lunes 8 de febrero de 2010
Es momento de hablar
El presidente, teniente coronel Hugo Chávez, no conforme con insultar al pueblo de Venezuela siete días a la semana en largas cadenas que abarcan todos los medios de comunicación audiovisuales, nos ha “prometido” que para solucionar el problema de la energía termoeléctrica, traerá al comandante Ramiro Valdez, un cubano a cargo de la represión en Cuba al estilo Stasi de la fenecida República Democrática Alemana o de la KGB de la hoy extinta República Soviética, responsable de que en esa isla sea casi imposible el acceso a Internet.
Novecientos mil millones de dólares, léase: US$ 900.000.000.000,oo provenientes del ingreso petrolero no fueron suficientes para que tengamos energía como en un país civilizado.
190.000 muertos por asesinato, cientos de miles de empleos perdidos, 170 industrias cerradas o “tomadas” por el gobierno, miles de hectáreas “recuperadas” de tierras fértiles que antes se dedicaban a la cría de ganado o a la agricultura y que hoy yacen mustias y cubiertas de barriadas. Y una población sin acceso a comprar divisas extranjeras, con una policía que reprime a los ciudadanos en lugar de protegerlos, es el resultado de once años de desgobierno, en el que el ciudadano presidente no sólo ha cambiado el nombre al país, sino que lo ha declarado socialista.
Claro, apoyado por La corte suprema de Justicia, El poder Electoral, La asamblea nacional y todos los militares, es muy fácil perpetuarse en el poder. Lo único que tiene que hacer es repartir dinero o permitir la corrupción, que hoy por hoy conforma una boliburguesía (de bolivarianos burgueses) que son los que se plegaron al gobierno y forman parte de uno de los grupos multimillonarios del mundo. Muchos de ellos tienen cuentas de dos mil o tres mil millones de dólares o euros. Si no es más.
Sí, señores, este gobierno ha regalado a los países que lo secundan ochenta y dos mil millones de dólares. Tal como lo leen, y ha permitido que sesenta y dos mil cubanos penetren las fuerzas armadas, controlen el ministerio de documentación personal, y sean los jefes. Luego Chávez llama apátridas a los estudiantes que se alzan en contra suya, porque en este país no existe una oposición política valiente, capaz y organizada.
Un señor que se rodea de seis escudos de guardaespaldas, y que a una orden suya cualquiera puede ser detenido, puede insultar, agredir, amenazar, decir palabras soeces a una ciudadanía inerme, porque con armas y guardaespaldas se puede ser muy valiente. Pero quiero ver al señor Chávez enfrentar a una simple ciudadana, que podría ser yo, que él se quite el uniforme, la gorra roja, que mande al cuartel a sus soldados y a sus focas de circo que aplauden hasta cuando respira, y que se ponga frente a mí, con una simple camisa de color neutro, sin tener ni un cortaplumas en el bolsillo, que quiero ver si es capaz de defenderse.
Sé que corro un gran riesgo al escribir esto, es probable que me vea amenazada como ha ocurrido con otras personas que se atrevieron a decir lo que piensan, pero creo que ya no es momento de callar. Soy una persona que se presenta con su nombre y apellido, y muy fácil de ubicar. Aquí me tienen. De todos modos, como trofeo, no soy una buena pieza de caza. Lo siento.
B. Miosi
martes 2 de febrero de 2010
Morris West, el escritor profeta
La segunda novela que leí este año: La salamandra, de Morris West. La primera edición estuvo a cargo de Pomaire, en 1973; treinta y siete años después cayó en mis manos y terminé de leerla hace poco más de una semana.Morris West, un escritor australiano nacido en 1916, murió en 1999 a los 83 años, de una forma que pienso yo a todos los escritores nos gustaría hacerlo: en su escritorio, rodeado de libros y escribiendo una frase de la parte final de su última novela: La última confesión, según palabras de su hijo Chris. ¿De qué trataba su obra póstuma? Del juicio y la prisión de Giordano Bruno, quien fuera quemado en la pira por herejía en 1600.
Hay algunos escritores que tienen una visión muy particular de la vida, es como si supieran sacar conclusiones de los acontecimientos presentes hacen deducciones, se arriesgan a ir más allá, y se convierten en profetas. Sucedió con Julio Verne, cuyas novelas que hablaban de viajes a la luna, al centro de la tierra, o bajo el mar en un submarino, asombraron al mundo, y muchos años después se convirtieron en realidad. O como el caso de Irving Wallace y su novela El hombre, que leí hace poco más de un año, que trataba de un presidente de raza negra en los Estados Unidos.
El autor que da pie a esta entrada: Morris West, pertenecía a esa raza de escritores. En Las sandalias del pescador, anticipó la llegada de un Papa venido del Este; en La torre de Babel se ocupó del desencadenante papel de Israel en la política de Medio Oriente; en Arlequín se introdujo en el mundo de los fraudes informáticos ¡Y apenas era 1974! Y así, su obra estuvo concatenada con hechos que más tarde le dieron la razón. No se equivocó con la lastimosa retirada de las tropas americanas de Vietnam en su novela El embajador, ni con su última profecía, El ojo del samurai; donde escribió acerca del fin de la era Gorvachov.
En sus poco más de cuarenta novelas, si se cuentan las que escribió bajo diferentes seudónimos al empezar su carrera de escritor, vendió un total de sesenta millones de libros. La razón de los seudónimos: «En Europa las editoriales solo me publicaban un libro al año, y yo necesitaba dinero. Era una cuestión de hambre» solía decir en las pocas entrevistas que concedió.

La salamandra no es una novela de aventuras, de política, o de espionaje. Después de haberla leído, estoy convencida de que es una obra de profundo valor psicológico. Ningún personaje es una figura decorativa, cada uno tiene un perfil descriptivo y de comportamiento tan real, que nos hace pensar que Morris West fue sin duda un gran conocedor la naturaleza humana. Hay ciertas frases en esa novela que pone en boca de sus personajes:
«La alta política no tiene nada que ver con la moral, ni tampoco con la justicia, sea relativa o absoluta. Es el arte y la profesión de controlar grandes masas de gente, de mantenerlas en precario equilibrio entre sí y con sus vecinos»
«El estadista jamás debe sobrevalorar su triunfo o perder valor por una adversidad pasajera. De vez en cuando necesita una víctima, aunque solo sea para evitar un holocausto. Para él la clemencia no es una virtud, sino una estrategia…»
«—Esas acusaciones será retiradas. A partir de este momento, vuelve usted a estar en servicio activo.
—¿Dependiendo de?
—De mí, Coronel. Cuando regrese a Roma, creo que podré confirmarle su nombramiento como Director.
Quería que aquello fuera como un espaldarazo… maná en el hambriento desierto de la carrera de un burócrata. En lugar de ello, me supo como las frutas del Mar Muerto, polvo y cenizas en la lengua. Durante un momento me había sentido un buen patriota; ahora, con el premio, me había vuelto a convertir en una puta. Sin embargo, aquéllas eran las reglas del juego. No tenía más elección que jugar o tirar las cartas sobre la mesa. Me incliné, sonreí y dije:
—Gracias, señor. Me hace usted un honor.
—Gracias a usted, Coronel. Buenas noches.»
Y esta última:
«No hay mayor dolor que recordar con aflicción los tiempos felices»
Morris West, maestro de la palabra, ha dejado una huella profunda en este mundo. Sus novelas más conocidas:
El abogado del diablo, 1959
Las sandalias del pescador, 1963
El embajador, 1965
La torre de Babel, 1968
El hereje, 1969
El verano del lobo rojo, 1971
La salamandra, 1973
Arlequín, 1974
Los bufones de Dios, 1981
Lázaro, 1990
Eminencia, 1998
La última confesión, 2000 (publicación póstuma)
B. Miosi
lunes 25 de enero de 2010
TEO PALACIOS, un escritor con futuro

Hoy vamos a sondear en la obra de una joven promesa: TeoPalacios, un escritor conocido por muchos de ustedes por sus artículos referentes al mundo editorial y literario, y últimamente, por la publicación de su obra Hijos de Heracles: el nacimiento de Esparta, una novela espectacular, de la cual adelanto la contraportada:
La muerte del rey Teleclo, durante un festival en honor de Ártemis, desencadenó en el 735 a.C. una oleada de guerras devastadoras entre Mesenia y Esparta que se prolongaría durante casi ochenta años.
Esparta inició entonces una etapa de esplendor social y cultural que la llevó a ser una de las ciudades más respetadas y temidas de su tiempo. Sin embargo, durante los reinados de Teopompo y Anaxándridas, mientras entre los habitantes de la polis se suceden las rebeliones y la familia real se desmorona trágicamente, el pueblo espartano se transformará, pasando a estar dominado por la formación militar, la austeridad y la dureza, de tal modo que incluso en nuestros días sigue siendo un referente.

