sábado 24 de julio de 2010

Ángeles de cartón, por Mián Ros (Miguel Ángel López Matamoros)


Un hombre arrastrado por un sentimiento de culpa recorre por los turbulentos senderos de sus deseos reprimidos, transforma el mundo real en uno hecho a la medida de sus necesidades, en el que el amor por su hija ocupa todo espacio posible llevándolo a terrenos vedados, en los cuales aprende a perdonar, a comprender y finalmente a aceptar lo ineludible.

Pocas veces he tenido la oportunidad de leer un libro con tanto contenido emocional, en donde lo real aparenta ser y no es, y confieso que más allá de las tres cuartas partes del libro estuve pensando lo que no era. De pronto todo se va situando en contexto, las piezas van encajando una a una y me doy cuenta de que ese hombre que vive como un vagabundo en busca de la hija perdida tiene un único nexo con la realidad: su bolígrafo BIC. Es el que lo ata al mundo, es con el que escribe todo lo que su mente atormentada recuerda, vive e imagina, y hasta podría decir lo que su alma premonitoriamente asoma si las cosas hubiesen sido diferentes.

A lo largo de los apuntes que va haciendo en un diario dirigido a su esposa, la búsqueda de Ángela se torna por momentos en pesadillas, en las que se trastocan los ideales en sentido común, y éste en el reconocimiento de que todo hubiera sido de otra manera si él hubiese sido diferente, y esa pregunta que es la que nos lleva a investigar más allá de nosotros mismos: «y si…» queda en el aire, pues lo inevitable tarde o temprano llega, así como llegó para Champalán, (Carlos) el vagabundo, el padre, el esposo, el escritor, el jefe del bajo mundo, y uno de los ángeles de cartón.

Las veces que he leído textos de Miguel Ángel López Matamoros, (Mián) me he impregnado de su alto contenido intimista. Mián no escribe para agradar a otros, o porque desee complacer a editores. Él es de los que escribe con el alma en una pluma que en cada rasgo va dejando jirones de su alma. Ángeles de cartón es una novela cargada de frases magníficas, como:

…Ay, me ha vuelto a ocurrir, y la misma pregunta me interrumpe… ¿Cómo es posible que todos mis pensamientos confluyan hacia mi pasado? No quiero pensarlo, pero soy juicioso con mis sentimientos y sé que estoy apresado por los momentos ya vividos, soy reo y celda de mí mismo, es una pasión inevitable.

… Por un instante me doy cuenta de que mi cuerpo empieza a entrar en razón antes que mi cerebro cuando el calor del caldo calienta y curiosea todo mi interior. Es un momento inigualable. Creo que está dando resultado, pues el calor de esta sopa es como una pequeña panacea contra el frío. Poco a poco me reconforta y mengua en buena parte la destemplanza con la que he despertado, y retira de mi cuerpo parte de la humedad que nos ha presentado esta mañana el duro día invernal, arropándonos, desde que se fueron las sombras, con su sábana de color ceniza oscureciendo estos serios apéndices que llamamos edificios. Es una lástima, porque el cielo está cerrado como boca de lobo y creo que este calabobos persistirá sobre nuestras cabezas durante muchas horas más.

… Ahora ha venido a verme. Se para un instante, se tropieza con mi mirada y yo lo hago en su dejadez, en su rimel corrido por las lágrimas, en el negro pelo mal peinado y en su rebeca puesta con pereza, y despierto de bruces lejos de la imaginación que perfilaría un ángel de destellos deslumbrantes y maravillosos con el que soñé cientos de veces.

Muchas gracias, Mián por recordarme que la literatura es una de mis premisas.

Esta novela quedó finalista del I Premio de Creación Literaria Bubok
Si desean saber más de Miguel Ángel López Matamoros: http://mianros.blogspot.com/

B. Miosi

sábado 17 de julio de 2010

EL JUGADOR, por Fiódor Mijáilovich Dostoievski


Vale la pena dar una pequeña semblanza de este escritor por antonomasia, pues su vida fue digna de la historia de cualquiera de sus novelas:

A los veintidós años, apenas graduado de ingeniero, Fiódor Dostoievski comenzó a trabajar en el Departamento de Ingenieros de Petesburgo, y ese mismo año, 1843, tradujo al ruso Eugenia Grandet, del escritor francés Honorato de Balzac, que se publicaría al año siguiente en el diario Repertorio y Panteón. Pese a su precaria situación económica, un año después, decidió consagrarse por entero a la literatura; ya el gusanillo de las letras había infestado su ser. Antes de cumplir los veintitrés trabajó en su primera obra: Pobres Gentes. El manuscrito llegó a manos del director de El contemporáneo; lo dio a leer al santón de la crítica, Bielinski, quien con enorme entusiasmo puso a Dostoievski la etiqueta de «creador de la novela social». Pobres gentes se publicó dos años después en Almanaque Petesburgués, cuando ya Fiódor estaba en plena elaboración de El doble, La patrona y Nietochka Nezvanona. A partir de allí su carrera fue imparable, a la par que su vida sufrió toda clase de vaivenes: se salvó de la pena capital por ataques a la Iglesia y al Estado. Se había unido a un grupo de jóvenes intelectuales que leían y debatían las teorías de escritores socialistas franceses, por aquel entonces prohibidos en la Rusia zarista de Nicolás I. En sus reuniones secretas se infiltró un informador de la policía, y todo el grupo fue detenido y enviado a prisión. La pena de muerte fue conmutada por cuatro años de presidio en Siberia, tras lo cual fue reclutado como soldado raso en el ejército; se enamoró apasionadamente de María Dmitrievna, (acababa de enviudar, era tuberculosa y tenía un hijo) y el mismo día de la boda, Fiódor sufrió un ataque de epilepsia y aquello marcó irreversiblemente las relaciones de la pareja. Estos datos son solo algunos de la cantidad de eventos que poblaron su existencia, que al mismo tiempo, pienso yo, son las que dan lugar a obras inmortales como Crimen y Castigo, Los hermanos Karamzov, El idiota, El jugador, entre muchas otras.

Tenemos a un escritor que empezó muy joven, fue un lector empedernido desde pequeño, admirador de Balzac, Gogol, Walter Scott, Byron, Víctor Hugo y sobre todo Pushkin, y que sin embargo su etapa más creativa se dio en la medianía de su vida: Tenía cuarenta y cinco años cuando escribió Crimen y Castigo y Los hermanos Karamzov, poco antes de su muerte, casi a los sesenta años de edad, lo cual nos da una idea aproximada del tiempo que toma madurar literariamente hablando.

La novela que concierne a esta entrada, El jugador, fue escrita por Fiódor mientras terminaba una de sus obras capitales, Crimen y Castigo. Acosado por las deudas y las angustias económicas a pesar de ser un escritor consagrado y famoso, se había comprometido con el editor Stellovski a entregarle un manuscrito antes del 1 de noviembre de 1866 para cobrar un anticipo. ¿Se imaginan ustedes el trance? Una obra tan demoledora como Crimen y castigo, y Fiódor en medio de las profundidades abismales de la conclusión de la novela, ¡tiene que escribir otra para evitar ir a la cárcel por incumplimiento de contrato! El editor Stellovski estaba despechado por el éxito de Crimen y Castigo en entregas sucesivas en una revista, así que a Fiódor no le queda más remedio que apelar a su enorme creatividad y surge así El jugador, una novela relativamente corta, doscientas páginas a lo sumo, dependiendo del formato, que Dostoievski dicta a una taquígrafa llamada Anna Griegorevna Snitkina durante veinticinco días. ¿No les parece asombroso? Lo cierto es que él ya tenía dentro el germen de la obra, pues él mismo era un jugador, y la novela trataría de un hombre atrapado por el embrujo fatal de la ruleta. Pienso que en momentos así se acude a experiencias autobiográficas, lo cual ayuda a profundizar en personajes que de otra manera resultarían lejanos.

El jugador es una novela que se mueve en los umbrales de la intensa pasión psicológica que lleva a un hombre a convertirse en jugador empedernido. Está escrita en primera persona; Alexei Ivánovich, nos sirve de ventana a través de la cual nos situamos como fisgones y observamos el mundo que lo rodea, las pasiones y los deseos de la gente que lo trata como si fuese un ser anónimo, y que yo creo, es la única manera de infiltrarse sin ser un estorbo. Cada personaje lo utiliza como confidente, cada mujer se dirige a él como si fuese un ayudante de cámara ante el cual puede descubrir no solo su cuerpo sino su alma. Y cada hombre ve en él al ser insignificante que no proporciona mayor peligro pues no es un rival a tomar en cuenta. De esta manera, Alexei va enterando al lector de toda la trama en la que se basa la novela, que no es en realidad una historia extraordinaria, yo diría que más bien llega a rozar la caricatura de los amores imposibles de la época, en la que el amor más que un sentimiento, es un fin en sí mismo.

La obra se centra en un personaje anodino, Alexei, supremamente enamorado de un amor imposible, preceptor de dos niños pertenecientes a la clase rusa acomodada; un hombre a quien todos, incluyéndose él, tratan con condescendencia, y en la magistral descripción de su pasión por el juego, que ocupa la última parte de la novela.

Fiódor Dodtoyevski nació el 11 de julio de 1821 y falleció el 28 de enero de 1881, a los sesenta años, treinta y ocho de los cuales los dedicó con pasión a la escritura.


B. Miosi


martes 13 de julio de 2010

¿SE DEBE ESTUDIAR PARA SER ESCRITOR?

Escribí mi primera novela en cuatro meses. No voy a hablar del contenido pues no viene al caso, pero era tanto mi entusiasmo que apenas puse la última letra le di a imprimir y de inmediato la mandé a encuadernar. La leyó mi marido, mi hijo, mi hermana y dos amigas y todos se mostraron encantados. Aún hoy nueve años más tarde, ellos siguen pensando lo mismo, sin embargo, cada vez que yo leo la última versión de aquella novela, (porque después hice como diez versiones) tengo deseos de guardarla en lo profundo del cajón.

