miércoles, 30 de diciembre de 2009

Un escritor con el alma impresa

Y bueno… llegó el último día del año, y como en el continente europeo la Nochevieja llega antes, cuelgo de una vez la entrada que despide este magnífico año, y no podía ser nada menos que con una entrevista a Sergio G. Ros; nuestro súper conocido compañero Deusvolt. Sí, el mismo de la risa contagiosa y del optimismo desbordante, que nos hace partícipes de sus buenos y de sus malos momentos, y que espero que el año próximo sean más buenos que malos.


Como todos saben, Sergio ya ha empezado a recorrer el camino a la fama. Una reseña que hizo al escritor Patrick Ericson, de su novela El ocaso de las siete colinas, ha sido escogida por la mismísima Editorial Viamagna para que figure en su web, (esperemos que Sergio logre convencerlos para que hagan lo mismo con el próximo manuscrito que les envíe), ¡claro que sí Sergio! Un poquito más y los convences, ¡todos te apoyamos!


Pero eso no es todo. La próxima novela de Patrick Ericson será prologada por Sergio Deusvolt G. Ros. Sí señor, está confirmado por el compañero Oriafontan. Y es que entre grandes se entienden. Pero dejo de cotorrear (se nota que es fin de año y las copas van y vienen) y los dejo con Sergio en una entrevista que salió publicada en la revista Prosofagia de diciembre:


Deusvolt, un escritor con el alma impresa


Deusvolt (Sergio G. Ros) es un participante de Prosófagos que aunque casi no ha colgado relatos —tiene la inveterada manía de escribir novelas, y muy largas, por cierto—, es un colaborador silencioso del foro. Y hacia él estará dirigida mi andanada de preguntas en esta sección de mini-entrevistas:

—Dime, Deusvolt, ¿desde cuándo sentiste la necesidad de escribir?
—La necesidad de “escribir en serio” me llegó relativamente tarde, hace apenas tres años. Estaba ya hecho un viejecillo (tenía treinta y uno, y ni un pelo en la mollera, ja, ja…) Hasta esa fecha había intentado algún escarceo en forma de relato corto o historietas con caricaturas para los amigos.

—¿En qué ha cambiado tu vida la escritura?
—En la vida cotidiana, básicamente me ha restado horas de sueño; también me ha hecho merecedor de algún coscorrón por parte de mi esposa, con toda la razón del mundo. Por otro lado, asumo que la escritura me ha convertido en un ser más introspectivo, pero solo cuando estoy en “mi mundo”. Yo entiendo que tanto la escritura como la lectura son una fuente inagotable de evasión. No necesariamente una evasión de los problemas diarios, porque, después de todo, tanto escribir como leer son dos grandes placeres, que, además, te permiten vivir otras vidas. Puede sonar a tópico pero sé que aquellas personas que aman los libros lo entienden a la perfección. Tenemos una sola vida, con limitaciones personales, económicas, geográficas… pero la escritura y la lectura no tienen límites.

—En tu exitoso blog haces reseñas de libros, y he visto que tu lectura es muy variada, por no decir ecléctica: desde Jack London, pasando por Murakami, hasta Tiburón, de Peter Benchley. En realidad, ¿tienes preferencia por algún autor en especial? (Por favor, déjame fuera, ja, ja)
—Dejarte fuera sería un crimen, Blanca… Por cierto, gracias por lo de “exitoso blog”, ja, ja… ¿Sabes? Stephen King, uno de mis escritores preferidos, es un defensor a ultranza de la lectura de todo tipo. Yo coincido con él en ese punto (y en otros). Por supuesto que tengo mis preferencias literarias, pero intento leer todo lo que se me pone a tiro. Y cuando digo todo, me refiero a todo, no sólo novelas. Leo revistas (del corazón, culturales, de artes marciales…), artículos, periódicos, panfletos, ensayos, fichas técnicas… Además de blogs, entradas en foros, relatos de otros compañeros… Para crear hay que observar, ¿no? Y novelas, pues lo mismo. A veces, leyendo cosas malas, realmente malas, aprendes mucho, muchísimo más que de las cosas buenas.