En una espectacular novela que equilibra con extraordinaria solidez el fresco histórico, el relato de intrigas palaciegas y la novela de ideas, Teo Palacios nos ofrece una obra estremecedora en la que narra de modo magistral desde las batallas más multitudinarias a las escenas más intimistas, desde las luchas encarnizadas hasta los refinados debates de ideas, y todo ello en una prosa que brilla por su poderosa capacidad evocadora.
Por fin, la novela definitiva sobre una cultura fascinante.
La portada hace honor al texto y al contenido, y Teo Palacios nos hablará de los entretelones de ella y también un poco de sí mismo.
BM: Empezaste a escribir relativamente hace poco tiempo, Teo, ¿qué fue lo que te impulsó a hacerlo?
TP: Efectivamente, empecé a tomarme en serio el tema de escribir hace escasamente tres años. Sin embargo, escribo desde muy pequeño y sin duda eso se debe a que disfruto enormemente con la lectura. Yo no lo recuerdo, pero mi madre cuenta una anécdota: al parecer, un día, cuando yo tenía unos 4 años, me encontraba leyendo unos tebeos en casa de mi vecina. Puesto que ella no creía que realmente supiera leer y pensaba que en realidad me inventaba los diálogos, cogió un libro y me lo dio para ver si era capaz de leerlo. Cuando descubrió que realmente sí leía se quedó perpleja. Cuento esto como una muestra de la fascinación que en mí provoca la lectura. Poco tiempo después era yo mismo quien escribía cuentos e historias.
Fue sin embargo mucho más tarde, en 1993, cuando mi pasión por la escritura dio un salto importante. En esa época leí El Señor de los Anillos y me fascinó, me maravilló que alguien pudiera crear un mundo completamente nuevo de la nada, y eso hizo crecer en mí el deseo de escribir. Me puse enseguida a dar forma a una novela, pero cuando ya tenía cuatro capítulos terminados, me entró un miedo terrible. Aquello exigía una dedicación tremenda: la búsqueda de información, por ejemplo, era complicadísima, pues entonces no había internet ni nada que se le pareciera, y yo quería crear un mundo nuevo, pero que fuera creíble. No se trataba entonces de escribir por escribir. De modo que, ante semejantes dificultades, aparqué el proyecto.
Sin embargo, en 2007 se dieron una serie de circunstancias personales que me permitieron retomar aquel antiguo sueño. Le dediqué cerca de 8 horas diarias, y terminé de escribir aquella novela en tres meses. Desde entonces, no he dejado de escribir.
BM: Tu blog se llama Fantástica Literatura. Cualquiera pensaría que tu literatura trata de novelas referentes a los reinos mágicos o fantásticos, tan interesantes y actuales, ¿cómo fue que se te ocurrió escribir una novela ambientada en el siglo VII a. C., sobre todo, con unos datos tan rigurosamente históricos?
TP: Como digo, empecé escribiendo novelas de fantasía épica, al más puro estilo Tolkien. Así que me pareció un juego de palabras divertido utilizar ese título para mi blog. Porque, además, la literatura es algo fantástico, un recurso que nos permite, desde nuestro sillón favorito o el lugar más incómodo de la Tierra, visitar mundos y lugares completamente nuevos.
La creación de Hijos de Heracles: el nacimiento de Esparta, tuvo su origen como una historia en la que dos hermanos se enfrentarían por distintos motivos. Me pareció interesante colocarlos en un ambiente duro y austero, y comencé a leer sobre el modo de vivir de los espartanos. Tanto me influyó esa investigación que, cuando comencé a escribir la historia que tenía en mente, todo aquello tenía un olor a novela histórica inconfundible, pese a que no fuera esa la intención original. Fue un buen amigo y gran escritor, Leonardo Ropero, quien me animó a dejar atrás mis miedos y lanzarme a escribir la novela histórica que palpitaba detrás de aquel primer borrador. Busqué entonces un periodo histórico que me permitiera poner en pie la historia que quería contar y me encontré con un telón de fondo maravilloso y, por lo que he podido saber después, prácticamente inédito en la novela histórica.
En cuanto al rigor, creo que en todo tipo de novela, sea del género que sea, hay que ser lo más coherente posible. Hay novelas históricas que contienen graves errores. He procurado ser tan fiel a la historia como me ha sido posible. Con todo, el lector que conozca la historia de Esparta es posible que encuentre algunas ideas que no concuerdan con lo que normalmente se acepta sobre esa Polis. Eso se debe a que no sigo la línea “oficial”, sino que me he permitido jugar con algunas tesis que reputados especialistas han puesto sobre la mesa. En la página web que se ha puesto en marcha sobre la novela se pueden encontrar algunas de esas cuestiones históricas y su explicación.
BM: Teo, por lo que he indagado, fueron más de dieciséis libros entre clásicos y contemporáneos, y seis artículos de diferentes publicaciones y revistas las que sirvieron para documentarte al escribir Hijos de Heracles. ¿Cuánto tiempo llevó culminar tu novela, y cuáles fueron los pasos que seguiste hasta la versión definitiva?
TP: En realidad, los títulos que usé para la investigación de la novela fueron un total de 30, entre libros y artículos, sin incluir cientos de horas de búsqueda en internet y la gran cantidad de datos que obtuve gracias a ello.
Desde el momento en que comencé a trabajar en la idea original hasta que terminé de escribirla, pasó exactamente un año: de marzo de 2007 a marzo de 2008. Tal como explicaba, el primer borrador no era una novela histórica. Cuando tenía 8 capítulos completos tuve que reescribirlos para adaptarlos al contexto histórico, lo que me llevó una semana a tiempo completo, dedicándole más de 10 horas al día. A partir de ahí todo fue mucho más fluido, a pesar de que me encontré con algunas dificultades para conseguir la documentación que precisaba en determinados momentos.
BM: Cuéntanos tu acercamiento con el profesor César Fornis, doctorado en Historia por la Universidad Complutense de Madrid, poseedor además, de un currículum realmente impresionante.
TP: César Fornis fue un hallazgo maravilloso para mí. El periodo histórico en el que se desarrolla la novela es muy oscuro, se dispone de muy poca información sobre él. De hecho, los especialistas no se ponen de acuerdo en cosas tan básicas como la cronología o la genealogía de las dinastías reales espartanas. Cuando comencé a cambiar el texto original y a escribir la novela histórica final, me encontré con que ni siquiera era capaz de dilucidar con exactitud cuándo sucedían los hechos narrados, pues dependiendo de qué libro leyera, me daban una fecha u otra completamente distinta. Y hablo de diferencias que, en ocasiones, superaban los cien años. Uno de los libros que había leído para buscar información sobre el modo de vida espartano era una maravillosa monografía sobre Esparta titulada Esparta: Historia, Sociedad y Cultura de un mito historiográfico, que había escrito el profesor Fornis, especialista en historia antigua de Grecia. Vencí entonces mis temores, pues me daba bastante reparo pedir su ayuda. Al fin y al cabo, no soy más que un autor desconocido. Sin embargo, su amabilidad quedó patente desde el principio. No tardó ni una hora en contestar a mi primer e-mail, y a lo largo de varios meses contestó con gran interés y cortesía todo aquello que le pregunté. Llegó un momento en que me dijo: para contestar a esto que me preguntas, debería iniciar una investigación que podría llevar meses, pues no hay ninguna información al respecto. En ese momento me di cuenta de que no podía avanzar más en mi investigación y me dediqué, por completo, a escribir la novela. Al profesor Fornis, y a algunas otras personas más que me ayudaron con la investigación y otros aspectos, le estoy enormemente agradecido.
BM: ¿Qué piensas de la eutanasia que los espartanos practicaban? ¿En las investigaciones que hiciste acerca de ellos podrías definir a qué raza pertenecían? ¿Crees que pudieran ser los precursores del racismo?
TP: Los espartanos arrojaban desde un barranco del monte Taigeto, que domina el valle en el que se alza la ciudad, a todos aquellos recién nacidos que mostraran alguna deformidad. Es una costumbre que cualquier mente moderna considerará una auténtica aberración. A mí, lo que más me sorprende es que todo un pueblo acepte adoptar algo tan antinatural como dar muerte a tu propio hijo. Sin embargo, es un simple ejemplo del modo de pensar y entender la vida de aquella gente. Para ellos, el servicio a su ciudad era lo más importante: los niños eran arrancados de su hogar con sólo siete años para emprender un aprendizaje durísimo y terrible, los jóvenes sufrían flagelaciones por la menor falta, como el hecho de hablar sin haber sido invitados a hacerlo por una persona mayor, y mil detalles más. Todas estas cosas serían en una sociedad moderna algo impensable. Pero ellos entendían que era el único modo en el que podían subsistir a sus enemigos, y si un hijo deforme no podía ser útil a su ciudad en ese sentido, su manutención y cuidados era algo que la ciudad no podía permitirse.
Sobre el origen de los espartanos, como con tantas otras cuestiones relacionadas con esta Polis, hay varias posibilidades. De cualquier modo, se sabe que los habitantes originales del valle del Eurotas eran aqueos. Las fechas no se conocen con exactitud y hay grandes diferencias dependiendo de a quién se consulte, de hasta más de 2 siglos, pero algunos especialistas piensan que, hacia el s. X. a. C., se produjo una invasión del valle en forma de migración por parte de la tribu de los dorios. Esta migración, y sus dificultades, podría ser el eco que dio origen al mito del regreso de los hijos de Heracles al Peloponeso. Según parece, los invasores dorios se fundieron con parte del pueblo aqueo, y de esa unión surgió el núcleo que formarían los ciudadanos espartanos. Y no sólo eso: Esparta estaba gobernada por dos casas reales que compartían el poder, la Agíada y la Euripóntida. Esta diarquía puede ser una evidencia de esa unión, pues ambas casas corresponden a cada uno de esos pueblos. Fue entonces cuando surgieron diferentes poblaciones cerca del río Eurotas. Esparta no era una ciudad en sentido estricto de la palabra. En un principio hubo cuatro aldeas: Pitana, Cinosura, Mesoa y Limnas, que realizaron un pacto de sinecismo, por medio del cual se fundían en una sola identidad política. Tiempo más tarde, el rey Teleclo conquistaría Amiclas, una población situada a unos 5 Kms. más al sur, siguiendo el cauce del río. Si bien la mayoría de los vencidos durante la invasión habían sido expulsados de sus tierras, a los habitantes de Amiclas se les permitió permanecer allí, e incluso unirse al pacto, con lo que Esparta tomó su identidad final.
Hijos de Heracles: el nacimiento de Esparta, tiene su punto de partida poco después de la conquista de Amiclas, cuando Teleclo es asesinado por los mesenios. Se producen a partir de ese momento gran cantidad de cambios políticos y legislativos en Esparta, además de la primera y la segunda guerras mesenias, diversas revueltas entre los ciudadanos espartanos y varias batallas contra mesenios, argivos y otros pueblos. Por aquel entonces, Esparta se estaba convirtiendo aún en la máquina de guerra que hoy conocemos, todavía era débil y sufrió graves derrotas. Todo esto es el telón de fondo de la novela.
Con respecto al racismo que me comentas, en un principio Esparta era una ciudad abierta para todos. De hecho, en sus calles se dio origen a la música moderna o se encontraron grandes genios de la poesía. Y muchos de ellos no habían nacido en Esparta. Pero, con el tiempo, la ciudad se fue cerrando sobre sí misma, alimentándose de su propia idiosincrasia, menospreciando al resto de pueblos, ya fueran griegos o no, e incluso expulsando a los extranjeros de sus calles. Muchos opinan que Esparta es el origen del comunismo, pues se establecieron leyes que delimitaban qué artículos podían encontrarse en una casa y cuáles no, e incluso se prohibía que las ropas mostraran diferencias entre los ciudadanos. También hay quien dice que el nacionalsocialismo tuvo su origen en Esparta, y de ahí a decir que el racismo surgió entre sus calles hay sólo un paso. En mi opinión, racismo ha existido siempre a lo largo de la humanidad. Siempre que un pueblo ha intentado sojuzgar a otro por considerarlo inferior, se ha dado un ejemplo de racismo. Es una de las tristes realidades de la historia del ser humano.
BM: El enfrentamiento de hermanos cuando se trata de la lucha por el poder, es un tema atractivo, ¿podrías describirnos físicamente a Arquidamo y a Anaxándridas?
TP: En la novela hay muy poca descripción, ya sea de lugares o personas, aunque creo que no es algo que se eche en falta. Además, no es por casualidad… De la Esparta arcaica no queda ni un solo edificio en pie, de modo que no podemos saber con detalle cómo eran sus casas, ni sus edificios comunes. En cuanto a las descripciones físicas de los personajes, pienso que más importante que su aspecto físico es su personalidad. Con el paso del tiempo me he dado cuenta de que las descripciones físicas de los personajes de mis historias son muy vagas en general. De cualquier modo, los espartanos, al igual que los griegos de su tiempo, eran personas de estatura algo menor a la actual. Al parecer, rondaban 1,60 mts. de altura. Los que ya habían superado la Agogè, el sistema de educación espartano, se dejaban el pelo largo, lo que los identificaba como hombres libres en la ciudad. Las mujeres, los niños y los jóvenes llevaban el pelo muy corto. Además, los hombres llevaban barba, aunque no bigote. Los niños solían estar delgados, muy fibrosos, consecuencia de la escasa dieta y la dureza de su entrenamiento. Los adultos, por el contrario, debían ser muy fuertes, pues el equipamiento del hoplita (escudo, casco, grebas, espada y lanza) pesaba un buen puñado de kilos y los espartanos eran especialmente hábiles en su uso.
BM: Supongo que se te debe haber pasado por la cabeza la idea de que Hijos de Heracles se vería espléndida en la pantalla grande, de ser así, ¿qué actores escogerías como los personajes principales?
TP: ¡Por supuesto que uno piensa en esas cosas! La imaginación de un escritor es capaz de volar demasiado alta, y uno de los grandes sueños de casi todos los escritores es que su obra sea llevada al cine por un genio como George Lucas, Peter Jackson o Steven Spielberg. ¿Cuál sería el reparto ideal? Pues no soy el más indicado para decirlo, claro, pero así, de primeras, creo que Christian Bale sería un Arquidamo estupendo. Para Teopompo, Robert De Niro sería ideal. Con Anaxándridas no lo tengo tan claro… tal vez Viggo Mortenssen. Con Tira no tengo dudas: Angelina Jollie. Por supuesto, sería imposible hacer una película con estos actores. ¡Sólo sus sueldos harían inviable el proyecto!
BM: Dime, Teo, ¿Qué piensas de la literatura actual? Hablo de la que forma parte de la biblioteca del lector promedio, que es el que compra libros.
TP: Creo que el lector dispone hoy de una oferta cultural como nunca antes se había dado. Esto habla bien de la salud del mundo editorial, especialmente para los escritores. Sólo en España se publican más de 80000 libros al año, y eso hace pensar que, para el escritor, nunca hubo más facilidades que en la actualidad para publicar. Por supuesto, esto tiene una parte negativa, y es que hay muchos libros que tienen poca calidad y sin embargo son publicados, mientras que otros, que sí merecerían un esfuerzo por parte de las editoriales, pasan desapercibidos ante semejante catarata de títulos.
Todo esto, desde luego, le preocupa poco al lector, pues la cantidad de títulos a su alcance en cualquier librería es tan amplia, que será muy difícil que no encuentre algo que le pueda interesar.
BM: ¿Piensas que la literatura se ha prostituido, como opinan algunos?
TP: No, en absoluto. Lo que ocurre es que hay mucha gente que no entiende, o no quiere entender, que la literatura, más allá de tener una vertiente cultural, es un negocio y, como tal, debe rendir beneficios a los empresarios. De modo que es lógico que las editoriales busquen títulos que puedan arrojar dividendos. El escritor que quiere ser publicado debe ser consciente de ello para escribir historias que las editoriales entiendan que tienen una salida comercial. Esto no significa que tengamos que renunciar a escribir lo que queramos. Todo escritor tiene, en cualquier momento, varias historias que podría ponerse a escribir porque le apetece escribirlas, porque le parece que merecen ser contadas. Se trata, entonces, de elegir la que pueda ser más interesante para una editorial.
Además, aquí entra la eterna pregunta: ¿se escribe para uno mismo o para ser leído? Yo soy de la opinión de que todo escritor es un ser egocéntrico, que necesita que otro valore su trabajo, para bien o para mal, sin importar si es un escritor profesional o está empezando a escribir sus primeros textos. Es decir, uno siempre escribe una historia que le interesa contar, pero lo hace para que otro la lea y la valore. Por tanto, haría bien en preguntarse qué quiere leer la gente si desea ser leído con interés.
BM: ¿Crees que los best sellers son producto del mercadeo, o de la calidad de la novela?
TP: Depende del Best Seller en cuestión. Hace unos años, hablando con un editor, me explicó que si se lanza una tirada de unos 7000 ejemplares, la novela se venderá bien, por el simple hecho de que se ve en todas partes. Desde luego, hay novelas que son escritas para ser un best seller y su lanzamiento está estudiando para potenciar su venta. Sin embargo, hay novelas que se convierten en líder de ventas sin que nadie sepa muy bien por qué ha sucedido. Un ejemplo es el de Dan Brown y El Código Da Vinci, o el último fenómeno de Stieg Larsson. Otros casos son los de La Sombra del Viento, El Mapa del Tiempo o La Catedral del Mar. Y es maravilloso que sucedan estas cosas, porque significa que a cualquiera le puede suceder algo así. Si se trabaja con amor, con pasión, si se pone todo lo que se tiene en el empeño, tal vez, un día nos tocará a nosotros. Y si no es así, no importa. El siguiente libro habrá que escribirlo con la misma pasión, con el mismo deseo. Es el único modo de disfrutar de este trabajo.
BM: ¿Cuáles son tus primeras impresiones al ver que tu novela ya es un hecho consumado? Te adelanto que me parece que la portada es preciosa, y tu nombre escrito en letras grandes indica que la editorial tiene mucha fe en tu trabajo.
TP: El aspecto del libro no podría ser mejor. La editorial ha trabajado con muchas ganas en lanzar la novela con una calidad impresionante. Cuando vi la portada que ilustra la novela, me quedé sin palabras. El “vestido” que le han preparado es realmente increíble. La ilustración, además, refleja con gran maestría el espíritu de la novela, mostrándonos un aspecto muy sobrio y austero, muy inquietante y amenazador. Pero, a la vez, tiene otras connotaciones, como esa salida del sol a la espalda del guerrero que es una alegoría preciosa del nacimiento del guerrero hoplita, la imagen más conocida, con diferencia, de Esparta. El interior está igualmente bien tratado, con una letra muy cómoda de leer, amplios márgenes y una maquetación y tipografía maravillosas.
Pero, además, hay un aspecto que es para todo autor que empieza algo especialmente simbólico. En la actualidad, las editoriales intentan recortar todo gasto superfluo. Debido a ello, las pastas de los libros han evolucionado y la mayoría de ellas han dejado de lado la tapa dura, el símbolo por excelencia de la novela. Hijos de Heracles sí está editada en tapa dura con sobrecubierta. Y, sinceramente, es una auténtica gozada, por lo que implica de la calidad de su edición.
En cuanto a lo que dices sobre el tamaño de mi nombre, te cuento una anécdota. Soy el menor de cuatro hermanos. Alguno de ellos tienen un sentido del ridículo muy acusado. Cuando uno de estos vio la portada, lo primero que me dijo fue: “Tu nombre es más grande que el título… ¿no está demasiado grande?” Para un autor, es muy importante que su nombre sea bien visible en la cubierta de un libro, ¡piensen lo que piensen sus hermanos y por más que uno los quiera!
BM: ¿Cuánto tiempo transcurrió desde que empezaste a escribir la novela hasta su publicación? Es un dato que podría interesar a muchos escritores que desean publicar.
TP: La publicación de esta obra ha sido algo bastante rápido. No he tenido que esperar demasiado. Terminé de escribir el texto de la novela en marzo de 2008. Luego vinieron algunas correcciones. Mis correcciones, normalmente, no implican cambios en el contenido de la novela. No altero aspectos de la trama, ni de los personajes, etc. Son más bien detalles de tipografía, de gramática, y cosas así. En abril de 2008 comenzó a representarme la agencia de Sandra Bruna. Les remití la novela justo antes de las vacaciones de verano de aquel año. Un par de meses después, en septiembre, desde la agencia me indicaron que la novela les había gustado mucho y que empezaban a moverla de inmediato. Para noviembre de 2008, Edhasa ya indicó que quería adquirir los derechos de publicación. Un mes después firmé el contrato y ha pasado justo un año desde entonces hasta que ha visto la luz. No es un periodo excesivo. Normalmente, las editoriales se reservan unos 18 meses, o incluso más, para lanzar una nueva novela y, realmente, el plazo de tiempo que transcurrió desde que terminé de escribir hasta que una editorial se interesó por la novela, fue realmente muy corto.
BM: Sé que impartes cursos y talleres de creación literaria, y se nota en cada entrada que subes a tu blog. Como autor publicado, ¿te gustaría dirigirte a los escritores que esperan por una editorial para cumplir con sus sueños?
TP: No es mucho lo que yo puedo decir. Sólo estoy un escalón más alto que ellos. Lo que sí creo es que uno debe estar convencido de que su historia merece la pena ser contada. Y, después, asegurarse de que el texto esté realmente pulido, libre de todos los errores posibles. He tenido oportunidad de comprobar algunos textos que se envían a distintas editoriales y es increíble observar el pésimo estado de algunos de ellos. Todo texto que no esté bien trabajado, que presente abundantes fallos de redacción, etc, será descartado de inmediato por cualquier editorial medianamente seria. Merece la pena dedicar un mes más, seis meses más, a corregir nuestra novela antes de aventurarnos a ser rechazados por no cuidar con atención la presentación de nuestro trabajo.
Además, uno no puede desesperarse. Y esto es realmente difícil. Las editoriales están saturadas de trabajo y suelen tardar meses, muchos meses, en dar una contestación. Algunas, ni siquiera contestan. Conozco el caso de una amiga que le contestaron afirmativamente al cabo de un año. En ese plazo de tiempo, ya había conseguido un agente que la representara e incluso vender su novela a otra editorial. Pero lo peor viene cuando la editorial dice que sí, que quiere publicar la novela. Esos meses, ese año que pasa hasta que finalmente ve la luz, es lo peor con diferencia. Y ahí no se puede hacer nada porque los plazos de trabajo los tiene que marcar, lógicamente, la editorial. O tal vez sí podemos hacer algo: dedicarnos a trabajar en una nueva historia. Es el único medio de suavizar la ansiedad.
BM: ¿Cuál es el próximo proyecto? ¿Tienes alguna novela en el horno?
TP: Actualmente tengo tres novelas escritas, además de Hijos de Heracles. Ya estoy empezando a trabajar con la agencia en una de ellas, otra la acaba de recibir una editorial que está muy interesada en publicarla y espero un informe de lectura sobre la tercera. Estoy empezando a documentarme para una nueva novela, que estará ambientada en el siglo XI y que será, evidentemente, una novela histórica.
BM: ¿Qué podrías decir de tu relación con la Agencia Sandra Bruna?
TP: Disponer de una agencia literaria es algo que recomiendo vivamente a todo autor. El mundo editorial es algo muy extraño, que se mueve a través de unos términos que el escritor que empieza desconoce por completo. De ahí que la figura del agente sea casi imprescindible. En mi caso, siempre quise que fuera Sandra Bruna quien me representara. Su reputación es muy buena y se trata de una agencia en claro crecimiento. De modo que cuando aceptó representarme fue el primer síntoma de que caminaba en la dirección correcta. La relación con la agencia es muy similar a la que existe con las editoriales. No en vano las agencias están adoptando parte de los roles que tradicionalmente les correspondía al editor. Sin embargo, hay una cercanía maravillosa, una cordialidad y una franqueza en la comunicación que se agradece muchísimo. Además, tengo una conexión muy positiva con mi enlace en la agencia. La verdad es que gran parte de lo bueno que pueda sucederme a nivel literario se lo deberé a Sandra Bruna, que en su momento confió en mi trabajo.
BM: ¿Y con la editorial Edhasa?
TP: La relación con Edhasa ha sido de lo más exigente. Es una editorial con una rigurosidad inmensa, con una gran reputación, y por ello cuida al máximo sus productos. En la primera comunicación que tuve con mi editora, me pasó un listado de dieciséis cuestiones que podían pasar por errores históricos y que exigían una aclaración. Me llevó cuatro horas contestar a todas ellas. Cuando leyeron las explicaciones, no sólo aceptaron lo que les indicaba, sino que además me comentaron que ese punto de vista novedoso podría ser muy interesante para el lector. Es un simple ejemplo. La búsqueda de la calidad en Edhasa es casi obsesiva, entendiéndose el adjetivo desde el mejor punto de vista, desde luego. El proceso de corrección fue interesantísimo y he aprendido mucho con él. He tenido la enorme suerte de comenzar mi carrera literaria rodeado de grandes profesionales, como Josep Mengual, el jefe de redacción de Edhasa, que insistió mil veces en algunos aspectos de la novela. Gracias a su empeño, y al del resto del equipo, el resultado creo que no dejará a nadie indiferente. Ha sido muy gratificante trabajar con ellos y estoy deseando poder volver a hacerlo.
BM: Teo, te agradezco que hayas accedido a esta entrevista. Quise adelantarme, pues sé que después será difícil tener acceso a ti.
TP: En absoluto, Blanca. No creo que llegue la sangre al río, como decimos por aquí. Y, para los amigos, uno siempre tiene que encontrar hueco y pasar tiempo con ellos, aunque sea a distancia. Los éxitos nunca se disfrutan igual si no tienes a nadie con quien compartirlos. Muchas gracias a ti, por tu interés y por todos tus buenos deseos.
BM: Te deseo mucho éxito en ésta y en tus próximas novelas, Teo, espero que nos mantengamos en contacto. ¡Muchas gracias!
Teo Palacios nació en la ciudad de Dos Hermanas, Sevilla, en 1970. Comenzó a escribir en el 2007, y desde el 2008 lo representa la Agencia Literaria Sandra Bruna. Su primera novela Hijos de Heracles: El nacimiento de Esparta, será publicada en enero del 2010.
Forma parte del comité organizador de las Jornadas de Literatura Fantástica de Dos Hermanas, evento que año tras año está alcanzando un amplio reconocimiento literario, y que reúne a grandes autores del panorama nacional.
Colabora como entrevistador y articulista con varias revistas: Cambio16, Cuadernos para el Diálogo y otras.
Además, imparte cursos y talleres de creación literaria en la Universidad Popular de Dos Hermanas y en el Ateneo Andaluz
viernes 22 de enero de 2010
Un analísis a El legado, por Esther, de Prosófagos
No he resistido la tentación de hacer esta entrada con un análisis de la novela que hizo Esther González, del foro Prosófagos, pues se acerca mucho a lo que yo tuve en mente respecto de la creación y la trama de El legado:En el caso de El Legado no vacilo en la respuesta: es la historia de un hombre condenado a arrastrar la cruz de su culpa hasta el fin de sus días. Hanussen es, en definitiva, una persona como cualquier otra: llevado por sus ambiciones, se engaña a sí mismo, se autojustifica, y no ve el abismo hasta caer en él. De allí en más toda su vida es solo una cosa: tratar de expiar esa culpa intentando impedir que el daño se propage.
Pero su poder fue mayor que el del común de la gente y sus ambiciones más extremas que las de la mayoría de las personas; el daño causado, entonces, tiene ribetes apocalípticos. Sus actos no solo afectan a quienes lo rodean —su grupo familiar, amigos, los empleados de su empresa—: devienen en guerra, en muerte, terror. Y justamente por eso es pequeña la posibilidad de que logre revertir las consecuencias nefastas de su ambición, y le exige una tarea hercúlea.
Alrededor de este eje se teje una historia que contiene tanto personajes y hechos de la Historia “grande” (Hitler, la Segunda Guerra), como cotidianos: las relaciones entre las personas, los afectos y traiciones, la familia, las esperanzas y amarguras cotidianas. Las que todos vivimos en la vida diaria. La fusión entre ambos planos está muy bien lograda; el lector pasa sin darse cuenta de uno a otro, una y otra vez. El resultado de esa fusión es que Hitler adquiere características tan humanas como la vacilación, la ignorancia, la confusión. Y, al mismo tiempo, la vida familiar de la descendencia de Hanussen es continuamente invadida por el plano de la gran Historia, la que puede tener efectos sobre toda la Humanidad.
No es una novela histórica; es una ficción construida sobre hechos que la Historia recoge como importantes, y a los que le da una nueva forma, un nuevo sentido, a la luz de esa ficción.
La relación entre el nazismo y el ocultismo está, creo, bastante extendida y debatida, y se ha escrito mucho sobre ella. Digo “creo” porque no es un área de la que sepa mucho. En El Legado esta relación se aprovecha con maestría. ¿Por qué? Porque rescata una idea afianzada en el inconsciente colectivo: el mago, el brujo, la entidad oscura, el hombre de las sombras con poder para manipular a los hombres públicos. Y con ella ofrece una explicación para el ascenso de Hitler que resulta coherente. La calidad de esta explicación radica en que se ha prestado atención a los detalles históricos tanto como a la lógica interna de la “magia” de Hanussen; y eso le otorga verosimilitud. Para mí, como lectora, es un valor fundamental de El Legado: sabiendo que es ficción, me convenció de esa ficción que muestra.
No deseo hablar de situaciones precisas, en honor a quienes aún no la han leído, pero no resisto el comentar que la idea del aprovechamiento de las emociones de la gente —y la forma con que se desarrolla esta idea— me resultó, como clave de la primera parte, fascinante.
Si inicialmente la historia es una historia de hombres, luego se convierte en una historia de mujeres. Son ellas las que, en definitiva, deciden sobre el presente y sobre el futuro. Mujeres fuertes, con capacidad para elegir, para soportar el dolor, para ir en contra de los convencionalismos, para seguir su propio camino, para defenderse a sí mismas y también a quienes aman. Si Hanussen se negó a reconocer que todo poder tiene un precio, ellas —desde Alice hasta Justine— lo saben, lo aceptan. En el fondo, los esfuerzos que hace Hanussen para evitar el desastre final los hace en contra de ellas: es a ellas a las que no puede doblegar, vencer, lograr que hagan aquello que él desea. Él, que dominó a Hitler, que fue artífice de hechos que afectaron a la Humanidad, que maneja un imperio financiero y manipula gente de todas clases sociales en más de un continente, que planifica jugadas de ajedrez a largo plazo… él no puede dominarlas. Quizás porque no quiere: son su familia, y él las ama.
Así, Hanussen, que ejerció un poder que exigía el sacrificio del amor y de la descendencia para existir, termina en manos de Alice y Sofía, justamente porque ellas poseen y ejercen un poder que, para existir, exige la presencia del amor y el amor a la descendencia.
Ambas clases de poder son imágenes especulares entre sí.
Creo que uno de los mejores aspectos de la novela es esto último, porque, en definitiva, Hanussen, Alice, Sofía, Albert, Oliver… quedan presos en su propia condición de seres humanos, y lo que sucede y lo que sucederá no es debido a la magia: ellos sienten y actúan como seres humanos.
La trama de la novela se extiende y entrecruza en diferentes caminos: una ambientación asociada con la descripción de sucesos históricos —el ascenso y caída de Hitler, la aparición del hippismo—; características de novela policial —la muerte de Will, las acciones de Klein—; las luchas individuales de los personajes para hacerse un lugar en el mundo —el taller de costura, los fondos para el Museo, por ejemplo—.
Sin dudas, la estructura de la novela, pensada y ejecutada en forma impecable, hace posible que estos diferentes caminos se incorporen hasta conformar una trama compleja y sólida, que atrae y lleva a leer El Legado en forma casi adictiva hasta la línea final. Valga como ejemplo de la calidad de esta estructura la precisión con que se introducen los personajes secundarios para anudar hilos de la trama. Por ejemplo, Rose aparece como personaje relacionado con la puesta en marcha del proyecto profesional de Alice, pero al mismo tiempo es quien salva la ignorancia de Alice con respecto a los sucesos en Europa (cuestión vital en el desarrollo de la narración); y luego su hija es motivo para que Alice se comunique con su padre, y a su vez ello es motivo para que se introduzca la idea de un laboratorio en manos de Hanussen, el cual a su vez tendrá importancia más tarde…
La prosa, fluida, claramente cuidada para no caer en extremos, y los diálogos, bien armados (hago una mención especial a los diálogos con la niña Sofía), se equilibran entre sí, dándole a la lectura dinamismo e impidiendo que el interés decaiga, cuestión que no es fácil de conseguir en una novela extensa.
Una mención particular sobre la figura de Welldone. Este personaje, envuelto en una nebulosa, siempre presente, nunca terminado de revelar, crea por sí mismo el eje más profundo de la trama. Si la forma de operar de Hanussen sobre Hitler aparece argumentada, descripta a través de técnicas y actos reducibles a tácticas y estrategias, el motivo último de estas acciones no llega a saberse… porque no sabemos quién fue Welldone y qué quería. En esa ignorancia se abre las puertas a reflexiones que quedan pendientes luego de la lectura de la novela. Welldone, que manipula el curso de la Historia como si fuera un dios y a través de una sabiduría que parece ser de un nivel superior, también parece patética y humanamente confuso en sus ideas e intentos. Por eso creo que el primer capítulo es importante: contiene las claves de lo que vendrá después. Welldone parece querer intervenir en el futuro de la Humanidad para bien de ella, a través de otorgarle conocimientos a ciertas personas, conocimientos que las harán poderosas… pero, ¿cómo elige a Hanussen y cómo lo convence de aceptar su oferta? ¡Por su ambición y a través de esa ambición, exacerbándola! En el capítulo 34, Alice le pregunta a John Klein: «¿Cree usted en el destino, John?». Él contesta: «Creo que lo que sucede es el resultado de nuestras acciones, para bien o para mal». Al igual que John, creo que El Legado no habla de la inevitabilidad del Destino, sino más bien de una profecía autocumplida: el poder en manos de la ambición no requiere de influencias astrales para conducir al desastre, porque a su servicio terminará quedando tanto el odio como el amor. Por eso, en sus últimas decisiones, tanto Justine como Oliver sintetizan, en sí mismos, toda la historia previa, y el final de la novela —esperado o no— redondea la historia con precisión de cirujano.
Una novela para leer, disfrutándola como tal, en su historia y en la forma de narrar esa historia.
También una novela para reflexionar.
martes 19 de enero de 2010
El símbolo perdido, la saga millonaria
Leí El código Da Vinci, también Ángeles y Demonios, y ahora, siete años después del Código Da Vinci: El símbolo perdido. Confieso que la primera novela me causó una profunda impresión. Sé de muchos detractores de Dan Brown, y a ellos no quiero convencerlos de nada. Simplemente expongo mi opinión. Curiosamente, gran parte salen de las filas de los escritores noveles, según he podido comprobar en la infinidad de comentarios respecto de la obra de Brown; lo acusan principalmente de «pobre estilo literario», «diálogos pésimos», «personajes mal estructurados»… pero nada de esto parece hacer mella en la infinidad de lectores adictos a Dan Brown. Más de ochenta millones de libros vendidos no son una bagatela. Una oportunidad para los escritores que desean publicar, pues cuantos más escritores como él existan, las editoriales se arriesgarán a invertir en futuros escritores estrella. Según dicen: una editorial se sustenta en cuatro o cinco buenos escritores, que son los que financian al resto.Sus dos primeras novelas ya fueron llevadas al cine y no dudo que igual ocurra con la tercera. Y quiero referirme a esta última que acabo de leer: El símbolo perdido. No hay duda de que Dan Brown se toma el tiempo necesario para documentarse y por supuesto, para escribir sus novelas, se percibe en ellas una ardua labor de investigación. Si con El código Da Vinci se despertó la curiosidad por visitar El Louvre, la pirámide de Cristal, y se iniciaron largos debates acerca de su teoría acerca del matrimonio de Jesús con María Magdalena, con El símbolo perdido veremos con toda seguridad filas de gente tratando de entrar al Capitolio de Washington para extasiarse con la pintura del interior de su cúpula, o visitar el obelisco egipcio más alto del mundo (170 metros) situado en la capital norteamericana, o entrar al Museo Smithsoniano y tratar de descubrir recovecos misteriosos, así como veremos agotarse la venta de lupas para observar con detenimiento los signos masónicos escritos en latín en los billetes de un dólar.