Una de mis amigas decidió seguir mi ejemplo, pero lo hizo de la manera correcta: se inscribió en un taller de narrativa. Ocho años después no ha escrito la primera novela. ¿Por qué? Le pregunté. Dijo que se había dado cuenta de que escribir era más complicado de lo que le parecía. Y yo se lo creo, pues cuando me trataba de explicar lo que aprendía en aquellos talleres que duraron casi un año, ni yo podía entender de qué hablaba cuando mencionaba al escritor omnisciente, el nudo, los puntos de quiebre, el desenlace, la concordancia, la adjetivación, la perspectiva, la primera, segunda y tercera persona… en fin, que si yo hubiese comenzado a estudiar para ser escritora creo que hubiese tirado la toalla antes de empezar.

Con el tiempo y el método más a mano que tenía: el del ensayo y error, he logrado comprender todo aquello que en su momento mi amiga me enseñaba; algunos puntos ya los ejercía yo por intuición desde el principio, y otros, sin embargo, he tenido que aprender a ponerlos en práctica porque se trataba de mi supervivencia como escritora. De todo lo pasado deduje que para ser escritor lo importante es escribir. Y para escribir se necesita el deseo de hacerlo, debe ser un placer, más que una imposición académica y, sobre todo: haber sido un buen lector durante gran parte de la vida.

Día a día se aprende, y siempre hay de quién hacerlo, lo importante es escuchar las críticas, los elogios también lo son, pues nos animan a seguir, pero debemos prestar atención a los que ven los defectos en nuestros escritos, pues no veo de qué otra manera se pueda mejorar.

Sé que muchos de los que escriben piensan que sus obras son maravillosas, y es posible que lo sean, pero si no tienen estilo, (y ya saben que cuando me refiero a estilo hablo de estilo literario, no del estilo particular de cada escritor), si las ideas no están expuestas con claridad, si los diálogos son insulsos y solo sirven de relleno y no para informar, que es la verdadera función de ellos, si se confunde la narrativa con largas explicaciones dirigidas al lector; la historia que se intenta contar por más maravillosa que sea, resultará aburrida, y en muchos casos causará indiferencia. Y para lograr aprender a subsanar errores, es básico saber dónde están, de lo contrario nunca los encontrarán.

Mi recomendación es que una vez hayan terminado las primeras novelas, (ya saben que son capaces de escribirlas), acudan a un taller de narrativa. No antes. Puede ser contraproducente. Los talleres de escritura creativa como también se llaman, enseñan técnicas muy útiles y pueden significar la diferencia entre publicar o ser rechazado. Hace un tiempo un amigo que escribe y que no ha logrado publicar aún, me dijo algo muy curioso: «Sé que lo mío no es la escritura pues he estudiado ingeniería. Generalmente doy mis novelas a un par de amigos para que me las corrijan». Yo ni siquiera le pregunté si sus amigos eran escritores. No valía la pena.

Si el que escribe no es capaz de tener la suficiente autocrítica y capacidad como para corregir su obra, para mí no es merecedor de llamarse escritor. Claro que también hay quienes contratan correctores o escritores, y algunos de los compañeros de blogs saben a lo que me refiero pues ejercen esa profesión, pero particularmente pienso que todo aquel que aspire a escribir para el público, puede prescindir de los estudios gramaticales si le causan tedio, pero tiene que realizar entonces un trabajo de lectura abundante, metódico y constante durante largo tiempo, a fin de empaparse en la esencia del lenguaje y adquirir agilidad, presteza y soltura en el manejo del idioma.

He llegado a la conclusión basándome en mi experiencia que primero se escribe y después se aprende.

B. Miosi

martes 6 de julio de 2010

PÉPLUM

Si buscamos en el diccionario encontraremos una escueta definición del término péplum: «Película ambientada en la antigüedad clásica».
La expresión fue acuñada por la crítica francesa después de la década de los cincuenta, aunque el género cinematográfico puede fecharse en 1914 con la película Pastrone, en la que causó sensación MACISTE.

Las superproducciones estadounidenses dieron gran acogida a este tipo de películas, sin embargo el género surgió claramente de los estudios italianos, donde desarrolló sus propios códigos.
El péplum utilizó actores y realizadores no italianos (como Jacques Tourneur) y se dividió entre el péplum histórico (Troya, Maratón, Cartago, Nerón, Cleopatra, Fabiola, entre otros temas) y el péplum mitológico con Hércules y su sucesor Maciste. El género tuvo sus especialistas, como Domenico Paolella o Vittorio Cottafavi, e incluso Sergio Leone en sus principios.
En 1958 se estrenó Hércules, de Pietro Francisci, protagonizada por el ex míster universo Steve Reeves. Esta cinta recoge los elementos característicos del péplum: sin exactitudes históricas o mitológicas, su protagonista es un héroe musculoso encargado de defender a los más débiles, siendo denominado irónicamente muscleman epic por la crítica estadounidense. En ocasiones, como en Salomón y la reina de Saba (1959, de King Vidor), se llegó a la más absoluta de las imprecisiones históricas, en pro del efecto dramático.
Las últimas décadas del siglo XX vieron un resurgir del género. En parte, gracias a las distintas series producidas para la televisión, como Yo, Claudio (1976, de Jack Pullman, para la BBC) y Jesús de Nazaret (1978, de Franco Zeffirelli), además de Xena y Hércules. También para la gran pantalla se produjeron películas de animación, como Hércules de Disney (1997) o El príncipe de Egipto (1998) de Dreamworks. Asimismo, en 2000 Ridley Scott dirigió Gladiator, y poco después se estrenaron Troya (2004, de Wolfgang Petersen) y Alejandro Magno (2004, de Oliver Stone).
Tal vez dentro de poco veamos un péplum con Hijos de Heracles, de Teo Palacios, en la gran pantalla, espero que él esté presente en los estudios en el momento de la filmación, no vaya a ser que transformen su espléndida novela en una telenovela.

B. Miosi

Fuente: Microsoft ® Encarta ® 2009. © 1993

lunes 28 de junio de 2010

Prosofagia, la revista literaria por excelencia

                  Parece mentira, pero ya estamos con el número 8 de Prosofagia, y esta edición es de ochenta páginas, todas interesantes, empezando por el editorial, todo un acierto, como siempre.
                  Revista Literaria Prosofagia Nº 8 Junio 2010
                  Si hacen clik en la imagen podrán encontrar:

                  -En entrevistas del foro, una que hice a “D” Daniel A. Franco, el albañil de Prosófagos.

                  -“Los cimientos”, precisamente de “D”. Nos habla de los orígenes de la lengua.

                  -Daniel Rojas Pachas nos habla acerca de la situación editorial en el norte de Chile: “Compañeros de ruta”.

                  -Una entrevista hecha por Esther al editor y director argentino Miguel Russo, en la que nos aclara un poco el panorama editorial desde su punto de vista.

                  En “El Mundo Editorial”  Primera parte, tenemos varios artículos interesantes:

                  -Sobre libros y lectores, por Boris Rudeinko

                  -Reportaje Agencias, por B. Miosi y Elisabet (Montse de Paz)

                  -Crisis editorial y oportunidades, por B. Miosi

                  -El lector editorial, por Teo Palacios

                  -Reportaje Editoriales, por Elisabet (Montse de Paz)
                  Dos magníficas entrevistas a Espasa y Viceversa.

                  Y no se pueden perder la caricatura de Nelo (Manuel Pérez Recio)
                  Las preciosas fotos de José Luis Jaime Cortés, Plasido, José Ignacio, Pepsi, Daniel Seller, Gabi, José Ramón González…

                  Y las noticias de los compañeros de foro.

                  Les invito a bajar la revista en su versión PDF: Aquí
                  Hago una invitación a los amigos que deseen colaborar con la revista, con cuentos, fotografías, etc., lo único que debe hacer registrarse en el foro Prosófagos: http://www.prosofagos.com/index.php y participar en nuestras agradables tertulias en General, colgar cuentos o poesías, ¡y ya! ¡Dentro de poco habrá un concurso de cuentos!

                  La catedral del mar, Ildefonso Falcones


                  No siempre tengo la oportunidad de leer autores contemporáneos, pues a mi país llegan muy pocos títulos, una muestra de ello es que mis novelas se exhiben en las librerías de Sudamérica excepto en las de Venezuela. Hace unos días pude hacerme con la novela La catedral del mar, de Ildefonso Falcones, un escritor que empezó su meteórica carrera apenas en el 2006.

                  Supongo que después de leerla, a la Editorial Grijalbo no le quedó más remedio que publicarla. Es una de esas historias que nacieron para volverse inmortales. Su personaje principal, Arnau Estanyol, logró cautivarme desde su nacimiento. Pero no solo él; cada uno de ellos está tan bien cincelado que quedó grabado en mi memoria: su padre, Bernat, honesto, amoroso, su hermano Joan, atormentado, Adalis, apasionada como la que más, Francesca, su madre anónima, capaz de soportar los peores vejámenes y sobreponerse a ellos, Mar, la chiquilla mujer, enamorada e íntegra, Elionor, una mujer cuyo odio fue capaz de las peores calumnias, Margarida, una joven con una extraña tendencia a la maldad per sé. Guillem/Sahat; un esclavo más libre que muchos hombres y personaje medular de la obra… y así podría seguir enumerándolos; una sucesión de protagonistas de caracteres irrepetibles, cada uno con una finalidad específica, un ejemplo de cómo escribir una novela que logra mezclar fantasía, realidad y datos históricos con extraordinaria habilidad.

                  El recorrido a lo largo del siglo XIV, (1320-1384) me situó en Barcelona, España, y me hizo conocer sus callejuelas, sus costas, sus iglesias, y especialmente una: La iglesia de Santa María, punto focal de la novela. Pude ver a los bastaixos, cargando enormes piedras a sus espaldas con la fuerza de la fe, a los judíos resguardando su intimidad y seguridad tras el muro del ghetto, a los nobles haciendo valer sus absurdos derechos, como el que ejercían los señores antes sus vasallos, campesinos humildes sometidos a vejaciones sin derecho a reclamo, y quienes eran los que mantenían su nivel de vida, uno de ellos: el derecho a yacer con la novia antes de que lo hiciera el marido, como ocurrió con la madre de Arnal Estanyol, y es a partir de ese momento que se desencadena una historia conmovedora, que transforma a un simple y humilde niño en uno de los personajes más carismáticos y ricos de Barcelona.

