miércoles, 22 de mayo de 2013

¿Cuál es mi opinión acerca de la publicación editorial?

Siguiendo con este ciclo de respuestas a preguntas que nunca me hacen en las entrevistas, copio el siguiente artículo:

Hace pocos días desde una revista cultural me preguntaron acerca de mi opinión general sobre la publicación editorial. Esta fue mi respuesta:

Las editoriales en general apuestan muy poco por sus autores. Ellas buscan algún título entre la gran cantidad de manuscritos que les llegan, después de elegirlo con la mejor de las intenciones, obviamente, lo lanzan al mercado como hacen con todos los libros. El tiempo de vida de un libro, dicho por boca de uno de los directivos de una importante editorial es de dos meses.  Si durante esos dos meses dicho título no despegó porque el autor es un absoluto desconocido y no tiene apoyo mediático (redes sociales, entrevistas, presentaciones, tv), el título se pierde entre la riada de otros nuevos que se lanzan cada día. Al principio la editorial hace su papel, trata de conseguir entrevistas, algún aviso en revistas literarias, pero su mente ya está en otro autor que probablemente tenga más posibilidades.

Por otro lado, los royalties son bajísimos.  8% es el promedio que pagan a cualquier escritor. Lo que sacando cuentas equivale al doble de lo que ellos calculan pueda obtener el autor con las ventas.  Supongamos que la primera edición sea de 2.000 libros. Ellos dan un adelanto de 2.000 euros. Generalmente al hacer el balance anual, que no es anual sino después de año y tres o cuatro meses, te llega el informe de ventas en donde figuran 1.200 copias vendidas. ¿El resultado? te sientes como que tú le debes a la editorial.   Pero cuando la gente te pregunta dónde puede comprar tu libro no lo consigue en ninguna parte. 

El problema de la distribución es grave.  Las grandes editoriales confían en que las distribuidoras que operan para ellas harán su trabajo con eficiencia. No es la editorial quien va de librería en librería apoyando el libro. Es la distribuidora y sus representantes. Entonces vemos que si dichos vendedores o representantes no tienen "incentivos" para colocar tal o cual título o para recomendarlo a las librerías y grandes superficies, simplemente los dejan de lado y los ejemplares dormirán el sueño de los justos en los almacenes de las distribuidoras. Todos pierden. Es algo absurdo.

Creo que la editorial cuidaría más el producto si le pagase un porcentaje mayor al escritor o si los anticipos fuesen mayores. No se comprende cómo puedan desperdiciar  tiempo y dinero en "campañas" mediocres por libros que después demuestran que podrían haber llegado a ser bestsellers cuando se venden por Amazon.

Un ejemplo claro es La búsqueda. Mi novela tiene 499 días entre los 3 primeros del top 100 de Amazon.com, también estuvo más de un año en Amazon de España y en Alemania ocupa un buen tiempo el primer lugar.  No debe ser casual. Y cuando  hablo del top 100 no me refiero a su categoría, sino como novela más vendida en todas las categorías en el primer lugar.  Ahora está en el tercero, el que ocupa el N°1 es Dan Brown. Y la versión en papel de La búsqueda se vende diariamente a todas partes del mundo, a través de CreateSpace. Lo que recibiría de adelanto por una editorial una sola vez, lo recibo mensualmente. Entonces, la pregunta es: ¿Qué ventajas me trae publicar por una editorial? Económicamente, ninguna.

Sin embargo siempre queda ese sabor dulce de haber sido "aceptado" por la criba editorial, lo cual de por sí es un enorme alimento para el ego. Creo que en eso se basan ellas para tratar a los escritores de la manera en que lo hacen. 

Cierto es que muchos escritores siguen creyendo que ser aceptados por una editorial los catapultará al éxito, máxime si son fichados por ocupar los primeros lugares en Amazon. No siempre es así. La experiencia me dice que como mejor se vende, se alcanza mayores mercados y económicamente va mucho mejor es siendo independiente.

No deseo con estas palabras desanimar a los escritores que piensan que publicar por editorial sea la panacea. Comprendo la necesidad que tienen de reafirmar sus egos: ¿Quién mejor que una editorial para decirles que son realmente escritores? Pero de ahí a ser buenos escritores el asunto es diferente.  Eso lo tendrán que demostrar con el tiempo, y el tiempo editorial no es el mismo que el del escritor.

Aquí les dejo el enlace de un artículo que leí esta mañana, es bastante interesante: Libros y Bitios, por José Antonio Millán o (El sector editorial español tiene debilidades estructurales)

martes, 21 de mayo de 2013

¿Por qué es importante la trama en una novela?


Sobre la trama de una novela

John Gardner

Sólo el escritor que ha llegado a comprender lo difícil que es contar una historia de excepcional calidad -sin manipulaciones fáciles, sin romper su continuidad, sin jactancia ni cohibición- está en condiciones de apreciar en su totalidad la "generosidad" de la ficción.

En la mejor ficción narrativa, la trama no es una sucesión de sorpresas, sino una sucesión cada vez más emocionante de descubrimientos, o de momentos de comprensión. Uno de los errores más habituales de los escritores noveles (de los que entienden que escribir novela es contar historias) es creer que la fuerza del relato radica en la información que se retiene, es decir, en que el escritor consiga tener al lector siempre en sus manos, para descargarle el golpe definitivo cuando menos se lo espera. La ficción avara es aquélla en la que el autor se niega a tratar al lector de igual a igual

Supongamos, por ejemplo, que el escritor ha decidido contar la historia de un hombre que se traslada a vivir a una casa que está al lado de la casa de su hija, una jovencita que no sabe que su nuevo vecino es su padre. El hombre -llamémosle Frank- no le dice a la muchacha -que podría llamarse Wanda- que es hija suya. Se hacen amigos y, a pesar de la diferencia de edad, ella comienza a sentirse atraída sexualmente por él.

