marc Reklau, a quien muchos deben conocer por su libro 𝟯𝟬 𝗱𝗶́𝗮𝘀 - 𝗰𝗮𝗺𝗯𝗶𝗮 𝗱𝗲 𝗵𝗮́𝗯𝗶𝘁𝗼𝘀, 𝗰𝗮𝗺𝗯𝗶𝗮 𝗱𝗲 𝘃𝗶𝗱𝗮. Lo leí simplemente porque me encantan los posts de Marc y porque sé que sus libros a la par de interesantes, funcionan. ¿Y cómo sé que funcionan? Por el simple hecho de que él mismo es un ejemplo de lo que predica.

Existen muchos autores que venden cursos o libros en los que “enseñan” a vender más libros, y cuando vas a la página del libro para comprobar cuál es el resultado de sus ventas están por debajo del millón en el ranking. ¿Cómo se puede aprender de ellos, si ni ellos mismos saben vender los libros que escriben? Me pregunto.

Bueno, de esa y otras cosas trata este libro de Marc Reklau, Autor Rico, Autor Pobre.  Y creo que tiene mucha razón en lo que afirma en sus 50 razones. Ser un autor autopublicado y vender libros no es tan fácil y depende de la actitud que tengamos al respecto para marcar la diferencia. No es cuestión de suerte. Es cuestión de actitud y resiliencia. De tomarse la escritura en serio y dejar de pensar que un buen día la suerte vendrá en nuestra ayuda y cambiará el rumbo de nuestras vidas. Tampoco es que sea tan fácil llegar a tener éxito como autor independiente, sin embargo hay personas que piensan que sí lo es y se atreven a acercarse a uno como dice Marc Reklau en una parte de su libro, invitarte una taza de café y que en un par de horas les enseñes cómo publicar en Amazon y tener éxito:

Es asombroso. La gente piensa que puedo transmitirles mi conocimiento de un proceso que me tomó seis años y miles de horas de estudio para aprender (además de miles de dólares de inversión) tomando un café. Puessss… ¡No! Imposible. Esto no es un negocio fácil que te traiga dinero con un mínimo esfuerzo. Éste es un negocio serio y la industria editorial cambia continuamente. Tienes que seguir estudiando y aprendiendo para estar al tanto. Estoy haciendo muchas ventas con anuncios de Amazon y aun así todavía estoy mirando cada entrenamiento, leyendo cada libro o escuchando cada podcast sobre el tema. Siempre se aprende algo nuevo.

Creo que Autor rico, autor pobre es un libro que aclara muchos puntos en los que algunos autores suelen estar equivocados. No se trata de promocionar libros a diestro y siniestro en las redes sociales. Se trata de saber hacerlo. Y eso no se aprende enviando un mensaje privado para saber cómo se hace. Se trata de investigar, leer obras al respecto y, como dice Marc, invertir tiempo y dinero. Excelente libro que vale la pena leer.

¡Hasta la próxima, amigos!

sábado, 24 de octubre de 2020

CECILIA PÉREZ Y LA PROMOCIÓN DE LIBROS

Hoy en día existen muchos escritores debido a las facilidades de publicar en plataformas como KDP Amazon, Tagus, Lulu, Bubok Kobo, Nook, etc. Pero no todos los escritores están dispuestos a promover sus libros y esto por diferentes motivos: miedo escénico, timidez, les parece que no deberían hacerlo, pudor, vergüenza de que sus amistades se enteren… y es comprensible, se supone que un escritor debería dedicarse a escribir, no a vender libros. Sin embargo existe solución a ese problema.

Mucho se habla de los servicios de promoción de libros y hay una ingente cantidad de personas que los brindan, pero todo se reduce a la calidad de la obra. ¿Cómo saber si una obra es realmente buena como para que valga la pena contratar los servicios de un promotor? Solo leyendo el libro.