                  Un sutil toque del autor me dio a entender las consecuencias de la extraña mezcla de ingredientes que conforman aquello que llamamos «fe»: Arnau puede ver la sonrisa de la Virgen, mientras que su hermano adoptivo Joanet, a pesar de ser un inquisidor de la orden de los dominicos, jamás pudo verla sonreír, una pequeña línea que con gran habilidad el autor deja deslizar cuando ya Joanet es un hombre adulto, y que en cierta forma nos dibuja con nitidez su alma atormentada.

                  La corrupción de la Iglesia y de la monarquía y el enorme poder de éstas, se mezcla hábilmente con la política, los odios, envidias, la ignorancia y la ingenuidad del mortal común. Y creo que lo trascendente de esta obra es hacerme comprender que llegados al siglo XXI, seguimos arrastrando las mismas creencias y manejos, disfrazados en algunos casos, con diferentes nombres. El ser humano es tan moldeable como lo permitan las circunstancias y su conciencia. Arnau Estanyol emerge como un ser excepcional, cuyos principios inamovibles lo elevan a la categoría de héroe.

                  Desde este pequeño sitio de Internet, deseo hacer llegar al autor, Ildefonso Falcones, mi agradecimiento por varias horas enriquecedoras, y mi profunda admiración. Cuando llegan a mis manos estas novelas, caigo en la cuenta de que me falta un largo trecho por recorrer.

                  Blanca Miosi

                  lunes 21 de junio de 2010

                  Réquiem para un soñador, por B. Miosi


                  Al pensar en Filomena después de tantos años, no logro entender qué fue lo que me llevó a estar loco por ella. La recuerdo como una mujer un poco obesa, de piernas cortas, espaldas anchas y ojos pequeños de mirada penetrante. Su desnudez tal como la evoco ahora no me provocaría una erección, pero sin embargo en aquella época cada vez que la miraba me excitaba. Sus labios delgados y barbilla prominente daban a su rostro una apariencia casi masculina y en cierta forma creo que era lo que más me atraía. Su manera de dominarme mientras hacíamos el amor desataba en mí una pasión que únicamente podía saciar después de saber que la había complacido, al percibir en su piel la capa de sudor que me confirmaba que había quedado satisfecha, mientras sentía sus contracciones estando aún dentro de ella. Al recordarla aún siento nostalgia de la época en la que llegaba de la universidad y lo único que deseaba era hacerle el amor una, otra, y otra vez hasta quedar desmadejado, mientras veía su rostro satisfecho mostrando una sonrisa de triunfo, como si se hubiese tratado de una olimpiada y ella obtuviese la medalla de oro.

                  Filomena, la de los senos pequeños a pesar de su gordura, la que sabiendo que no era una beldad tenía a más de uno atado a sus caprichos. Me pregunto, ¿qué era lo que veíamos en ella? Era inteligente, eso no estaba en duda, y cuando se trataba de explicar la teoría y el uso de las series infinitas o las progresiones aritméticas o geométricas no había quién pudiera hacerle competencia. En el grupo era la única mujer, jugaba a los naipes como un auténtico tahúr; decía que era experta en el cálculo de probabilidades en experiencias compuestas, y todos creíamos que era cierto, ya que nunca le pudimos comprobar ninguna fullería. Y cuando ganaba, que era lo que generalmente sucedía, ella escogía a su hombre. Fui el afortunado más de una vez, pero a diferencia de los otros, yo me enamoré. No me importaba que ella se prodigara con cualquiera de los del grupo, sabía que después llegaría mi turno sin atreverme a pedir explicaciones por temor a perderla. Así pasaron los años, nos graduamos y ella viajó a hacer un posgrado al exterior. La última vez hicimos el amor como dos posesos. Y no la volví a ver.

                  Todos estos años he tratado de esfumar de mis recuerdos el placer irrepetible que Filomena fue capaz de hacerme sentir, la he comparado con las mujeres que sucesivamente formaron parte de mis tardes de hastío, y siempre ella salía ganando. De vez en cuando encuentro a alguno del grupo y hablamos de eso, siempre es así, creo que la hemos idealizado, yo, especialmente. Nunca encontré a otra que llenase ese vacío que dejó en mí, ni siquiera que se le acercase. Hoy aún me conservo solo y no pienso dejar mi soltería. Me cansé de buscar a la mujer adecuada.

                  Esta tarde iré a casa de mis padres, llevo montones de regalos en el auto, de pronto mi familia, en especial mis sobrinos, llenan el vacío que empiezo a sentir en los días festivos y me dispongo a pasar una velada más. Siempre he pensado que las Nocheviejas son como retratos que van quedando como mudos testigos de un pasado que no volverá, de los que se fueron, y ya no están más. La nieve inunda el paisaje y el piso resbaladizo hace que conduzca con cuidado, en estas fechas no falta algún loco que trate de arruinar la fiesta. Ni bien lo pienso, veo un taxi venir de frente y parece que sin intenciones de parar, me hago a un lado, pero es demasiado tarde. El vehículo se incrusta en mi coche. Después de la arremetida, bajo como un energúmeno. De la parte posterior del taxi sale una mujer baja, gorda, con una mata de pelo grisáceo y revuelto que se me enfrenta gritando. La sorpresa hace que calle lo que pensaba responder. Sus ojos me recuerdan a alguien.
                  —¿Filomena? —musito incrédulo.
                  —Carlos... —dice ella, avergonzada de su actitud.
                  Pero no es por su actitud, estoy seguro. Es por su apariencia. Yo mismo quedo de una pieza, no recordaba que era tan terriblemente fea. Claro, los años transcurridos... pero pareciera que en ella se habían amontonado todos al mismo tiempo. Giro el rostro y trato de fijar mi atención en la tremenda abolladura del parachoques. Pero es lo que menos me importa. Lo hago para evitar seguir contemplando su desagradable sonrisa, una mueca en un rostro fofo y deforme. Deseo desaparecer, huir del sitio.
                  —Carlos, aún me recuerdas... —dice tanteando mi reacción.
                  —Por supuesto, ¿cómo olvidarte?
                  Me encuentro diciendo, me da miedo que quiera algo más de mí, que logre despertar mi interés, que me obligue a mirarla, un terror profundo corre bajo mi piel, ya no quiero ese encuentro, ¡deseé tanto ese momento y ahora no sé cómo escapar!
                  Siento su mano áspera en la mía, parece que tiene intenciones de darme un abrazo, y con horror me doy cuenta de que no puedo moverme, me siento paralizado como el muñeco de nieve que está a un lado del camino con su boba sonrisa congelada. Ella acerca su rostro al mío, se empina lo más que puede —parece que se achicó aún más—, y acerca sus labios para darme un beso en la mejilla.
                  —Felices fiestas, Carlos —dice quedo. Su aliento huele a tabaco. Siempre fue una fumadora empedernida. Fumaba como un chino en quiebra.
                  —Gracias, Feliz Año —digo sin afán, pero obligado por las circunstancias le doy un abrazo.
                  Es mi perdición. Vuelvo a sentir el calor de su cuerpo, el palpitar de su pecho ahora pegado al mío, su sonrisa deja de ser espantosa y sus ojos cobran el mismo brillo que yo recordaba la última vez.

                  El chófer del taxi interrumpe diciendo que lo siente, me da su tarjeta, dice que el seguro cubrirá todo, y sigue excusándose, pero yo oigo su voz lejos, como el ruido del televisor cuando no quiero sentir la soledad.
                  —Nunca te olvidé, Carlos. Vamos a casa, te invito un trago. Tenemos mucho de qué hablar —dice con el mismo gesto dominante, la misma voz autoritaria que durante estos años añoré como un idiota.

                  Voy con ella. Nos metemos al coche que para mi fortuna o perdición arranca sin contratiempos y a escasas cinco calles llegamos a su casa. El lugar es tibio. Me lleva casi a empellones al dormitorio y sin yo darme cuenta me encuentro desnudo viendo cómo ella se quita sin recato una a una, cada prenda de ropa hasta quedar en bragas, unas enormes bragas, de esas que llegan hasta la cintura. Reconozco que no es apetecible, pero mi curiosidad es ya más fuerte que mi rechazo. Si antes su cuerpo regordete no hacía imposible mi excitación, ahora aquella mujer cuyo rostro de mejillas colgantes hacen juego con los rollos de su cuerpo, empieza a inspirarme repugnancia. Me echa en la cama y empieza a besarme, por momentos me falta el aire, pero me siento incapaz de rechazarla, pienso que es una pesadilla cuando se sienta sobre mí. Trato de pensar en otra. Lo contrario de lo que había hecho siempre. Me dejo llevar, y por un momento regreso atrás en el tiempo, vuelvo a sentir la misma excitación, y el mismo orgasmo que me dejaba agonizante. Sé que estoy perdido. Aún ahora me pregunto, ¿qué habría sucedido si no hubiera chocado? ¿Si no la hubiese extrañado? ¿Si no hubiese venido con ella?

                  No he vuelto a saber más de mi familia, ni de mis padres, ni mis sobrinos. Solo espero que Filomena llegue como todas las tardes para hacerme feliz.