Lo que el escritor necio o inexperto hace con esta idea es ocultarle al lector la relación padre-hija hasta el último momento, y al llegar a este punto salta y exclama: "¡Sorpresa!" Si el escritor cuenta la historia desde el punto de vista del padre y se guarda un detalle tan importante, no respeta el tradicional pacto lector-escritor, es decir, le hace una jugarreta al primero.

Por otro lado, si la historia está contada desde el punto de vista de la hija, el recurso es legítimo porque el lector sólo puede saber lo que la chica sabe. Lo que ocurre entonces, sin embargo, es que el escritor hace mal uso de la idea. En esta historia, la hija es simplemente una víctima, puesto que no conoce los hechos que le permitían optar por alternativas, a saber: afrontar sus sentimientos y tomar una decisión, bien aceptando el papel de hija, bien escogiendo violar el tabú del incesto.

Cuando el personaje central es un víctima, no quien actúa, sino sobre quién se actúa, no puede haber auténtica intriga. Es cierto que en la gran narrativa no siempre es fácil distinguir si el personaje central es al mismo tiempo agente. La institutriz de Otra vuelta de tuerca negaría rotundamente que está actuando en complicidad con las fuerzas del mal, pero poco a poco, con gran horror por nuestra parte, nos damos cuenta de que así es.(...)

En el análisis final, la verdadera intriga viene con el dilema moral y la valentía de tomar decisiones y actuar en consecuencia. La falsa intriga proviene de la sucesión absurda y accidental de los acontecimientos. El escritor más hábil o experto proporciona al lector, a su debido tiempo, la información necesaria para comprender la historia, con lo que éste, a medida que lee, en lugar de preguntarse "¿Qué les ocurrirá ahora a los personajes?" lo que se plantea es: "¿Qué hará Frank a continuación? ¿Qué diría Wanda si Frank decidiera...?" y así sucesivamente.

Al entrar en la historia de esta forma, el lector siente auténtica intriga, o lo que es lo mismo, auténtico interés por los personajes. Toma parte activa, por secundaria que sea, en el desarrollo de la historia: especula, intenta prever, y como se le ha proporcionado información importante, está en situación de advertir el error si el autor extrae conclusiones falsas o poco convincentes, si fuerza el desarrollo en una dirección que no sería natural, o si atribuye a los personajes sentimientos que nadie tendría de hallarse en lugar de éstos.

(...) La moralidad de la historia de Frank y Wanda no reside en que éstos opten por no cometer incesto o decidan que sí lo cometerán. La buena narrativa no se ocupa de los códigos de conducta -o, en todo caso, lo hace indirectamente. El joven escritor que comprende por qué es más inteligente presentar el caso de Frank y Wanda como una historia de dilema, sufrimiento y necesidad de optar por una u otra alternativa, está en situación de comprender la generosidad de la buena narrativa. El escritor inteligente, para conferir fuerza a su relato, confía en los personajes y en el argumento, y no en la treta de guardarse información, ni siquiera en hacerlo al final.

Dicho de otra manera, el escritor procede abiertamente, evoluciona en la cuerda floja, sin red. Y también es generoso en el sentido de que, a pesar de su dominio de las técnicas narrativas, sólo recurre a las que convienen a la historia: es, literalmente, servidor de ésta y no un doncel que utiliza la historia como mera excusa para alardear. Aunque esto no quiere decir que el escritor no conceda importancia a la realización. Las técnicas que emplea porque la historia lo exige las emplea con brillantez. Trabaja totalmente al servicio de la historia, pero con elegancia.

(...) La buena novela tiene hondura intelectual y emotiva, lo cual significa que una historia cuya idea central sea estúpida, por brillantemente contada que esté, lo será igualmente. Tomemos un ejemplo sencillo. Un joven periodista descubre que su padre, que es el alcalde de la ciudad y que ha sido siempre un héroe para él, en secreto posee burdeles y sex-shops y practica la usura. ¿Descubrirá el pastel el hijo? Sean cuales fueren sus actividades secretas, ha sido el padre de nuestro periodista quién le ha enseñado todos los valores que defiende, entre ellos la integridad, la valentía y la conciencia social. ¿Qué hará el periodista?

¿Y a quién le importa? Como planteamiento es una imbecilidad. Su primer error es que el conflicto que presenta (¿qué es más importante, la integridad o la lealtad personal?) carece de interés. Es tan obvio que la integridad personal se puede someter a las exigencias de un tipo más elevado de integridad, que no vale la pena hablar de ello. Y en el caso de esta historia hipotética, la vileza del padre es de tal calibre que sólo a un tonto le atormentará la duda de si debe o no anteponer la lealtad personal.

El error más grave de esta idea es que no empieza por el personaje, sino por la situación. El personaje es la vida de la novela. El ambiente existe sólo para que el personaje tenga un entorno en el que moverse, algo que ayude a definirlo. El argumento existe para que el personaje pueda descubrir algo de sí mismo, y, en el proceso, revelar al lector cómo es él realmente: el argumento obliga al personaje a decidir y a actuar, lo transforma de estética construcción en ser humano vivo que toma decisiones y paga las consecuencias u obtiene recompensas.(...)

En casi toda buena novela, la forma básica -casi ineludiblemente- de la trama es: un personaje central quiere algo, lo persigue a pesar de la oposición que encuentra (en la que, quizá, se incluyan sus propias dudas) y gana, pierde o se inhibe.

lunes, 13 de mayo de 2013

¿Qué es un escritor indie o independiente?