Promocionar libros no consiste en publicar banners atractivos en Instagram, Twitter, Linkedin o Facebook. Se trata de hablar de ellos con propiedad, de recomendarlos sabiendo que el producto es de buena calidad, y para eso no hay nada mejor que enterarse del contenido y darle al autor una opinión sincera que le permita mejorar, si es el caso. Un promotor no puede comprometerse a publicitar a diestro y siniestro un libro mediocre, pues sabe que no tendrá éxito. Ocurre con cualquier producto de consumo. ¿Y quién mejor que una persona comprometida como Cecilia Pérez ?

Para los que no saben quién es Cecilia Pérez les diré que es una de las administradoras del exitoso grupo Divinas Lectoras de Facebook con más de 34.000 miembros. Me parece que es uno de los grupos más interactivos de esa plataforma porque no pone pegas a la publicidad, no existen días para promover gratis, se puede hacer todos los días, y Cecilia lo hace de manera gratuita y continua de muchas formas.

Para los que deseen un servicio personalizado más serio, ella también brinda servicios de lectura editorial, promoción a través de sorteos en donde participan miles de lectores, participación en un programa radial, selección de pasajes del libro para ser leídos en la radio, lo que facilitará que la obra se haga conocida y como ha ocurrido en muchas ocasiones, que el libro empiece a ocupar buenas posiciones entre los más vendidos de Amazon y todo al precio más módico que te puedas imaginar. También ofrece el servicio de traducción al portugués para los que estén interesados en el extenso mercado brasilero y portugués.

Si estás interesado(a) puedes comunicarte con Cecilia Pérez en Facebook, en Instagram o en Twitter.

¡Siempre he pensado que la peor diligencia es la que no se hace!

sábado, 26 de septiembre de 2020

Lucifer in both languages; Spanish and English: Quinta Temporada, reseña y análisis. (Spoilers)/ Lucifer: Fifth Season, review and analysis. (Spoilers)

 Después de más de un año finalmente pudimos ver los primeros ocho capítulos de la temporada 5 de “Lucifer”; una serie que de manera inesperada acaparó la atención de millones de espectadores en todo el mundo. A partir de la temporada anterior fue Netflix la que asumió la producción como consecuencia de su inexplicable cancelación en Fox, pero fue la campaña masiva de “#SaveLucifer” la que revivió la serie, encabezada por su protagonista, Tom Ellis, poco conocido en América pero gracias a la serie, convertido en un icono de galantería y encanto.

La temporada anterior finalizó con la despedida entre Lucifer (Tom Ellis) y Chloe Decker (Lauren German), un beso tierno y tímido fue lo último que vimos y Lucifer Morningstar regresó al infierno de manera voluntaria, en vista del peligro que corría su sobrino Charlie hijo del ángel Amenadiel y la doctora Linda Harris. También existía el peligro de que los demonios regresaran a la Tierra y la misma Chloe corriese peligro, de manera que la estampa que nos quedó en la retina fue un diablo gentil, encantador, que deja de lado sus apetitos y deseos para cumplir voluntariamente con el deber que le ordenó su padre, Dios: permanecer en el infierno.


La quinta temporada empieza con una Chloe resignada a no ver más a Lucifer y una demonio, Maze, indignada por haber sido ignorada por el diablo, ya que fueron compañeros inseparables durante milenios; un tema que se desarrolla en el capítulo 4 en un episodio en blanco y negro en el que vemos a la madre de Maze, Lillith, la que fue esposa de Adán en un papel de mujer fatal y en donde se destaca la actriz sudafricana Lesley-Ann Brandt como cantante, ya no en su papel de Mazikeen sino en el de su madre. Este episodio en principio me pareció una parodia inútil, pero al observar su desarrollo noté que era necesario para lo que venía después. Personalmente no me gustó el personaje que adoptó Ella López (Aimée García). Se la vio caricaturizada al extremo, pero supongo que son licencias de los showrunners; cada uno de los personajes debía tener una parte en ese episodio. Aclarado el punto del anillo de Lucifer que supongo se desarrollará más adelante porque quedó en nada, podría decir que estos primeros ocho episodios son un prolegómeno de los siguientes ocho.