                  B. Miosi

                  viernes 18 de junio de 2010

                  La casa del lago, por B. Miosi

                  Fue uno de los primeros cuentos que publiqué en este blog:

                  No creo en los fantasmas. Me resisto a creer en las ánimas en pena que los temerosos de Dios dicen que se arrastran buscando paz y perdón de sus pecados; algo incongruente, se supone que la religión de la Iglesia dice que fuimos redimidos. Entonces, ¿cómo dar fe a esas creencias rayanas en el fanatismo?
                  Siempre creí que todo tenía una explicación y una respuesta racional, por eso, cuando fui a vivir a la casa del lago no me preocupé por las habladurías del viejo del pueblo. Yo simplemente deseaba un lugar tranquilo donde pasar de vez en cuando unas vacaciones, pescando o navegando en un bote de remos que me llevara de un lado a otro en aquel bucólico lugar.
                  Me gustó la casa en cuanto la vi y no regateé el precio al comprarla. Parecía como si formara parte de una postal antigua, enclavada en el bosque y al mismo tiempo tan cerca y tan lejana al lago, un estrecho camino bordeado de piedrecillas que en un tiempo fueron blancas indicaba el camino al muelle de madera. Por dentro parecía ser más pequeña de lo que se apreciaba desde afuera, y su chimenea de piedra me acogía como si unos brazos invisibles me arrullasen resguardándome del frío gélido y del viento que ululaba entre las copas de los viejos pinos que la rodeaban.
                  Fue al tercer día de mi estancia en ella cuando empecé a escuchar unos ruidos que no supe bien a qué atribuir al principio, porque parecían salir de la garganta de un animal herido. Pensé que se trataba de algún lobo o tal vez algún gato salvaje que había sido blanco de un cazador furtivo, pero después de dar vueltas por los alrededores no pude encontrar nada que me indicara que mis sospechas fuesen ciertas. Aquella noche los gemidos lastimeros no me dejaron dormir, no porque temiese de algo tenebroso, era debido a mi preocupación de no poder ayudar a lo que sea que me estuviese necesitando. Decidí salir muy temprano y encontrar al animal, pero a la mañana siguiente tampoco pude hallarlo. El clima empezaba a cambiar, pronto empezaría la temporada invernal, y las primeras nieves empezarían a caer para transformar el paisaje, así que decidí aprovechar lo que quedaba del otoño y me embarqué en el bote con la intención de ir al sitio más lejano del lago. Quería conocerlo todo y aprovechar la tranquilidad de aquel paraje paradisiaco lejos del ruido infernal de la ciudad. Siempre me gustó el silencio, la soledad no era para mí un estado de abandono, sino por el contrario hacía que me sintiera libre, sin ataduras, y era así como me sentía esa mañana en mi bote, remando acompasadamente mientras de cuando en cuando echaba un vistazo a mi recién adquirida casa que se veía cada vez más lejana.
                  En uno de esos atisbos me di cuenta de que no se la veía. Hacía unos segundos estaba ahí, y de un momento a otro no estaba más. Creí que era producto de algún reflejo del lago o un truco de la luz matinal, pero cuando empecé a dar vuelta para regresar, con creciente desesperación supe con certeza de que en efecto, mi casa había desaparecido. Até las amarras en el muelle y corrí por el sendero de piedrecillas pensando que estaba perdiendo la razón. No lo podía creer, el lugar donde estuvo ni siquiera tenía huellas de ella. El conocido sonido lastimero empezó a escucharse y esta vez era un gemido gutural, que parecía querer decirme algo, me llamaba... decía: Ven conmigo, ven, entra, te espero... En un arrebato de locura hice el intento de dar el primer paso hacia donde había estado la puerta de la casa, donde se iniciaba el camino de piedras, pero haciendo acopio de un enorme esfuerzo me quedé con la rodilla levantada y luego la bajé lentamente situando mi pierna junto a la otra. ¿Fantasmas? Cavilé. Yo no creo en ellos. No creo en el diablo ni en el perdón de los pecados.
                  Me metí en el auto y tomé rumbo al pueblo. Por el espejo retrovisor vi la casa, tal como la había visto la primera vez, hermosa, etérea, como fuera de lugar. Vencí el impulso de regresar. Esta vez escucharía la historia completa de las habladurías que el viejo comenzó a contar y yo no le dejé terminar. Después, regresaré a la ciudad. Lo he pensado mejor y creo que prefiero la soledad del bullicio, que el bullicio de la soledad.
                  Después de conducir lo suficiente como para haber llegado, caí en cuenta que el pueblo tampoco estaba ahí, en su lugar vi un hermoso camposanto, bajé del auto presa de la curiosidad y salió a mi encuentro un hombre enclenque, de ojos arrugados, de aquellos que otean el horizonte. Era el guardián del cementerio, se acercó sonriendo y se paró frente a mí.
                  -¿Busca algo en particular? –preguntó.
                  -¿Qué sucedió con el pueblo? –Pregunté a mi vez.
                  -El pueblo. Humm... –El hombre pensativo, se agarró la barbilla-, ¿usted adquirió la casa del lago?
                  -Así es –respondí, impaciente.
                  -Permítame decirle que compró la casa equivocada. Muchos otros fueron timados, y nunca hubo forma de comprobar la estafa.
                  -No comprendo. Y no ha respondido a mi pregunta.
                  -El pueblo que usted visitó tampoco existe.
                  -Imposible. Estuve hablando con un anciano que me advirtió de sucesos extraños.
                  -Otra vez el anciano. –Murmuró el hombre para sí. ¿Recuerda su nombre?
                  -No me lo dijo. ¿Sabe usted quién era? -pregunté exasperado. Parecía que el hombrecillo no tenía por costumbre responder preguntas.
                  -Sólo puedo decirle que corrió usted con suerte, es el primero que escapó con vida. Si desea un consejo le sugiero que se aleje y no regrese.
                  -Quiero una respuesta. ¿Qué sucedió con el pueblo?
                  -El pueblo nunca existió. Lo que usted vio fue un pueblo fantasma, al igual que su casa.
                  -Yo no creo en fantasmas. –Afirmé.
                  -Es por eso que está vivo -contestó él mientras se alejaba perdiéndose entre las lápidas.

                  B. Miosi

                  jueves 10 de junio de 2010

                  De la responsabilidad del escritor


                  Antes de dedicarme casi a tiempo completo a dar el último repaso a mi novela, leí Control Total, escrita por David Baldacci. Fue publicada en 1997, cuando las redes de la información no habían llegado a ser lo que hoy son: una vorágine que cuando se sabe utilizar para fines criminales, puede servir para casi cualquier fechoría.
                  Control total tiene un ritmo endiablado desde las primeras páginas; un avión se precipita a tierra como consecuencia de un sabotaje. En él viajaba el presidente de la Reserva Federal. Ciento setenta personas más mueren junto a él, carbonizadas. El motivo: un sucio juego de espionaje de secretos informáticos, cuyos alcances amenazan transformar la red en la que actualmente nos movemos en un arma de doble filo. En realidad, ya lo es; cada vez que accedemos a Internet vamos dejando un rastro que jamás será borrado. Si una persona decide hacernos la vida imposible lo único que debe hacer es entrar a nuestro correo electrónico, y hasta a nuestros archivos personales. Nunca hemos sido tan vulnerables como ahora, y sin embargo muchos de nosotros consideramos la red una herramienta ya imprescindible.
                  Pero me estoy alejando del tema de esta entrada, en realidad lo que me llamó la atención de la novela mencionada, fue la última página, la nota del autor, dice así:


                  El avión presentado en las páginas precedentes, el Mariner L800, es ficticio, aunque algunos de los datos indicados en el libro se basan en verdaderos aviones comerciales. Sabiendo eso, los entusiastas de los aviones no tardarán en señalar que el sabotaje del vuelo 3223 está lejos de ser verídico. Los «errores» descritos fueron totalmente intencionados. Mi objetivo al escribir este libro no ha sido el de preparar un manual de instrucciones para causar daño a las personas.

                  En otro párrafo continúa:

                  A medida que los ordenadores de todo el mundo queden vinculados a una red global, se corre el riesgo, que aumenta proporcionalmente, de que una sola persona pueda llegar a ejercer algún día el control total sobre ciertos aspectos importantes de nuestras vidas. Y, como se pregunta Lee Sawyer en la novela: «¿Qué pasará si el tipo es malo?»

                  Siempre me he preguntado si lo que escribimos tiene alguna repercusión en el lector, más allá de lo que significa la lectura como pasatiempo. Recuerdo que cuando leí por primera vez a Hermann Hesse quedé tan impresionada que empecé a ver el mundo de manera diferente. Creía a pie de juntillas que todo era producto de una ilusión, y que mi realidad, la que yo había dado por hecho desde que tenía uso de razón, era un invento de mis sentidos. ¿Cuántos libros habremos leído que nos han hecho reflexionar, creer en algo en lo que antes no reparábamos, o en pensar que tal vez exista algo más que el mundo que nos rodea? Al fin y al cabo el conocimiento proviene de los libros, tenemos una reverencia casi atávica por ellos, y hasta antes de que comenzara a escribir, yo particularmente, creía muchas de las teorías que en ellos se exhibían. ¿Acaso en algún momento no nos hemos parado a reflexionar profundamente sobre nuestro papel en la sociedad, después de leer «1984» de George Orwell? ¿O como consecuencia de El capital, de Marx, el planeta se conmovió en sus cimientos?

                  Creo que todos los escritores tienen una gran responsabilidad por las ideas que exponen en sus escritos, ensayos, y por supuesto, en sus novelas. El público ha sido influenciable desde siempre, recordemos a Orson Welles cuando hizo salir de sus casas a miles de personas, al relatar por radio un pasaje de La guerra de los mundos, de H. G. Wells, y en esta época en la que parece que ya nos hemos saturado de todo, siguen existiendo seguidores de sectas de las más disparatadas creencias. Es como si la gente deseara creer en algo. No podemos contar con el sentido común de las personas, pues en realidad, son muy pocas las que lo tienen, y no lo digo en sentido peyorativo, yo misma me considero una persona con muy poco sentido común, si no fuese así, jamás habría empezado a escribir novelas, pues no existe nada más lejos del sentido común que pasarse horas tras horas argumentando situaciones que sabemos que son irreales, para que los demás piensen que sí lo son; y por otro lado, están los lectores desean creer que lo que leen es cierto a sabiendas de que es una ficción, es más: si encuentran alguna muestra, por más ligera que sea de que lo que están leyendo no los ha engañado lo suficientemente, se sienten defraudados. Pero existe el peligro que dentro de la miríada de escritores, haya unos cuantos cuyos argumentos, por ejemplo, convenza a buena parte de la población de que la Guerra Santa es sagrada y obligatoria, y que autoinmolarse los llevará directamente al paraíso, ¿no correríamos entonces el riesgo todos de ser objeto de atentados terroristas?
                  Existe un libro llamado: La anatomía de la brujería, por Peter Haining. En él se describen los rituales seguidos por las sectas satánicas, adoradores de la magia blanca, costumbres y rituales demoníacos, con un despliegue de información espeluznante. Me pregunto cuántos de los asesinos en serie que existen actualmente habrán tomado ideas de este libro. ¿Y qué me dicen de la Biblia? sus millones de seguidores en todo el mundo creen firmemente que es la palabra de Dios.

                  Ahora, díganme ustedes: ¿Es o no es una gran responsabilidad ser escritor?

                  B. Miosi

                  viernes 28 de mayo de 2010

                  ¡Llegamos a 30.000!

                  Hola, queridos amigos,

                  Me he fijado en el contador del blog, ¡y vi que en estos días ha sobrepasado el número 30.000!

