lunes, 6 de mayo de 2013

Francisco Gijón, un joven historiador y Napoléon Bonaparte


Francisco Gijón tiene una amplia bibliografía, en su mayoría obras de divulgación histórica, también unas cuantas novelas: Morituri, Las cartas de Atilio, El Carbayón, Vidas purulentas, Madrid, Línea 5, El monstruo y el testigo y Los cuadernos de la memoria, novela a la que dedicaré esta entrevista.

─Francisco, en una oportunidad anterior hablamos acerca de tu carrera de escritor  en una amplia entrevista.  Esta vez me enfocaré a tu novela Los cuadernos de la memoria . ¿En qué te inspiraste para escribirla?
A finales de 2008 tuve mi crisis particular -ahora se habla mucho de la crisis, pero yo llegué  a padecerla antes que mucha gente que por desgracia la está padeciendo en la actualidad-. Una serie de situaciones encadenadas  (o desencadenadas, según se mire) que padecí en primera persona y la admiración que siempre tuve hacia la figura de Napoleón fueron factores decisivos para inspirarme el argumento que podríamos resumir en una sencilla frase: ¿puede sobrevivir y ser feliz un hombre que, tras poseerlo todo (en el caso de Bonaparte, Europa entera), lo pierde y acaba recluido en una pequeña isla en mitad de ninguna parte? Yo creo que sí. Me documenté al respecto durante más de un año y LOS CUADERNOS DE LA MEMORIA es el resultado de mis conclusiones historiográficas y personales: una mezcla entre desahogo y análisis histórico pasado por el tamiz indispensable de quien no puede dejar de desenroscar la pluma ni un solo día.

─He leído esa novela y creo que es una de las más interesantes escritas acerca de Napoleón, porque trata de una parte pocas veces tocada: sus últimos años en Santa Elena, contada a partir de unas cartas que él escribió al amor de su vida. ¿Cuánto hay de realidad y cuánto de ficción?
La novela epistolar siempre es ficticia. La persona destinataria de las presuntas cartas que el Emperador escribe desde el exilio son producto de mi imaginación. No obstante estamos hablando de mi novela más documentada hasta la fecha y puedo afirmar que de todos los diálogos que aparecen en sus casi quinientas páginas, solamente tres han sido inventados al 100%. Recurrí a todo tipo de documentación y a la inestimable ayuda de distintas universidades y sociedades napoleónicas de diversos países para conocerlo todo sobre el protagonista, su vida cotidiana en Santa Elena y los personajes que lo acompañaron durante aquellos cinco años de cautiverio. Incluso tuve en mis manos los planos de Longwood, su casa, retratos auténticos de los personajes y testimonios directos e indirectos de quienes vivieron aquella experiencia (desde la autopsia realizada al Emperador hasta anotaciones de los diarios de algunos sargentos de artillería que lo conocieron in situ). También utilicé el maravilloso GOOGLE EARTH para darme un paseo virtual por los rincones que pisaron los personajes y empaparme a fondo sobre el ambiente. Leí todo cuanto cayó en mis manos y, bueno, hice lo que pude con todo ese material . Lo pasé muy bien confeccionando la novela.  Fíjate que incluso soñaba por las noches con los personajes y revivía las escenas escritas como si estuviese viendo una  película onírica sobre su desarrollo. Fue una labor rayana en lo obsesivo, pero muy grata.

─¿Por qué escogiste a Napoleón como personaje histórico?
Se trata de un personaje fascinante. Gobernó Francia no siendo francófilo -pertenecía a una familia de rebeldes corsos que se opusieron a la ocupación francesa de su tierra natal-, fue pobre de solemnidad hasta que destacó en sus campañas egipcias (llegó a plantearse dejar el ejército y dedicarse a la especulación inmobiliaria en París) y, en fin, las anécdotas sobre su vida llenarían volúmenes infinitos. Cabe destacar que fue un magnífico exponente del inevitable resultado de la Revolución Francesa, cuyos ideales encarnó desde su personal dictadura como pocos: fue el primer gobernante que dio a los judíos su derecho pleno como ciudadanos (que luego perdieron en la Restauración), tuvo ideas sublimes, como plantar árboles a los lados de las carreteras para que los viajeros tuviesen sombra en sus desplazamientos; desarrolló una política económica encomiable y moderna para su época; creó un impuesto sobre el tabaco advirtiendo que era nocivo para la salud y, de todas las guerras que sostuvo, sólo declaró una: la de España. Las demás fueron defensivas.  Queda claro que Bonaparte es todo un caramelito para cualquier autor con ganas de escribir calentándose mucho la cabeza.