—¿A qué crees que se debe el que algunos blogs sean tan visitados, como el tuyo, y otros pasen por debajo de la mesa?
—Pues, como suele decirse, es la pregunta del millón. Yo no sabía si el número de visitas de mi blog El Alma Impresa era alto o no. De hecho había entrado a tientas en este mundo de los blogs con la intención de tener “mi propio espacio” después de haber participado en diversos foros literarios. Un mes después de empezar con el blog, fueron otros compañeros los que me hicieron ver que las cifras de visitas estaban siendo muy buenas. Independientemente de las cifras, lo mejor de todo es conocer gente que ama la literatura, que da opiniones, que tiene inquietudes y que puede aportarte su punto de vista. A mí, personalmente, me ha ayudado mucho, me ha abierto los ojos y me ha hecho mejorar como escritor y como persona. Por eso me entristece ver que hay blogs de calidad, de gente que merece la pena, que no reciben casi visitas. Así que animo a todo el mundo a que visite los blogs de nuestros amigos y amigas escritores, y que comenten en ellos. Os aseguro que para alguien que tiene un blog supone una gran alegría.


—¿Cuántas novelas has escrito? Me gustaría que dijeras la extensión de cada una.
—Pues llevo escritas cuatro novelas: El ladrón de compresas (2007, 62 000 palabras, 256 páginas, género: policiaco); El escritor de Kung Fu I. Mâ (2007, 335 000 palabras, 900 páginas, género: histórico-acción-artes marciales, primera parte de una trilogía); El valle del demonio (2008, 172 000 palabras, 495 páginas, género: terror); Su nombre empezaba por E (2009, aprox. 155 000 palabras, 475 páginas, género: negro-realismo mágico-terror)


—Bárbaro, y en solo tres años. Y por último: ¿qué sentirías si una editorial dijera que desea publicar uno de tus libros? Tienes quince segundos para contestar.
—Empezaría a pegar botes y sería un hombre muy feliz.

—Muchas gracias, Deusvolt, ha sido una charla encantadora. Espero que esto último se cumpla, es mi deseo de Navidad.
—El mío es que pronto ese magnífico libro que es El legado se traduzca a otros idiomas.


Como pueden apreciar, queridos amigos, Sergio es una caja de sorpresas, ¡lee de todo! revistas del corazón, de artes marciales, ¡estoy segura de que no se salva ni el directorio telefónico!, pero creo que una de las virtudes de todo escritor, es justamente el amor a la lectura.

De la entrevista que le hice solo me quedó una pregunta, y fue por culpa de Esther, sí, señor, dijo clara y categóricamente: «No debe pasar de ochocientas palabras incluyendo el título» y donde manda capitán, no manda marinero, como decimos por acá, así que ahí va la pregunta que quedó en el aire:


—¿Por qué un título como El ladrón de compresas? Se trata de un enfermero en problemas, estabas pagando una promesa, ¿o qué?
—Ja,ja.. ¡Voy a tomarme una copita a tu salud, amiga!… Bueno, a ver si lo explico medio decentemente: "El ladrón de compresas" es, de todas mis obras, la más imperfecta diría yo, pues fue escrita cuando empezaba a conocer el oficio; se trata de una novela policiaca, con tintes un tanto escabrosos. Narra el secuestro de una joven, y las investigaciones de la policía y unos detectives para encontrarla. Todo cambia de rumbo cuando se topan con la posibilidad de que el secuestrador tenga una retorcida particularidad… Y hasta aquí puedo leer porque si sigo, destripo el libro, je,je...
De todas formas, no te apures, siempre me han dicho que los títulos de mis novelas son un tanto “originales”, je, je… Yo es que soy así, qué quieres que te diga.
Si me dejas, aprovecho la ocasión para darte las gracias, Blanca, por este hermoso detalle de fin de año. Conocerte ha sido una de las grandes cosas del 2009, amiga. Tu ayuda, consejos, y la simpatía que aportas en blogs, foros, y webs, son gestos cargados de generosidad, siendo además, como eres, una escritora consagrada. Ese tipo de actitud hacia los noveles no suele ser muy común y seguro que todos los que lean esta entrevista sabrán valorarla como es debido. Y ya acabo, ya acabo…je, je..