Abre muchas interrogantes y nos prepara para lo que sigue, y es entendible ya que se suponía que la temporada sería de dieciséis capítulos. Siempre hemos visto temporadas en las que de alguna forma se cierra el círculo, en esta ocasión queda tan abierto que nos deja perplejos. No obstante, tengo que decir que el Lucifer que vi en estos seis primeros episodios, sin dejar de lado su eterna ingenuidad, se convierte en un personaje más introspectivo, más maduro, toma conciencia de su posición frente a Chloe, y le da miedo asumir la responsabilidad de aceptar que la ama, porque siendo un ser que nunca miente, sabe que no podrá retractarse. Es hasta cierto punto, comprensible, él es poderoso, el señor del infierno, sabe que lo suyo con Chloe no podrá ser eterno, ella no es inmortal aunque sea un regalo de su padre.

El segundo capítulo me pareció muy importante. Es cuando Michael, el gemelo de Lucifer, parece interesarse de manera sincera en Chloe, pero ella se da cuenta de que él no es Lucifer. Tengo la impresión de que Michael se ha enamorado de la detective, y ya no es solo el odio que siente por su hermano Lucifer el que lo conmina a actuar de esa manera. Desea apropiarse de su vida. También en este capítulo ella se entera por Michael que es un regalo de Dios para Lucifer. Y es donde empiezan los problemas. Se siente utilizada: “Fui creada para servir de perfecta señora de Lucifer Morningstar”, dice. “Soy un objeto”.  Pero es Amenadiel quien la convence de que ella no es un regalo, el regalo es que Chloe sea inmune a la magia de Lucifer y que lo haga vulnerable. Es entonces cuando ocurre la verdadera magia de estos ocho primeros capítulos. Lucifer y Chloe por primera vez hacen el amor. Una escena que podría calificar de sublime por la ternura que inspira Lucifer y la entrega de Chloe. Un momento que, estoy segura, hemos estado esperando los millones de espectadores que seguimos la serie. Pero ocurre un suceso inesperado cuando Chloe, jugando, le pregunta a Lucifer: “¿Qué es lo que deseas”? se refería a desayunar. Y él siente que ella puede conocer sus deseos, verdaderamente. A partir de este momento todo cambia. Él se muestra confundido y estafado. “Ella me robó mi magia, lo único que me hacía útil, ¿sin mi magia de qué le serviría?  ¿Y por qué? ¿Qué sucedió? Es cuando se plantea si el hecho de estar enamorado lo hace absolutamente vulnerable. Se revela interiormente aunque no puede dejar de sentir algo por Chloe, no se atreve a decírselo, algo muy profundo se lo impide.

Obviamente la fórmula exitosa de la serie es la parte amorosa entre ellos dos, que nunca vemos definirse por completo, lo cual sería una falla tremenda, porque sin esa lucha intestina entre los sentimientos de ambos, la historia perdería su razón de ser; pero en esta temporada inconclusa noté una Chloe más fuerte, más segura de sí misma y al mismo tiempo comprensiva con la situación de Lucifer.  Desde el punto de vista físico está más delgada, el maquillaje más suave que las temporadas anteriores y si se quiere más hermosa y madura. Lucifer, como siempre y a partir de la temporada cuarta, luce un aspecto sumamente atractivo; es un hombre perfecto, se puede observar plenamente en una desnudez que no choca ni parece fuera de tono en el segundo capítulo, cuando lo vemos encarnando a su hermano gemelo Michael frente al espejo.