─¿Tienes otros personajes de los cuales te gustaría escribir?
Sí. Y de hecho estoy en ello. Uno siempre tiene tres o cuatro carpetas abiertas sobre las que trabajar. Actualmente estoy trabajando en sendas novelas sobre Homero y Oscar Wilde, ambas ya registradas y en plena revisión. Creo que serán interesantes para el lector, pues están enfocadas desde un punto de vista que creo va a sorprender y sobrecoger bastante. Ya sabes de mi obsesión por contar las historias de la historia desde otras perspectivas y diferentes ángulos.  A veces los personajes son meras excusas para transmitir conocimientos que permanecen fuera del alcance de la gente por ser farragosos o complejos. Creo que es tarea del escritor acercar en la medida de lo posible la realidad y los últimos descubrimientos al público. A mí me divierte.

─¿Piensas que la historia ha sido justa con Napoleón?
No. Pero creo que lo será en breve. El año próximo empiezan los aniversarios sobre su caída. No es un personaje que deje indiferente a nadie ni tampoco un gobernante a ignorar en unos tiempos tan ingratos como los actuales. Me temo que Europa está a punto de admirar con nostalgia sables ilustrados como lo fue el suyo. A Napoleón le faltó un parlamentarismo moderno que le hiciese de contrapeso, pero en su época eso no existía, así que no es culpa suya. La Europa moderna comenzó con él y, por desgracia, todos los dislates que se cometieron a continuación fueron producto de su política. Injusto sería echarle la culpa por ello, pero hay opiniones para todos los gustos.

─¿Qué opinión tienes de su gestión como conductor de los destinos de Francia?
Muy buena en general, aunque podía haberlo hecho mejor. Su mayor error fue dejarse llevar por el absolutismo en las formas. Hacer que un Papa le proclamase emperador, imponer monarquías nuevas en los países vencidos a costa de colocar a su propia familia y la vanidad que derrochó fueron, entre otros imperdonables fallos, la base de su perdición. La vanidad  mezclada con la soberbia es un arma muy peligrosa que se suele volver contra uno y  si ésta es el resultado de la ambición de poder, la obtención del mismo y la ubicua adulación de quienes se le arriman a uno para medrar, la causa está perdida de antemano. Napoleón no supo ni tampoco quiso protegerse contra eso. Tal vez porque en su persona se mezclaban el exceso de su carisma con una lamentable falta de autocontrol y cultura. Pero mi balance, tras haber estudiado sus últimos años, es bueno. Del 1 al 10 le doy un 8. A la gente hay que juzgarla de principio a fin, no sólo por períodos.

─¿Consideras que los personajes como él tienen algún rasgo en común?
Napoleón fue  único. No lo veo comparable con ningún otro personaje histórico, sinceramente. Al contrario que otros “caudillos históricos” -por llamarlos de alguna manera- él no fue un exterminador ni un genocida, como Hitler, Julio César o Stalin. En todo caso la abrumadora soberbia y el mesianismo serían rasgos comunes con otros personajes históricos de parecida relevancia.

─¿Qué papel juega su mayordomo en sus últimos años?
Fue su confidente, su amigo y casi su hermano. Hablaban en dialecto corso para que nadie entendiese sus conversaciones. Cuidaban el uno del otro desde la infancia. Eran  grandísimos amigos y, opino, fue la única persona en la que confió de verdad. Cuidó de él  hasta que  se lo arrebataron con malas artes. Luego se quedó a solas consigo mismo y entonces supo definitivamente que su historia personal y vital iba a acabar pronto, que era cuestión de  tiempo. Curiosamente había que acabar con el mayordomo para poder matar al amo, y así fue. ¡Para que luego digan que en un asesinato el principal sospechoso es el mayordomo!

─¿Qué piensas de la decisión de regresarlo a Francia con todos los honores una vez muerto?
Fue acertada, justa y necesaria. Se trató de la reacción lógica de un pueblo nostálgico que se percató al cabo de unos años del gran activo que perdió al perder a su Emperador. Los honores de su regreso fueron espectaculares incluso para nuestros días.  También jugó un gran papel la admiración que los ingleses, sus grandes vencedores, carceleros y asesinos, le tomaron apenas lo hicieron prisionero. Inglaterra fue determinante desde el romanticismo decimonónico para convertir al caído en un héroe nacional y mundial. Los franceses simplemente dejaron aflorar el orgullo que tenían dentro de sus corazones con el beneplácito de las demás naciones. Dice mucho de los ingleses que le rindiesen tributo y homenaje apenas fue vencido. De hecho, durante su cautiverio muchos admiradores ingleses le hicieron llegar a Santa Elena todo tipo de regalos: desde un piano de cola a una biblioteca de centenares de volúmenes, pasando por una máquina de hacer hielo. Si eso no es admiración y respeto...

