sábado, 24 de enero de 2009

Una vez más Alberto Vázquez-Figueroa

Cuando de personajes se trata es inevitable redundar. Me refiero al escritor Alberto Vázquez-Figueroa. Como saben, tengo un enlace a su página web y está entre los primeros de la lista, por lo del orden alfabético. Me fijé en el sugerente título que me hizo recordar a Hemingway y entré a su página. Encontré un artículo: ¿Por quién doblaron las campanas? Supe al ver el vídeo de qué hablaba. Fue un encuentro mágico con el pasado y de veras, me impresionó. Con su gentileza acostumbrada, me envió una foto de hace cincuenta años, y me dio permiso para publicarla. No puedo menos que reproducir su artículo, parece un trozo de una de sus incomparables novelas:

¿POR QUIEN DOBLARON LAS CAMPANAS?

Se presentaron como funcionarios de la Dirección General de Seguridad para comunicarme que sabían que era profesor de buceo y pretendían que reuniera a un grupo de submarinistas dispuestos a rescatar los cadáveres que habían quedado en el fondo del Lago de Sanabria.
La noche del día siguiente partimos y con la primera claridad del alba nos enfrentamos al dantesco paisaje de Ribadelago arrasado por la fuerza de millones de metros cúbicos de agua que se habían llevado por delante doscientas vidas humanas.
De la pequeña iglesia tan solo quedaban en pié el campanario y la figura de un Rey Baltasar cuyo negro rostro parecía mostrar el horror que le producía el hecho de que el resto de las figuritas del pesebre hubieran desaparecido como por arte de magia.
Al poco surgieron de entre las ruinas varios hombres que cargaban sobre parihuelas tres cadáveres seguido por media docena de mujeres que rezaban casi arrastrando a una anciana que suplicaba que la enterraran a ella pero le devolvieran la vida a su nieto.
No hubo tiempo para ver más; los muertos se impacientaban.
Descargamos las botellas de aire comprimido, nos enfundamos en unos primitivos trajes que apenas nos protegían de las gélidas aguas y como jefe de equipo me correspondió el dudoso honor de ser el primero en sumergirme.
Un agua sucia, fangosa, grasienta y maloliente me ascendió por las piernas, la cintura, luego el pecho y al fin el cuello por donde se filtró al interior del traje, y la cabeza pareció querer estallarme en el momento en que comencé a flotar.
Una barcaza metálica con seis militares a bordo me seguía mientras cientos de ojos me observaban desde la orilla.
Avance unos cien metros sentí náuseas y me oriné no a causa del miedo, que era mucho, sino porque de ese modo el agua que se había acumulado entre mi cuerpo y el traje se calentaba lo que me producía un cierto alivio.
Me sumergí rumbo a la nada, el barro en suspensión hizo que a los diez metros todo fuese borroso y al llegar a los veinte el agua era ya tinta china por lo que empuñé el cuchillo y continué con el brazo extendido visto que no tenía ni la menor idea de contra qué podía chocar.
Antes de llegar a los treinta advertí que la hoja penetraba en algo blando; era el barro del fondo, avancé agitando el brazo, me golpeé en el muslo contra lo que parecía una viga y tras analizarla llegue a la conclusión de que se trataba del palo de una carreta.
Continúe mi marcha tropezando con infinidad de objetos irreconocibles hasta que de pronto algo vivo me rozo la mejilla. Quede como paralizado; volvió el contacto, como de uñas muy frías y tan solo entonces comprendí que se trataba de una trucha.
A los quince minutos temblaba, el calor de los orines había desaparecido, un agua que a treinta metros de profundidad estaba a menos de dos grados se introducía bajo el traje a mayor presión, el corazón me latía con tanta fuerza que amenaza con salir flotando por su cuenta y comprendí que estaba a punto de perder el sentido.
Decidí ascender; el cielo estaba triste y gris, con nubes bajas, pero jamás me había parecido tan hermoso.
Allí justo donde las burbujas de aire que había ido expulsando reventaban al llegar a la superficie me aguardaba la barcaza. No podían tocarme porque el dolor hubiera resultado insoportable, por lo que me sujetaron por el cinturón de tal modo que pudiera introducir las agarrotadas manos en un caldero de agua caliente.
Poco a poco comencé a reaccionar y cuando me izaron a bordo me quede inerte, desmadejado y roto, incapaz de pensar en nada que no fuera el hecho de que había conseguido regresar del averno.
Una semana mas tarde comprendí que nos estábamos jugando la vida sin obtener más premio que un brazo, una pierna o incluso una cabeza desprendida del cuerpo y era más el dolor que causábamos a los familiares que el consuelo que podría significar enterrar a sus deudos, por lo que decidí que regresáramos a casa.
He conseguido alejar de mi mente las imágenes de un pueblo arrasado hasta que me llamaron de Televisión Española señalando que pretendían grabar un programa dado que se cumplían cincuenta años de la tragedia y deseaban entrevistarme.
Acepté, pero elegí conducir a solas por lo que ahora era una magnifica autopista que me condujo a un lago tan cuidado y hermoso que poco o nada tenía que ver con el espanto de aquellas tétricas jornadas.
Tuve la extraña sensación de que no era el mismo lugar, ni eran las mismas gentes y ni tan siquiera yo era el mismo.
Cuando, con las cámaras instaladas a orillas del agua, el entrevistador me preguntó que había experimentado en el momento de hacer aflorar a la superficie pedazos de cadáveres putrefactos, los recuerdos que había logrado encerrar bajo llave en un cajón de mi memoria durante medio siglo me asaltaron, y por primera vez en mi vida me quedé sin palabras al tiempo que las lágrimas que había conseguido retener años atrás brotaron sin remedio.
Con un gesto le supliqué al equipo de filmación que aguardara intentando recuperar el habla, y en ese instante, a las tres de la tarde, sin razón aparente ni explicación lógica alguna, llegó muy claro, deslizándose sobre la quieta y plomiza superficie del lago, el sonoro, oscuro y tétrico repicar de una campana llamando a muerto.
Nunca he creído en nada que se refiera al mas allá o a la existencia de otra vida, pero en aquel momento me quedé atónito, sobrecogido por el espanto y con los vellos de punta.
¿Por quien sonaban las campanas?
Tal vez por mí, aunque prefiero imaginar que sonaban porque quienes continúan allá abajo agradecían que medio siglo atrás nueve muchachos hubieran intentado que pudieran descansar en un lugar más tranquilo, cálido y acogedor que unas aguas fangosas.

