sábado, 28 de julio de 2012

EL LECTOR, por Bernhard Schlink

Dos de mis novelas tocan el tema alemán de la II Guerra, y una tercera roza con uno de sus personajes unas cuantas páginas. No es casual que me atraiga este tipo de lectura debido a la cercanía que tuve gran parte de mi vida con un testigo presencial de los sucesos. 

Hace un par de noches pasaron una película de la que había oído hablar en el 2008, porque la protagonista femenina, Kate Winslet arrasó con los premios de la Academia como mejor actriz. El papel protagónico lo tuvo Ralph Fiennes.

EL LECTOR, escrita por un autor alemán, juez y profesor de leyes, fue publicada en 1995 con relativo éxito en Alemania y en Estados Unidos. No fue una best seller millonario, pero recibió numerosos premios, y lo que elevó las ventas en Estados Unidos fue su inclusión en el Book Club de la presentadora Oprah Winfrey.

Me gustan las novelas que tocan estos temas que a algunos lectores les parece muy repetitivos. En el caso de mis novelas les aseguro que no es así. Y en el caso de EL LECTOR específicamente, tampoco.

Alemania,1955. Michael Berg es un joven de quince años que conoce por azar a una mujer de treinta y siete años: Hanna Schmitz. Nace entre ellos una atracción sexual muy fuerte y se transforma en amor. Michael estudia en la escuela y a Hanna le gusta que él le lea todos esos libros que él lleva en su bulto escolar. La dama del perrito, de Chejov, La Odisea… hasta las Aventuras de Tintín. Cierto día ella desaparece misteriosamente y cuando él llega no la encuentra. Hanna a marcado un hito en la vida de Michael, y a pesar de ser mucho mayor, él jamás podrá olvidarla.

Siete años después, cuando Michael ya es un estudiante de leyes, asiste como observador a un juicio. Varias mujeres eran acusadas de haber dado muerte a trescientas judías encerrándolas en una iglesia durante un incendio durante la Guerra. Una de ellas era Hanna. Las víctimas sobrevivientes, una madre y su hija, la señalan como una de las que tenía potestad para elegir quiénes serían llevadas a Auschwitz; sin embargo, decía, ella era diferente a las otras, pues elegía a algunas niñas para que le leyeran cuentos y libros. Michael observa todo y va atando cabos. Se da cuenta de que Hanna es analfabeta, sobre todo cuando el juez la conmina a que escriba algo para corroborar su letra con la orden que supuestamente ella ha firmado para encerrar a las mujeres en la iglesia. Hanna se niega a hacerlo admitiendo que ella es la responsable, antes de descubrir que es anafalbeta y la condenan a cadena perpetua. Las otras acusadas reciben penas de cuatro años de cárcel.

Pasa el tiempo y Michael sigue pensando en ella, y como está seguro de que es analfabeta graba una serie de novelas con su voz y se las envía a la cárcel, gracias a ello Hanna aprende a escribir comparando la voz con el libro original sacado de la biblioteca del penal y empieza a enviarle notas que él jamás llega a contestar. Es una relación extraña, cercana y a la vez lejana, él se ha casado, se ha divorciado y tiene una hija, pero Hanna sigue ejerciendo en él una fascinación más allá de lo puramente físico.

Cierto día lo llaman de la cárcel al ser la única persona que tiene contacto epistolar con ella y le anuncian que Hanna saldrá libre. Han transcurrido veinte años, Hanna es una mujer vieja, con todo lo que conlleva estar en una prisión, y Michael va a visitarla para decirle que le ha conseguido un lugar donde vivir. No hay contacto físico, él permanece lejano, ella también, aunque sus miradas dicen mucho. El día que él llega a recogerla se entera de que Hanna se ha suicidado. Le ha dejado una lata de té muy antigua cuyo contenido él debe entregar a la niña que sobrevivió en el incendio de la iglesia.

Michael se pone en contacto con la sobreviviente y viaja a New York. La mujer es rica, lo recibe en su lujoso apartamento y lo trata con desprecio. Su mirada destila odio y rencor, sus gestos son desagradables. No acepta los seis mil marcos que están dentro de la lata, pero se queda con la lata como recuerdo que parece traerle alguna clase de sentimientos. Michael promete donar el dinero a una institución judía alfabetizadora aunque la mujer le dice con sarcasmo que dudaba que hubiera judíos analfabetas.

¿Qué fue lo que llevó a Hanna a comportarse así como miembro de las SS? Durante el juicio ella permanece tranquila, segura de tener la razón, de haber cumplido con su deber, y se asombra de que lo pongan en duda. Espera ser comprendida, ella no tiene el menor rastro de culpa, es absolutamente indiferente al dolor que muestra la madre que la acusa. A ella lo único que aparentemente le interesa es que nadie se entere de que no sabe leer ni escribir.