Con esto quiero decir que El símbolo perdido más que una novela de acción —que la hay, y mucha—, es una especie de enciclopedia esotérica, en la que se incluye una ciencia poco conocida como la noética; que no tiene nada que ver con Noé, como pensé al principio; con los rituales de la logia masónica, con la CIA, con la Biblia y con una serie de elementos que a los seguidores de las ciencias ocultas les va a encantar. No relataré ni haré una sinopsis de la novela, que en este momento es fácil encontrar en muchos sitios de Internet, lo que sí puedo decir es que está escrita de una manera cinematográfica; no sé si en este caso sea una cualidad, pero es lo que capté. Vueltas de tuerca que hacen que por momentos me haya sentido engañada como lectora, pero que al final se reivindican con una coherencia que es de agradecer. O tal vez también sea porque después de haber vistos dos películas con sus novelas, reconozca a Tom Hanks en lugar de al profesor Langdon. Sin embargo, me parece, y es una opinión subjetiva, que esta vez a Brown se le pasó la mano con datos, fechas, nombres y claves, en cantidades difíciles de digerir, que hizo que terminase las últimas páginas diciendo aquello que se repite varias veces en la novela: ¡Laus Deo!: ¡Alabado sea Dios!
Copio una pequeña parte de su estilo:
En la sala se hizo el más absoluto silencio. La estudiante de la asociación de mujeres parecía inquieta.
—¿Usted está en un culto?
Langdon asintió y bajó la voz, adoptando un tono conspiratorio.
—No se lo digan a nadie, pero en el día pagano del dios del sol Ra, me arrodillo a los pies de un antiguo instrumento de tortura, y consumo símbolos ritualísticos de sangre y carne.
La clase se mostró horrorizada.
Langdon se encogió de hombros.
—Y si a alguno de ustedes le apetece unirse, el próximo domingo puede venir a la capilla de Harvard, arrodillarse ante el crucifijo y recibir la sagrada comunión.
La clase siguió en silencio.
Langdon les guiñó un ojo.
—Abran sus mentes, amigos míos. Todos tememos lo que no comprendemos.
Lo que no se puede negar es que el estilo de Dan Brown atrapa. Tiene la particularidad de que al mismo tiempo que entretiene, deja la sensación de que se aprende algo, y ésta creo que es la clave de su éxito. Sin embargo, existe en sus novelas algo que pudiera ser discutible: sus finales. No hacen mérito al contenido de sus novelas. Siempre me dejan la sensación de que pudieran ser diferentes, menos simples, o quizá menos convenientes.
Ángeles y demonios, 2000
La conspiración. 2001
El código Da Vinci, 2003
El símbolo perdido, 2010
lunes 18 de enero de 2010
¡Por fin! ¡EL LEGADO en Sudamérica!
Queridos amigas y amigos:miércoles 13 de enero de 2010
La trilogía Millenium y Mario Vargas Llosa
Y bien, amigos, empezando el año, este día quiero dedicarlo a los diferentes puntos de vista a la hora de leer una novela. Siempre he comparado la lectura de un libro con la apreciación de una pintura. El arte es subjetivo, y es poco probable que dos personas vean lo mismo al mirar un cuadro, pues cada una se dejará llevar por su experiencia, sus recuerdos, sus sabores, sus olores, su forma de ver la vida.La novela, un género tan apasionante, en el que la mayoría de los escritores dejamos parte de nuestras experiencias; porque es difícil describir sensaciones o sentimientos que no se hayan experimentado, y esto no quiere decir que narremos partes de nuestra existencia, ojo, lo que hacemos es apelar a ese banco de datos que contiene en cantidades prodigiosas nuestro cerebro; la novela, repito, es como una obra de arte. Unos pintan o dibujan, otros escriben. Y el lector, obviamente lee. Al comprar un libro escoge el tema con el que se siente más predispuesto a pasar unos días, o unas horas. Y cuando llega a la última página decidirá si valió o no la pena, y si está dispuesto a leer más obras del mismo autor.
Hace unos días me encontré con la reseña que hace Mario Vargas Llosa a la trilogía Millennium. He leído algunas opiniones, algunas desde un punto de vista técnico, otras, vista de la manera como se manejó la historia, todas válidas, y en la de Vargas Llosa encontré un aspecto muy importante que algunos de nosotros pasamos por alto en nuestro afán de perfeccionismo. Les dejo los extractos que me parecieron más resaltantes:
«Comencé a leer novelas a los 10 años y ahora tengo 73. En todo ese tiempo debo haber leído centenares, acaso millares de novelas, releído un buen número de ellas y algunas, además, las he estudiado y enseñado. Sin jactancia puedo decir que toda esta experiencia me ha hecho capaz de saber cuándo una novela es buena, mala o pésima y, también, que ella ha envenenado a menudo mi placer de lector al hacerme descubrir a poco de comenzar una novela sus costuras, incoherencias, fallas en los puntos de vista, la invención del narrador y del tiempo, todo aquello que el lector inocente (el "lector-hembra" lo llamaba Cortázar para escándalo de l
as feministas) no percibe, lo que le permite disfrutar más y mejor que el lector-crítico de la ilusión narrativa.¿A qué viene este preámbulo? A que acabo de pasar unas semanas, con todas mis defensas críticas de lector arrasadas por la fuerza ciclónica de una historia, leyendo los tres voluminosos tomos de Millennium, unas 2.100 páginas, la trilogía de Stieg Larsson, con la felicidad y la excitación febril con que de niño y adolescente leí la serie de Dumas sobre los mosqueteros o las novelas de Dickens y de Victor Hugo, preguntándome a cada vuelta de página "¿Y ahora qué, qué va a pasar?" y demorando la lectura por la angustia premonitoria de saber que aquella historia se iba a terminar pronto sumiéndome en la orfandad. ¿Qué mejor prueba que la novela es el género impuro por excelencia, el que nunca alcanzará la perfección que puede llegar a tener la poesía? Por eso es posible que una novela sea formalmente imperfecta, y, al mismo tiempo, excepcional. Comprendo que a millones de lectores en el mundo entero les haya ocurrido, les esté ocurriendo y les vaya a ocurrir lo mismo que a mí y sólo deploro que su autor, ese infortunado escribidor sueco, Stieg Larsson, se muriera antes de saber la fantástica hazaña narrativa que había realizado.
Repito, sin ninguna vergüenza: fantástica. La novela no está bien escrita (o acaso en la traducción el abuso de jerga madrileña en boca de los personajes suecos suena algo falsa) y su estructura es con frecuencia defectuosa, pero no importa nada, porque el vigor persuasivo de su argumento es tan poderoso y sus personajes tan nítidos, inesperados y hechiceros que el lector pasa por alto las deficiencias técnicas, engolosinado, dichoso, asustado y excitado con los percances, las intrigas, las audacias, las maldades y grandezas que a cada paso dan cuenta de una vida intensa, chisporroteante de aventuras y sorpresas, en la que, pese a la presencia sobrecogedora y ubicua del mal, el bien terminará siempre por triunfar.La novelista de historias policiales Donna Leon calumnió a Millennium afirmando que en ella sólo hay maldad e injusticia. ¡Vaya disparate! Por el contrario, la trilogía se encuadra de manera rectilínea en la más antigua tradición literaria occidental, la del justiciero, la del Amadís, el Tirante y el Quijote, es decir, la de aquellos personajes civiles que, en vista del fracaso de las instituciones para frenar los abusos y crueldades de la sociedad, se echan sobre los hombros la responsabilidad de deshacer los entuertos y castigar a los malvados...»
Amigos, no he leído la trilogía, de manera que no puedo aportar mi opinión acerca de la obra, la intención de esta entrada era puntualizar en un aspecto que en nuestro afán de utilizar las técnicas depuradas de la narrativa dejamos de lado: la historia. Me refiero al tema. Si un argumento es lo suficientemente interesante, a veces se pasan por alto algunas estructuras defectuosas, porque lo que interesa es seguir leyendo. Por supuesto, no quiero decir que por ese motivo dejemos de fijarnos en los errores, pero ante una opinión así de un escritor consagrado como Mario Vargas Llosa, creo que merece la pena pensarlo.
En estos días estoy leyendo El símbolo perdido, de Dan Brown. Seiscientas páginas de datos, símbolos, acción, y todo a lo que nos tiene acostumbrados. Hasta el momento estoy disfrutando de la novela y quiero leerla despacio. También he empezado a escribir una nueva novela que aún no tiene título, y me he dado con la sorpresa de que algunas de las ideas que tenía ya escritas, las contiene El símbolo perdido. Tendré que cambiarlas, pues no quiero que se me acuse de plagio...
Para los que deseen leer el artículo completo, les dejo el enlace. Vale la pena.
Fuente: EL PAÍS, SL, 2009. © Mario Vargas Llosa, 2009
miércoles 6 de enero de 2010
VISTAS DESDE MI OBJETIVO, la vida a través de los ojos de una artista: Marisol Tenorio
La foto que pueden apreciar no es tomada de un sitio equis de Internet. Tampoco es de un campo de concentración o corresponde a una obra en exhibición en alguna galería de arte. Señores, esa foto fue compuesta y tomada por Marisol Tenorio, una amiga que conocí en el foro de Bibliotecas Virtuales hace ya un par de años; juntas recorrimos algunos otros, incluyendo Prosófagos. Una pequeña muestra de la calidad de personas que se encuentran en el ciberespacio.
Tinta , el primer concurso al que se presentó y en el que ganó el primer y segundo premio en la categoría «bodegones», lo que la animó a tener un blog dedicado a sus maravillosas fotos. A principios del 2009 participó en otro concurso promocionado por la web el foton.com.es en la que se presentaron profesionales y aficionados, indistintamente. Señores, aunque ustedes no lo crean, entre más de mil fotos Marisol quedó en el segundo lugar. Ya para el 15 de noviembre del 2009, su blog Vistas desde mi Objetivo , es incluido en el blog Banco de imágenes, un lugar donde se seleccionan los mejores blogs de imágenes de la red, con más de 20.000 visitas diarias y la distinción de Blogger por su labor divulgativa.
Aquí les dejo una muestra de su arte:
2º puesto en el VI Concurso Fotográfico de “El foton.es”, entre las 1580 fotografías presentadas en la categoría de “Flora” http://www.elfoton.es/gallery/v/Flora/
http://www.logisticsbcm.com/photos.htm
Me siento privilegiada de conocer a esta gran artista de la cámara, una carrera que apenas empieza, pero que con seguridad tiene un prometedor futuro.
¡Gracias, Marisol, por permitirme entrar en tu mundo! ¡Y que sigan los éxitos!
martes 5 de enero de 2010
LAS SEÑALES, B. Miosi

