miércoles, 1 de enero de 2014

Escritores: Mentirosos Consumados

En un programa en el que hablaban de las señales corporales que damos los humanos y los animales cuando interactuamos con otros, aprendí que tanto humanos como animales engañamos desde pequeños, los estudios indican que ya a los pocos días de nacidos el llanto tiene varios significados, no necesariamente el que se supone podría producir un dolor. Llanto para llamar la atención: ¿Es engañar? ¿Es instinto de sobrevivencia?

Como sea, estamos programados genéticamente para mentir y esto no necesariamente tiene que ser negativo. Algunos lo hacen para no herir sentimientos, otros para cubrir sus faltas y la mayoría de nosotros porque deseamos presentar nuestra mejor cara ante los demás. Deseamos ser un poco mejores de lo que somos o al menos que nos perciban así. Y un dato curioso: los que más engañan tienen el cerebro más grande.

Facebook ha llenado ese espacio que hacía falta, por eso creo que tiene tanto éxito. Estoy segura de que muchas de las fotos de los perfiles no son las de los auténticos dueños, sin embargo, nos sentimos atraídos por la personalidad, la bondad o la simpatía que emana de ellos. También tiene su parte oscura, de la cual debemos cuidarnos. Se pueden hacer amistades fantásticas, como crear enemigos acérrimos. ¿Las causas? ¡Vaya usted a saber cuáles son! Pero deben ser las mismas que nos llevan a sentir más atracción por unas personas y no por otras cuando nos vemos físicamente.

En Facebook he sentido muchas sensaciones: atracción, admiración, absoluta empatía, o antipatía, y he percibido (algo que se aprecia de manera asombrosa) igualmente, la antipatía, indiferencia o amistad que sienten hacia mí las personas con las que usualmente trato. Es difícil engañar porque todos sabemos cómo hacerlo desde que nacemos, pero es parte de nuestra cultura saber sobrellevar y pasar por alto las mentiras que nos cuentan, así como otros harán otro tanto con las que nosotros decimos, sea de manera involuntaria o absolutamente racional. En este último caso la sensación es algunas veces tan fuerte que nos aleja definitivamente de la persona. Tal como en la vida cotidiana: no somos amigos de todos nuestros vecinos porque los veamos todos los días. Así que tendré cuidado cuando alguien me diga: “Jamás miento”. No es verdad. 

¿Tendremos los escritores alguna parte del cerebro más desarrollada para elaborar mentiras? Porque un buen escritor debe saber engañar de manera perfecta, y cuanto mejor lo haga, sus libros serán más leídos y los lectores quedarán más satisfechos de haber sido convencidos. Es un juego sofisticado entre escritor y lector.  Uno trata de convencer y el otro se disgusta cuando no se siente convencido.


La verdad, el programa fue muy educativo, me ayudó a comprender algunas cosas, lo pasan por Nat Geo - Juegos Mentales.

¡Hasta la próxima, amigos!

Blanca Miosi

15 comentarios:

  1. Claro que sí, Blanca, un escritor que no sabe mentir no es un buen escritor. Y esas mentiras que contamos en nuestros textos han de parecer verdad, si no, la historia no vale nada. Fuera del oficio de escribir ya es otra cuestión. La mentira o la falsa apariencia es algo reprobable. Feliz año.

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    1. Me parece que la diferencia entre un mentiroso y un escritor radica en que el escritor sabe que sus mentiras serán conocidas y aceptadas por quienes las lean, mientras que el mentiroso espera no ser descubierto. Algo así. ¡Feliz Año, amigo!

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  2. Blanca, pienso que eres la perfecta mentirosa: jajajajaja Feliz año escritora superventas :)

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    1. Favor que me haces, Dante, :) muchas gracias por la visita, y también te deseo un súper exitoso año 2014!

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  3. Yo no creo, Blanca, que los escritores seamos más mentirosos que el resto de los mortales. Tenemos, tal vez, una acentuada tendencia a la fabulación y si me apuras a la confabulación. Quizá una necesidad imperiosa de sublimar experiencias no bien desarrolladas o no del todo acertadamente concluidas a las que se quiere dar un cauce adecuado para, en definitiva, liberarnos de ellas. Yo creo que todo el escribe deja, aunque no lo persiga intencionadamente, huellas y rasgos de su propia conducta y de su modo de pensar. La neurociencia ha llevado a cabo multitud de ensayos clínicos y anatómicos tratando de investigar dónde se sitúan los núcleos cerebrales y en qué se diferencian de los normales. Nada hay en concreto. Se sabe que los sistemas neurales que controlan determinadas conductas, tanto normales como anormales, se sitúan en el córtex prefrontal, pero no se ha podido identificar nada en concreto. Si te acuerdas de aquella fantástica película de Jack Nicholson "Alguien voló sobre el nido del cuco" la lobotomía frontal acabó con el disparatado comportamiento de aquel farsante que prefirió el manicomio para evitar la guerra de Vietnam. Que tengas tú y todos los que te siguen (te seguimos) un venturoso año 2014. Un abrazo.