                  Nunca he festejado la cantidad de entradas, pero esta vez merece la pena, creo yo. Quiero agradecer a tantos amigos que desde lugares lejanos apoyan este sitio con sus entradas; de vez en cuando hay alguno que otro que desaparece pero regresa y es lo importante, comprendo que no siempre se tiene el tiempo suficiente para dedicarlo a recorrer los blogs de los compañeros.

                  Empecé por allá en noviembre del 2007, cuando en el foro Prosófagos alguien sugirió la idea de que era bueno tener un blog, lo abrí sin saber nada de nada, simplemente quise investigar, y la primera experiencia no fue muy alentadora así que dejé de el asunto por unos meses para retomarlo con la publicación de mi novela La búsqueda en enero del 2008, al tiempo que abría otro para la novela.

                  Mi primer post en Blanca Miosi y su Mundo fue:
                  Mis Primeros Pasos
                  De ahí en adelante hice cambio de plantilla, agregué fotos, y empezó a fascinarme este mundo que hoy por hoy lo considero importante e imprescindible para mí.

                  Los visitantes al blog se han convertido en amigos de carne y hueso, ya no son simples nicks, me escribo con muchos de ustedes y conversamos como suele hacerse con viejos amigos, y hasta mejor, porque a las amistades que viven en mi país apenas las veo, y la mayoría no comparte mi vocación: la escritura.

                  Espero que sepan disculpar si por temporadas no soy una asidua visitante, pero se debe a que no soy escritora de tiempo completo, como casi todos los que empezamos en esto, mi tiempo está compartido; y si estoy envuelta en un nuevo proyecto literario, hay días en los que literalmente me desaparezco. Como últimamente: estoy dando los últimos toques a mi novela EL SECRETO, y como tengo la boca muy grande, ja, ja, le adelanté a mi agente que está casi lista y que es “la mejor novela que he escrito hasta ahora”. ¿Se imaginan cuántas veces escuchará ella eso? Ahora me veo con el apuro de entregarla, pero cosa rara: es así como mejor funciono.

                  Chicos y chicas: Muchas gracias una vez más por compartir una parte de sus vidas conmigo. Los quiero.

                  Blanca Miosi

                  sábado 22 de mayo de 2010

                  EL ABUELO, cuento por B. Miosi

                  Cuando empezó a oscurecer sucedió igual que la noche anterior, y la anterior, y la anterior, las sombras de la casa se juntaron en una sola y de pronto todo quedó negro. Mamá había dicho que no tenía de qué temer, pues la casa era grande, pero inofensiva, sin embargo, yo la sentía demasiado oscura. Demasiado. Desde que fuimos a vivir a la casa del abuelo todo era diferente. Aún lo recuerdo echado en ese largo cajón al que todo el mundo se acercaba a mirar. Yo no hubiera querido hacerlo, pero mamá había dicho que sería el último adiós, y que había que respetar su partida, así que no pude evitar cerrar los ojos al ver su cara. No quería recordarlo con ese extraño peinado y tanto color en las mejillas; la piel del abuelo había sido de un agradable tono amarillento, y siempre andaba despeinado. Hasta sus ropas eran otras, pero eso a mi madre no parecía importarle, ella andaba más preocupada para que todos tuviesen su taza de chocolate bien caliente en esa fría mañana de enero. El abuelo dentro del féretro, como había dicho mamá, estaba resguardado, y por la tarde lo llevarían a la cripta, donde quedaría encerrado en un nicho. No estoy muy seguro de que hayan hecho un buen trabajo, y creo que el abuelo lo sabía porque cuando lo vi en el cajón tenía una cara de querer echarse a reír en cualquier momento, como cuando solía burlarse de todos. En cuanto amanezca entraré en el mausoleo y veré si es verdad que la losa que pusieron está bien sellada, se me hace que el abuelo anda suelto por ahí y desde la oscuridad se burla de nosotros, ¿quién si no, nos habría dejado sin corriente? ¿Y quién estaría apagando las velas cada vez que me doy vuelta?

                  La casa es muy grande para nosotros dos, espero que mamá cumpla su palabra y nos traslademos, pero según ella aún no es tiempo, dice que si nos vamos lo que nos dejó el abuelo irá a parar a un hospicio. Pero un año es una eternidad.

                  Siento que esta vez la oscuridad tiene forma extraña, se mueve, respira, me envuelve, cerraré los ojos y me taparé los oídos, tengo miedo. Quiero llegar a mañana, es mi cumpleaños, Quiero ver mis noventa velitas alumbrando la torta que me prometió mamá, estaré feliz de ver cómo se ilumina todo.

                  B. Miosi

                  martes 18 de mayo de 2010

                  TENDENCIAS LITERARIAS

                  Con los avances informáticos y la facilidad de obtener datos que brinda la Internet, hoy en día es muy fácil ser escritor. Aunque no por el hecho de escribir, todo el que lo haga, necesariamente lo sea.
                  El asunto se complica cuando la persona siente el deseo íntimo de plasmar en palabras escritas lo que desearía que leyera todo el mundo, porque vamos a estar claros, se parte de la premisa de que se desea ser leído. Surgen entonces las complicaciones, porque no se trata simplemente de escribir, contratar una editorial y publicar. No. Una vez que se ha logrado autopublicar, la mayoría de los escritores desean pasar a otro estadio, empiezan a ser conscientes de que no es suficiente, es una cuestión de amor propio, orgullo personal, superación, o tan simple como probarse a sí mismo. Si fulano lo pudo hacer, ¿por qué no yo?

                  Publicar entonces se convierte en una obsesión, se empieza a perder el rumbo, los deseos iniciales de escribir y sentir placer al hacerlo, y la obra escrita se lee y relee, corrige recorta, alarga, hasta el punto en el que ya no se sabe bien si lo que se desea es publicar para que el mundo disfrute con la obra, o si lo que se quiere es competir.

                  Pero la competencia en un mundo tan complejo y reducido, debido justamente a la Internet, las redes sociales, los avances informáticos, hace que existan enormes cantidades de escritores tras las mismas editoriales, los mismos agentes literarios y cuando vienen a ver, todos reducidos a un mismo punto geográfico.

                  Surge entonces el estudio de mercado.

                  ¿Quién lo iba a decir cuando frente a la pantalla en blanco nació la primera historia que parecía tan perfecta, tan única, tan sofisticada, tan…?

                  Resulta que para ser un escritor publicable no basta con ser un buen escritor, que ya es bastante difícil: se debe estar al día con las tendencias. Sí, señor. Las tendencias. Y no es algo que se haya implantado ahora, han existido desde que el hombre empezó a escribir para deleitar al público. Sucede que hoy todo es más rápido, violento, y como dicen: «global».

                  Por tanto, para poder llegar a la mesa del editor, o siquiera a que el manuscrito sea tomado en cuenta para su lectura, se requieren dos cosas: Una sinopsis breve (para que tengan tiempo de leerla) y un tema que cumpla con las tendencias. ¡Ah, me olvidaba!, debe, en lo posible, estar bien escrito.

                  ¿Y cuales son las tendencias actuales?

                  En primer lugar:
                  Acción: La época del Ulises de Joyce quedó atrás, y aun creo que Joyce está reservado para unos pocos, con o sin acción.
                  Diálogos: Si un lector hojea el libro y ve partes extensas de descripción o narrativa, con seguridad lo dejará de lado. Ya no es tiempo para regodearse en supremos momentos de creación literaria.
                  Trama: Debe ser complicada y enredada, pero ojo: contada de tal manera que sea fácil seguirla.
                  Gancho: Una de las principales características es lograr atrapar al lector desde el primer párrafo de la primera línea. Hay algunos que en la primera línea describen una matanza: «Todos estaban muertos. El cielo se había oscurecido y aquello se alejaba a gran velocidad. Solo un niño de oscura mirada fue el sobreviviente: El elegido». Algo así.
                  Tema: Si es de oscuros secretos religiosos, tanto mejor, pero también se vale partes históricas desconocidas, confabulaciones de sectas para acabar con el orden mundial, vampirismo, (eso todavía rinde) magia envuelta en una pátina de realidad, y sería bueno contar con lo que llaman ahora novela negra. Un poco de romance no estaría mal (solo un poquito) y algo de sexo, preferiblemente no explícito, porque aunque parezca mentira, la gente que acostumbra leer prefiere otros métodos más gráficos, cuando se trata de calentarse.
                  Título: Es importantísimo. Puede ser tan disparatado como cualquiera de los títulos de Stieg Larsson, pero no lo recomiendo, a no ser de que tengan un nombre y apellido parecido al de él.

                  Creo que he cubierto todos los frentes. Si alguien logra cumplir los requisitos, comprenderá que para ser escritor hoy en día, es necesario empezar por el mercadeo.

                  B. Miosi

                  sábado 15 de mayo de 2010

                  EL LIBRO, cuento por B. Miosi


                  Abrí el libro y lo primero que vi fue:

                  21-10-88


                  ¡Para Frede en tu cumpleaños!

                  LOS BUFONES DE DIOS

                  Te dedico este bello libro. Sé que en el encontrarás mensajes espirituales que siempre llenan de regocijo el corazón del hombre. Y tu querido hijo se que lo vas a Disfrutar.
                  Tu vieja que te ama
                  Y amara por siempre.


                  Recorrí con la mirada aquella dedicatoria en caligrafía redondeada, dispareja, con evidentes faltas de ortografía y pensé:

                  La madre era aficionada a la lectura, también el hijo, Frede. Ella lo amaba y deseaba levantar su ánimo, Frede estaría pasando por momentos muy tristes, él era creyente, pero empezaba a dudarlo, probablemente atravesaría por una grave depresión debido al nacimiento de un hijo con retardo mental. Sus páginas manoseadas, la tapa plastificada con papel contact, la contraportada inexistente pero rehecha con cuidado, me decían que durante muchos años ocupó un lugar especial en alguna biblioteca. ¿Frede había viajado, no pudo llevar el libro consigo, y con dolor lo donó a un librero? ¿Por qué otro motivo podría deshacerse de un libro tan valioso? Cuando muere la madre se desea conservar lo que ella regaló con tanto amor. Tal vez el viaje de Frede había sido tan largo e irreversible como el de ella.

                  Di un suspiro y empecé a leer.

                  Nota: Compré Los bufones de Dios el jueves, cuando lo abrí y me topé con la dedicatoria, la tristeza invadió mi alma. Pensé en Frede, en su madre, y me pregunté: ¿Qué será de ellos? ¿Qué creen ustedes que pudo suceder para que Frede decidiera deshacerse del libro?