¿Qué es un escritor indie o independiente?

Es la pregunta que no me hacen cada vez que me entrevistan.  Y es la que me hago yo ahora.
Un escritor independiente no es un escritor que necesariamente ha sido rechazado por las editoriales.  Es un escritor que desea publicar sus obras por su cuenta, sea por Amazon, Kobo, Apple Store, Barnes & Nobles o cualquiera de las cientos de plataformas que se anuncian ahora en Internet.

¿Ha contribuido Amazon a la expansión del mercado de libros de autores independientes?
Sí.  Pero al mismo tiempo y con propiedad puedo decir que Amazon se ha convertido en una especie de “Divina Comedia”.
Se puede publicar allí y permanecer en el purgatorio durante toda la vida. Es decir, estar y permanecer en el limbo. Unas pocas ventas y unas pocas vistas. Algunos comentarios y ya.
También se puede publicar y pasar a convertirse en un superventas. ¿Motivos? Hay muchos, y no todos necesariamente positivos.
Hay quienes están en el top 100 y sus novelas son unos bodrios. Temas recurrentes, falta de originalidad, por decir lo menos, escasez absoluta de estilo literario por no hablar de la desastrosa estructura…  Sin embargo es lo más cercano que existe de estar en el Paraíso.
Y hay otros que definitivamente están en el Infierno: Novelas exquisitas, bien trabajadas, y que sin embargo no llegan a las listas, se venden a un ritmo continuo sin llegar a descollar.
Digo que es como estar en el Infierno porque muchos de estos buenos escritores se deben sentir enormemente frustrados al ver cómo otros, cuyas novelas ellos consideran son de inferior calidad en todo sentido logran subir y permanecer en las listas durante meses, incluso años.  No debe haber nada más desesperante que ser consciente de que en las ansiadas listas de Amazon no siempre lo que tiene más calidad destaca.
Es el caso de algunos escritores que conozco, que aunque no lo manifiesten, percibo su desencanto.
Esta Divina Comedia se viene dando desde que empezó la autopublicación en Amazon, y viene sazonada con comentarios de los lectores, algunos tan demoledores que parecieran dejados allí más por otros escritores que por lectores insatisfechos.

¿Son importantes los comentarios en Amazon?
Yo diría que hasta cierto punto. Algunos escritores piensan que por un comentario de una estrella su obra dejó de venderse y desapareció de las listas para siempre.
Yo diría que no es así. Todos los que publicamos allí estamos sometidos a toda clase de opiniones, pero ya no depende de nosotros el que la novela permanezca o no en buenas posiciones.  Dependerá de la propia novela.

¿Pueden las estrategias de venta llevar a una novela a los primeros lugares?
Estrategias de venta son: cambio de portada, de sinopsis, hasta de título, para ver si de esa manera se logra entrar como novedad. Al principio puede surtir efecto, pero una vez más es la historia, el tema que se desarrolla en esa historia, la manera como se desenvuelve la novela y logra atrapar al lector lo que hará que la novela permanezca o después de unas semanas empiece una caída sin retorno.

¿Es importante la promoción en las redes sociales?
Sí es importante. Al menos para dar a conocer la novela.  Pero vuelvo al punto principal: Cuando el producto que se ofrece es bueno, la campaña surtirá efecto. Si no lo es tanto, por más publicidad que se haga, indefectiblemente la obra quedará relegada.

¿Qué debería ser lo más importante para un autor independiente?
Que su obra esté bien escrita. En esto no hay excepciones. Aunque pensándolo bien, sí la hay: según opiniones de las agencias literarias, la novela rosa o romántica tiene muchas más probabilidades de llegar a venderse muy bien porque es el género más leído.  A veces ni siquiera pasan por la criba editorial y las publican tal cual. Así que si desean descollar escriban algo que contenga una pareja digna de un concurso de belleza, muchos labios auto-destrozados (es impresionante leer cómo se muerden los labios las protagonistas de las novelas románticas) y un final de ensueño.  Al fin y al cabo los y las lectoras quieren disfrutar lo que no pueden hacer en la vida real.}

¿Es necesaria la autocritica?
Lo asombroso de todo es que cuando algunas personas se refieren a las malas obras que se exhiben en la plataforma de Amazon por los autopublicados,  ocurre un fenómeno extraño: o todos se dan por aludidos o nadie se da por aludido.  Es la elemental falta de autocrítica la que campea en los predios amazónicos.  

¿Y qué de la criba editorial?
Tengo varias novelas allí, algunas publicadas a través de editoriales y otras publicadas por mí. Y por alguna razón una de mis novelas se sigue conservando entre las tres más vendidas después de 670 días. Es una novela que fue publicada por editorial. ¿Casualidad? Nada es casual en la vida.
Siento un gran respeto por la criba editorial. Un trabajo que muchos autores autopublicados lo consideran inútil y estigmatizante. No siempre tienen razón (los autores), a veces las editoriales pueden equivocarse, pero generalmente aciertan. Cuando rechazan un manuscrito es porque decididamente está mal, y en algunos casos es incomible.
Después de que la editorial rechazó El manuscrito I El secreto sometí la novela a una profunda revisión, hasta le cambié el argumento. Y la publiqué por mi cuenta en Amazon.  Fue un éxito rotundo. Trescientos días después sigue en los primeros lugares de Amazon.com ahora a través de Ediciones B.
En lo que no estoy de acuerdo con las editoriales es en el trato hacia el escritor. Eso debe cambiar, y espero que esta revolución digital y editorial sirva para algo.