─¿Podrías decirnos quién es la receptora de sus cartas?
Creo que todos los seres humanos nos llevamos un secreto a la tumba. Me gusta que mis personajes hagan lo mismo. Ya pasó en LAS CARTAS DE ATILIO, y en EL CARBAYÓN todo gira en torno a un secreto que alguien se lleva a la tumba. La receptora de sus cartas es el gran secreto que mi Bonaparte  esconde y que yo rescato como reflexión personal y existencial. Sinceramente pienso que todos tenemos un secretito guardado en el fondo de nuestro corazón. Puede ser una  persona, un hecho del pasado, un niño o un recuerdo. Y generalmente nos esperamos al final para reconocerlo o para decidir si nos lo callamos para siempre. Es bonito que sea así.

─¿Crees que la literatura está atravesando por un buen momento?
─Con la crisis la imaginación está haciendo lo que había dejado de hacer durante tres décadas: progresar adecuadamente. Ahora la calidad regresa y se impone a los beocios intereses de las editoriales. Creo que estamos en un gran momento y que el futuro va a ser todavía mejor. Ya lo verás. Los Autores Indies son un claro ejemplo de lo que digo.

─¿Cuántos libros llevas escritos hasta el momento?
Voy por el número 22 publicado y este año desempolvaré un par más si Dios quiere. Habida cuenta de mi edad y de que llevo escribiendo desde los 18 años tampoco es tanto.

─¿En qué sitios tienes a la venta Los cuadernos de la memoria?
Se puede adquirir exclusivamente en AMAZON y CREATEMYSPACE en formato de papel. Puede que salga en digital más adelante, pero de momento toca esperar. Yo creo que un libro bien presentado y editado que te llega en tres días a casa y te cuesta 13 euros (unos 17 dólares) es oferta razonable. Además, estas plataformas me permiten que la obra llegue a los lectores de todo el mundo. Tengo muchos lectores en Latinoamérica, Alemania, Estados Unidos y Canadá. Algo bueno tenía que tener la dichosa “Globalización”.

─Ha sido un placer hablar una vez más contigo, Francisco, sé que tus obras tienen gran demanda y espero que Los cuadernos de la memoria  siga el camino de éxito que te has trazado.
Ojalá que así sea. Viniendo de ti y con tu experiencia y éxitos tu deseo es todo un halago y una declaración de principios. Bien sabes que el sentimiento es recíproco y que el placer de departir contigo es y será siempre mío.

SINOPSIS: El 12 de mayo de 1840 los diputados franceses reciben la confirmación de una gran noticia: los ingleses han consentido que los restos de Napoleón Bonaparte sean repatriados con todos los honores a Francia. De inmediato parte, rumbo a la isla de Santa Elena, una escuadra para realizar la exhumación de los restos mortales del Emperador y llevarlos de regreso a París. Entre los emocionados tripulantes que participan en la expedición se encuentran algunos compañeros de exilio que compartieron con Napoleón sus cinco años de destierro en aquel infame peñón en medio del océano. 
Al día siguiente de su entierro en Les Invalides, Gourgaud, Bertrand, Les Cases y el resto de miembros vivos que compartieron exilio en Santa Elena se reúnen discretamente en una pequeña villa a las afueras de París. Marchand, el mayordomo del Emperador, acude con una sorpresa: una carpeta que contiene las anotaciones de Bonaparte durante su exilio, todas ellas dirigidas a su amor secreto. Sentimientos e incertidumbres en unas páginas que le dedica al gran amor de su vida y que reúne bajo el título de “Les cahiers du memoire”. “Los Cuadernos de la Memoria”.


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(Edición impresa)

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Twitter: @francisco_gijon 

4 comentarios:

  1. Wow, tengo que leerlo. ¡Me parece muy interesante! Felicidades por la entrevista, Blanca. Felicidades a Francisco por su trabajo.

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  2. De lo más interesante y el proceso de documentación también. Gracias Blanca y Francisco.

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  3. Muy interesante entrevista, dos grandes uno frente a otro :) ¡me ha gustado mucho!

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  4. Apasionante!. Estaba recopilando datos para ultimar el artículo sobre el color verde, y el tinte de 1814 con arsénico, y he descubierto esta obra. Me pongo a ello, y espero disfrutar con cada una de sus páginas. Saludos desde Compostela!! y gracias por hacernos partícipes...

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