                  B. Miosi

                  miércoles 12 de mayo de 2010

                  Algunas fotos de mi novela y un cuento

                  Como les conté anteriormente, mi hijo Enrique se encuentra en Lima por estos días, y paseando por las librerías ha tomado algunas fotos de El legado. Aquí van, espero de esta forma que conozcan un poco las librerías limeñas, fíjense: en una de ellas los libros ¡están plastificados! lo cual quiere decir que no se puede hacer eso que tanto nos gusta: echar una ojeada al interior, para ver el tamaño de las letras, o cualquier otro tipo de dato que nos pueda interesar.

                  Esta es la entrada de una de las librerías Crisol
                  En la primera foto: solo quedaba el libro que ven en la estantería.


















                  Aquí había tres ejemplares pero de ellos solo se veía el lomo, así que hubo que sacarlo y colocarlo como toda una estrella de cine, ja, ja... arriba: entrada de la Librería Época.

                  Y para que no digan que ya les tengo aburridos con tantas fotos de mi susodicha novela, a continuación les dejo un cuento:

                  Intercambio

                  La vieja parecía no darse cuenta de la repugnancia que inspiraba en la gente que pasaba a su lado. Todos trataban de evitar cualquier roce con su inmunda figura vestida de harapos. Tenía el cabello grasoso cubierto con una capa de suciedad impregnada quién sabe desde hacía cuánto tiempo, y el color de su piel era indefinible, lo único que resaltaba en su cara eran sus agudos ojos azules, debido al blanco marco de sus córneas.

                  Junto a ella un viejo cazo metálico igual de sucio, recogía las monedas que la gente dejaba caer. Siempre las suficientes. Le alcanzaban para comprar comida, cigarrillos y la cerveza que acostumbraba libar en su choza construida con pedazos de madera, plástico corrugado y láminas de latón, ubicada estratégicamente en las afueras de la ciudad, al lado de un basurero, el mismo que le servía para trasmutar sus necesidades fisiológicas en material bioreciclable. Casi había olvidado sentir el agua en su cuerpo, y vestir ropas limpias era una acción tan lejana que ni recordaba, ni le importaba. Aunque por ráfagas venían a su memoria recuerdos de una vida suntuosa, de cuento de hadas, que cada vez más parecían producto de su imaginación.

                  Aquella tarde estaba sentada como siempre, como una gárgola en su esquina, esperando que le llegasen algunas monedas, mirando al frente con la indiferencia con la que se mira volar a las palomas. Pasaban los mismos transeúntes apurados, los mismos niños cuyas madres aterrorizaban amenazándolos con ella si no obedecían. Siempre lo mismo. Todo siempre igual, estúpidamente igual. Nadie detenía sus pasos, solo se limitaban a arrojar las monedas para cumplir con algún remanente de conciencia. ¿A quién le importaba realmente una mujer abandonada? ¿Alguien se sentiría capaz de preguntarle qué sentía? ¿Qué la había llevado a ese estado? No. Seguro que no. Se hablaba de ayuda humanitaria, pero eso lo hacía la ONU o alguna organización similar y siempre en África. Por eso cuando vio un par de zapatos situarse frente a ella obstruyendo su visión hacia la nada, por primera vez dio muestras de estar viva. Movió los ojos en un atisbo de curiosidad y se encontró con un hombre de mediana edad, de mirada bondadosa, con los ojos puestos en su humanidad. Algo extraño, se había acostumbrado a que el mundo no desease verla. Se fijó en el individuo; llevaba puesta ropa de excelente calidad, su calzado demostraba su buen gusto, admitió ella, aunque vaya a saber cómo lo supo. Sólo sabía que era así.
                  —¿Cómo se llama, señora? —le preguntó el extraño.
                  Ella guardó silencio. De pronto sintió temor de perder su anonimato. Era lo único valioso que le quedaba.
                  —¿Por qué? —respondió con cautela.
                  —Por simple curiosidad. Llámelo cortesía. Permítame presentarme, soy Thomas Alcabok.
                  —Stefanie Mallory —respondió automáticamente la mujer. Sorprendiéndose a sí misma.
                  —¿A qué se dedica, madame Mallory?
                  —¿A qué le parece que me dedico, señor Alcabok? ¿Acaso cree que soy corredora de bolsa o que estoy gozando de los últimos rayos de sol de la tarde para dirigirme a mi limosina? —respondió Stefanie, sonriendo con cinismo.
                  —Tiene usted una preciosa sonrisa —señaló él.
                  Stefanie volvió a quedar en silencio. Hacía años no hablaba con nadie. Había olvidado conversar. No supo si reír o enfadarse. Era evidente que el hombre no trataba de tomarle el pelo.
                  —Déjeme en paz y siga su camino —dijo, mientras volvía el rostro. El hombre había logrado incomodarla.
                  —La he estado observando. Sé que usted no es esto —dijo el hombre sin hacerle el menor caso, mientras sus ojos miraban detalladamente su rostro y su ropa—. Sé que debajo de esa capa de mugre hay un ser humano, una mujer.
                  —¿Qué pretende usted de mí? ¿Por qué me dice eso? No pensará violarme... será mejor que se largue o llamaré a la policía.
                  —Hágalo. Creo que saldré mejor parado que usted. ¿Piensa que alguien le creería?
                  Stefanie cerró la boca. Era ridículo. Sabía que nadie querría hacerle ni siquiera eso.
                  —¿No ha pensado usted en cambiar de vida?
                  —Por supuesto. Quisiera ser la heredera de los Hilton. Me gustaría llamarme Paris.
                  —Concedido.
                  —¿Qué dice usted? ¿Con qué derecho viene a pararse frente a mí a humillarme con sus idioteces?
                  —Se lo concedo. Ya es usted la heredera de los Hilton. Se llamará de ahora en adelante Paris Hilton. Sólo le pido algo a cambio. No desaproveche su nueva vida y juventud, podría volver a las calles en peores condiciones, porque esta vez sabrá lo que ha perdido. Sólo cierre los ojos y piense en el firmamento, relájese. Listo.

                  Al abrir los ojos, Stefanie se encontró en la habitación más hermosa que hubiera imaginado en sus pensamientos más febriles. Se miró a sí misma y no lo pudo creer. Corrió a un amplio espejo de cuerpo entero que había en la alcoba y miró su reflejo. Era alta, delgada, sus cabellos rubios le caían lisos y sedosos, lo único que reconocía en ella eran sus ojos: grandes y azules. El hombre había tenido razón. ¿Dónde rayos estaba? Thomas, Thomas Alcabok, dijo llamarse. Buscó desesperada a su alrededor y no había nadie. Lo necesitaba, deseaba hacerle muchas preguntas, no sabía qué hacer, cómo comportarse, no estaba habituada a vivir como una millonaria e indudablemente lo era. ¿O no?

                  Giró hacia la puerta al escuchar un ligero toque. Entró una mujer de cierta edad, elegante, pero discreta.
                  —Paris, pequeña, ¿me prometes no volver a causar problemas? Tu padre y yo sufrimos mucho cuando te llevaron a la cárcel. No puedes seguir con ese comportamiento extraño. No te educamos para que vomitaras en los escenarios ni condujeras ebria. ¿Qué sucede contigo?
                  —Este no es mi lugar, este no es mi lugar... —repetía Paris, para alarma de su madre, que sin embargo, encontró en sus ojos por primera vez una extraña lucidez.
                  —Te hemos dado todo lo que has querido, te amamos, hija, no pareces ser tú, ¿qué sucedió con la chica dulce y educada que eras?
                  —Está en una esquina en algún lugar. —Afirmó con convicción Paris—. Y se llama Stefanie Mallory.


                  B. Miosi

                  viernes 7 de mayo de 2010

                  Guillem López Arnal, autor de LA GUERRA POR EL NORTE. Entrevista

                  Amigos, hoy toca hablar de un escritor que publicará su primera novela en unos días. Se trata de Guillem López Arnal. Su blog: Leyenda de una era, en donde podrán saber mucho más de él, leer un fragmento de su obra y ver el increíble vídeo promocional de su novela. Copio su autobiografía que aparecerá en una de las solapas:


                  Escritor natural de Castellón. La guerra por el norte es su primera novela publicada. Formado en Psicología y Ciencias políticas, se dedica a la escritura desde temprana edad. Co-fundador de Bochinche Teatro y colaborador de Teamotro ha redactado monólogos y diversos guiones para actos poéticos. Además de escribir diseña los mapas de sus historias y compone la música inspirada en ellas, así como para diversas performance y lecturas de poesía. Su último proyecto musical es la banda sonora de su novela, La guerra por el norte, de corte épico-fantástico.

                  —Guillem, voy a tomar una información de la pequeña semblanza que saldrá en la solapa de la novela. ¿Desde qué edad escribes y qué fue lo primero que escribiste?
                  —Pues, como todos los que nos encontramos embarcados en esto de la literatura, escribo desde niño. El primer recuerdo que tengo es un cuento, sobre un dragón que secuestraba una princesa, garabateado en una libreta del colegio. No era muy original y encima no llegué a acabarlo, con lo que la princesa quedó cautiva en la guarida del dragón sin nadie que la rescatase. Diez años después, empujado por los consejos de un amigo dibujante, y perdido en un maremoto laboral y emocional, me lancé al doloroso periplo de escribir con una meta: publicar mi trabajo.

                  —¿Cuándo te diste cuenta de que deseabas escribir una novela?
                  —Al principio escribía cuentos, pero nunca me encontré cómodo con el arte del cuentista. Buscaba estructuras más largas, con una cadencia rítmica y un desarrollo de personajes diferente al del cuento. Así que abandoné los cuentos y me lancé a la narrativa de larga distancia.

                  —Háblame de los inicios de La guerra por el Norte: cómo nació la idea, y si algún autor te sirvió de inspiración.
                  —La guerra por el norte comenzó a formarse en mi mente como parte de una ópera épica. Quería escribir una historia diferente a la mayoría de obras que se pueden encontrar en la fantasía actual, especialmente en lo que toca a la lucha del bien contra el mal. En mi novela tenía que existir esa lucha, pero también debían haber un gran espectro de matices. Quería que mis personajes siguieran su camino, unas veces por el lado del bien, otras por el del mal. Que aprendiesen de sus errores y debilidades, porque al fin y al cabo son humanos. Más que inspiración literaria, mi tendencia es a buscar en el cine y la televisión, y en ellos me baso para construir la estructura de la novela. Sin embargo también hay autores que me han afectado de forma decisiva, como son: Auster, Kundera, Follet, León Arsenal, Cela, Martin, Sapkowsky.