¡Hasta la próxima, amigos!
Blanca Miosi



domingo, 12 de mayo de 2013

Psicoanális a Waldek Grodek, protagonista de LA BÚSQUEDA, por la Dra. Marisol Marrero



MARISOLMARRERO, escritora, profesora universitaria con Master en Psicología Social, hace un análisis de la personalidad de Waldek Grodek, protagonista de mi novela "La búsqueda".


LA BUSQUEDA: UN PROCESO DE RENACIMIENTO.

La novela “La búsqueda” de Blanca Miosi se desarrolla a través de una época comprendida entre los Inicios de la II Guerra Mundial, hasta los sucesos de las torres gemelas en New York. La trama se basa en la historia de un muchacho llamado Waldek y su proceso de renacimiento. La palabra alemana wiedergebunt, según el psiquiatra Carl Jung, contiene la idea de la renovatio, de la renovación o hasta del mejoramiento mediante la causación mágica. Esta idea la podemos aplicar a la vida del protagonista de la novela, un chico que es sometido a un proceso de transformación tan intenso, que lo conduce a un maremágnum de proporciones mayores. El mundo cambió después de la guerra, se modernizó luego de un proceso de desmoronamiento. Waldek también lo hizo a través de sus vivencias. El renacimiento puede ser una renovación sin variación del ser, por cuanto la personalidad que es renovada no se altera en su esencia, sino solamente partes de la personalidad, que son sometidas a curación, fortificación, o mejoramiento.

Este es el caso de Waldek que es de tendencia optimista a pesar de todos los avatares que le presenta el destino.

El renacimiento es una realidad psíquica, no es palpable pero se siente. Transformación y renovación de la vida es la historia de Waldek, un sino desdichado lo perseguía, el absurdo lo rodeaba, mas seguía adelante. Él fue un sobreviviente de la gran matanza y sin embargo no dejó que lo vencieran las circunstancias adversas: su casa destruida por los alemanes, su mundo, su familia, incluso su perro, también sus amigos y compañeros de escuela 
desaparecieron. Todo, todo, se derrumbaba a su alrededor, pero seguía adelante sin inmutarse ¡Crecía con la adversidad! No sólo crecía físicamente, sino también espiritualmente se hacía más fuerte. Siempre andaba en pos de un mundo más claro. Waldek amaba la vida, se amaba a sí mismo y se hallaba a gusto tal cual era. Él se autodenominaba como un chico con suerte. Fue capaz de ver la luz en las tinieblas. Siempre andaba en busca de la libertad hasta el final de sus días. Esta búsqueda de la libertad es la búsqueda de sí mismo, que se inicia tempranamente en la Polonia de antes de la guerra: la escuela, el liceo, las clases de piano, el entrenamiento con los scouts una vida común y corriente como la de cualquier niño, hasta que todo se convirtió en terror con la ocupación de Varsovia por los alemanes. Como dice Stefan Zweig: “la patria se convirtió en prisión, la compasión en crimen…” eso hicieron los nazis de Polonia, una prisión, un mundo de tinieblas, un reino de sombras oscuro y terrible. 

   Zweig plantea en su libro Verhaeren, que en el periodo Nazi, todos los

sentimientos con excepción del odio, estaban oficialmente prohibidos y proscritos. Y sigue diciendo textualmente: “…un mundo insensato puede destruir el presente y ensombrecer, tal vez, el porvenir.” Este es el mundo donde Waldeck va creciendo, se va convirtiendo en hombre. Se alargan sus piernas, se instalan para siempre sus recuerdos ¡Hay una mujer desnuda en ellos!

¿Cómo explicar que un individuo se mantenga de modo ejemplar en medio de un mundo caótico?

Esta pregunta la contestamos siguiendo las vicisitudes de la vida de Waldek a través de La Búsqueda, búsqueda de la libertad, que siendo un adolescente es apresado por los Nazis porque pertenecía a la Armia Krajowa, un grupo opositor a los comunistas y a los nazis. ¡En ese instante comenzaba el horror! Había guetos para los polacos de la resistencia. Los católicos eran tratados como inferiores aunque no eran judíos, este era el caso de Waldek, que fue internado en un campo de concentración en Auschwitz, cuando apenas contaba quince años. Aquí lo marcaron con un número, el cual llevaría toda su vida. A los 16 años estaba en Mauthausen trabajando como esclavo en el ensamblaje de aviones. Una vez rompió una pieza en la línea de trabajo, y creyó que lo iban a matar. La tierra tembló con el horror del adolescente, pensó que tendría que cavar su propia sepultura como hacían los judíos. También sintió el olor a carne chamuscada ¡Cómo espantar al diablo! Mas lo salvó el diablo mismo que era su jefe de ingenieros, diciendo: “Esa pieza vino rota, tráiganme una de reemplazo inmediatamente”. Esta circunstancia hizo pensar a Waldek que no todos los nazis eran iguales. Este que lo había salvado, le daba de manera oculta pan y salchichas. Seguramente le daba lástima, pues aún era un niño, aunque espigado.

Waldek nos hace señas desde la Alemania Nazi, desde la Europa traumatizada, desde la humanidad sometida al peor escarnio que uno pueda imaginarse. Incluso hasta mucho más tarde de haber pasado el Holocausto, Waldek se estremece de horror cuando siente el olor a carne asada, en una parrilla del lugar donde había migrado, el Perú.