Mención aparte merece su actuación. Llegué a odiar y a “ver” diferente a Michael, siendo el mismo Tom Ellis. Aunque algunos gestos eran prácticamente los mismos cuando hacía el papel de su hermano Lucifer, se notaba la diferencia. Me encantó que Michael tuviera las alas torcidas y de color gris, algo que se nota de manera exquisita en la parte final, cuando Michael, Lucifer y Amenadiel abren sus alas y podemos ver a los tres. La presencia de su Padre queda reflejada en la expresión de cada uno de sus rostros, y la de Lucifer se ve absolutamente angelical. Uno se llega a preguntar si definitivamente hubo una equivocación y es Michael el mentiroso quien debería reinar en el infierno.

Las partes más importantes consistieron en la irrupción de Michael en el Departamento de Policía de Los Angeles haciéndose pasar por Lucifer. Chloe corre a sus brazos y cree que él ha regresado. El momento cumbre que todos estábamos esperando es cuando ¡por fin! Chloe va al penthouse y Lucifer la besa desesperado. También es impresionante ver a Daniel disparando a Lucifer y saber que ya no es vulnerable en presencia de Chloe. Y una de las escenas más tiernas: Lucifer y Chloe reencontrándose después del secuestro. Y la música. Cada escena, cada capítulo va acompañado de diferentes temas musicales, todos encajan con el momento, emocionan.

He visto amores en otras series: en El último reino al guapísimo Uhtred de Bebbanburg, enamorado de Brida, también de Gisela, su segunda esposa y después de Ethelfreda. En la serie Vikingos hubo numerosas escenas de amor entre los protagonistas, sin embargo nunca fueron tan tiernas, tan esperadas y tan desconsoladamente apasionantes como las que vi entre Lucifer y Chloe, pese a que no fueron escenas de sexo explícito ni nada por el estilo. Es indudable que ver a un diablo enamorado es diferente. Mis felicitaciones al equipo de guionistas por saber crear la tensión en los momentos apropiados, algo tan difícil a lo largo de la serie.

 English:

After more than a year we finally got to see the first eight chapters of season 5 of “Lucifer”; a series that unexpectedly captured the attention of millions of viewers around the world. As of the previous season, it was Netflix that took over production as a result of its inexplicable cancellation on Fox, but it was the massive “#SaveLucifer” campaign that revived the series, led by its protagonist, Tom Ellis, little known in America but thanks to the series, he has become an icon of gallantry and charm.

The previous season ended with the farewell between Lucifer (Tom Ellis) and Chloe Decker (Lauren German), a tender and shy kiss was the last we saw and Lucifer Morningstar returned to hell voluntarily, in view of the danger faced by his nephew Charlie son of the angel Amenadiel and Dr. Linda Harris. There was also the danger that the demons would return to Earth and Chloe herself would be in danger, so that the stamp that remained on our retina was a gentle, charming devil, who puts aside his appetites and desires to voluntarily comply with him. duty ordered by his father, God: to stay in hell.

The fifth season begins with a Chloe resigned to no longer seeing Lucifer and a demon, Maze, outraged at having been ignored by the devil, since they were inseparable companions for millennia; a theme that is developed in chapter 4 in a black and white episode in which we see Maze's mother, Lillith, the one who was Adam's wife in a role of fatal woman and where the South African actress Lesley Ann Brandt as a singer, no longer in her role as Mazikeen but as her mother. This episode at first seemed like a useless parody, but when observing its development I realized that it was necessary for what came next. I personally did not like the character that Ella López (Aimée García) adopted. It was caricatured to the extreme, but I suppose they are showrunner licenses; each of the characters had to have a part in that episode. Clarified the point of the Lucifer ring that I suppose will be developed later because it came to nothing, I could say that these first eight episodes are a precursor to the next eight.

It opens up many questions and prepares us for what follows, and it is understandable since the season was supposed to be sixteen episodes. We have always seen seasons in which the circle is somehow closed, this time it is so open that it leaves us perplexed. However, I have to say that the Lucifer that I saw in these first six episodes, without leaving aside his eternal naivety, becomes a more introspective, more mature character, becomes aware of his position in front of Chloe, and is afraid to assume the responsibility of accepting that he loves her, because being a being that never lies, he knows that he will not be able to withdraw. It is to a certain extent, understandable, he is powerful, the lord of hell, he knows that his with Chloe cannot be eternal, she is not immortal even if it is a gift from her father.