Alberto Vázquez-Figueroa

21 comentarios:

  1. Un testimonio impresionante y relatado con maestría.
    Gracias por compartirlo, Blanca.

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  2. gracias por compartirlo Blanca, es estupendo y un ejemplo de como se escribe de verdad, te he enviado un email con el enlace de la entrevista, y ten en cuenta una cosa, una sola persona que la lea, ya será alguien que sabe un poco más de tí y un nuevo posible lector, espero que sirva para bien

    un beso

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  3. Una aventura digna de sus personajes...

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  4. Apasionante relato. Gracias por compartirlo en el blog, Blanca. Un saludo!

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  5. Lolita, a mí también me lo pareció, fue el motivo de la entrada.

    Gracias por tu visita!

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  6. Arwen, gracias por lo de la entrevista, la disfruté mucho.

    Un beso!

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  7. Cierto, Vitolink, una realidad que merecía ser contada.

    Besos

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  8. Martikka, pienso que AVF escribe tan bien porque su vida está llena de experiencias de este tipo.

    Un abrazo, y gracias por pasar.

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  9. Las vivencias alimentan el espíritu que alimenta la mano que alimenta el papel que alimenta el espíritu de aquél que no pudo disfrutar una vivencia, pero anheló que un día alguien se la contara.
    Un abrazo
    Nelo

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  10. Uaooo! Nelo, te empiezas a parecer a Monterroso!!

    Es muy buen micro es que has dejado. Pero recuerda:

    El papel se alimenta de la mano que el espíritu alimentó con las vivencias de aquél que estuvo en el sitio y deseó contarlo.