En el Perú lo esperaba su tía protectora, que no resultó tal, pues su marido pensaba explotar al sobrino, al no pagarle sueldo alguno por su trabajo, pero él vio esta circunstancia, de poder haber migrado, como un golpe de suerte, al decir que “Otra vez la suerte giraba a mi favor.” Luego emprende viaje al norte del Perú, consigue diversos trabajos, pero también lo espera un matrimonio a la fuerza, con Juana, una chica de influencias, quien lo atrapa con argucias. Respecto a Juana, con quien se casa flanqueado de dos policías, pues ella lo acusó de violación, Waldek dice: “Prefería estar en los campos de concentración que con ella”, Cuando logró zafarse de Juana, luego de largos años de sometimiento, se fue hacia Venezuela, escapaba otra vez del comunismo, pues estaba en el poder Velazco Alvarado. Él siempre andaba en busca de la libertad, pero lo perseguía la sombra del comunismo, había vivido eso en Polonia, también en Perú…la misma receta de siempre y los mismos resultados. El mismo Marxismo de siempre. Esto lo hace decir: “Yo había ido hasta el fin del mundo huyendo del comunismo pero el comunismo me había perseguido por todas partes, primero el Perú, después Venezuela… A medida que Polonia recuperaba la normalidad, Venezuela la iba perdiendo: “Parecía que algún extraño resorte del destino jugase conmigo como el gato con el ratón.” Parece ser cierto, pues cuando el suceso de las Torres Gemelas, Waldek se encontraba en New York. Esto lo hizo reflexionar amargamente:

“Pensé que el ser humano no ha variado mucho desde la época de las cavernas. Quizás si, para peor. ¿Quién podría hablar de civilización ante una barbarie así? Hasta aquella mañana yo creía conocer el mal, la guerra y el horror. Pero estaba equivocado, la maldad del ser humano puede llegar más allá de lo imaginable.
Para mí era suficiente. Ya estaba harto de creencias y fanatismo, y también de huir de los problemas buscando un refugio ideal. El refugio ideal no existe, porque no hay lugar donde el mal, la ambición y el fanatismo no puedan llegar. Mi utopía se desvaneció en ese momento. Decidí regresar a Venezuela y seguir allí. Si del mal no se podía huir, la única posibilidad era combatirlo en su origen.
Definitivamente es el tiempo quien gana todas las batallas. Acabará con los nazis, con la Unión Soviética, acabará con Bin Laden, con Castro, con Chávez… y también conmigo.”

Termina la historia con una frase premonitora, pues Bin Laden fue asesinado, Chávez murió de cáncer, y el protagonista también. La búsqueda terminó, ya pasaron los tiempos de llanto para el anciano en que se había convertido.

A la venta en Amazon en formato digital y de papel: http://viewbook.at/B005BVW0PG Al momento de publicar esta entrada
“La búsqueda” lleva más de 488 días en el primer lugar en el top 100 de todas las categorías en el ranking de Amazon.com.

lunes, 6 de mayo de 2013

Francisco Gijón, un joven historiador y Napoléon Bonaparte


Francisco Gijón tiene una amplia bibliografía, en su mayoría obras de divulgación histórica, también unas cuantas novelas: Morituri, Las cartas de Atilio, El Carbayón, Vidas purulentas, Madrid, Línea 5, El monstruo y el testigo y Los cuadernos de la memoria, novela a la que dedicaré esta entrevista.

─Francisco, en una oportunidad anterior hablamos acerca de tu carrera de escritor  en una amplia entrevista.  Esta vez me enfocaré a tu novela Los cuadernos de la memoria . ¿En qué te inspiraste para escribirla?
A finales de 2008 tuve mi crisis particular -ahora se habla mucho de la crisis, pero yo llegué  a padecerla antes que mucha gente que por desgracia la está padeciendo en la actualidad-. Una serie de situaciones encadenadas  (o desencadenadas, según se mire) que padecí en primera persona y la admiración que siempre tuve hacia la figura de Napoleón fueron factores decisivos para inspirarme el argumento que podríamos resumir en una sencilla frase: ¿puede sobrevivir y ser feliz un hombre que, tras poseerlo todo (en el caso de Bonaparte, Europa entera), lo pierde y acaba recluido en una pequeña isla en mitad de ninguna parte? Yo creo que sí. Me documenté al respecto durante más de un año y LOS CUADERNOS DE LA MEMORIA es el resultado de mis conclusiones historiográficas y personales: una mezcla entre desahogo y análisis histórico pasado por el tamiz indispensable de quien no puede dejar de desenroscar la pluma ni un solo día.

─He leído esa novela y creo que es una de las más interesantes escritas acerca de Napoleón, porque trata de una parte pocas veces tocada: sus últimos años en Santa Elena, contada a partir de unas cartas que él escribió al amor de su vida. ¿Cuánto hay de realidad y cuánto de ficción?
La novela epistolar siempre es ficticia. La persona destinataria de las presuntas cartas que el Emperador escribe desde el exilio son producto de mi imaginación. No obstante estamos hablando de mi novela más documentada hasta la fecha y puedo afirmar que de todos los diálogos que aparecen en sus casi quinientas páginas, solamente tres han sido inventados al 100%. Recurrí a todo tipo de documentación y a la inestimable ayuda de distintas universidades y sociedades napoleónicas de diversos países para conocerlo todo sobre el protagonista, su vida cotidiana en Santa Elena y los personajes que lo acompañaron durante aquellos cinco años de cautiverio. Incluso tuve en mis manos los planos de Longwood, su casa, retratos auténticos de los personajes y testimonios directos e indirectos de quienes vivieron aquella experiencia (desde la autopsia realizada al Emperador hasta anotaciones de los diarios de algunos sargentos de artillería que lo conocieron in situ). También utilicé el maravilloso GOOGLE EARTH para darme un paseo virtual por los rincones que pisaron los personajes y empaparme a fondo sobre el ambiente. Leí todo cuanto cayó en mis manos y, bueno, hice lo que pude con todo ese material . Lo pasé muy bien confeccionando la novela.  Fíjate que incluso soñaba por las noches con los personajes y revivía las escenas escritas como si estuviese viendo una  película onírica sobre su desarrollo. Fue una labor rayana en lo obsesivo, pero muy grata.