The second chapter seemed very important to me. It's when Lucifer's twin Michael seems to genuinely care for Chloe, but she realizes that he is not Lucifer. I have the impression that Michael has fallen in love with the detective, and it is no longer only his hatred for his brother Lucifer that urges him to act that way. You want to own your life. Also in this chapter she learns from Michael that it is a gift from God to Lucifer. And that's where the problems begin. Feels used: “I was created to be the perfect lady for Lucifer Morningstar,” she says. "I am an object." But it is Amenadiel who convinces her that she is not a gift, the gift is that Chloe is immune to Lucifer's magic and makes him vulnerable. That's when the real magic of these first eight chapters happens. Lucifer and Chloe make love for the first time. A scene that could be described as sublime because of the tenderness that Lucifer inspires and Chloe's dedication. A moment that, I am sure, we have been waiting for the millions of viewers who follow the series. But an unexpected event occurs when Chloe, playing games, asks Lucifer: "What do you want?" she meant breakfast. And he feels that she can know his wishes, truly. From this moment everything changes. He is confused and cheated. “She stole my magic from me, the only thing that made me useful, without my magic what use would it be to her? And because? What happened? It is when he asks himself if the fact of being in love makes him absolutely vulnerable. He reveals himself inwardly although he can't help but feel something for Chloe, he doesn't dare to tell her, something very deep prevents him.

Obviously the successful formula of the series is the loving part between the two of them, which we never see fully defined, which would be a tremendous failure, because without that internal struggle between the feelings of both, the story would lose its reason for being. r; but in this unfinished season I noticed a stronger Chloe, more self-confident and at the same time understanding with Lucifer's situation. From the physical point of view she is thinner, the makeup softer than the previous seasons and if you want more beautiful and mature. Lucifer, as always and from season four on, looks extremely attractive; He is a perfect man, he can be fully observed in a nudity that does not shock or seem out of tune in the second chapter, when we see him incarnating his twin brother Michael in front of the mirror.

Special mention deserves his performance. I came to hate and "see" Michael differently, being Tom Ellis himself. Although some gestures were practically the same when he played the role of his brother Lucifer, you could tell the difference. I loved that Michael's wings were twisted and gray, something that is exquisitely noticeable in the final part, when Michael, Lucifer and Amenadiel spread their wings and we can see all three. His Father's presence is reflected in the expression on each of their faces, and Lucifer's looks absolutely angelic. One wonders if there was definitely a mistake and it is Michael the liar who should reign in hell.

The most important parts consisted of Michael breaking into the Los Angeles Police Department posing as Lucifer. Chloe runs into her arms and thinks she's back. The peak moment we have all been waiting for is when finally! Chloe goes to the penthouse and Lucifer kisses her desperately. It is also impressive to see Daniel shoot Lucifer and know that she is no longer vulnerable in the presence of Chloe. And one of the most tender scenes: Lucifer and Chloe meeting again after the kidnapping. And music. Each scene, each chapter is accompanied by different musical themes, they all fit the moment, they move.

I have seen love affairs in other series: in The Last Kingdom, the handsome Uhtred from Bebbanburg, in love with Brida, also with Gisela, his second wife and after Ethelfreda. In the Vikings series there were numerous love scenes between the protagonists, however they were never so tender, so long awaited and so disconsolately passionate as the ones I saw between Lucifer and Chloe, even though they were not explicit sex scenes or anything like that. There is no doubt that seeing a devil in love is different. My congratulations to the writing team for knowing how to create tension at the appropriate moments, something so difficult throughout the series.

martes, 22 de septiembre de 2020

¿Somos lo que leemos?

El mundo virtual es real y puede hacer mucho daño a quienes no estén preparados para afrontarlo.