El olor a carne putrefacta se filtraba por las rendijas de las puertas y ventanas, sabía que era el cuerpo de su abuelo, allá afuera, no más lejos de lo que sus fuerzas pudieron arrastrarlo. Quiso cavar un hoyo para meterlo dentro como había visto hacer con su abuela una vez hacía tiempo. Claro que ella no estaba enterrada cerca de la casa. El abuelo de vez en cuando iba a verla al cementerio y él lo acompañaba. «Ella está en el cielo», le decía. Se preguntó si su abuelo también estaría arriba entre las nubes. Lo dudaba, pues se estaba pudriendo en el patio. Y para ir al cielo debía estar bajo tierra en el cementerio. Esperó en la oscuridad hasta que la tormenta fue amainando y el viento dejó de comportarse como si estuviera resentido con la casa. El silencio era tan pesado que casi podía sentirlo en sus espaldas, por un momento prefirió que siguiera ululando, a sentir la soledad como única compañía. ¿Cuánto tiempo habría de soportar el hedor que despedía su abuelo? De haberlo sabido no le habría clavado la estaca en el pecho cuando lo vio tirado en el piso. Pero debía hacerlo, estaba convencido de que era un vampiro, las señales eran claras. El libro que dejó el forastero lleno de dibujos no podía estar equivocado, su abuelo siempre le había dicho que la sabiduría estaba en ellos. Tuvo suerte de que su abuelo no le hubiera atacado, dentro de todo, se sentía satisfecho.
Las luces del alba iluminaron con timidez el entorno desolado que Fito veía desde la puerta. Salió y acomodó el largo banco donde solía sentarse con su abuelo a contemplar el horizonte, el mismo por donde vieron acercarse al forastero. Cuando el hombre se enteró de que había aprendido a leer, le dejó el libro que llevaba consigo y desde ese día fue su compañero inseparable. Lo sujetaba fuertemente para que no se terminaran de desprender las hojas que de tanto manosearlas estaban casi sueltas. Tenía hambre, pero cuando leía su libro y veía los dibujos se olvidaba de comer, así que empezó a pasar las hojas tantas veces recorridas para engañar al estómago, y se fijó una vez más en el vampiro. Drácula, se llamaba, y tenía el mismo corte de pelo de su abuelo, los mismos ojos, y hasta la misma sonrisa. En lo único que diferían era en que su abuelo no tenía colmillos, o por lo menos, nunca se los había visto, pero no le cabía la menor duda de que era él. Con cuidado dejó el tebeo en el asiento y se dispuso a mirar el horizonte, como cuando su abuelo y él lo hacían.
B. Miosi
lunes 4 de enero de 2010
Premio al Amante Literario
Ya hace un tiempo tuve cierta desavenencia por este asunto de los premios interblogs. Una blogera entró a mi blog para reclamarme el que yo haya exhibido un premio que ella creó, y que, según parece, yo había colocado pensando que me había sido otorgado. (Que así había sido) Desde entonces, para evitar confrontaciones, prefiero recibirlos con mucho cariño, pero no mostrarlos en el blog.
De todos modos, mi agradecimiento para Natalia es enorme, es una chica estupenda, su blog tiene un contenido rico, que recomiendo, y en donde se puede aprender mucho. Además, es compañera del Foro Prosófagos, donde participo, no tanto como quisiera, pero ahí voy.
¡Un besote, Natts! Y ¡Un millón de gracias!
El Premio proviene de http://ichirinnohanasumi.blogspot.com/ Para los que deseen visitar este sitio.
B. Miosi
miércoles 30 de diciembre de 2009
Un escritor con el alma impresa
Como todos saben, Sergio ya ha empezado a recorrer el camino a la fama. Una reseña que hizo al escritor Patrick Ericson, de su novela El ocaso de las siete colinas, ha sido escogida por la mismísima Editorial Viamagna para que figure en su web, (esperemos que Sergio logre convencerlos para que hagan lo mismo con el próximo manuscrito que les envíe), ¡claro que sí Sergio! Un poquito más y los convences, ¡todos te apoyamos!
Pero eso no es todo. La próxima novela de Patrick Ericson será prologada por Sergio Deusvolt G. Ros. Sí señor, está confirmado por el compañero Oriafontan. Y es que entre grandes se entienden. Pero dejo de cotorrear (se nota que es fin de año y las copas van y vienen) y los dejo con Sergio en una entrevista que salió publicada en la revista Prosofagia de diciembre:
Deusvolt, un escritor con el alma impresa
Deusvolt (Sergio G. Ros) es un participante de Prosófagos que aunque casi no ha colgado relatos —tiene la inveterada manía de escribir novelas, y muy largas, por cierto—, es un colaborador silencioso del foro. Y hacia él estará dirigida mi andanada de preguntas en esta sección de mini-entrevistas:
—Dime, Deusvolt, ¿desde cuándo sentiste la necesidad de escribir?
—La necesidad de “escribir en serio” me llegó relativamente tarde, hace apenas tres años. Estaba ya hecho un viejecillo (tenía treinta y uno, y ni un pelo en la mollera, ja, ja…) Hasta esa fecha había intentado algún escarceo en forma de relato corto o historietas con caricaturas para los amigos.
—¿En qué ha cambiado tu vida la escritura?
—En la vida cotidiana, básicamente me ha restado horas de sueño; también me ha hecho merecedor de algún coscorrón por parte de mi esposa, con toda la razón del mundo. Por otro lado, asumo que la escritura me ha convertido en un ser más introspectivo, pero solo cuando estoy en “mi mundo”. Yo entiendo que tanto la escritura como la lectura son una fuente inagotable de evasión. No necesariamente una evasión de los problemas diarios, porque, después de todo, tanto escribir como leer son dos grandes placeres, que, además, te permiten vivir otras vidas. Puede sonar a tópico pero sé que aquellas personas que aman los libros lo entienden a la perfección. Tenemos una sola vida, con limitaciones personales, económicas, geográficas… pero la escritura y la lectura no tienen límites.
—En tu exitoso blog haces reseñas de libros, y he visto que tu lectura es muy variada, por no decir ecléctica: desde Jack London, pasando por Murakami, hasta Tiburón, de Peter Benchley. En realidad, ¿tienes preferencia por algún autor en especial? (Por favor, déjame fuera, ja, ja)
—Dejarte fuera sería un crimen, Blanca… Por cierto, gracias por lo de “exitoso blog”, ja, ja… ¿Sabes? Stephen King, uno de mis escritores preferidos, es un defensor a ultranza de la lectura de todo tipo. Yo coincido con él en ese punto (y en otros). Por supuesto que tengo mis preferencias literarias, pero intento leer todo lo que se me pone a tiro. Y cuando digo todo, me refiero a todo, no sólo novelas. Leo revistas (del corazón, culturales, de artes marciales…), artículos, periódicos, panfletos, ensayos, fichas técnicas… Además de blogs, entradas en foros, relatos de otros compañeros… Para crear hay que observar, ¿no? Y novelas, pues lo mismo. A veces, leyendo cosas malas, realmente malas, aprendes mucho, muchísimo más que de las cosas buenas.
—¿A qué crees que se debe el que algunos blogs sean tan visitados, como el tuyo, y otros pasen por debajo de la mesa?
—Pues, como suele decirse, es la pregunta del millón. Yo no sabía si el número de visitas de mi blog El Alma Impresa era alto o no. De hecho había entrado a tientas en este mundo de los blogs con la intención de tener “mi propio espacio” después de haber participado en diversos foros literarios. Un mes después de empezar con el blog, fueron otros compañeros los que me hicieron ver que las cifras de visitas estaban siendo muy buenas. Independientemente de las cifras, lo mejor de todo es conocer gente que ama la literatura, que da opiniones, que tiene inquietudes y que puede aportarte su punto de vista. A mí, personalmente, me ha ayudado mucho, me ha abierto los ojos y me ha hecho mejorar como escritor y como persona. Por eso me entristece ver que hay blogs de calidad, de gente que merece la pena, que no reciben casi visitas. Así que animo a todo el mundo a que visite los blogs de nuestros amigos y amigas escritores, y que comenten en ellos. Os aseguro que para alguien que tiene un blog supone una gran alegría.
—¿Cuántas novelas has escrito? Me gustaría que dijeras la extensión de cada una.
—Pues llevo escritas cuatro novelas: El ladrón de compresas (2007, 62 000 palabras, 256 páginas, género: policiaco); El escritor de Kung Fu I. Mâ (2007, 335 000 palabras, 900 páginas, género: histórico-acción-artes marciales, primera parte de una trilogía); El valle del demonio (2008, 172 000 palabras, 495 páginas, género: terror); Su nombre empezaba por E (2009, aprox. 155 000 palabras, 475 páginas, género: negro-realismo mágico-terror)
—Bárbaro, y en solo tres años. Y por último: ¿qué sentirías si una editorial dijera que desea publicar uno de tus libros? Tienes quince segundos para contestar.
—Empezaría a pegar botes y sería un hombre muy feliz.
—Muchas gracias, Deusvolt, ha sido una charla encantadora. Espero que esto último se cumpla, es mi deseo de Navidad.
—El mío es que pronto ese magnífico libro que es El legado se traduzca a otros idiomas.
Como pueden apreciar, queridos amigos, Sergio es una caja de sorpresas, ¡lee de todo! revistas del corazón, de artes marciales, ¡estoy segura de que no se salva ni el directorio telefónico!, pero creo que una de las virtudes de todo escritor, es justamente el amor a la lectura.
De la entrevista que le hice solo me quedó una pregunta, y fue por culpa de Esther, sí, señor, dijo clara y categóricamente: «No debe pasar de ochocientas palabras incluyendo el título» y donde manda capitán, no manda marinero, como decimos por acá, así que ahí va la pregunta que quedó en el aire:
—¿Por qué un título como El ladrón de compresas? Se trata de un enfermero en problemas, estabas pagando una promesa, ¿o qué?
—Ja,ja.. ¡Voy a tomarme una copita a tu salud, amiga!… Bueno, a ver si lo explico medio decentemente: "El ladrón de compresas" es, de todas mis obras, la más imperfecta diría yo, pues fue escrita cuando empezaba a conocer el oficio; se trata de una novela policiaca, con tintes un tanto escabrosos. Narra el secuestro de una joven, y las investigaciones de la policía y unos detectives para encontrarla. Todo cambia de rumbo cuando se topan con la posibilidad de que el secuestrador tenga una retorcida particularidad… Y hasta aquí puedo leer porque si sigo, destripo el libro, je,je...
De todas formas, no te apures, siempre me han dicho que los títulos de mis novelas son un tanto “originales”, je, je… Yo es que soy así, qué quieres que te diga.
Si me dejas, aprovecho la ocasión para darte las gracias, Blanca, por este hermoso detalle de fin de año. Conocerte ha sido una de las grandes cosas del 2009, amiga. Tu ayuda, consejos, y la simpatía que aportas en blogs, foros, y webs, son gestos cargados de generosidad, siendo además, como eres, una escritora consagrada. Ese tipo de actitud hacia los noveles no suele ser muy común y seguro que todos los que lean esta entrevista sabrán valorarla como es debido. Y ya acabo, ya acabo…je, je..
¡Brindo porque este año 2010 sea exitoso para todos nosotros! ¡Chin, chin!
Muchísimas gracias, Sergio, por ser un buen compañero y por ser un asiduo visitante a los blogs, siempre con un comentario inteligente. Estoy segura de que todos estarán de acuerdo conmigo.
Y eso es todo, amigos, por este año. ¡Les deseo un feliz 2010!
Fuentes:
http://www.revistaliteraria.prosofagos.com/
http://s244398144.mialojamiento.es/blog/
http://elalmaimpresa.blogspot.com/
sábado 26 de diciembre de 2009
ATILA, EL AZOTE DE DIOS
1. Rosa de Sangre — Arthur Wise
2. El gigolo — Lawrence Sanders
3. Como los cuervos — Jeffrey Archer
4. Misión en Damasco — Howard Kaplan
5. La estrella de David — Daniel de Córdova
6. El especialista siciliano — Norman Lewis
7. Heredarán los ricos — Elizabeth Adler
8. La isla de las tormentas — Ken Follett
9. La esmeralda de los Ivanoff — Elizabeth Adler
10 .Sepulcro maldito — J. Hebert
11. Molloy — Samuel Beckett
12. Narraciones extraordinarias— Edgar Allan Poe
13. El leopardo de piedra — Colin Forbes
14. La última pieza — Joy Fielding
15. Testigo en la sombra —Mary Higgins Clark
16. El retrato de Dorian Gray — Oscar Wilde
17. Narraciones — Anton P. Chejov
18. Juego Mortal — Larry Collins
19. El ojo de Eva — Karin Fossum
20. Así habló Zaratustra — Friedrich Nietzsche
21. La religiosa — Denis Diderot
22. Madame Bovary — Gustave Flaubert
23. El diamante de Jerusalén — Noah Gordon
24. Tuareg — Alberto Vázquez Figueroa
25. Gog — Giovanni Papini
26. El libro negro — Giovani Papini
27. Narciso y Goldmundo — Hermann Hesse
28. El amor en los tiempos del cólera — G. G. Márquez
29. Nana — Emile Zola
30. Las luces del alba — Henry Troyat
31. Raimon, La alquimia de la locura — Lluís Racionero
32. Al este del Edén — John Steinbeck
32. Frente al espejo — Sidney Sheldon
33. Atila. El azote de Dios
Desde que descubrí el placer de la lectura me convertí en una lectora voraz, prueba de ello es la lista que antecede. No había reparado en la cantidad de libros que leí este año hasta sentarme a enumerarlos, y hasta es probable que se me hayan pasado algunos, pues no acostumbro llevar una relación de lo que voy leyendo.

Tengo la fortuna de contar con un lugar donde consigo libros raros, poco conocidos, en algunos casos de escritores famosos, pero poco divulgados en la actualidad. No voy a hacer un comentario de cada uno, algunos de los cuales tuvieron una entrada especial en el blog, pero sí quería referirme antes de terminar el año a la novela que acabo de terminar de leer: Atila, el azote de Dios, de William Dietrich, un escritor norteamericano, historiador, periodista, y ganador del Premio Pulitzer.
Me llamó la atención el título: Atila. ¿Quién no ha escuchado: «Cuando las hordas de Atila pasaban, nunca más volvía a crecer la yerba», o algunos refranes refiriéndose al aludido, la mayoría de las veces de manera despectiva, o en el mejor de los casos como ejemplo de destrucción? La curiosidad que este personaje me despertaba me llevó a tomar el libro de la estantería, y ahora, después de llegar a la última página sé que no me ha defraudado.
La época del rey de los hunos, Atila, se establece en 449 d. C., en las postrimerías del Imperio romano, dividido en el Imperio romano de Occidente, gobernado por Valentiniano III, y en el Imperio romano de Oriente, cuya cabeza principal era Teodocio II, quien gobernaba desde la ciudad de Constantinopla.
Atila poseía el ejército más numeroso para su época; no todos eran hunos: estaba conformado por sus aliados bárbaros: ostrogodos, gépidos, rugianos, escirios, turingios, vándalos (pueblos bárbaros procedentes de Escandinavia), refugiados bagaudas de la Galia, y guerreros de más allá del Báltico. Arrasaban con todo lo que encontraran a su paso. Pero Atila quería apoderarse de Roma. Ustedes saben
que en la historia de Roma siempre existieron las componendas, las luchas intestinas por el poder, y ese fue uno de los motivos que desencadenaron esta parte de la historia. La hermana del emperador Valentiniano, Honoria, envió un emisario a Atila para que la rescatase de la prisión a la que la había sometido su hermano. El rey de los hunos sería emperador de Roma si acababa con el ejército romano y se casaba con ella. ¿Cómo resistirse ante semejante oferta? Así pues, las hordas de Atila empezaban a acercarse a Occidente cuando el general Aecio, considerado por algunos historiadores como el «Último de los Romanos», logra reunir a los pueblos bárbaros (que también los había del otro lado) y convence a Teodorico, el rey de los visigodos, para unírsele, sabiendo que si lo hacía, las demás tribus que permanecían neutrales, también lo harían.El ejército conformado por los romanos resultó pues, en una pléyade de aliados de toda índole, casi tan parecida a las que formaban las hordas de Atila, con la diferencia de cierta disciplina remanente, inculcada a través de los siglos. Se libra entonces una de las batallas más impresionantes de la historia: la del Pueblo del Alba, como llamaba Atila a su ejército, contra las legiones de Roma, reforzadas por los alanos, francos, borgoñones, olibriones (veteranos romanos), astrogodos, francos sálicos, sajones del norte, armoricanos , arqueros sármatas, honderos sirios y africanos, y los visigodos, unos de los combatientes más rudos y temibles, en una confrontación bélica que se llamó «La batalla de las naciones».
El que Atila lograra cohesionar a los aliados de Roma resulta paradójico, pues el ejército disciplinado e invencible; las famosas legiones romanas, se encontraban en franca decadencia, y por sí solas hubiesen sido incapaces de contener las ansias de poder del rey de los hunos. En el 451 d. C., en la Batalla de las Naciones, o la batalla de los Campos Cataláunicos como se la recuerda hoy en día, que, según los historiadores se cree, ocurrió en las inmediaciones de la actual Troyes, en el nordeste de Francia, finalmente salieron vencedores los romanos. Sin embargo, otro hecho paradójico como resultado de esta victoria, es que el general Aecio, fue acusado por su emperador de dejar escapar a Atila.
¿Cuáles serían sus motivos? Sin Atila, el ejército romano no tendría razón de seguir existiendo, ya que cada vez era más costoso su mantenimiento en un decadente Imperio romano. Valentiniano III asesinó al Último de los Romanos, como agradecimiento de haber salvado Roma de los hunos.
Atila se retiró con sus huestes a Oriente, para al año siguiente invadir el norte de Italia con un diezmado ejército, en un intento de recuperar su maltrecha reputación, sin embargo, fue vencido por la peste y las hambrunas que asolaban la región. Muere un año después, en el 453 a. C., según la leyenda: ahogado en su propia sangre, debido a una hemorragia nasal mientras dormía en estado de embriaguez, la noche de bodas con su nueva esposa. Pero esto forma parte del anecdotario popular, pues al no poseer escritura, son muchos los detalles perdidos.
La historia que ha llegado hasta nosotros es la que cuenta la parte romana. Y es lo más relevante de la novela, pues William Dietrich ha sabido recrear los momentos históricos de los verdaderos protagonistas, cubriendo los grandes huecos con escenas lógicas, que bien pudieron suceder en los escenarios reales.
Atila, el azote de Dios, no es un libro de historia, es una novela con datos verídicos, con una trama interesante que se desenvuelve en un argumento apasionante.
William Dietrich es autor de El muro de Adriano, otra gran obra que pienso leer apenas la encuentre. Otras obras: El Reich de hielo, Las pirámides de Napoléon.
lunes 14 de diciembre de 2009
Un pequeño Balance Anual