─¿Por qué escogiste a Napoleón como personaje histórico?
Se trata de un personaje fascinante. Gobernó Francia no siendo francófilo -pertenecía a una familia de rebeldes corsos que se opusieron a la ocupación francesa de su tierra natal-, fue pobre de solemnidad hasta que destacó en sus campañas egipcias (llegó a plantearse dejar el ejército y dedicarse a la especulación inmobiliaria en París) y, en fin, las anécdotas sobre su vida llenarían volúmenes infinitos. Cabe destacar que fue un magnífico exponente del inevitable resultado de la Revolución Francesa, cuyos ideales encarnó desde su personal dictadura como pocos: fue el primer gobernante que dio a los judíos su derecho pleno como ciudadanos (que luego perdieron en la Restauración), tuvo ideas sublimes, como plantar árboles a los lados de las carreteras para que los viajeros tuviesen sombra en sus desplazamientos; desarrolló una política económica encomiable y moderna para su época; creó un impuesto sobre el tabaco advirtiendo que era nocivo para la salud y, de todas las guerras que sostuvo, sólo declaró una: la de España. Las demás fueron defensivas.  Queda claro que Bonaparte es todo un caramelito para cualquier autor con ganas de escribir calentándose mucho la cabeza.

─¿Tienes otros personajes de los cuales te gustaría escribir?
Sí. Y de hecho estoy en ello. Uno siempre tiene tres o cuatro carpetas abiertas sobre las que trabajar. Actualmente estoy trabajando en sendas novelas sobre Homero y Oscar Wilde, ambas ya registradas y en plena revisión. Creo que serán interesantes para el lector, pues están enfocadas desde un punto de vista que creo va a sorprender y sobrecoger bastante. Ya sabes de mi obsesión por contar las historias de la historia desde otras perspectivas y diferentes ángulos.  A veces los personajes son meras excusas para transmitir conocimientos que permanecen fuera del alcance de la gente por ser farragosos o complejos. Creo que es tarea del escritor acercar en la medida de lo posible la realidad y los últimos descubrimientos al público. A mí me divierte.

─¿Piensas que la historia ha sido justa con Napoleón?
No. Pero creo que lo será en breve. El año próximo empiezan los aniversarios sobre su caída. No es un personaje que deje indiferente a nadie ni tampoco un gobernante a ignorar en unos tiempos tan ingratos como los actuales. Me temo que Europa está a punto de admirar con nostalgia sables ilustrados como lo fue el suyo. A Napoleón le faltó un parlamentarismo moderno que le hiciese de contrapeso, pero en su época eso no existía, así que no es culpa suya. La Europa moderna comenzó con él y, por desgracia, todos los dislates que se cometieron a continuación fueron producto de su política. Injusto sería echarle la culpa por ello, pero hay opiniones para todos los gustos.

─¿Qué opinión tienes de su gestión como conductor de los destinos de Francia?
Muy buena en general, aunque podía haberlo hecho mejor. Su mayor error fue dejarse llevar por el absolutismo en las formas. Hacer que un Papa le proclamase emperador, imponer monarquías nuevas en los países vencidos a costa de colocar a su propia familia y la vanidad que derrochó fueron, entre otros imperdonables fallos, la base de su perdición. La vanidad  mezclada con la soberbia es un arma muy peligrosa que se suele volver contra uno y  si ésta es el resultado de la ambición de poder, la obtención del mismo y la ubicua adulación de quienes se le arriman a uno para medrar, la causa está perdida de antemano. Napoleón no supo ni tampoco quiso protegerse contra eso. Tal vez porque en su persona se mezclaban el exceso de su carisma con una lamentable falta de autocontrol y cultura. Pero mi balance, tras haber estudiado sus últimos años, es bueno. Del 1 al 10 le doy un 8. A la gente hay que juzgarla de principio a fin, no sólo por períodos.

─¿Consideras que los personajes como él tienen algún rasgo en común?
Napoleón fue  único. No lo veo comparable con ningún otro personaje histórico, sinceramente. Al contrario que otros “caudillos históricos” -por llamarlos de alguna manera- él no fue un exterminador ni un genocida, como Hitler, Julio César o Stalin. En todo caso la abrumadora soberbia y el mesianismo serían rasgos comunes con otros personajes históricos de parecida relevancia.

─¿Qué papel juega su mayordomo en sus últimos años?
Fue su confidente, su amigo y casi su hermano. Hablaban en dialecto corso para que nadie entendiese sus conversaciones. Cuidaban el uno del otro desde la infancia. Eran  grandísimos amigos y, opino, fue la única persona en la que confió de verdad. Cuidó de él  hasta que  se lo arrebataron con malas artes. Luego se quedó a solas consigo mismo y entonces supo definitivamente que su historia personal y vital iba a acabar pronto, que era cuestión de  tiempo. Curiosamente había que acabar con el mayordomo para poder matar al amo, y así fue. ¡Para que luego digan que en un asesinato el principal sospechoso es el mayordomo!