Hace unos años empecé a formar parte del mundo que ahora muchos consideramos imprescindible. Hay pocas cosas que podamos hacer sin usar la nube, desde ver nuestra cuenta bancaria y hacer nuestros pagos o transferencias y comunicarnos; muchísimo más que antes, cuando solo existían el teléfono, los faxes y el correo postal. Incluso llamar por teléfono no era un sistema que utilizáramos demasiado por el alto costo, si las llamadas eran al exterior.

Hoy con Skype, Zoom, Wattsap, el celular y muchos etcéteras, la comunicación lejana se ha transformado. Y así como ha ocurrido con las familias y amigos a los que la distancia ha separado, igual ocurre con las relaciones que a diario incrementamos en las redes sociales, nos hemos habituado a usarlas hasta el punto de que cuando no existen porque se nos va la conexión, nos sentimos extraños.

No solo los gobiernos, industriales, empresarios, comerciantes, vendedores, amas de casa, la educación, la televisión, radio, aprovechan esta tecnología, también la aprovechamos los escritores, y no creo que exista una manera de hacer algo sin que sea a través de la red. Claro que habrá todavía quienes por falta de conocimiento o inseguridad se alejen de los cajeros automáticos, transferencias y compras en línea y prefieran ir a los bancos... que no podrían funcionar sin Internet.

La publicación de libros sufrió una transformación cuando algunos emprendedores iniciaron las editoriales digitales, en las que se podían descargar los libros y leerlos en la pantalla del ordenador, luego vinieron los lectores electrónicos, y la guinda del pastel fue cuando a Amazon se le ocurrió no solo facilitar la autopublicación sino vender un aparato con el que pudieran comprar libros digitales de su extensa librería.

De la gran masa de escritores publicados o no anteriormente por editoriales que adoptaron el sistema de Escritor Independiente, no todos tuvieron el éxito esperado, para algunos que se habían creado muchas expectativas fue un auténtico fracaso, otros idearon la manera de suplir su falta de calidad con cantidad, algunos aprendieron la lección y acometieron la autopublicación con verdadera seriedad, y unos cuantos prefirieron firmar con editoriales que los habían elegido por estar en los primeros lugares y se alegraron de formar parte del mundo literario regular, para evitar el trabajo de representarse a ellos mismos.

Todas las posiciones son válidas, no todas las personas somos iguales, yo no creo en la igualdad. Cada individuo ve el mundo de diferente manera y lo siente según su modo de ser y de razonar. A esa gran diferencia debemos el estar donde hoy estamos, unos inventan y otros hacen uso de los inventos. Unos venden, otros compran y así podría enumerar hasta el infinito.  Como también podría decir que algunos se consideran escritores muy buenos y no lo son (para mí) y sí para otros. Y algunos se consideran mediocres y son muy buenos (para mí), y no para otros.

Lo malo es no aceptar el gusto de los demás. A mí me encanta vestirme de negro, es un color que me favorece y en ocasiones compro dos o más prendas exactamente del mismo modelo y en el mismo color porque sé que después de unas cuantas lavadas, el negro tiende a perder la apariencia suave y el color negro de cuando era nuevo. Pero también me gustan los marrones, los rojos, los naranjas... creo que depende de la ocasión y como me sienta para elegir usarlos. Y aunque a la gente no le guste que me vista de negro o no esté tan de moda, lo uso porque es lo que mejor me va.

Igual ocurre con la literatura. Me encantan las intrigas internacionales, el misterio, el thriller, y también la novela histórica, soy capaz de leer cienciaficción, y hasta alguna novela romántica siempre y cuando el tema sea interesante y me atraiga. El erotismo también lo soporto cuando es de altura y mientras menos explícito mejor, porque como escritora sé que es el más trabajado, el más difícil de narrar y aprecio la narrativa que a mi modo de ver está bien hecha.