                  —¿Cuánto tiempo te tomó escribirla y considerarla terminada?
                  —Estuve seis meses escribiendo el grueso del manuscrito y otros cuatro de corrección. Pero fue una temporada de dedicación exclusiva y mucho trabajo a la que se puede sumar el año y medio de investigación y preparación de la saga. La versión definitiva se la debo a la corrección y consejo de la escritora Susana Torres.

                  —Como escritor, ¿cuáles son tus expectativas respecto a La guerra por el Norte?
                  —Son bastante buenas (crucemos los dedos). Soy realista y conozco el medio en el que me muevo. El mercado literario es lo que es, y no puedes vender diez mil libros si no se han impreso más que mil. Las cosas irán poco a poco, asegurando cada paso y evitando las trampas que puedan aparecer. Así que, tanto mi editor como yo, confiamos en la novela, creemos que funcionará y se hará un hueco en el panorama nacional, pero hay que ser contenido y esperar a ver qué pasa.

                  —Eres un bloggero más bien discreto, ¿es una estrategia? Muchos estarían paseando por todos los blogs dejando noticias de los avances de su publicación. Te confieso que yo me enteré casi de casualidad. Y como yo, me imagino que muchos otros. ¿No confías en las redes sociales?
                  —Al contrario, desde que descubrí el potencial de la red no he dejado de alabar las posibilidades de tal herramienta. Mírame ahora, ¡estoy siendo entrevistado por Blanca Miosi, desde Venezuela! Para mí ha sido muy importante poder entrar en contacto con tantos escritores y aficionados, recibir su consejo y apoyo. Creo que lo más importante de esta red que nos une es, justamente, que elimina barreras y fronteras. Gracias a la red, nos sentimos un poco más cerca unos de otros, y eso es de agradecer en una profesión como esta, en la que te pasas horas frente a una pantalla con la mente en lugares imaginarios. Es bueno saber que otros se enfrentan a los mismos problemas y dificultades, tanto como conocer el éxito de algún compañero.
                  Sin embargo, sí es cierto que mi presencia en la red es más bien discreta. Siempre he sido una persona reservada y no me gusta hacer proselitismo. Eso es algo que, a pesar de ocultarse tras el teclado, no se puede disimular.

                  —Cuéntame de qué trata tu novela.
                  —La acción se situa en el norte de Kanja, el Oriente del mundo. Dos reyes se enfrentan en La guerra por el norte. Uno por la sed de ambición, el otro para que su estirpe sobreviva al presente. Una orden religiosa de fanáticos clérigos somete a la moral a un férreo control. Desde hace siglos, nacen humanos con poderes extraordinarios que son perseguidos y exterminados por la misma excelencia que les hace diferentes. En este contexto, un gran poder se manifiesta en dos adolescentes, una fuerza universal que les unirá en el destino a través de aventuras y batallas.

                  —¿Cuándo será el lanzamiento?
                  —La fecha de salida será el próximo diez de mayo, aunque ya se puede reservar en la librería electrónica de Cyberdark.

                  —¿Y a partir de cuándo estará en las librerías?
                  —Contemos que habrá algún retraso aunque de momento todo va sobre lo previsto. Antes del quince de mayo espero que se pueda encontrar en las estanterías.

                  —El proceso de publicación del que se habla como difícil, suele ser lento, cuéntame cómo llegaste a publicar. ¿Tienes agente literario?
                  —Pues no tengo agente, y no es porque no lo haya intentado. Cuento con que una vez la novela salga a la venta y, si todo funciona como esperamos, sea más fácil encontrar uno. Aunque las agencias llevan años con el cupo de escritores al completo. Suena manido, pero es cierto si digo que la clave para llegar a publicar es la persistencia. Eso y tener algo de mano izquierda, claro. Las negativas siempre son duras, pero no conozco ningún autor que no haya recibido la típica carta editorial. En ocasiones uno tira la toalla, se decide por otras cosas, pero al final la literatura siempre vuelve y te encuentras frente a la libreta, tomando notas para otra novela.

                  —El mercado literario en estos momentos atraviesa por un período crítico. Dinos por qué el público debería comprar y leer tu novela.
                  —¿Por qué deberían leerla? Porque ésta es una de esas novelas que se te pega en las manos y te encuentras de madrugada, robándole horas al sueño. La guerra por el norte es la clase de libro que cuando acabas un capítulo es imposible no comenzar a leer el siguiente, y eso es algo de lo que me siento orgulloso.

                  —¿Crees que en la actualidad se lee menos?
                  —No es que yo lo crea, es estadístico. El hábito de la lectura como tal está desapareciendo cual rocío veraniego. Sin embargo, también es cierto que la gente que lee lo hace con regularidad, y hay una gran cantidad de jóvenes seguidores de la literatura de género que mantienen viva la épica.

                  —¿Cuáles son tus preferencias literarias?
                  —Soy un poco enamoradizo en el sentido literario, y mi atención es tan volátil que descubro nuevos amores con cada obra maestra que cae en mis manos. Los últimos romances que he tenido: La maravillosa vida breve de Oscar Wao, La casa de los encuentros y Narrenturm. De la misma forma que descubro estos libros maravillosos al estilo “flechazo”, soy poco paciente y abandono muchos otros, a veces, de forma precipitada.

                  —¿Cuál es la diferencia entre escribir una novela y un guión de teatro?
                  —Son lenguajes totalmente diferentes en cuanto a las formas narrativas que emplean. La novela utiliza un narrador que dibuja para el lector y lo encamina. En el teatro, el diálogo sirve para desmenuzar al personaje y hacerlo real, tanto en sus parlamentos como en sus silencios. Tener una visión teatral de los personajes me ha ayudado a dialogar mi novela, en el sentido en que puedo dejar que hablen o callen con su propia voz en mi escenario.

                  —¿Y tus preferencias musicales?
                  —Pues me gusta cualquier tipo de música mientras me aporte creatividad y el sentimiento que busco en cada momento.

                  —¿Tienes otro proyecto literario en camino? ¿De qué se trata?
                  —Estoy trabajando en la segunda entrega de la saga Leyenda de una era, que se titulará Dueños del destino, con la intención de que salga antes de dos años.

                  Muchas gracias Guillem por mostrarnos tu parte menos conocida, ha sido un verdadero placer conversar contigo. Te deseo mucho éxito con La guerra por el Norte.
                  B. Miosi

                  lunes 3 de mayo de 2010

                  Blanca Miosi en CAMBIO16


                  En el número de la semana pasada de la revista CAMBIO16, salió publicada una entrevista que me hizo Teo Palacios, a quien agradezco muchísimo por darme la oportunidad de seguir en cierta forma vigente. Les paso el enlace:

                  www.teopalacios.com/pdf/Blanca.pdf

                  ¡Muchas gracias Teo!
                  También me llegaron noticias de El legado desde Perú: En la mayoría de las librerías de Lima, especialmente de la cadena de Librerías Crisol, está agotado. Noticias Cortesía de Marco Ciccia, quien se dio el trabajo de recorrer las librerías buscando la novela. Desde aquí un saludo cariñoso, ¡y muy agradecido!

                  sábado 24 de abril de 2010

                  Novedades editoriales a pesar de la crisis

                  Es reconfortante ver cómo a pesar de la crisis económica por la que está atravesando el mundo, que parece haberse afincado en España en estos últimos tiempos y de la cual no se ha salvado el sector editorial, hay escritores que están viendo cumplirse sus sueños. Y no hablo de superventas, que son los que sostienen los ingresos de las editoriales, y por los que ellas apuestan sin importar si la calidad de su siguiente novela sea mejor o peor que la anterior. Estoy hablando de escritores noveles, de los que por primera vez publican.

                  Que una editorial se arriesgue a publicar a un novato en estos tiempos solo puede tener una razón: su libro tiene que ser extraordinariamente bueno. De eso no cabe la menor duda, pues por todos es bien sabido que de los miles de manuscritos que se reciben, un porcentaje muy pequeño es admitido para una segunda lectura, en la que la criba es exigente, y es de allí de donde surgirá algún autor que podría convertirse en un nuevo Ken Follet, un Dan Brown o un Pérez Reverte. Depende de los gustos y de la calidad que busquen los lectores. El mundo editorial es complejo, y dentro de sus tantos recovecos existen los “scouts”; personas especializadas en detectar las futuras tendencias editoriales. Generalmente han trabajado en grandes agencias, hacen el papel de detectives entre la gran cantidad de editores y agentes que se reúnen en las ferias de libros. ¿Qué determina una tendencia o una moda? Lo más probable: el libro que más se esté vendiendo en ese momento. En buena cuenta, son los lectores quienes dirigen este laberinto, pero a su vez estos podrían estar liderizados de manera subliminal por campañas publicitarias, aunque no siempre es así, y son estos denominados scouts los que dan la primera voz de alarma, cuando algún manuscrito relumbra entre otros muchos, y antes de que salga al mercado hacen que sea el de la tendencia que marque la pauta.

                  De vez en cuando surge un monstruo. Un escritor con garra, cuya novela se convierte en un descubrimiento que hace que la gente se corra la voz, lo que se llama “el boca a oreja”, y surge una nueva tendencia. Espero sinceramente que de esta nueva camada de escritores blogeros que he tenido la suerte de conocer a través de los blogs y del foro Prosófagos, (menciono a uno solo, porque he dejado de asistir a otros) salga el próximo descubrimiento. Ya tenemos unos cuantos en perspectiva, y por supuesto, no puedo dejar de mencionar a Teo Palacios
                  que fue el que abrió el año 2010 con su famoso: Hijos de Heracles, con la segunda edición ya en la calle. Todo un récord.