─¿Qué piensas de la decisión de regresarlo a Francia con todos los honores una vez muerto?
Fue acertada, justa y necesaria. Se trató de la reacción lógica de un pueblo nostálgico que se percató al cabo de unos años del gran activo que perdió al perder a su Emperador. Los honores de su regreso fueron espectaculares incluso para nuestros días.  También jugó un gran papel la admiración que los ingleses, sus grandes vencedores, carceleros y asesinos, le tomaron apenas lo hicieron prisionero. Inglaterra fue determinante desde el romanticismo decimonónico para convertir al caído en un héroe nacional y mundial. Los franceses simplemente dejaron aflorar el orgullo que tenían dentro de sus corazones con el beneplácito de las demás naciones. Dice mucho de los ingleses que le rindiesen tributo y homenaje apenas fue vencido. De hecho, durante su cautiverio muchos admiradores ingleses le hicieron llegar a Santa Elena todo tipo de regalos: desde un piano de cola a una biblioteca de centenares de volúmenes, pasando por una máquina de hacer hielo. Si eso no es admiración y respeto...

─¿Podrías decirnos quién es la receptora de sus cartas?
Creo que todos los seres humanos nos llevamos un secreto a la tumba. Me gusta que mis personajes hagan lo mismo. Ya pasó en LAS CARTAS DE ATILIO, y en EL CARBAYÓN todo gira en torno a un secreto que alguien se lleva a la tumba. La receptora de sus cartas es el gran secreto que mi Bonaparte  esconde y que yo rescato como reflexión personal y existencial. Sinceramente pienso que todos tenemos un secretito guardado en el fondo de nuestro corazón. Puede ser una  persona, un hecho del pasado, un niño o un recuerdo. Y generalmente nos esperamos al final para reconocerlo o para decidir si nos lo callamos para siempre. Es bonito que sea así.

─¿Crees que la literatura está atravesando por un buen momento?
─Con la crisis la imaginación está haciendo lo que había dejado de hacer durante tres décadas: progresar adecuadamente. Ahora la calidad regresa y se impone a los beocios intereses de las editoriales. Creo que estamos en un gran momento y que el futuro va a ser todavía mejor. Ya lo verás. Los Autores Indies son un claro ejemplo de lo que digo.

─¿Cuántos libros llevas escritos hasta el momento?
Voy por el número 22 publicado y este año desempolvaré un par más si Dios quiere. Habida cuenta de mi edad y de que llevo escribiendo desde los 18 años tampoco es tanto.

─¿En qué sitios tienes a la venta Los cuadernos de la memoria?
Se puede adquirir exclusivamente en AMAZON y CREATEMYSPACE en formato de papel. Puede que salga en digital más adelante, pero de momento toca esperar. Yo creo que un libro bien presentado y editado que te llega en tres días a casa y te cuesta 13 euros (unos 17 dólares) es oferta razonable. Además, estas plataformas me permiten que la obra llegue a los lectores de todo el mundo. Tengo muchos lectores en Latinoamérica, Alemania, Estados Unidos y Canadá. Algo bueno tenía que tener la dichosa “Globalización”.

─Ha sido un placer hablar una vez más contigo, Francisco, sé que tus obras tienen gran demanda y espero que Los cuadernos de la memoria  siga el camino de éxito que te has trazado.
Ojalá que así sea. Viniendo de ti y con tu experiencia y éxitos tu deseo es todo un halago y una declaración de principios. Bien sabes que el sentimiento es recíproco y que el placer de departir contigo es y será siempre mío.

SINOPSIS: El 12 de mayo de 1840 los diputados franceses reciben la confirmación de una gran noticia: los ingleses han consentido que los restos de Napoleón Bonaparte sean repatriados con todos los honores a Francia. De inmediato parte, rumbo a la isla de Santa Elena, una escuadra para realizar la exhumación de los restos mortales del Emperador y llevarlos de regreso a París. Entre los emocionados tripulantes que participan en la expedición se encuentran algunos compañeros de exilio que compartieron con Napoleón sus cinco años de destierro en aquel infame peñón en medio del océano. 
Al día siguiente de su entierro en Les Invalides, Gourgaud, Bertrand, Les Cases y el resto de miembros vivos que compartieron exilio en Santa Elena se reúnen discretamente en una pequeña villa a las afueras de París. Marchand, el mayordomo del Emperador, acude con una sorpresa: una carpeta que contiene las anotaciones de Bonaparte durante su exilio, todas ellas dirigidas a su amor secreto. Sentimientos e incertidumbres en unas páginas que le dedica al gran amor de su vida y que reúne bajo el título de “Les cahiers du memoire”. “Los Cuadernos de la Memoria”.


EUROS: 13
DOLARES: 16,99
(Edición impresa)

Amazon España:

Amazon América: 


Twitter: @francisco_gijon 

domingo, 5 de mayo de 2013

Entre dos aguas (semblanzas de mi niñez)


De chica, cuando pasaba temporadas en San Pedro de Mala en casa de mi padre, debía comportarme como una japonesa, y eso incluía: comer, vestir, actuar, estudiar y hasta sentir diferente. Trataba de imitar a mis hermanas, hijas de su primer matrimonio. A los japoneses no les gusta demostrar sus sentimientos, esconden tras una sonrisa algunas veces sardónica, la frustración o la tristeza; para ellos es mal visto llorar o demostrar debilidad ante los demás.  Tal vez ahora sea diferente, pero en aquel tiempo yo lo percibía así.  Recuerdo que cuando tenía cinco años, en cierta ocasión me hice un corte en un dedo con una hojilla de rasurar, y una de mis hermanas mayores me dijo: «¡Ah... no lloras!... Eres valiente». Creo que fue el único cumplido que recibí de ella.  Tampoco se nos permitía hacer alarde de nuestro conocimiento o de nuestros bienes, así como de nuestras carencias. En la escuela, los japoneses siempre ocupaban los primeros lugares; el único punto que no importaba que cumpliera a cabalidad, porque yo, por mis rasgos, era considerada por ellos como peruana.  El problema se presentaba cuando estudiaba en Lima, allí, por la misma causa, era considerada japonesa, y debía esforzarme siempre por ser una magnífica alumna.