No es porque me considere una gran escritora, ojo, es porque soy lectora, y lo soy desde que tenía ocho años. Sé distinguir un libro mediocre de uno extraordinario, al menos desde mi punto de vista, porque ya he dicho: cada individuo tiene el suyo. Lo que para mí es bazofia para otro puede ser una maravilla, ¿de qué depende? Indudablemente de nuestra formación. De nuestra manera de ver la vida, de nuestra experiencia, de nuestros gustos y un sin fin de cosas más.

Hay personas que pueden leer historias eróticas sin parar, una tras otra, páginas y páginas de escenas explícitas y  gritarán a los cuatro vientos  que son maravillosas,  que quieren más,  que es lo que les llena, les gusta y los estimula. ¡Bien! Es su vida y son sus gustos.

Hay otras, en cambio, que se apasionan con las historias de zombies y de vampiros, o con guerras intergalácticas, o con secretos de los templarios, o con biografías de personajes históricos, o con la vida de la gente de farándula. Cada persona tiene derecho a leer lo que más le atrae, Y también cómo no, hay quienes leen de todo. Como era yo. Leía hasta la guía telefónica cuando no tenía qué leer. Ahora lo que me falta es tiempo, por eso soy más selectiva y me decanto por literatura de ficción, preferiblemente thrillers.

No soy una persona extraordinariamente cultivada, he leído a los grandes que la mayoría de los escritores se sienten obligados a mencionar, pero no todos necesariamente me han gustado. Y escribo lo que me gusta leer. ¿Tengo éxito? Tal vez. Tal vez más de lo que algunos quisieran o piensan que debería tener, pero así es la vida. No todo es como nos gusta y debemos aceptarlo.

¡Hasta la próxima, amigos!

sábado, 29 de agosto de 2020

Mi amigo Rafael

Hoy voy a hablar de mi amigo Rafael R. Costa, escritor onubense; creo que ahora radica en Madrid. Digo creo porque con él nunca se sabe. Es uno de esos hombres que de vez en cuando uno tiene el privilegio de toparse en el camino de la vida. Lo conocí en persona en el encuentro de escritores que organizó Amazon allá por el año 2015 en Madrid, y su presencia se hizo notar de inmediato. Alto, flaco y con el aire elegante de los hombres de estilo bohemio; el sombrero tipo hipster cubría en parte su espesa cabellera que sobresalía salvaje sin seguir ningún corte a la moda, sino de pura casualidad. Intercambiamos algunas palabras dentro del laberinto que formaba el nutrido grupo de escritores y aspirantes a serlo como yo. No tuve espacio para entablar una conversación con él, pero sentí que no hacía falta. Me parecía conocerlo de toda la vida a través de sus libros y de los mensajes que intercambiábamos por Facebook. Además, siempre estaba rodeado de gente. Muchas escritoras, especialmente.


Rafael es peculiar. Cuando digo esto me refiero a que no se comporta como suele hacerlo la mayoría de escritores. He leído varios libros suyos y su narrativa es espectacular. Algunos atrapan desde el inicio y no se pueden soltar, como me ocurrió con “Melodrama Berlín”, para mí su mejor novela. Pero ¿qué sucedió con ella? Le pregunté un día que estuve buscándola en Amazon para promoverla en Twitter. “La saqué de Amazon para corregirla porque algunos se quejaron de algo y quedó en un PC que ya no sirve”, fue su catastrófica respuesta.

Solo él puede resolver una situación de tal calibre de esa manera. Yo habría movido cielo y tierra para extraer la novela del disco duro, pasarla a mi nueva PC y volverla a publicar, pero Rafael, tan él, parece que el asunto dejó de importarle. Qué se puede decir de una persona que al nacer lo dieron por muerto. Y esto que digo es la pura verdad. Cierto día me cuenta:

“Mira... era una tarde lluviosa de diciembre de 1959. Mi madre se puso de parto debajo de un membrillero. Vivía en casa de su madre, mi abuela. Resulta que en ese momento llegaron visitas inesperadas, y en la casa (a las afueras de Huelva, cerca del río) había mucha gente. El caso es que mi pobre madre aguantó cuanto pudo, era primeriza. Finalmente la evidencia se manifestó: estaba de parto. Nací en la cama de mi abuela materna, pero nací muerto. Resulta que nací morado y sin respirar. No había médicos, sólo las mujeres de la familia, incluidas las inesperadas visitas.”