    Abrazos!!

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  11. Blanca, muy acertada la crónica de Vásquez-Figueroa, relata muy vívidamente su experiencia. Me da gusto que te la haya mandado para que la pongas en tu blog, eso significa que congeniaron, y habla muy bien de la empatía que generas con tus entrevistados.

    Felicidades y gracias por darnos a conocer aspectos de importantes autores.

    Cariños,
    Venator

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  12. Gracias a ti, Venator. Siempre es un gusto recibir tus comentarios, tienes razón, la vida de los escritores famosos está llena de momentos intensos, es interesante conocerlos.

    Un beso,
    Blanca

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  13. He tenido que documentarme porque no recordaba esa tragedia y sus consecuencias, hace 50 años yo no había nacido y en esa época se pasaba de puntillas por encima de las cosas desagradables, no interesaba darles demasiada relevancia. He rescatado esto: "...El desastre segó la vida de ciento cuarenta y cuatro personas, muchos de ellos niños, que perecieron ahogadas, aunque sólo se recuperaron veintiocho cadáveres. A pesar de la magnitud de la tragedia, el régimen de Franco minimizó la tragedia, las indemnizaciones fueron paupérrimas y los responsables, indultados...".

    Sobrecogedor y valiente el testimonio de Vazquez Figueroa, me he sentido bajo las aguas y hasta esa trucha rozó mi mejilla. Gracias, Blanca, por hacernos recordar lo que ni siquiera estaba en la memoria.

    Un abrazo.

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  14. Gracias por compartir la entrada acompañada de la foto. Muy interesante. Dijo John Donne: “…la muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy ligado a la humanidad; y por consiguiente, nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas; doblan por ti”.

    Abrazo
    Bye bye

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  15. Fíjate, Maribel, que no había caído en cuenta que este artículo no´formaría parte de los recuerdos de muchos de los que por aquí estamos, y en esoecial de mío, por no pertenecer a España, pero el escrito de AVF me pareció una calidad tan buena que apenas leerlo lo quise traer.
    Las dictaduras tienen la tendencia a esconder todo lo que pueda, según ellos, perjudicarlos.
    Ese material que obtuviste es una pequeña muestras de la tragedia, gracias por compartirlo.

    Un abrazo

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  16. Exactamente, Letraweb, esa frase tan famosa que ahora trae AVF fue escrita por Donne.

    Gracias por participar,
    Un abrazo,

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  17. A C O J O N A N T E.
    Fabuloso, es que lo he visto según lo narraba.
    Además de uno de mis escritores favoritos, ahora ¿va a ser mi héroe?

    ¿favorito también? :))

    un beso.

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  18. Hola Blanca, gracias por tus palabras. No sé cómo de importante es ganar el YoEscribo, de momento es un pasito que, aunque aún no sé a dónde ha de llevarme, me hace muy feliz. Ojalá sea cierto que esto es el principio de una carrera, de momento me conformo con que sea mi oficio. Un abrazo

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  19. Ja, ja, Mamen, ya es tu escritor favorito, tu héroe, y según dicen en El Recreo un galán. ¿Verdad que el relato es buenísimo?

    Muchos besos linda,
    Blanca

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  20. Bruja: Cualquier premio que se gane en concursos literarios es bueno, porque alimenta tu autoestima y eso te da empuje para seguir haciéndolo y saber que vas por la senda correcta.

    Lo demás es cuestión de ser sistemática.

    Muchas gracias por visitarme,
    Blanca

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  21. El señor Vazquez Figueroa, es un buen escritor, pero un perfecto mentiroso, nada de lo que relata es verdad, este señor ni se metio en el agua, llego como reportero de el periodico que entonces se llamaba Pueblo, si quereis saber quien se metio realmente en el agua, yo os lo puedo decir y acompañarlo con una foto, donde por supuesto no estaba el Sr, Figueroa.
    Sebas, Piti, Dominguez, Berriatua, Simon,¡que pedazo de mentiroso es el Sr. Figueroa!!!!
    Saludos a Todos
    J.M.S

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