¿Qué llevó a Michael a tener unos sentimientos tan arraigados por una mujer como Hanna? Él no sabía quién era ella cuando se enamoró. Era una relación en la que Hanna tenía la parte dominante, pues era él quien se había enamorado de ella con locura. Mientras Hanna se dejaba amar y escuchaba las lecturas. Es como si solo a través de la literatura existiese un nexo de unión entre dos seres tan dispares. Ella jamás soltó una lágrima, aceptó todo como venía, el amor de Michael, la acusación, las grabaciones… extraña mujer esta Hanna, muy bien caracterizada por Kate Winslet.

La hija, la sobreviviente, cuya madre había muerto ya unos años atrás, es mostrada como una persona implacable. Dura, fría y rencorosa. Hay gente que no puede perdonar, ni aunque pase toda una vida. Curiosa la manera de presentar a una judía, con las características que las distingue, en medio de un ambiente de dinero, de mucha categoría… creo que el autor quiso enviar un mensaje solapado al mundo.

Me hubiese gustado que esta sobreviviente llevase una vida normal, clase media baja, que hubiese olvidado todo y que hubiese aceptado el dinero. No sé, a lo mejor tengo los valores equivocados, pero me hubiera parecida más humana.

Los alemanes siguen viendo a los judíos de una forma y los judíos a los alemanes de otra. Creo que nunca se pondrán de acuerdo.

B. Miosi

5 comentarios:

  1. No he leído el libro pero sí vi la película cuando salió. A mí lo que más me chocó fue ese sentido del deber que tenía Hanna. En efecto y como dices, ella jamás tuvo remordimiento alguno porque nunca creyó que estuviera haciendo nada malo. Al contrario, fue siempre una trabajadora ejemplar en todos los cargos que tuvo. Cuando desapareció de la vida de Michael la primera vez fue (si no recuerdo mal) porque le ofrecieron un ascenso en el trabajo que implicaría leer y escribir; así se vio obligada a salir huyendo para proteger su secreto. Lo que vi en el personaje de Hanna fue una falta de empatía muy alarmante, o un lavado de cerebro muy efectivo. Eso es lo que consiguió hacer Hitler en miles y miles de alemanes, que le votaron democráticamente. Y eso es lo que se continúa haciendo hoy en día en muchas instituciones. Para empezar, en los colegios se exige a los niños que pasen por el mismo tubo, que "aprendan" lo que toca, que obedezcan... La sociedad necesita más pensadores libres, que se guíen por el amor a sí mismos y al prójimo y no por lo que les manda hacer alguien que se cree superior.

    ResponderEliminar
  2. Sí, Carmen, antes la educación y la crianza en general era someter a los alumnos y a las personas a una idea. Hoy hay más libertad pero la educación se sigue rigiendo por criterios estrechos en algunos casos, aunque la enseñanza se haya degradado.
    En el caso de esta obra (yo tampoco leí la novela), llama la atención la manera de actuar de Hanna, sin comprometerse emocionalmente con nada ni nadie como no sean sus propias ideas, inculcadas o no, que yo pienso sean parte inherente de su personalidad, más que del producto de un adoctrinamiento. Es por eso que la novela o la película es interesante, porque está narrada desde el punto de vista alemán.

    Muchas gracias por tu opinión!

    ResponderEliminar
  3. Hola!
    ¿Que tal? ¿Como estas?
    No eh leido el libro , pero me lo recomendaron mucho! , me da mucha curiosidad saber acerca de todo el libro.
    Tambien da la casualidad que lo tengo que leer y exponer para un trabajo de Psicologia.
    Me preguntaba si tendrias el libro en pdf?
    Te agradezco de antemano! , Saludos! :)

    ResponderEliminar
  4. Hola, Blanca.
    Muy bueno el tema de tu post.
    Me encanta la prosa de Bernard Schlink, por lo menos en esta novela. Apenas poética, pero muy nostálgica. Transmite una cierta tristeza aun cuando hay pasajes de optimismo. Consigue expresar perfectamente la incertidumbre de Michael (el chico) y su asombro ante el pasado de Hanna. Además, detalla muy bien —y sin exagerar— el marco histórico tan cruel. Y ensambla con sutileza el amor entre ellos.
    La película también me encantó, aunque acá se da la regla y no la excepción. Pese a que se trata de una adaptación fiel, el libro es muy superior.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por tu visita, FG, no he leído el libro como dije, pero la película me pareció muy buena. Admiro a Kate Winsley y a Ralph Fiennes, hicieron un papel impecable, y el tema de la novela escapa a todo lo que he leído acerca del antisemitismo o viceversa.

      Eliminar


Me interesa saber tu opinión. Los comentarios anónimos serán anulados.