¡Brindo porque este año 2010 sea exitoso para todos nosotros! ¡Chin, chin!


Muchísimas gracias, Sergio, por ser un buen compañero y por ser un asiduo visitante a los blogs, siempre con un comentario inteligente. Estoy segura de que todos estarán de acuerdo conmigo.
Y eso es todo, amigos, por este año. ¡Les deseo un feliz 2010!


Fuentes:
http://www.revistaliteraria.prosofagos.com/
http://s244398144.mialojamiento.es/blog/
http://elalmaimpresa.blogspot.com/

sábado, 26 de diciembre de 2009

ATILA, EL AZOTE DE DIOS

La lista de libros que he leído en el 2009:

1. Rosa de Sangre — Arthur Wise
2. El gigolo — Lawrence Sanders
3. Como los cuervos — Jeffrey Archer
4. Misión en Damasco — Howard Kaplan
5. La estrella de David — Daniel de Córdova
6. El especialista siciliano — Norman Lewis
7. Heredarán los ricos — Elizabeth Adler
8. La isla de las tormentas — Ken Follett
9. La esmeralda de los Ivanoff — Elizabeth Adler
10 .Sepulcro maldito — J. Hebert
11. Molloy — Samuel Beckett
12. Narraciones extraordinarias— Edgar Allan Poe
13. El leopardo de piedra — Colin Forbes
14. La última pieza — Joy Fielding
15. Testigo en la sombra —Mary Higgins Clark
16. El retrato de Dorian Gray — Oscar Wilde
17. Narraciones — Anton P. Chejov
18. Juego Mortal — Larry Collins
19. El ojo de Eva — Karin Fossum
20. Así habló Zaratustra — Friedrich Nietzsche
21. La religiosa — Denis Diderot
22. Madame Bovary — Gustave Flaubert
23. El diamante de Jerusalén — Noah Gordon
24. Tuareg — Alberto Vázquez Figueroa
25. Gog — Giovanni Papini
26. El libro negro — Giovani Papini
27. Narciso y Goldmundo — Hermann Hesse
28. El amor en los tiempos del cólera — G. G. Márquez
29. Nana — Emile Zola
30. Las luces del alba — Henry Troyat
31. Raimon, La alquimia de la locura — Lluís Racionero
32. Al este del Edén — John Steinbeck
32. Frente al espejo — Sidney Sheldon
33. Atila. El azote de Dios

Desde que descubrí el placer de la lectura me convertí en una lectora voraz, prueba de ello es la lista que antecede. No había reparado en la cantidad de libros que leí este año hasta sentarme a enumerarlos, y hasta es probable que se me hayan pasado algunos, pues no acostumbro llevar una relación de lo que voy leyendo.

Tengo la fortuna de contar con un lugar donde consigo libros raros, poco conocidos, en algunos casos de escritores famosos, pero poco divulgados en la actualidad. No voy a hacer un comentario de cada uno, algunos de los cuales tuvieron una entrada especial en el blog, pero sí quería referirme antes de terminar el año a la novela que acabo de terminar de leer: Atila, el azote de Dios, de William Dietrich, un escritor norteamericano, historiador, periodista, y ganador del Premio Pulitzer.