En este año 2009 se consolidaron las emociones que venía arrastrando desde el año anterior. Una de ellas: la publicación de mi segunda novela: El legado. A cinco meses de su lanzamiento sigo recibiendo correos y reseñas de personas que la han leído y, créanme: no existe un mejor premio.
De las opiniones que me han llegado, la mayoría son positivas, supongo que dadas con una pátina de la simpatía y amistad que nos une a la mayoría de los blogeros, lo que agradezco de todo corazón. Pero también he recibido sorpresas de personas que ni conozco, articulistas como José Rivera de El tiempo Digital, o un artículo publicado en la revista de la UNAM RevistadelaUniversidadNacionalAutónomadeMéxico , en donde mi libro aparece como referencia —en uno porque habla del veinteavo aniversario de la caída del Muro de Berlín, y en el otro porque trata el tema del inusitado interés en el mundo editorial español por los temas relacionados al nazismo contra el poco o casi ninguno demostrado por los lectores mexicanos—, lo cual no me parece extraño, dado que el nazismo proliferó y se extendió en otras latitudes, digamos, más al sur de nuestra América hispana. En todo caso, el hecho de que hablen ya es algo.
Hoy puedo decir que me siento relajada y muy a gusto con la cantidad de amigos y amigas que frecuentan este blog, con los que he desarrollado una afinidad parecida a la que se siente por una familia, en la que nos contamos nuestros deseos, proyectos, metas, y nos consolamos de nuestros fracasos, nos damos ánimo y felicitamos a quien da un paso hacia delante o sube un escalón, como es el caso de Daniel de Córdova, con La estrella de David, Teo Palacios, con Hijos de Heracles; a publicarse en enero del 2010, y que estoy segura, pronto le seguirán Lola Mariné y Blas Malo Poyatos.
Este año 2009 he descubierto que el mundo blogero literario está lleno de gente hermosa, no puedo dar otro calificativo a aquellas personas que dedican gran cantidad de horas a la práctica de la lectura y la escritura, experiencias que enriquecen nuestro mundo interior. Chicos como Armando Rodera, con sus crónicas acerca del mundo literario que él sabe relatar con maestría; a Teo Palacios, que nos enseña cómo movernos en el mundo editorial, y qué esperar (y qué no), a Víctor Morata Cortado, ahora dedicado en cuerpo y alma a su rincón: ElCafédelAutor , un blog que recomiendo visitar encarecidamente, a Marta Arbelló, y sus Manuscritos del Caos, con artículos que sólo ella sabe dónde encontrar, y sus cuentos ganadores de concursos, a Montse de Paz (Elisabet) y sus reflexiones acerca de lo que significa la literatura para los que hemos escogido este pedregoso camino, a Maribel Soler, de Sucedió en febrero, que este año ha tenido un récord de publicaciones, entre ellas su manual: Todo lo que se debe saber en Derecho, y varias antologías de cuentos compartidos, y en esto de los cuentos no puedo dejar de mencionar a Cristina Puig, quien este año publicó Lankhar. Diario de una vampira, por la editorial Mallorca Fantástica y hace poco otro libro de narraciones al que le están dando mucha publicidad en la prensa mallorquina. Tampoco puedo dejar de mencionar a mi querida Arlette Geneve, de quien ya he perdido la cuenta de sus muchas publicaciones y la próxima, para el 2010: El carcelero de Ysbililla.
Javier Pellicer Moscardó este año batió marca con premios y nominaciones por sus cuentos; para los que quieran enterarse les invito a pasar por Tierra de Bardos. Muchos terminaron sus novelas, y otros empezaron las correcciones. Este es un mundo dinámico, que no se detiene, en el que cada día hay una sorpresa, una noticia, o una meta alcanzada, y dentro de esas buenas nuevas está por supuesto, la impresión de la revista Prosofagia, del foro Prosófagos, en el que algunos de los blogeros participan y al que invito a participar, para que puedan formar parte de esa agradable comunidad literaria, y tengan la oportunidad de publicar sus artículos, entrevistas, cuentos y hasta sus Cartas al Director en la revista, una experiencia nada despreciable.
Quiero hacer una mención especial a Sergio Astorga, un mexicano residente en los Estados Unidos, poeta, pintor y vendedor de albarrotes, quien se dio a la tarea de obsequiarnos con su arte a muchos de los que participamos en su Blog.
Agradezco profundamente a todos ustedes, queridos amigos y amigas, por estar allí, al otro lado de la pantalla, por pasar por mi blog y con su participación haber enriquecido este pequeño espacio, y a todos, sin excepción, quiero desearles unos días agradables en estas fiestas navideñas, y un año 2010 en el que se cumplan sus deseos: ¡solo tienen que ir por ellos!
Y
¡Que el 2010 sea aún mejor que el 2009!
PD: Acabo de enterarme que Guillem López Arnal del blog Leyenda de una Era, ya tiene casi lista la publicación de su novela: La guerra por el Norte, bajo el sello Grupo Editorial AJEC. ¡Bravo, Guillem!
jueves 10 de diciembre de 2009
Premio al mejor blog literario
Una agradable sorpresa recibí hoy al enterarme de que mi blog, Blanca Miosi y su Mundo, ha sido convocado entre algunos otros para el Premio Literatura 2 de la Revista Digital Premia.
Los que deseen apoyar este sitio, pueden votar entrando al siguiente enlace:
http://larevistapremia.blogspot.com/search/label/Literario%202
o clicando el aviso de la derecha. Al acceder a la página encontrarán un menú en color azul turquesa debajo del aviso y a la derecha, la lista de los blogs propuestos.
De antemano les agradezco su participación, ¡a ver si gano una!
Besos a tod@s!!
Blanca
lunes 7 de diciembre de 2009
Sólo un deseo más, por B. Miosi

No entendía el dolor de los que estaban abajo, solo sentía apatía por lo que antes había significado todo para ella. Sintió que se alejaba, y a medida que lo hacía, ese mundo en el que desde que tenía memoria se habían hecho realidad todos sus deseos, se volvía pequeño, transformándose en una bola de hilo enmarañado. Comprendió cómo veía la tierra quien sea que la hubiese creado. Y mientras se alejaba sentía una libertad plena y absoluta.
—Ven, te enseñaré el camino... —dijo una voz en su mente, como si fuese su propio pensamiento.
Se dejó llevar y supo que llegaría a conocer al que concedía favores. Y a medida que se internaba en el infinito, se preguntaba por qué había temido tanto salir de aquel envoltorio de piel que había lucido con orgullo.
Un soplo gélido disipó su alegría, la libertad empezó a transformarse en un pesado fardo. La claridad, en tinieblas. Alguien se estaba convirtiendo en el dueño de su alma, de su esencia, de su ser. La libertad se esfumaba.
—Es el pago por los favores recibidos. —Sintió en su mente. ¡Y había pedido tantos!—. Solo un deseo más… —susurró la voz, como hacen los amantes—, solo uno más, y serás mía.
Abajo, todos miraban la fosa, mientras recordaban a Mariah la divina, una mujer con suerte.
—Descansa en paz—. Fue el deseo póstumo frente a su ataúd.
Y fue lo que escuchó Mariah allá en la lejanía de la inmensidad oscura.
Un alarido cruzó el espacio mezclándose con un trueno que anunciaba tormenta. Las últimas lágrimas se mezclaron con las primeras gotas de lluvia, y el ulular del viento fue perdiéndose junto con los pensamientos de los dolientes.
—Se nos fue Mariah, una mujer con suerte. Todos sus deseos eran concedidos. —Murmuraban.
Luego el cementerio quedó vacío.
jueves 3 de diciembre de 2009
SAMUEL BECKETT, El escritor maldito