De mi abuela, lo que más recuerdo es que le gustaba abrir la puerta de nuestro dormitorio y preguntar en japonés: ¿Nan shoto, bacatare?,  que es como fonéticamente lo evoco.  Quiere decir: ¿Qué hacen, malcriadas?, o algo por el estilo. Kioko y yo, sabíamos cuándo ella se acercaba, por su forma peculiar de arrastrar las sayonaras, y solo esperábamos el momento para desternillarnos de risa.  Kioko era pequeña, de rostro redondo y rosado, y tenía el cabello cortado como si le hubiesen puesto como molde un tazón en la cabeza. Yo, en cambio, tenía largas trenzas, por ese motivo, los japoneses me decían chola.  Lo extraño de esto, es que cuando vivía con mamá, me decían china,  aunque fuese japonesa, pero a nadie parecía importarle. Nunca encontré mi lugar apropiado. Aún hoy, vivo en un país que no es el mío, y a veces siento que estoy en el lugar equivocado.

Pero volviendo al pequeño pueblo llamado San Pedro de Mala, que es donde vivía papá, y donde todo tenía ese nombre, nunca olvidaré las tardes en las que junto a Kioko correteaba por los muros de barro seco, ni cuando íbamos al mar y recogíamos gran cantidad de muy-muyes, unos cangrejos en miniatura que llevábamos a casa, con los que la abuela hacía sus extraños preparados culinarios.

Fue en Mala, a los nueve años, cuando tomé gusto por la lectura. Un día, hurgando debajo de la cama de papá, encontré un fabuloso tesoro: una caja  llena de libros.  Había desde novelas de vaqueros, hasta magníficas novelas de Alejandro Dumás, Julio Verne, Emilio Salgari, Edgar Allan Poe, Agatha Christie.  Yo siempre vi a papá leer después de almuerzo echado en su cama, lo que no sabía era de dónde sacaba los libros.   A partir de ese día, no me importó más el dilema de saber si estaba o no en el lugar correcto.  Me enfrasqué tanto en la lectura que ni siquiera Kioko lograba alejarme de los libros.   Recuerdo ahora, que gané el concurso de narración en el colegio: escribí el trabajo de mi hermana, y también el mío. Ella ganó el primer lugar y yo el segundo. Hace ya muchos años perdí el contacto con Kioko, sé que está viviendo en alguna ciudad de Japón. De aquella familia y de aquel pueblo, sólo ella queda en mis recuerdos como un cálido soplo en el corazón, la única que compartía mis secretos y, a la que creo yo, enseñé también a vivir entre dos aguas. De mí, ella aprendió a llorar, y de ella, yo aprendí a permanecer imperturbable.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Acerca de la reciprocidad en las redes sociales


A lo largo de este par de años que llevo en Facebook y Twitter y poco más en mi blog he comprobado que el comportamiento virtual es similar al que se puede tener en la vida real.

Recibo muchas cartas. Las que más me gustan son las de mis lectores, ¡y cómo no! Pero no es porque me digan que mis novelas son magníficas.  No, al menos no es el motivo principal. Es porque se dan el trabajo de escribirme para en algunos casos decirme que mi novela les hizo recapacitar, o recordar a un ser querido, o les dio fuerzas para seguir adelante, o simplemente para darme ánimos para que siga escribiendo porque ya se leyeron todos mis libros y quieren más.  Es curioso que nunca haya recibido una carta con un mal comentario, como aquellos que se ponen en Amazon como si la única función fuese que los demás se enteren de que un libro es pésimo y que los demás no deberían leerlo. Un buen asunto para sacar conclusiones respecto al comportamiento humano.

Pero no es ese punto que quería tocar hoy. Deseaba referirme a las otras cartas o mensajes.

Me escriben con más frecuencia de la que quisiera con todo tipo de peticiones, desde que compre su libro y les diga si me ha gustado; también se ofrecen a enviármelo, o que entre a su página en Facebook o a su Web o blog, y lea la sinopsis de su obra, o me piden consejos sobre cómo hacer para publicar y vender con éxito y muchas otras preguntas, como si yo fuera el oráculo de Delfos o tuviera el poder de responder con propiedad a sus requisiciones.

Generalmente respondo a todos y dentro de mis posibilidades les doy ideas, consejos voy a sus respectivas páginas y le doy al “Me gusta”, entro a sus blogs… Pero cuando por cuestiones de cansancio, agotamiento por el mismo tema repetitivo o porque simplemente no tengo tiempo respondo de manera directa, diciendo que no es posible tener éxito en algo si no se es recíproco, y que en la vida no se puede ir pidiendo ayuda sin al menos dar las gracias o cuando menos un clic en “me gusta” en mi propia página, recibo como pago una respuesta con aires de ofensa, y de esta manera lo que empezó como supuestamente el pedido de un favor, termina convirtiéndose en una situación incómoda.

Las redes sociales son un reflejo de lo que somos. Y definitivamente he tenido que segregar lectores de escritores. Los primeros son más dados a entregar, a agradecer, a animar.  Los segundos son egocéntricos, egoístas y en algunos casos piensan que uno les hace el favor a ellos.

Desde aquí doy las gracias a todos los lectores, lean a quienes lean por su comprensión, por su pasión por los libros, por ser los depositarios de nuestros sueños.

Y claro, también saltarán muchos, especialmente en Facebook que digan: YO SOY ESCRITOR y también lector. Está bien, ¿y cuál es el problema? Si se dan por aludidos…

¡Hasta la próxima, amigos!