¿Pero cómo fue que resucitaste? Le pregunté.

“…Entonces prepararon algunos recursos para devolverme la vida, según me han contado varias versiones distintas. Primero me cogieron por los pies y boca abajo me dieron a lo largo de la columna vertebral, hasta la nuca, como a los conejos... Nada. Luego me pincharon con una aguja desde la planta de los pies al cuello... Nada. Dos personas se subieron a la cama y cogido por las extremidades me dejaban caer de súbito al colchón... Nada.” 

¡Madre mía!, exclamé, mientras una sombra de duda cruzaba por mi mente. ¿Sería una invención de su afiebrada imaginación de novelista?

“Prepararon un baño de agua caliente y otro de agua fría, donde alternativamente me sumergían… Nada. Entonces me dieron por muerto y se dedicaron a cuidar a mi exhausta madre. Me liaron en una toalla y me dispusieron en la mesa del comedor, donde permanecían los hombres. Uno de esos hombres, quien estaba fumando un cigarrillo, no tuvo otra ocurrencia que acercarse, abrirme la boca e inhalarme una bocanada de humo.”

 ¿Qué barbaridad!

 “¡Sucedió el milagro! Al parecer moví las piernas como un ciclista y los brazos como un boxeador, tosí y escupí una bola de coágulo. Así hasta hoy día. Siempre dije que morí como persona y nací como personaje de novela.”

 Y yo le creo hasta la última palabra.

Otro día, de improviso, me dice: “Los incas son los únicos humanos que a veces tienen dos occipitales.” ¿En serio? Yo pensé que todos teníamos dos occipitales, respondo dentro de mi inhóspita ignorancia. “No, mira... tenemos el frontal, dos temporales (las sienes) y dos parietales que se unen en la nunca y dejan un hueco, ese hueco lo tapa el occipital. Pues los incas tienen parietales muy cortos y a veces tienen dos occipitales.”

¡Válgame!, tal vez yo tenga dos occipitales y sin enterarme. De esa manera, tal como él cuenta sus anécdotas escribe las novelas. Siempre hay un punto de asombro, hay párrafos excelsos, situaciones inverosímiles que se transforman en reales antes nuestros ojos. En “Berlín Melodrama” escribe acerca de un espía judío en Berlín, en plena era nazi. La novela es la saga de “La interpretadora de sueños”, que después de estar en Amazon fue publicada por Espasa, un sello de Editorial Planeta.  Me enteré de casualidad. Y es que Rafael no salió a dar la noticia con bombos y platillos como yo lo habría hecho, por ejemplo. Y tiene casi todas sus novelas fichadas por el sello editorial de Amazon Encore. También ha sido finalista de conocidos premios literarios como Planeta, y ganador de innumerables premios, como el Pablo Neruda, el Petrer-Palco Mollá, el Premio Onuba, entre otros.

De vez en cuando aparece en Facebook, que es la única red social que se le da mejor, y es cuando me pregunto ¿por qué hay escritores que no escriben tan endiabladamente bien como Rafael y son leídos por montones? ¿En qué consiste la supremacía de un escritor, en su simpatía o en sus letras? Y no puedo dar una respuesta. Es el misterio que siempre rodeará a esta profesión.

Saludos desde aquí, mi querido amigo, me dio gusto recordar algunos momentos y los traje a cuento. Por algo somos escritores, ¿no?

Si desean saber más de sus obras pueden pasar por su página de autor en Amazon:

https://www.amazon.es/Rafael-R-Costa/e/B00756UJVW/ref=dp_byline_cont_pop_ebooks_1