¿Por qué?
Porque es una literatura difícilmente aceptable por una sociedad en la que cada cual se ocupa de sí mismo y rechaza los discursos reflexivos. Samuel Beckett, (1906-1989); un irlandés nacido en el seno de una familia acomodada, que en su juventud tuvo amigos como James Joyce (Ulises), y que durante la ocupación en Francia trabajó para la resistencia contra los nazis, empezó escribiendo como terapéutica. Su primera obra: Watt, no captó el menor interés de los editores. Durante veinte años Beckett estuvo en la zona oscura, entre aquellos escritores a los que nadie hace caso. Sin embargo, siguió escribiendo y un buen día sus obras empezaron a ser publicadas. Molloy, una obra rechazada por muchos editores, vio la luz en Francia en 1953 con el apoyo de algunos intelectuales que ya conocían algunos de sus trabajos. Algo equivalente a lo que sucede hoy en día con gran cantidad de escritores que, vía Internet divulgan sus trabajos a la espera de que llegue la oportunidad tan esperada.
A partir de allí se le abrieron las puertas. Malone muere y Esperando a Godot; una obra teatral que pertenece al «teatro del absurdo», se estrena dando lugar a uno de los que muchos dijeron, era el acontecimiento del siglo. Entonces el público descubre a Beckett. Pero la dificultad que encierra su literatura y la absoluta falta de respeto a los prejuicios lo mantuvo circunscrito a un determinado tipo de público, no al de las grandes masas acostumbrada a respetar los cánones, no. Beckett fue escogido por el grupo selecto de pensadores existencialistas de la década de los cincuenta. Cuando en octubre de de 1969 recibe el Premio Nobel de Literatura, sólo pocos amigos sabían su paradero pues era un hombre que huía de la propaganda. Y de hecho, creo que con ese premio se le quiso untar de vaselina. La razón: Beckett era algo más que un escritor social, su literatura sólo puede compararse en violencia destructora, de denuncia radical de la sociedad absurda en que vivimos, con la de Kafka, silenciado y también desconocido durante muchos años. Al otorgarle el premio se le quiso convertir en artículo de consumo y hacerlo inofensivo. Pero al parecer, ya Beckett había dicho todo lo que tenía que decir. En los años siguientes escribió cada vez menos, y como parece que ninguno de los problemas que sus obras plantean tiene respuestas, él mismo se planteó una vez la pregunta: ¿Para qué seguir escribiendo?
El lector de Beckett no debe hacerse ilusiones, no es un premio Nobel cualquiera, su lectura no es un sedante reposado que asegura un sueño tranquilo aunque su estilo sea en ocasiones monótono. Y aquí voy a copiar literalmente lo que escribió de él Carlos Ayala, el prologuista de Molloy:
¡Es dinamita! ¡La mejor dinamita avalada nunca por Alfred Nobel! Beckett nos arroja al rostro el único revulsivo capaz de despertar al dormido mundo nuestro: al hombre mismo, con una sinceridad brutal, escandalizante, ofensiva, tan desnudo e indigente que no hay escape posible a la contemplación de sus vergüenzas. Pero tampoco a su inmensa belleza.
Tengo en mis manos Molloy. Mentiría si digo que comprendí en toda su profundidad lo que Beckett quiso decir. Es una obra escrita de manera continua, no hay descansos, no hay párrafos, se debe leer casi sin respirar, metiéndose en la mente del personaje, haciéndose sus mismas preguntas y contestándose a sí mismo. A la larga es como si una misma estuviese ejerciendo un monólogo que se hace eterno, confuso, irritante, y por momentos demasiado parecido a nuestros propios pensamientos, porque al fin y al cabo, ¿qué hacemos cuando hablamos sino escucharnos en los demás nuestro propio eco, y tratar de encontrarnos? Es como cuando caminamos entre las tinieblas con miedo y cantamos o tarareamos una melodía para sentirnos acompañados por nosotros mismos. Porque la verdad es que queremos oírnos, así como deseamos leernos. Por eso escribimos.
Para no dejarlos con la curiosidad acerca del estilo de este peculiar escritor, copio un párrafo de Molloy:
"Estoy en el cuarto de mi madre. Ahora soy yo quien vive aquí. No recuerdo cómo llegué. En una ambulancia, en todo caso en un vehículo. Me ayudaron. Yo solo no habría llegado nunca. Quizás estoy aquí gracias a este hombre que viene cada semana. Aunque él lo niega. Me da un poco de dinero y se lleva los papeles. Tantos papeles. Tanto dinero. Sí, ahora vuelvo a trabajar, un poco como antes, sólo que ya no me acuerdo de cómo se trabaja. Tampoco parece que eso tenga mucha importancia. A mí lo que ahora me gustaría es hablar de las cosas que aún me quedan, despedirme, terminar de morirme de una vez. No me dejan, sí, parece que son varios. Pero siempre viene el mismo. Más tarde, más tarde, me dice. Bueno. La verdad es que mucha voluntad ya no me queda. Cuando viene a recoger los nuevos papeles trae los de la semana anterior. Vienen señalados con signos que no comprendo. Tampoco me tomo la molestia de releerlos. Y cuando no he hecho nada no le doy nada y gruñe un poco. Pero no trabajo por dinero. ¿Por qué trabajo? No lo sé. No sé gran cosa, si he de ser franco. La muerte de mi madre, por ejemplo. ¿Había muerto ya cuando llegué? ¿O murió más tarde? Muerta para enterrarla, quiero decir. No lo sé. A lo mejor no la han enterrado todavía. Sea como sea, soy yo el que estoy en su cuarto. Duermo en su cama. Uso su vaso de noche. He ocupado su lugar. Cada vez debo parecerme más a ella. Sólo me falta tener un hijo. Puede que tenga alguno en cualquier parte. Pero no es probable. Ahora ya sería casi tan viejo como yo. No era más que una putilla. El verdadero amor no es esto. Mi verdadero amor lo tenía puesto en otra. Ya os contaré. Mira, hasta he olvidado su nombre. A veces incluso me parece que he llegado a conocer a mi hijo, que me he ocupado de él. Luego pienso que esto es imposible. Es imposible que me haya ocupado de nadie. También he olvidado la ortografía, y la mitad de las palabras. No parece que esto tenga mucha importancia."
Y así, con frases cortas, al parecer inconexas, sin significado, sin coherencia, página tras página, hasta que una va encontrando sentido, uno asombroso, que aterra, que parece que destapara las capas de cebolla con las que nos hemos ido cubriendo a lo largo de los años…
Algunas de sus obras más importantes:
Watts, Mercier et Carmier, Premier amour, L’Expulsé, La Fin, Le Clamant, Eleutheria, Molloy, Malone muere, Esperando a Godot, El innombrable, Fin de la partida, La última cinta, Comment c’est, Oh les Meaux tours, Días felices, Acto sin palabras, No yo, That Time, y Footfall; los relatos Murphy y Cómo es, y dos colecciones de poemas. Una de sus últimas obras es Compañía.
B.Miosi
sábado 28 de noviembre de 2009
El cartero llamó a mi puerta: ¡Prosofagia!
Como dice el editorial del primer número de la revista Prosofagia: hace más de un año, en algún lugar del mundo virtual, hubo quienes entonaron una Balada para un loco; y fue respondida de inmediato por un discreto pero entusiasta puñado de voces.
Desde ese día mucho agua ha pasado bajo el puente; al principio un riachuelo que se fue transformando en un torrente de ideas, y que hoy ha dado como resultado que tengamos en nuestras manos los ejemplares de los primeros cuatro números de la Revista Literaria Prosofagia, nacida tímidamente con la inclusión de las entrevistas que algunos de nosotros, también modestamente, iniciamos para el nuevo apartado de entrevistas del foro Prosófagos.
El número 1, pues, está compuesto por cinco interesantes charlas que sostuvimos con escritores consagrados: Alberto Vázquez-Figueroa, Rosa Montero, Arlette Geneve, Montserrat Rico Góngora y el maestro, escritor y pintor, el entrañable Julio Maruri.
Recuerdo el debate en aquellos días de si se debía hacer una revista únicamente con entrevistas, o si se debía incluir otros temas, además de ellas. Pero una revista requiere mucho más que sólo buena voluntad. Es necesario tesón, disciplina, sentido común, y sobre todo, muchos deseos de hacerlo bien. De manera que Prosofagia 1, ocupó sus cincuenta páginas en relatar la visión del mundo literario de los escritores mencionados, a los que debo agradecer especialmente, por haber prestado su tiempo y su entereza para contestar preguntas que seguramente ya habían respondido infinidad de veces. Unas páginas diagramadas bellamente y con las exquisitas fotografías de Margarita
Y se inauguró la sección: «Cartas al Director», las primeras, y las que determinaron en cierta forma el futuro de la revista. Ah, pero para enterarse, tendrán que descargarla en PDF o como puedan, pues esas dos cartas, las de José María Lafuente y Julio Maruri, son la clave, y les garantizo que más importantes que la del famoso «Códice».
El número 2 estaría dedicado a los cuentos del foro Prosófagos, como se anunciaba en la contraportada del número anterior. Y entonces salió a relucir una antología de cuentos cuyos autores, protagonistas de nuestro querido foro, hicieron gala de su estilo:
Gabi, (Gabriel Martín, un músico metido en el teatro)
Nelo, (Manuel Pérez Recio; autor de varios libros, entre ellos su novela «Cuyabeno la sangre de la tierra» que ya va por su segunda edición),
D, (un intérprete de inglés a español y médico pediatra con la manía de escribir libros de vampiros)
Pepsi, (o Madame Karenina, luchadora por las causas de los animales, y por cualquiera que tenga alguna causa);
Ruín de los bosques, (Juan Manuel Alcedo, un escritor que nació el mismo día que vino al mundo);
Atreyu, (Bárbara Riera Obrador, a quien le apasionan los «bajitos»),
Forke, (Agustín Capeletto, quien tiene la fijación mental de que las comas se miden a ojo);
Esther, (nuestra querida correctora ad honores del foro, amén de otras muchas cosas más),
Elisabet, (Montse de Paz, autora de «Estirpe salvaje» ¿quién no ha visitado su blog Andanzas de una Escritora en busca de Editorial?)
Sierra, (el shostakoviano celinezco estudiante de violín nacido en un país hoy desaparecido)
Felixón, (Félix Jaime Cortés, un aparejador metido a escritor o viceversa, que tiene predilección por los tarros con clavos);
Loboherido, (Edgardo Benítez, un salvadoreño que escribe por no llorar),
Randal, (Mariano Mandil, quien vive rodeado de vampiros energéticos)
Y su servidora, (una escritora que pronto pirateará sus propios libros para que piensen que tiene éxito)
El próximo número anunciado con luces de neón: Entrevistas + Artículos.
Y dicho y hecho, el número 3 salió con todo lo que algunos afanosos deseaban que se publicara en el primero. Así que deseos cumplidos.
Y la editorial rezaba: Así, y habiendo llegado al tercer número, comenzamos a diversificar la estructura de la Revista, incorporando a un tema central —entrevistas, en este caso— artículos de distinta índole que apuntan a crear nuevos espacios de trabajo...
Empezaron a llover las cartas al director. Cómo no. Algunas ni se entendían. Pero no era para menos, leí una que hablaba de que un día los árboles ya no daban manzanas sino teléfonos móviles. ¿A quién más que a nuestra querida Ñam podría ocurrírsele semejante infundio? ¡Qué agradable debe ser recibir ese tipo de cartas!
Pero también hubo noticias relativas a los participantes del foro, en las que los autores daban a conocer sus proyectos o trabajos realizados: Darthz (Julián Sancha Vázquez); Boris Rudeiko (Manuel Navarro Seva), JuanManué (Juan Manuel); Nelo (Manuel Pérez Recio) Luis Bermer, Malube (Marta Querol Benèch) Ñam, Elisabet (Montse de Paz); Laren (Teo Palacios, y se tuvo que llamar al carpintero para la ampliación de la Biblioteca de Prosófagos.
Los artículos:
La voz y la letra, por Montse de Paz. Un artículo que no pueden perderse, donde Montse hace gala de su dominio de las letras y de las ideas, y nos convence totalmente de que A veces, una palabra vale más que mil imágenes.
Experiencias de un escritor novel, por Teo Palacios. Nuestro querido y conocido Teo, el del blog Fantástica Literatura, nos explica y llega a persuadirnos de que podemos llegar a ser como Tolkien, ¡bravo, Teo! De veras que me gustó la sensación de optimismo que me inyectó tu artículo.
¿Quién dijo punto decimal? Por DNAZ Franco. Y Aquí voy a hacer un aparte. D, o DNAZ, tiene una fijación con el asunto de los teclados. No conforme con contar historias de vampiros a sus pacientes en pediatría, cada vez que un novato entra al foro, D se hace presente con una de sus bienvenidas características:
La combinación ALT + 0151 = — porque en español es menester escribir los parlamentos, los incisos explicativos y los componentes de listados con la raya larga. En pocas palabras: odia el guión pequeño. Hasta ahora me maravilla la enorme fuerza de voluntad de los incipientes prosófagos. ¡Muchos de los nuevos se quedan!
Esta vez los entrevistados fueron:
Guillermo Martínez, ganador del Premio Planeta 2003, su más reciente novela: La lenta muerte de Luciana B. Un éxito de librería que lo catapultó a la vidriera internacional.
Ricardo Coler, autor de El reino de las mujeres, Ser una diosa, y Eterna juventud, publicada en 2008.
y José Manuel García Marín, autor de Azafrán y La escalera del agua. Ambas novelas traducidas a varios idiomas, y convertidas ya en Best Sellers.
Sin duda, unos pesos pesados. ¡Y las entrevistas cada vez más interesantes!, (que una también aprende)
¡Y arribamos al número 4! El menú es tan variado, que sólo pondré la carta:
El caboso en el Charco, Ñam
Lectores e ilusionistas, Esther y Plásido
La escribida en el siglo XXI, DNAZ Franco
La voz interior, Federico Axat y Elisabet
Cómo presentar una obra a un agente o editor I, Teo Palacios
Foros literarios, una experiencia positiva, Boris Rudeiko
Cómo presentar una obra a un agente o editor II, Teo Palacios
El camino, Manuel Pérez Recio
Descubriendo el poder de la palabra, charla entre Montserrat Rico Góngora y Elisabet
Una visión del mundo editorial, Blanca Miosi
Esta vez las cartas al director fueron artículos especiales. La de Raquel Roberti es imperdible —me parece que se excedió de las dichosas 150 palabras—, pero valió la pena. Y la de Javier Rivas, de Escritores en Red, llena de optimismo en la que se intuye deseos de colaborar difundiendo la revista, uno de los aspectos más importantes para que una publicación tenga éxito.
En este número se incluyó un Índice de Imágenes, con las colaboraciones de gran calidad de: Coloso, Plásido, ray12 (NATTs), Boris Rudeiko y Pepsi.
Y, como siempre, se anunciaba en la contraportada lo que traería el número 5:
Proyectos literarios en la Red + Artículos
Antes de que se me olvide, quiero dejar constancia de los responsables de que las cosas hayan salido tan bien:
Dirección: Elisabet
Equipo de redacción: Boris Rudeiko, Elisabet, Esther, Pepsi
Diseño e imagen: Pepsi
Publicidad y comunicación: Esther
A todos ellos: ¡Felicitaciones y muchas gracias!
Espero que los que tuvieron la paciencia de leer esta extensa entrada descarguen las revistas, las lean, y divulguen su existencia. Lo que no se conoce perece en el olvido. Ahora me retiro, volveré a leerlas, pero esta vez las podré tocar y hasta oler, pues ayer el cartero llamó a mi puerta.
B. Miosi
lunes 23 de noviembre de 2009
¿Conocen a Giovanni Papini?
Reconozco que hay muchos escritores, más de los que sería capaz de calcular, que escapan a mi conocimiento. Trato en lo posible de conseguir libros de autores poco mencionados entre la avalancha de títulos que invaden las librerías y, como siempre, termino acudiendo a mi viejo librero. Esta vez tengo en mis manos un libro muy especial: Gog y El libro negro, escrito por Giovanni Papini en 1931, y en 1951 respectivamente.Empiezo por aclarar quién es Gog. Para quienes no lo sepan, es un personaje bíblico; aparece en el Apocalipsis, XX, 7: "Satán será liberado de su cárcel y saldrá para reducir a las naciones, Gog y Magog…"
Giovanni Papini nació en Florencia, Italia, el 19 de febrero de 1881, hijo de un ateo y de madre católica, quien lo bautizó a escondidas. Fue filósofo, políglota y un fecundo escritor. Me llamó la atención el título Gog y El libro negro, nada más verlo, y empecé a hojearlo. Después de leer parte del prólogo decidí que tenía que leer sus quinientas once páginas. Es un tomo que consta de dos libros, en los que Gog cuenta sus experiencias, y veinte años después las continúa en El libro negro. Y aprendí mucho, ¡vaya si aprendí! Desde la primera línea del primer párrafo existe un llamamiento impostergable a seguir leyendo:
Me avergüenza decir dónde conocí a Gog; en un manicomio particular.
Díganme ustedes si no es un comienzo con el que se intuye una historia extraordinaria. Como lo fue la misma vida de Papini. Escribió Gog recurriendo a la técnica de suponer que publicaba el diario íntimo de un individuo excepcional; Gogins, conocido como Gog. Se sirvió de un personaje, cuyo nombre de origen bíblico, nos da el sentido de su temperamento: personificación de las fuerzas del mal. Descreído, salvaje, cruel, poderoso y anhelante de gloria y placer… y se llega al final de la parábola bíblica tan bien trazada por el autor con un Gog insatisfecho, hastiado, sin haber llegado a conocer la verdad, ni haberse divertido, que por no morir de hambre y miseria, encuentra su única salvación en el mendrugo de pan que le da una muchacha campesina desconocida.
Y para no dejarlos con la miel en los labios, voy a proseguir con el resto del trozo que sigue a la primera línea que copié arriba:
Me avergüenza decir dónde conocí a Gog; en un manicomio particular.
Fui allí con objeto de hacer compañía a un joven poeta dálmata, a quien la pasión desesperada por una sombra —la amada era una «reina de la pantalla» y únicamente en la pantalla le había sonreído— condenaba al delirio.
Como ordinariamente estaba tranquilo, el director de aquella casa para locos pensionistas —enano de estatura, pero gigante en carnosidad— nos permitía estar juntos en el jardín. Aquí y allá, a la sombra de los cedros y de los castaños de Indias, había mesas redondas de hierro y sillas como en los cafés. Enfermeros pálidos vestidos de blanco, transcurrían por los paseos, disimulando vigilancia.
Un día muy caluroso en que el poeta y yo estábamos hablando, se acercó a nuestro velador uno de los huéspedes. Era un monstruo que debía tener medio siglo, vestido de verde claro. Alto, pero mal garbado; no tenía ni un solo pelo en toda la cabeza; sin cabellos, sin cejas, sin bigotes, sin barba. Un informe bulbo de piel desnuda, con excrecencias coralinas. La cara era de un escarlata oscuro, casi pavonado, y anchísima. Uno de los ojos era de un bello celeste un poco ceniciento; el otro, casi verde con estrías de un amarillo de tortuga. Las mandíbulas eran cuadradas y potentes; los labios, macizos pero pálidos, se entreabrían en una sonrisa completamente metálica, de oro.
Saludó, sin habla, al poeta y se sentó a nuestro lado. No abrió la boca, pero pareció que seguía atentamente nuestra conversación, Me enteré después, por mi amigo, que ése era Gog.
…Cuando le conocí se hallaba allí desde hacía poco. Y todas las veces que fui a visitar a mi poeta le veía también a él. Comenzó a hablarme. De este modo pude saber, un poco por él y un poco por los médicos, su historia. Su conversación era singularísima: pasaba de un discurso paradójico, pero al mismo tiempo inteligente, a manifestaciones de una vulgaridad peor que plebeya, bestial. Parecía que estuviesen unidos en él Asmodeo, con su agudeza cínica, y Calibán, con su ciega torpeza de bruto.
Pero conmigo hablaba gustoso. He tenido siempre la virtud de aplacar a los agitados y de amansar a los locos. Un día, después de haber hablado más que de costumbre, se marchó a su habitación —vivía en una villa, toda para él, en el parque del manicomio— y volvió para entregarme un envoltorio de seda verde.

—Lea —me dijo—, son hojas que he salvado del último naufragio. Aquí dentro hay algo del viejo Gog. Ahora ha llegado para mí el día en que nace más de un sol, y cedo con la máxima despreocupación los harapos de la noche.
Encontré, dentro del envoltorio, un grueso paquete de hojas sueltas, escritas en tinta verde, con una caligrafía pesada e inexperta de muchacho. Las leí todas, a veces con una sonrisa, a veces con disgusto, a veces con horror, pero siempre, lo confieso, con avidez.
Eran apuntes sueltos, páginas de antiguos diarios, fragmentos de recuerdos, mezclados todos sin orden, sin fechas precisas, redactadas en un inglés vulgar, pero bastante descifrable.
… Supuse, y a mi juicio atinadamente, que tuvo la intención de regalarme esas hojas, y tal fue también el parecer de los amigos a quienes consulté. Por eso me he decidido a traducirlas —excepto cinco o seis demasiado repugnantes— y a publicarlas.
Para los que deseen leer la obra completa, los remito a este enlace: Gog, texto completo publicado en Ciudad Seva.
De la segunda parte, El libro negro, resalto algunos capìtulos:
El poema del hombre (de Walt Whitman)
La biblioteca de acero
Noticias del más allá
La fábrica de novelas
Verdugos voluntarios
El mercado de niños
El abate y las pecadoras
El regreso (de Frank Kafka)
La conversión del Papa
Los vendedores de imposibles.
Giovanni Papini falleció el día 8 de julio de 1956, después de pasar tres años de su vida ciego del todo y con buena parte de su cuerpo completamente inutilizada. Fue uno de los escritores más leídos y más combativos de nuestro tiempo. Aquí, una parte de su bibliografía: El crepúsculo de los filósofos, su primer libro, publicado en 1906, cuando apenas tenía veinticinco años; Lo trágico cotidiano, antes de finalizar ese mismo año, y El piloto ciego, en 1907. Un hombre acabado, 1913; Bufonadas, 1916; El hombre Carducci, Días de fiesta y Testimonios, los tres en 1918.
Diccionario del hombre salvaje, 1923; A pan y vino, en 1930, Retratos italianos, 1932, y Dante vivo, en 1933. Figuras humanas, 1940, Exposición personal, 1941; Cielo y tierra, 1943.
Cuando escribió Cartas a los hombres del Papa Celestino VI y preparaba Vida de Miguel Ángel, apenas veía, y afirmaba ya que los géneros literarios estaban todos en decadencia. Proseguía trabajando en su novela póstuma: El juicio final, que fue publicada después de su muerte, y antes, escribió El diablo, en 1953. Otro de sus libros registrado en las postrimerías de su vida fue: Pasado remoto.
B. Miosi
jueves 19 de noviembre de 2009
Un regalo maravilloso de Sergio Astorga:
Para Blanca Miosi:
En algún árbol se encuentra la tibieza,
las flores rompen sus capullos
y el estanque, agua día, gotea.
Nada vuelve y permanece.
Los rostros se vacían en el gesto
y la nube de palabras crece y cae
como de lluvia en ausencia.
Viracocha se incendia sin quemarse.
La piedra imagina su erosión a la sombra del puente
y el mundo es una blanca mirada.
Se desvanece el olor colgante.
La casa respira al viento,
la semilla madura al sol
y el verde mece con tacto la hoja.
La perpetuidad en la montaña duerme.
Sergio Astorga
Tinta/plumín 20 x 30 cm.
18/11/2009
lunes 9 de noviembre de 2009
Oscar Wilde, humano, antes que escritor
Oscar Fingal O’Flahertie Willes Wide, nació a mediados del siglo XIX. Fue el máximo representante de la tendencia esteticista inglesa, que en esencia consiste en el culto a la belleza. La revolución industrial llevó a Inglaterra a la par que la civilización mecánica, a una existencia miserable. ¿Por qué digo esto? Porque debido a ella en el espacio de cincuenta años el pueblo inglés se vio reducido a un trabajo esclavizante al tiempo que la clase burguesa, práctica y utilitaria, ávida de dinero y de poder político, se elevaba: Nuevos ricos que aún no tenían el gusto formado, se mandaban fabricar obras de arte y objetos carentes de belleza. Aparecieron entonces jóvenes que frente a la fealdad reinante, se refugiaron en el culto a la belleza, llegando a odiar incluso a su propio país y a su propia época.A esta corriente perteneció Oscar Wilde. Desde muy joven sintió afición por las extravagancias, aunque su madre parece ser la iniciadora de sus gustos infantiles, pues acostumbraba vestirlo de niña durante su niñez, aceptando un comportamiento acorde a su vestimenta, claro. Tal vez haya sido el inicio de su homosexualidad, la que se manifestó a lo largo de su vida y que lo llevó a prisión y trabajos forzados por un período de dos años, demandado por el padre del joven lord Alfred Douglas, de 21 años. Wilde contaba entonces 38. Acabó destrozado moral y físicamente, su domicilio fue saqueado, se perdieron sus manuscritos, sus obras se retiraron de los carteles, se prohibió la venta de sus libros y terminó su brillante carrera literaria.
Me estoy refiriendo a la vida privada de Oscar Wilde porque está íntimamente ligada a su obra como escritor. En su obra hace referencia constante al hedonismo, el cual formaba parte intrínseca de su vida, y al culto a la belleza. Su primer libro fue publicado cuando tenía 27 años: Poemas de Oscar Wilde. Sin embargo, un tema que se repite en sus obras es la paradoja, así como la extrema ironía. Y después de haber leído su biografía no puedo dejar de reconocer que también su inteligencia formaba parte del triángulo que lo llevó a la fama como rompedor de moldes de su época. Ganó premios y becas de estudio, recorrió los Estados Unidos dictando conferencias acerca del esteticismo que tan bien representaba con sus modelos originales, y su desmesurada extravagancia.
Wilde consideraba que solo el placer merecía que se le consagrase una teoría, y que la vida de los sentidos estaba indisolublemente ligada a la de la inteligencia. Afirmaba que «nada puede curar el alma más que los sentidos, como nada podría curar los sentidos mejor que el alma», tal como pone en boca de Lord Henry en su famosa novela El retrato de Dorian Gray.
Otra de sus frases célebres: «En literatura no existirán libros morales o inmorales, sino simplemente libros bien o mal escritos»
Acabo de leer la única novela que escribió: El retrato de Dorian Gray. Y estoy completamente de acuerdo. Es una obra donde se refleja la maldad y la perversión, uno se puede imaginar a partir de un lenguaje estéticamente bello e imágenes diáfanas y bien logradas, cada acción llevada a cabo por Dorian Gray, y sin embargo no hay una sola línea, ni una sola palabra que transgreda lo que en aquella época se cuidaba con hipócrita esmero: la moral. Me asombra enterarme que el libro causó enorme revuelo por los conceptos que irónicamente supo exponer de manera brillante. No existe sexo explícito, no hay referencia a alguna caricia más allá de un beso juvenil del bello Dorian a la jovencita Sibila, en una relación de amor platónico que la lleva a al suicidio. El libro está impregnado de frases brillantes y de momentos diabólicamente bien camuflados. También he notado su misoginismo en casi toda su obra, por ejemplo, en esta parte, cuando Lord Henry, una especie de Mefistófeles, dice:
—No se volverá a casar nunca, Lady Narborough —interrumpió Lord Henry—. Ha sido usted demasiado feliz antes. Cuando una mujer se vuelve a casar es porque detestaba a su primer marido. Cuando un hombre se vuelve a casar es porque adoraba a su primera esposa. Las mujeres prueban suerte. Los hombres arriesgan la suya.
Y su particular modo de ver la belleza femenina, y la fina ironía con la que sabía envolver sus diálogos:
—¿Es bonita?
—Se comporta como si lo fuese. Muchas americanas lo hacen así. Es el secreto de su encanto.
—¿Por qué esas americanas no se quedan en su país? Nos están diciendo siempre que aquello es el paraíso de las mujeres.
—Y lo es. Esa es la razón por la cual, como Eva, tienen tan enorme impaciencia por salir de él.
Oscar Wilde murió a la edad de 48 años en París, donde vivió el resto de sus días execrado por la mayoría de los literatos ingleses de su época, bajo el nombre de Sebastián Melmoth. Hoy sus restos reposan en la Abadía de Westminster, al lado de los de William Shakespeare, Isaac Newton y Charles Darwin. Este último también atacado duramente por su famosa teoría de la evolución planteada en su libro El origen de las especies.
Algunas de sus frases famosas:
Experiencia es el nombre que cada uno da a sus propios errores.
¿Qué es un cínico? Una persona que conoce el precio de todo y el valor de nada.
Su obra teatral de más éxito: La importancia de llamarse Ernesto.
Cuentos: El crimen de lord Arthur Saville, El modelo millonario, El fantasma de Canterville, La esfinge sin secreto, El retrato de mister W. H., El príncipe feliz, El amigo fiel, El gigante egoísta, El famoso cohete, El ruiseñor y la rosa, El joven rey, El cumpleaños de la infanta, el pescador y su alma, el niño astro.
Cuentos apócrifos: La piel de naranja, Old Bishop’s, Ego te Absolvo. (Aparecieron en una revista americana con el nombre de Wilde después de su muerte, y no se ha encontrado bibliografía alguna)
B. Miosi
sábado 7 de noviembre de 2009
Una charla con Cristina Puig