                  Me he enterado casi de casualidad que
                  Fernando Alcalá (Ferlocke) está en pleno proceso de edición de su novela Ne Obliviscaris, que saldrá publicada en la colección Alandar de la editorial Edelvives. Copio sus propias palabras de una noticia que colgó en el foro:

                  Ahora todo está siendo una montaña de trabajo inmensa porque queda poco tiempo para que la novela esté preparada. Estoy mano a mano con el editor (aprendiendo muchísimo) corrigiendo y puliendo estilos y solucionando un poquito mis vicios al escribir. Así que, aunque sea tedioso (¡¡¡y estresante!!! tengo que tener una primera revisión para la semana que viene!!!), es algo increíble!!

                  La fecha todavía no la tengo, pero sé que será para la temporada navideña. Prometo que los tendré al tanto. Pero creo que por el título, ha de ser algo impresionante.

                  Nuestro compañero
                  Guillermo López Arnal también estará entre los próximos a ser publicados, La guerra por el Norte ya tiene portada —fabulosa—, y más fabuloso aún es el trailer, acompañado por música de su autoría. He leído un trozo de esa novela y es sencillamente espectacular. La editorial Ajec, colección Excalibur. Publicación: ¡10 de mayo! o sea, ya.

                  De
                  Blas Mayo Poyatos ya he hablado y todos sabemos que publicará en septiembre, aunque no nos haya dicho el nombre de la casa editorial, corren rumores de que es una importantísima, con gran capacidad de distribución e internacionalización. Así que tal vez sea El esclavo de la Alhambra el próximo superventas, con ese título estoy segura de que arrasará en las librerías.

                  O ¡LolaMariné! Con Nunca fuimos a Katmandú, también para las mismas fechas, con el sello Viceversa, puede ser la próxima revelación. Me han dicho que su novela es muy pero muy buena, y que en la editorial están contentísimos con ella. Así que pronto tendremos varios libros de escritores que por primera vez se estarán lanzando al ruedo, y vayan desde aquí mis mejores deseos.

                  Pero no podía dejar pasar esta entrada sin hacer un comentario tipo cotilleo. Hay un escritor (muy bueno) que ha sido fichado por una de las editoriales más importantes en novela histórica. Me ha dicho que reserve su nombre por los momentos, y aunque me quema la lengua por dar la noticia, cumpliré mi palabra. Muchos de ustedes lo conocen, es muy guapo, (bueno, todos ustedes lo son, chicos, así que el dato no es muy acertado, que digamos), y tiene un gran talento. No puedo decir más.

                  No tenía intenciones de escribir tanto, pero estoy elaborando un artículo para el próximo número de Prosofagia acerca de la crisis editorial, y me estoy enterando de muchos secretos inexpugnables. A propósito de secretos: Terminé de escribir mi novela El secreto. Esperaré a que descanse un poco para dar la última lectura y enviársela a mi agente. Mientras tanto, esperaremos para saber si de alguno de los escritores noveles mencionados surgirá la próxima revelación. El tiempo y los lectores lo dirán.

                  B. Miosi

                  jueves 22 de abril de 2010

                  BLANCA MIOSI EN FRINGE


                  Mi hijo Enrique viajó al Perú este fin de semana pasado. Las oportunidades en Venezuela son nulas y lo que se viene parece peor. Él me hizo aficionada a las series, Fringe, CSI, Bones, Big Bang Theory y Two and a Half Men. Como yo nunca tengo tiempo preciso para verlas, Enrique se daba el trabajo de grabarlas en Cds, y yo las veía cuando podía. Lo que no sabía, era que tenía importantes contactos con los creadores de FRINGE, y logró que me incluyeran en uno de sus capítulos. Si desean ver la parte donde aparezco, pueden hacerlo en cualquiera de estos enlaces:

                  Formato AVI:

                  http://www.mediafire.com/?zfjnmdmlfdl

                  Formato RMVB:

                  http://www.mediafire.com/?zd2twmqjyjt

                  Si tu ordenador no lo reconoce, entonces baja:

                  http://www.mediafire.com/?nqyknkzwzni


                  Espero que hayan disfrutado del buen momento que me hizo pasar Enrique, me dejó el vídeo de recuerdo. El de la foto es él.

                  ¡Enrique, ya lo colgué, como te lo prometí!

                  Tu mamá.

                  sábado 17 de abril de 2010

                  Un poco más de El legado

                  Esther, una amiga a quien ustedes deben conocer por haber sido mencionada por mí en este blog en varias ocasiones, me envió hace unos días un enlace. Es de una entrevista a un empresario, un señor que yo no conozco, llamado Raúl Campaño, pero justamente por ese motivo, para mí tiene valor.

                  Cuando el entrevistador le pregunta:
                  ¿Qué libro está ahora sobre su mesa de luz?


                  Él responde:

                  Dos: Pobre patria mía, de Marcos Aguinis, y una novela, El legado, La hija de Hitler , de Blanca Miosi.

                  De solo pensar que mi libro es mencionado por alguien que dice que lo está leyendo, me llenó de emoción. Tal vez sea una tontería, pero así fue. No estaba preparada para algo que tal vez es cotidiano para otros escritores, claro. Quería compartirlo con ustedes, y agradecer a los compañeros que me han dicho que tienen mi novela, y a los que me han enviado un comentario, fotos y noticias, también a los que la están leyendo o en proceso. De verdad: muchas gracias.

                  Les dejo el enlace por si lo quieren ver:
                  http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1245731

                  B. Miosi

                  jueves 15 de abril de 2010

                  ¡Un Oscar para un disfraz!

                  La fiesta de Purim (en Hebreo פורים, Pûrîm = suertes) es una festividad judía que es celebrada anualmente el 14 del mes judío de Adar (o 15 de Adar en las ciudades amuralladas) en conmemoración del milagro relatado en el Libro de Ester en el que los judíos se salvaron de ser aniquilados bajo el mandato del rey persa Asuero, identificado por algunos historiadores como Jerjes I, alrededor del 450 a. C.
                  A pesar de que Purim es considerado uno de los días más alegres del calendario hebreo, los judíos tienen la obligación de ayunar y orar en la víspera, en recuerdo de los judíos persas que ayunaron y oraron a Dios para que les salvara del inminente conflicto que los llevaría a su aniquilación y exterminio por parte de Hamán y sus seguidores en el ejército del imperio persa. Tras el ayuno, se hace un gran banquete en el que se acostumbra a beber vino y recitar cánticos, entre ellos suele recitarse la plegaria conocida como Shoshanat Ya'akov, que ha sido grabada por muchos cantantes judíos de Israel y la Diáspora.

                  Mi querida amiga Eleanor Valera asistió a la fiesta del Purim este año; unos días antes vino a mi taller a pedirme de urgencia un disfraz. A que no adivinan: ¡Ganó el Oscar al mejor disfraz! ¿Por qué un Oscar? porque los disfraces trataron de temas de películas, y le sugerí la película Shakespeare in Love, tuve que hacerlo de un día para otro, ¿quién me mandó a sugerir? Bueno, el resultado está en las fotos, que se las dejo para que las disfruten. El vestido obviamente es el rosado. No es como acostumbro hacer los vestidos de fiesta, ¡pero se trataba de un disfraz, casi una puesta en escena instantánea!












                  Aquí: ¡El Oscar para los ganadores!
                  Nota: Los datos acerca del Purim, son sacados de Wikipedia.

                  viernes 9 de abril de 2010

                  LA GUERRA DE LAS GALAXIAS


                  En estas pasadas semanas he visto los seis episodios de La guerra de las galaxias. Sí, así como lo leen. Y como en alguna oportunidad he dicho, no soy muy aficionada al tipo de películas de ciencia ficción en donde prevalecen los combates en unas naves casi milagrosas, porque pueden maniobrar en sitios imposibles; pero mi hijo, aficionado a este tipo de películas me las trajo y yo empecé a verlas una a una. Como saben, los episodios 1, 2 y 3, fueron filmados con posterioridad. George Lucas empezó por el episodio cuatro. Algo que suele usarse en literatura, algunas veces empezamos a escribir por el final y a medida que avanza la trama insertamos partes del pasado. Si se hace bien, se logra una novela completa, que va tapando huecos y redondeando los acontecimientos.

                  Al terminar el sexto episodio, pude comprobar una vez más que el ingrediente de éxito de cualquier historia consiste en la eterna lucha del bien contra el mal. Lo vemos en el cine, en la televisión, en las telenovelas, en los cuentos, y por supuesto, en las novelas exitosas. Darth Vader, el maestro Jedi que cuando es un niño roba nuestro corazón, de adulto se convierte en el odiado personaje que representa el mal, pero tras él existe una figura más maléfica aún: Tarkin, que no es otro que el emperador de la zona oscura; un hombre caracterizado por la fealdad, la manipulación y el poder, mucho poder. El joven Luke Skywalker, hijo de Darth Vader, enfrenta en una lucha terminal a su padre y logra vencerlo pero se abstiene de acabar con su vida. Y en un momento emocionante, el padre, al ver que el emperador matará a su hijo, reacciona y acaba con el siniestro personaje. Padre e hijo al final se funden en un abrazo y la película deja la sensación de que todo termina como debe ser. Esta satisfacción íntima, en la que la certeza de que se actuó bien, prevalece, es la que nos acompaña y que nos hará recordarla como una gran saga. Ese: «que la fuerza te acompañe» es muy poderoso. Se mete en nuestro subconsciente y nos hace pensar que existe algo más allá de lo que podemos ver a simple vista. La creencia tribal de un dios se dispara y nos deja al desnudo, pues trasladamos nuestras convicciones a los valores de una película, y por tanto nos libera de nuestros pudores.

                  George Lucas es un director-productor revolucionario. Se arriesgó con la primera trilogía de La guerra de las galaxias en 1977 cuando los demás estudios la habían rechazado, y años después, a partir de 1999 empezó con la segunda trilogía. Una fórmula que le ha dado excelentes resultados.

                  La guerra de las galaxias me ha demostrado a lo largo de las semanas que pasé viendo los seis episodios, que el ser humano es ante todo romántico. Lucha por la verdad y la justicia, aunque todo lo que ocurra en el mundo indique lo contrario. Como ya he mencionado, estoy de lleno en mi nueva novela, y aunque el tema de lo que estoy escribiendo sea diferente, hay partes que realmente me han inspirado. ¡Gracias, hijo, por insistir! Ahora podré pasar horas hablando con él de La guerra de las galaxias, espero que esto no me reste fuerzas para continuar con mi novela. Empecé el 18 de enero, y voy por la página 124, en folio A4 a espacio simple.

                  B. Miosi