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    1. Por supuesto que me acuerdo de aquella fantástica película, y tengo también el libro: "Alguien voló sobre el nido del cuco", de Ken Kesey. El día que la ciencia nos de la respuesta sobre el origen o la necesidad de mentir, no sé si daremos un paso adelante o hacia atrás en la evolución. Es un instinto, los animales engañan, de manera que debe ser un instinto básico.
      En lo referente a la escritura, José Luis, estoy de acuerdo contigo en que los que nos damos el tiempo para poner nuestras ideas en papel (o digital) fabulándolas, dejamos rasgos de nuestras propias conductas, aunque no necesariamente sea lo que hubiéramos hecho en la vida real, ante las mismas circunstancias. En eso consiste fabular o mentir, imaginar situaciones y en nuestro caso, tratar de hacerlas creíbles sabiendo que los demás sabrán que estamos inventando.
      El mentiroso de solemnidad jamás querrá ser descubierto, y negará cualquier alusión a sus mentiras.
      Muchas gracias por tus siempre oportunas e inteligentes participaciones en mi blog, José Luis, ¡espero que este año 2014 sigan tus visitas!

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    2. HOLA, BLANCA, PIENSO QUE EN CADA SER HUMANO EXISTE ESE MUNDO IMAGINARIO, ESA CREATIVIDAD QUE EMANA DEL CEREBRO DERECHO Y QUE LE PERMITE INVENTAR, BIEN SEA PARA TENER MÁS HISTORIAS O PARA DEFENDERSE DE LO QUE CONSIDERA UN "ERROR" DE VIDA, ASÍ FLUYEN LAS MENTIRAS Y EL QUE MIENTE SIEMPRE TEME SER DESCUBIERTO Y, MUCHAS VECES, SE DEFIENDE CON OTRA MENTIRA. PIENSO QUE EL ESCRITOR SACA MUCHO DE SÍ, FLUYE A TRAVÉS DEL LENGUAJE Y LO HACE RICO CON SU MUNDO IMAGINARIO QUE, MUCHAS VECES, TENDRÁ QUE VER CON SU PROPIO YO, CON SUS DESEOS, CON SUS CONFLICTOS, CON SU VIDA. FELIZ AÑO

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    3. Exactamente, Nelvys, eso es lo que debe suceder y es la diferencia entre escritores y mentirosos patológicos. Nosotros le sacamos partido a nuestra imaginación. ¡Feliz Año!

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  4. No creo que los escritores seamos menos o más mentirosos que el resto de la población en la vida real, pero es cierto que para ser un buen escritor, hay que engañar al lector. Si bien la neurociencia ha avanzado a grandes trancos en las últimas décadas, aún no hay forma de siquiera comprobar si hay un área del cerebro destinada específicamente a decir mentiras. Sabemos que tiene que ver con la corteza prefrontal, y que los mentirosos registran actividad vigorosa cuando mienten. ¿Pero cómo analizamos la mente de los escritores en particular? ¿Registrará el IRMf mayor actividad en nosotros con respecto al resto de la población? Creo que sería algo interesante, por el bien de la ciencia, si alguien realiza un experimento así, ¡me ofrezco! No me considero mentirosa, pero a lo mejor esa máquina revela lo contrario y soy tan buena mintiendo que me engaño a mí misma.

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    1. Ja,ja,ja,ja!!!!! Me has hecho reír Ana, voy a estar pendiente por si me entero de algún experimento al respecto para avisarte, y eso de que no te consideres mentirosa tiene mucha tela, lo haces tan bien que hasta te engañas a ti misma! ja,ja,ja!!!!

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    2. ¡Hola de nuevo! Días después de leer esta entrada, me topé con un ensayo cómico del escritor Haruki Murakami en el que hablaba justamente del acto de mentir. Me hizo reír bastante, así que lo traduje y aquí te dejo el enlace a ver si te arranca una carcajada a ti también: Masshiro na uso.

      Resulta que sí, somos mentirosos consumados.

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    3. Por lo que he leído comprendo que la humanidad en general tiende a decir mentiras blancas. Salen de manera involuntaria, muchas veces para no dar tantas explicaciones, otras para aliviar una conversación que de otra forma hubiera sido muy tediosa. Pero las personas consideradas "normales" no van más lejos.
      Lo escritores sin embargo, hacemos uso de la imaginación, y tratamos de crear una manera más sofisticada de contar cosas que nunca ocurrieron. Somos cuidadosos, pues si el lector descubre que la mentira está mal contada se decepciona. Es como ir a ver una obra de teatro y ver a un mal actor. La mentira debe ser muy bien contada para el disfrute de los lectores. Eso necesariamente no nos hace más mentirosos que los demás, pero sí creo que desarrolla en nosotros la curiosidad por saber más, nuestra capacidad imaginativa, nuestro cuidado por los detalles. Somos conscientes de que estamos efectuando una labor específica y no nos consideramos mentirosos mientras escribimos. Supongo que hay algunos que se lo toman más en serio y empiezan a decir mentiras, como en el caso de Murakami, que más bien eran tomaduras de pelo, porque debe ser un hombre muy inteligente, dicen que son los que tienen mejor sentido del humor.

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  5. Ya te digo, Blanca. Aunque no todo buen mentiroso es escritor, sí es buen escritor quien inventa dulces patrañas. Feliz 2014.

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