martes 3 de noviembre de 2009
Entre dos aguas, Blanca Miosi

viernes 30 de octubre de 2009
Un regalo:
Le pregunté al aire, si me oía sollozar, cómplice delator, auguró que sí,
valiente cobarde que disimula, ¡que nadie goce un sufrir!
¡Hay suspiros que os guardo cual tesoro!
Como un loco, y me muero sin vivir, pero no concibo que otras almas,
disfruten mi penar y vivir. Orgullo inmenso, desquiciado,
y que altiva me sostiene en pie, aunque siento mi corazón raspado,
gime, ciento una vez. Intrépida alzo mi cabeza,
¡no me amedrentarás! Aunque no distinga lo que me ciega,
¿quieres por presa mi voluntad? A golpes de lengua me moldearon,
mancillaron mi espíritu sin más, lo que perdí… no lo doy por malo,
y resisto, ¡más! ¡Más! De nuevo resurgida, fulgurante,
canto risueña sin tropezar. Mi madurez,
me hace ¡gloriosa! La experiencia…, recapacitar,
Intrépido viento que consuelas, a mi alma en agónica voz,
y con tus embates me meces en la penumbra,
aunque de frío me hieles, corazón.Dedicado a Blanca con mucho cariño de Arlette Geneve
sábado 17 de octubre de 2009
PARAÍSO, B. Miosi
Sentado frente a la ventana, Pedro divisaba con insistencia enfermiza el horizonte. Un camino que se perdía tras las colinas por el que rara vez pasaba un vehículo. El único que llegaba de vez en cuando al pueblo era el que recogía la cosecha de boniato. Los habitantes lo llamaban caserío: el Caserío del Río. Un nombre inventado por Dios sabe quién. Lo cierto era que el río quedaba bastante lejos, y el agua la traían desde allá por una acequia que cruzaba por el centro de las cuatro casas sirviendo de agua y desagüe al mismo tiempo, y cada cual se las apañaba como mejor pudiera para su uso.Se puso de pie y dejó la ventana, sería otro día más en el que ella no regresaría. Caminó tirando de su vieja mula con pasos lentos y la cabeza gacha. Tantos años siguiendo la misma rutina que los demás ya ni caso le hacían. Había pasado a formar parte del caserío como la acequia o las cochineras. Casi arrastrando los pies se adentró en el bosque, pensando en el tiempo transcurrido. Ella le dijo que volvería y aún no lo había hecho, ¿por qué prometería algo así?, ya ni recordaba bien su rostro. Sólo sensaciones. La suavidad de su piel trigueña, el olor de sus cabellos que se agitaban al viento como el velo de una novia, las florecillas alrededor de su frente; el sonido de las panderetas. Y sus palabras... «Algún día estaremos juntos, mi cielo, debo ir a arreglar unos asuntos, y cuando deje todo en orden regresaré, mi vida.» Y se había ido con el resto de las muchachas que formaban el sainete que pasó por allí hacía tantos años, cuando el caserío tenía quince casas y parecía que seguiría creciendo, pero que después de la malaria se redujo a como era ahora, casi un pueblo fantasma.
Tropezó con una piedra y el trastabillón le hizo llorar. No por el dolor causado en uno de los dedos de sus pies descalzos, ni por la astilla que se clavó en su otro pie. Lloró porque entendía que era un inútil, una piltrafa, un bueno para nada. Porque sospechaba que durante toda su vida se había aferrado a una esperanza ilusa, y que los demás, que no eran mejores que él, lo miraban compasivamente. Incluyendo a su mula, que a través de su vieja mirada de pestañas blancas parecía cómplice de su tristeza. Lloró por estar en ese caserío inmundo, donde todo tenía olor a cloaca y de donde nunca decidió apartarse por esperarla. Pero él sabía que fue un pretexto para no hacer nada, y que había desperdiciado su vida, y que siempre culpó a una mujer que ni se acordaría de su existencia. Ya no tenía memoria de la última vez que fue tratado amablemente. Sólo ella, que lo llevó detrás de las tiendas y le acarició el rostro. Sólo ella, que con un beso en la boca selló su amor y él pensó que ya no había nada mejor que aquello, hasta que la vio quitarse la blusa y ofrecerle su cuerpo.
Se dobló por la fuerte punzada en el pecho, mientras las lágrimas buscaban camino por su rostro curtido de otear el horizonte. Siempre supo la verdad, pero se aferró a su mentira. Agachado, no reparó en una sombra lejana que por momentos cubría la luz del sol que se colaba entre los árboles. Estaba concentrado en acomodar el nudo que últimamente había hecho correr tantas veces, pues en ello le iba la vida. Se limpió la humedad de sus ojos de un manotazo, y con la dificultad que acarreaban sus años, logró lanzar la cuerda y pasarla al otro lado de la rama generosa del árbol que tantas veces acariciara, como ella lo hiciera el lejano día en que por primera vez escuchó los gemidos que quedaron grabados en su alma. Un árbol fuerte, que parecía darle la bienvenida con sus brazos abiertos. Puso la cuerda alrededor de su cuello y azotó con el látigo a la vieja mula que por primera vez se comportó a la altura, pegando un fuerte salto para lanzarse a la carrera, con tan mala suerte que el cuerpo colgado del árbol se lo impidió.
La figura que se acercaba lentamente, titubeante, indecisa, como cuando no se sabe qué hacer ni qué decir en un momento crucial, corrió los últimos metros al percatarse que lo que sus ojos cansados no habían sabido apreciar, era un hombre colgado de un árbol. Haló a la mula que, terca, no quiso moverse ni un centímetro hacia atrás. Se arrodilló, desesperada alzó la vista y gritó: «Pedrito, he vuelto, lo hice por ti». Pedro clavó su mirada en ella con la sombra de la muerte velándole los ojos.
Reconoció en la anciana a la gitana de los besos de fuego, y supo que finalmente había tomado la decisión correcta, sonrió satisfecho, había llegado al paraíso.
B. Miosi
lunes 12 de octubre de 2009
Hace dos años...

Después de aquella experiencia y de varias novelas escritas, empecé a averiguar, y comprendí que para ser considerada una escritora debía pasar por la criba de una editorial regular, de aquellas que no cobran por editar. Consulté el directorio telefónico y me fijé en la Editorial Alfaguara; quedaba cerca de mi lugar de trabajo y más por ese motivo que por cualquier otro les llevé mi segunda novela: «La búsqueda».
Casi un mes después llamé por teléfono y la Directora de Publicaciones para Adultos dijo que deseaba hablar conmigo. Fui a la hora acordada con toda la ilusión del mundo, y en efecto, me atendió con gentileza, fue tan amable, que me dijo que mi novela les había interesado, pero que necesitaba que le hiciera algunos arreglos:
«Blanca, la historia es muy interesante, y voy a hacer algo que no se acostumbra: te entrego la carta de los evaluadores (que fueron dos); sé que es un poco contradictoria, pero léela y toma en cuenta sus indicaciones, pues valen la pena».
¿Y cuáles fueron aquellas sugerencias?
Básicamente la carta decía que la novela era interesante desde el principio hasta el final, pero que la autora (o sea yo), carecía del conocimiento de la lengua castellana. Que parecía que la novela hubiera sido escrita por una persona cuya lengua materna no era el español, que abusaba de la falta de sintaxis, y que algunas ideas carecían de concordancia. La carta también se refería a que yo era una narradora omnisciente, que todo lo sabía, que todo lo explicaba, y que el libro estaba plagado de mis opiniones. Sin embargo, que si lograba corregir estos errores, ellos se inclinaban por aconsejar su publicación, porque la historia era original, convincente y comercial.
Como podrán suponer, yo me sentía entre el cielo y la tierra. De aquello hace ya cinco años.
Me propuse cultivarme. Debía aprender a escribir, a expresar exactamente lo que deseaba que el lector comprendiera, a dejar de explicar todo como si lo que yo escribiese estuviera dirigido a un público retrasado mental. Comprendí que existe una técnica, y que sin ella, tendría muy poca, por no decir ninguna posibilidad de publicar. Así, rescribí la novela tres veces. En la última adopté el modo de primera persona, porque me pareció que podría darle mayor contundencia al personaje principal.
Soy una persona que trabaja tiempo completo, la escritura para mí era y sigue siendo una pasión, pero al fin y al cabo un hobby. No vivo de ella y creo que estoy lejos de hacerlo, de manera que asistir a cursos literarios era para mí bastante dificultoso, además de oneroso.
Indagué en Internet y encontré esos sitios maravillosos llamados Foros Literarios. Recuerdo que llegué a Bibliotecas Virtuales y me di con la sorpresa de saber que había muchos otros que al igual que yo, estaban en el mismo camino y con las mismas inquietudes, aunque reconozco que mis conocimientos eran inferiores. Empecé a escribir cuentos, para poder participar y ser comentada por aquellos que más sabían, y fue así que aprendí a “leer”.
Ya he comentado en anteriores entradas que fue gracias a una persona que conocí en Bibliotecas Virtuales, que accedió a leer la última versión de mi manuscrito que logré aprender a escribir con cierta propiedad. Fue un año dedicado a la corrección de La búsqueda, un trabajo arduo en todo sentido, pero al mismo tiempo placentero, pues poco a poco veía que mi novela cobraba forma, empezaba a tener estilo, sus páginas se iban embelleciendo, al tiempo que yo iba creciendo como escritora.
Al finalizar, sabía mucho más acerca del mundo editorial. En Venezuela hay varias representantes de editoriales conocidas, como Ediciones B, Alfaguara, Norma, Planeta, pero el mercado es exiguo. Fue el motivo por el que decidí incursionar en el mercado español. No me arrepiento haberlo hecho, pues para cualquier escritor empezar en España es todo un reto.
Todo fue relativamente sencillo: Presenté la novela a Editorial Roca en abril de 2007 y en un lapso de quince días tenía respuesta afirmativa. Finalmente La búsqueda se publicó en enero de 2008.
Durante los años 2007 y 2008 corregí mi siguiente novela: El legado. Ya tenía las herramientas necesarias para hacerlo; había aprendido con La búsqueda, y sabía, además, que debía hacer un esfuerzo por superarla. No sé si lo logré, pero creo que el resultado fue bastante atractivo, pues conseguí que me representase una agencia literaria. Gracias a ella El legado está actualmente en librerías, editada por la Editorial Viceversa, y ambas novelas en camino a la Feria del Libro de Francfort, en busca de otras oportunidades. No quiero hacerme muchas expectativas, pues sé que la competencia es muy dura, y yo apenas estoy incursionando en el mundo editorial. Y como siempre digo: un paso a la vez, pero en la dirección correcta.
¿Por qué he dedicado esta entrada a mis inicios?
Desde que incursiono en Internet, y más ahora que llevo este blog, he conocido a personas maravillosas, que como yo, tienen deseos de publicar. Algunos ya lo han hecho; otros están en camino de hacerlo, pero también hay quienes encuentran más escollos, y a veces hasta percibo cierto desánimo en sus palabras. Para estos últimos va lo siguiente:
Publicar no es imposible. Solo hay que tomar en cuenta tres puntos:
Tener una historia original, esté o no en boga. Me refiero a que algunos escritores temen ser repetitivos porque están en el mercado muchos temas similares al que han escrito. Siempre se puede escribir desde otro punto de vista. Si yo hubiese pensado que ya se ha hablado demasiado de los campos de concentración nazis, jamás hubiese escrito La búsqueda. Se debe creer en lo que se escribe, y buscar la manera más original de hacerlo.
Escribir es un placer. Creo que es un error hacerlo pensando en publicar. Se debe entregar el alma en la obra que estemos haciendo, que cada línea, que cada diálogo, signifique para nosotros una parte de nuestra vida. El que no se emociona cuando escribe, no lo está haciendo a conciencia.
Y el punto más importante: Aprender la técnica. Sin ella no tenemos nada. Se puede escribir una novela de cuatrocientas páginas en cinco meses, pero para que sea digna de ser publicada, el proceso de corrección debe durar el tiempo necesario hasta que nos sintamos convencidos de que la obra esté lista.
Es el respeto que le debemos a las editoriales que arriesgarán su tiempo y dinero en apostar por nosotros, porque con la publicación no termina todo. A partir de allí empieza una etapa en la que entran en juego otros factores que escapan a nuestro esfuerzo. Como me dijo sabiamente mi querida amiga Maribel Romero: “Las obras comienzan a caminar en el mismo instante que pisan una librería, y encuentran su espacio y saben defenderse solas.”
Espero que mis libros contengan un poco de la sangre que corre por mis venas y sepan por alguno de mis ancestros algo de Jiu-Jiutso, para que puedan defenderse.
Y también que esta entrada haya servido de inspiración para los que deseen ir tras su sueño de publicar: es posible, y si yo lo hice, con mayor razón, ustedes también pueden.
B. Miosi
sábado 3 de octubre de 2009
Antón Chéjov, maestro de los cuentos

¿Por qué hablo hoy de Chéjov? En realidad tenía que hacerlo desde hace un tiempo.
Los consejos de grandes escritores siempre me remitían a Chéjov: «Lea a Chéjov», era la clave, y aunque yo había leído un par de sus cuentos en Ciudad Seva, (donde pueden encontrar una veintena de sus cuentos) no lograba dilucidar en qué consistía la perfección de su arte.
Un buen día buscando algo qué leer, me topé con un pequeño libro; pertenecía a una colección de grandes cuentistas, editada por Salvat. Fue una agradable sorpresa conseguir de esa manera los cuentos extraordinarios de Poe, de Bécker y por supuesto, de Chéjov.
Tras un prólogo interesantísimo por medio del cual me enteré un poco acerca de su peculiar vida, leí sus cuentos, no todos, pero creo que los más característicos de su pluma:
La sala número seis, Vecinos, Un asesinato, Ladrones, Cirugía, Kashtanka, La boticaria, Una corista, Zinochka, el camaleón, entre otros. Me perdonan si no pongo los enlaces, pero extraje los títulos del libro, publicado en 1970. Una verdadera delicia.
Se dice de sus cuentos que son pequeñas estampas magistrales de las clases medias y bajas. Y tienen razón lo que así lo afirman. Chéjov fue un maestro de la brevedad: el arte de decir muchas cosas con pocas palabras. Y eso aunque entonces le pagaban por línea —hablo de la época en la que él tenía veintidós años, en 1882— ocho kópeks que luego subieron a doce. Para él la concreción del relato era tan indispensable como la sencillez del estilo: exacto y breve. Empezó a escribir sus relatos a los diecinueve años cuando llegó a Moscú y se matriculó en la Facultad de Medicina; un género poco aceptado en la actualidad entre las editoriales españolas y que sin embargo grandes autores como Kafka, Gustavo Adolfo Bécker, Isaac Bashevis Singer, Hemingway, Raymond Carver, Stephen King, por mencionar unos pocos, llevaron adelante con indiscutible talento.
Volviendo a Chejov, en gran medida a él se debe el relato moderno en el que el efecto depende más del estado de ánimo y del simbolismo que del argumento. Sus narraciones, más que tener un clímax y una resolución, son una disposición temática de impresiones e ideas. Por medio de temas de la vida cotidiana, retrató los caracteres de la vida rusa anterior a la revolución de 1905: las vidas inútiles, tediosas, solitarias y decadentes.
Uno de los cuentos que más me impresionó fue La sala número seis, en realidad una novela corta, pues consta de cincuenta y dos páginas.
El cuento, que es toda una filosofía de vida, está narrado de manera descarnada con el estilo simple y llano pero impecable de Chéjov. ¿Cómo terminó el director del hospital siendo uno más de los pacientes? Es un pasaje realmente digno de leerse:
“Andrei Efímich lo comprendió todo; sin decir una palabra se trasladó al camastro que Nikita le indicaba y se sentó en él. Al ver que el guardián seguía ante él esperándolo, se desnudó por completo y le invadió una sensación de vergüenza. Luego se puso la ropa del hospital; los calzoncillos le estaban cortos, y la camisa, larga; la bata olía a pescado ahumado.
—Dios querrá que recobre la salud —repitió Nikita.
Recogió la ropa de Andrei Efímich, salió y cerró la puerta tras él.
«Es lo mismo... —pensó Andrei Efímich, envolviéndose avergonzado en la bata y advirtiendo que con su nueva indumentaria ofrecía el aspecto de un preso—. Es lo mismo... Da igual un frac que un uniforme o que esta bata...»
Pero ¿y el reloj? ¿Y el cuaderno de notas que guardaba en el bolsillo? ¿Y los cigarrillos? ¿Qué había hecho Nikita con la ropa? Ahora, probablemente no volvería a ponerse un pantalón, un chaleco ni unas botas. Todo esto le parecía tan extraño y hasta incomprensible en un primer momento. Andrei Efímich seguía convencido de que entre la casa de la Vielova y la sala número seis no había diferencia alguna, que en este mundo todo era un absurdo, vanidad de vanidades; pero las manos le temblaban, los pies se le quedaban fríos y le producía horror pensar que Iván Dmitrich se levantaría pronto y le vería con semejante bata. Se puso en pie, dio unas vueltas y se sentó de nuevo.
Así estuvo media hora, una hora. Aquello le cansaba hasta producirle una sensación de angustia. ¿Sería posible pasar allí un día, una semana, incluso años, como aquella gente? Siguió sentado, se levantó de nuevo para dar un paseo y volvió a sentarse. Podía acercarse a la ventana y reemprender sus paseos de un rincón a otro. ¿Y después? ¿Seguir allí eternamente, como una estatua, y pensar? No. Apenas sería posible.
Andrei Efímich se tendió en la cama, pero inmediatamente se puso en pie, se limpió con la manga el sudor frío de la frente y notó que toda la cara le olía a pescado ahumado. De nuevo volvió a sus paseos.
—Aquí hay un malentendido... —articuló, abriendo perplejo los brazos—. Hay que poner en claro las cosas, se trata de una confusión...”
Pero no les voy a revelar el final, lo puse como un abrebocas, para los que se interesan en la narrativa corta. Tal vez por medio de la utilísima Internet puedan conseguir ésta y otras de sus obras.
Chéjov murió a los cuarenta y cuatro años, el 2 de julio de 1904 en el balneario alemán de Banderweiler, adonde había llegado en un intento de combatir la tuberculosis, en aquella época una enfermedad incurable, que minaba su organismo desde mucho tiempo atrás.
B. Miosi
miércoles 30 de septiembre de 2009
Y para terminar con el asunto...
¿Y tú qué tal te llevas con los intelectuales? ¿O no te llevas?
Había un crítico que era el Papa Upa de las críticas, que se llamaba Leopoldo Azancot. Una vez vi un libro de él y lo compré. Empiezo a leerlo y en la página diecisiete dice: "Y en el silencio de la noche del pueblo del desierto, tan solo se escuchaba el resonar de los cascos de los camellos sobre el empedrado de la calle". Un momento. En primer lugar, ¿una calle del desierto empedrada?, la arena en dos minutos la habrá cubierto, pero bueno. Y segundo y principal, "los cascos de los camellos"... ¡Este tío no ha visto un camello en su vida! Ni siquiera se ha molestado en ir al zoológico a ver que los camellos tienen unas patas blandas y almohadilladas para no hundirse en la arena. "Los cascos de los camellos"... ¡tócate los cojones! Sigo adelante y dice: "En el fondo de una de las cestas que el camello llevaba a cada lado estaba escondida Fátima la cautiva". Joder, Fátima la cautiva debía de ser de ochenta centímetros, porque un camello lo máximo que puede llevar, yendo muy jodido, son treinta o cuarenta kilos a cada lado. ¡Me cago en la madre que lo parió! ¿Qué era, una mezcla de camello y elefante? Así que pensé, mira, el mejor crítico de España que se vaya muy lejos a escribir novelas y a criticar. Cuando tienes mi edad hay un momento en que llegas a la conclusión de que lo mejor es pasar de todo. Tú sabes quién eres. Yo soy así, que te gusta, pues bien. Que no te gusta, pues me da igual.
Creo que todos los que en algún momento hemos tenido la gran oportunidad de publicar pasaremos por la criba de los críticos, pseudocríticos, y lectores comunes y silvestres, a todos ellos debemos estar agradecidos porque se tomaron el trabajo de leer y desmenuzar nuestra obra, y el resultado, nos guste o no tendremos que aceptarlo. A mí las críticas a mis manuscritos me han ayudado a crecer. Y por qué no, también la de los únicos dos libros que he publicado hasta ahora. Sin embargo, cuando leo algo como lo que está escrito arriba, no puedo menos que sonreír, pues tiene mucho de verdad.
Consecuencia de mis dos entradas anteriores he recibido algunas respuestas privadas, las cuales agradezco de todo corazón, los que han preferido mantenerse al margen, los comprendo perfectamente. Hay muchos que tienen el afán de publicar y no desean desde ya verse involucrados con las herramientas que más adelante les podrían servir de plataforma.
Para todos, vaya un abrazo y creo que mi próxima entrada se la dedicaré a Chejov.
B. Miosi
P.D. Acabo de recibir esta linda sorpresa. Aquí Por favor, no empiecen a decir que sólo me gustan las buenas críticas, ¡ me fascinan! pero también acepto las malas, no con la misma felicidad, por supuesto, pero las acepto. Espero que leyendo esto puedan conocerme un poco más como persona. ¡Gracias, Conchi!
viernes 25 de septiembre de 2009
El legado y las críticas

Muchos saben que en julio de este año salió publicada mi segunda novela, “El legado”, y algunos de ustedes la han leído y han tenido la gentileza de enviarme sus comentarios, que en su mayoría he publicado en el blog correspondiente a El legado, al que por cierto, la Editorial Viceversa visita con frecuencia. Si algo puedo decir de ellos es que están muy cercanos a sus autores, (y viceversa)
No sé si mi novela sea buena, buenísima, mediocre o mala. Tampoco sé si los comentarios fueron escritos de manera sesgada o divinamente complacientes por tratarse de que me conocen y desean ser amables conmigo, yo se los agradezco de todo corazón, porque se dieron a la tarea de buscar, comprar, leer y ¡comentar! ¿Qué más podría pedir una autora? Algunos hasta me han enviado fotos de los lugares donde la han conseguido, y de veras, son gestos que me emocionan, me llegan al alma.
También muchos de ustedes me han dedicado una entrada en sus blogs, cosa que agradezco, pues sinceramente no me lo esperaba.
Armando Rodera, nuestro querido bloggero de Aventuras y Desventuras de un Escritor Novel me acaba de hacer una entrevista en su blog, la misma que también tendrá cabida en la Revista Llegir en Cas d’incendi.
No es una entrevista más, es un viaje mágico que empieza en Praga y recorre los escenarios de El legado. ¡Gracias Armando! Los invito a acompañarnos: La Entrevista
Javi Pellicer ahora en la revista virtual y de papel I Like Magazine me hizo otra entrevista, con las preguntas que él sabe formular, que casi funden lo que me quedó de cerebro después de un buen tiempo de correcciones de mis novelas publicadas y de la próxima a salir. Y eso no es todo, el equipo creativo de la revista, para ser más exactos, Pino, me hizo una caricatura, y está genial. Ya les copiaré el enlace cuando salga, creo que será en estos días.
Y en Anika Entre Libros, Anika Lillo hizo una crítica de mi novela El legado, que está generando tanta polémica como si se tratase de El código Da Vinci. Bueno, confieso que exagero un poco. Los invito a pasar por allí y participar, por supuesto, a los que hayan leído mi novela; los que no, pueden regodearse con las extensísimas respuestas. El tema es muy jugoso, y yo misma estoy asombrada de la reacción de los lectores, que en cierta forma se sintieron ofendidos por las palabras vertidas en la crítica.
Blanca Miosi
jueves 24 de septiembre de 2009
¿Crítica literaria o egotismo?
Hoy a ocho años del día en que por primera vez tomé un bolígrafo y escribí la primera línea de mi primera novela, he descubierto que tras la industria editorial existe un submundo que se alimenta de la publicación de libros, que a su vez nutre a los autores, a las editoriales y a los distribuidores, ayudándolos en sus campañas publicitarias y al mismo tiempo proporcionando un constante quehacer dentro del mundo literario a gran cantidad de personas afines al ambiente relacionado con los libros, muchos de ellos escritores en ciernes, que prestan sus servicios ad honores, a título de colaboradores.
¿Cuál es el aporte de los colaboradores? Hacer reseñas de los libros publicados en las páginas web que cada día inundan la red, para beneficio de sus propietarios. Dichas páginas sobreviven gracias al aporte gratuito de libros que las editoriales les envían, así como a la publicidad que hacen de las grandes cadenas de librerías, llámense Casa del Libro, El Corte Inglés o cualquier otro negocio relacionado con el ramo.
En apariencia todo funciona de manera bien engranada, pero en realidad ¿qué es exactamente lo que esas páginas creen que hacen? Les diré: Crítica Literaria.
¿Y qué es exactamente la Crítica Literaria?
La crítica literaria, tal como la comprenden los maestros, es un arte de los más bellos, tan alto y tan amplio, tan distinto de la fácil anotación de errores de forma, que para ejercerla se necesita poseer además de seguros conocimientos de variado orden, criterio tolerante y superior, sensibilidad capaz de apreciar en sus matices más leves, y en sus tonos más agudos y más sordos, las emociones sutiles y las ideas delicadas.
Nada tiene que hacer la crítica literaria con la gramática. Ésta es imprescindible para la buena organización social, pues el individuo de un país civilizado que no sabe hablar bien su idioma delata una carencia de cultura tan repugnante como la del patán enriquecido que a cada momento deja asomar su rustiquez indómita. La gramática es primero asunto de educación doméstica, y luego de enseñanza escolar.
Todavía con mucha gramática puede uno ser escritor inelegante, tosco y hasta chabacano, por radical defecto del gusto, es decir, porque no posee capacidad crítica. Se pueden escribir muchas majaderías y sandeces en excelente español. Porque todo buen literato, para serlo, tiene que ejercer de censor con sus propios escritos, el trabajo de composición lo forman dos funciones simultáneas: la de concepción y la de crítica. A medida que se van fraguando los períodos, el ánimo crítico los vigila, y va desechando lo inútil, lo impropio, lo redundante. Cuando falla la censura de la obra propia, sobrevienen los tradicionales cabeceos de Homero adormecido. Tal labor la realiza incesantemente todo el que escribe, así sea una carta de etiqueta.
Por José Semprúm 1882-1931, médico y crítico literario.
El pensamiento de este insigne crítico literario es muy respetable. Diría que hasta muy bien concebido. ¿Pero quién tiene el derecho de emitir una crítica de un trabajo escrito por otro? Y no estoy hablando de reseñas o comentarios, que a fin de cuentas tienen la finalidad de hacer un resumen de la obra y exponerla al público para que éste decida si vale la pena leerla o no, sea porque esté dentro de sus gustos literarios o porque necesita saber un poco más del libro que desea comprar.
Para ejercer de crítico y decidir si una obra está bien o mal escrita se requieren más conocimientos que ser un devorador de libros, y aunque se cumplieran con todos los requisitos señalados por José Semprúm no creo que alguno tuviese derecho de decidir si un libro es bueno o es malo. Eso lo resolverá el propio lector, de acuerdo a sus parámetros, sus conocimientos, sus íntimas necesidades y muchos otros factores que probablemente se escapan de mi percepción.
Pienso que las páginas dedicadas —quiero pensar que de buena fe—, a las reseñas de libros, deben quedarse en eso: en informar al público del contenido del libro, para que éste decida si lo lee o lo deja pasar.
Por otro lado, dudo mucho que en las innumerables páginas web dedicadas al tema, existan verdaderos críticos para emitir juicios y dictaminar como lo podría haber hecho un Roland Barthes, uno de los primeros en aplicar a la crítica literaria los conceptos consecuencia del psicoanálisis, la lingüística y el estructuralismo, o el famosísimo Edgar Allan Poe, uno de los mejores críticos literarios estadounidenses, además de escritor.
Tengo varios amigos a los que aprecio mucho, que son colaboradores de portales y revistas literarias, a ellos en especial va dirigida esta entrada, para que recuerden que una reseña es diferente de una crítica, y que cuando reciban en sus manos “un tostón” como llamamos coloquialmente al libro que nos cuesta leer, se limiten a hacer un recuento del contenido, sin caer en la tentación de emitir juicio.
En lo personal creo que si leo un libro cuya trama o contenido percibo como mal planteado, lo mejor es comunicarme con el autor de manera directa y discreta, antes que someterlo al escarnio público, para lo cual hay lugares específicos, como los foros literarios que en anteriores entradas he mencionado, adonde van los escritores con la finalidad de intercambiar ideas, aprender, o emitir comentarios, y el que participe en uno sabrá que allí todo es público. Y no estoy mencionando los blogs. No se puede comparar un foro literario con un blog. Este último es poco propicio para hacer correcciones, a no ser que el propio autor lo solicite.
Una de las razones por la que los buenos críticos literarios son más escasos que los buenos poetas o novelistas es la naturaleza de egoísmo humano. Un poeta o novelista ha de aprender a ser humilde ante el tema de su escritura, que es la vida en general. Pero el asunto del crítico, el tema ante el cual debe aprender a ser humilde, está compuesto de otros escritores, es decir, de individuos humanos, y esta clase de humildad es mucho más difícil de adquirir.
H.W. Auden
Poeta y crítico literario.
jueves 17 de septiembre de 2009
EL MAYOR ROBO DE LA HISTORIA

Fue al baño y se tropezó con el amenazador cartel de “Agua no potable” y como el niño corría riesgo de deshidratarse a la buena mujer no le quedó mas remedio que meter un euro en una llamativa maquina expendedora adornada con la fotografía de una bella señorita, con el fin de que le proporcionara una botellita de menos de un cuarto de litro de “agua de manantial”.
Como el avión se retrasaba me entretuve en hacer un simple cálculo: aquella infeliz había pagado a cinco euros el litro de agua, cuando potabilizar o desalar mil litros hubiera costado como máximo un euro.
Es decir, había pagado cinco mil veces más caro algo a lo que tenia derecho por ley y sin opción a elegir si no quería que su pequeño enfermara.
Era como si una barra de pan le hubiera costado mil euros.
Y el gobierno lo consiente, al igual que lo consintieron los anteriores, fueran del color que fueran.
A diario nos quejamos del precio de la gasolina pero sin pretender defender a la aborrecidas empresas petroleras, debo admitir que se gastan fortunas en prospecciones, extraen crudo en lugares tan remotos como los polos, los desiertos, las selvas o el fondo de los océanos, lo transportan en enormes buques cisterna a miles de kilómetros de distancia, lo refinan y colocan la gasolina en el surtidor a un precio que ronda el euro por litro.
Y si supera ese precio ponemos el grito en el cielo pese a que la salud de nuestros hijos no dependa de ello.
No obstante, un empresario sin escrúpulos, soborna a un político o un funcionario, se apodera de un manantial que en buena ley pertenece a la nación, abre el grifo, llena cinco botellas de plástico -que además no se reciclan y si se reciclan se hace a cargo del estado- las envía con una camioneta a menos de cincuenta kilómetros de distancia, y cobra esa agua imprescindible para la vida, cinco veces más cara que la gasolina.
Se me antoja injusto escuchar a nadie lamentarse porque le cobren cinco veces menos por algo que nos llega de Alaska o Dubai, que por algo que llega del pueblo vecino. En España consumimos unos ciento cincuenta litros de agua embotellada por persona y año, es decir, casi seis mil millones de litros, con un negocio que ronda los veinte mil millones de euros.
En resumen, a cada ciudadano, hombre, mujer, niño o anciano nos están despojando de doscientos euros anuales por un agua que nos pertenece a todos.
Y lo más lacerante de semejante expolio estriba en el hecho de que la totalidad de los manantiales españoles no son capaces de producir ni tan siquiera las dos terceras partes de esos seis mil millones de litros.
El resto es en realidad agua de grifo disfrazada.
Nos la roban, la camuflan, hacen una llamativa campaña publicitaria asegurando que al beberla nos convertiremos en estrellas de cine y nos la revenden cinco mil veces más cara.
Y el gobierno lo consiente, al igual que lo consintieron los anteriores.
¿Hasta qué punto puede llegar su grado de corrupción o ineptitud cuando permiten que se quiten las fuentes de agua de los lugares públicos con el fin de favorecer a unas determinadas empresas?
Para la salud de aquel niño era más importante un vaso de agua que el hecho de que alguien estuviera fumando a veinte metros de distancia.
¿Y hasta qué punto llega la desidia del ciudadano cuando acepta que su esposa se desriñone cargando botellas desde el supermercado con el fin de que los beneficios de un puñado de canallas crezcan un veinte por ciento anual?
Nuestra ultima esperanza se centra en el hecho de que algún día aprendamos a sobrevivir bebiendo gasolina.
Nos resultara mucho más barato.