Me llamó la atención el título: Atila. ¿Quién no ha escuchado: «Cuando las hordas de Atila pasaban, nunca más volvía a crecer la yerba», o algunos refranes refiriéndose al aludido, la mayoría de las veces de manera despectiva, o en el mejor de los casos como ejemplo de destrucción? La curiosidad que este personaje me despertaba me llevó a tomar el libro de la estantería, y ahora, después de llegar a la última página sé que no me ha defraudado.

La época del rey de los hunos, Atila, se establece en 449 d. C., en las postrimerías del Imperio romano, dividido en el Imperio romano de Occidente, gobernado por Valentiniano III, y en el Imperio romano de Oriente, cuya cabeza principal era Teodocio II, quien gobernaba desde la ciudad de Constantinopla.

Atila poseía el ejército más numeroso para su época; no todos eran hunos: estaba conformado por sus aliados bárbaros: ostrogodos, gépidos, rugianos, escirios, turingios, vándalos (pueblos bárbaros procedentes de Escandinavia), refugiados bagaudas de la Galia, y guerreros de más allá del Báltico. Arrasaban con todo lo que encontraran a su paso. Pero Atila quería apoderarse de Roma. Ustedes saben
que en la historia de Roma siempre existieron las componendas, las luchas intestinas por el poder, y ese fue uno de los motivos que desencadenaron esta parte de la historia. La hermana del emperador Valentiniano, Honoria, envió un emisario a Atila para que la rescatase de la prisión a la que la había sometido su hermano. El rey de los hunos sería emperador de Roma si acababa con el ejército romano y se casaba con ella. ¿Cómo resistirse ante semejante oferta? Así pues, las hordas de Atila empezaban a acercarse a Occidente cuando el general Aecio, considerado por algunos historiadores como el «Último de los Romanos», logra reunir a los pueblos bárbaros (que también los había del otro lado) y convence a Teodorico, el rey de los visigodos, para unírsele, sabiendo que si lo hacía, las demás tribus que permanecían neutrales, también lo harían.

El ejército conformado por los romanos resultó pues, en una pléyade de aliados de toda índole, casi tan parecida a las que formaban las hordas de Atila, con la diferencia de cierta disciplina remanente, inculcada a través de los siglos. Se libra entonces una de las batallas más impresionantes de la historia: la del Pueblo del Alba, como llamaba Atila a su ejército, contra las legiones de Roma, reforzadas por los alanos, francos, borgoñones, olibriones (veteranos romanos), astrogodos, francos sálicos, sajones del norte, armoricanos , arqueros sármatas, honderos sirios y africanos, y los visigodos, unos de los combatientes más rudos y temibles, en una confrontación bélica que se llamó «La batalla de las naciones».

El que Atila lograra cohesionar a los aliados de Roma resulta paradójico, pues el ejército disciplinado e invencible; las famosas legiones romanas, se encontraban en franca decadencia, y por sí solas hubiesen sido incapaces de contener las ansias de poder del rey de los hunos. En el 451 d. C., en la Batalla de las Naciones, o la batalla de los Campos Cataláunicos como se la recuerda hoy en día, que, según los historiadores se cree, ocurrió en las inmediaciones de la actual Troyes, en el nordeste de Francia, finalmente salieron vencedores los romanos. Sin embargo, otro hecho paradójico como resultado de esta victoria, es que el general Aecio, fue acusado por su emperador de dejar escapar a Atila.


¿Cuáles serían sus motivos? Sin Atila, el ejército romano no tendría razón de seguir existiendo, ya que cada vez era más costoso su mantenimiento en un decadente Imperio romano. Valentiniano III asesinó al Último de los Romanos, como agradecimiento de haber salvado Roma de los hunos.

Atila se retiró con sus huestes a Oriente, para al año siguiente invadir el norte de Italia con un diezmado ejército, en un intento de recuperar su maltrecha reputación, sin embargo, fue vencido por la peste y las hambrunas que asolaban la región. Muere un año después, en el 453 a. C., según la leyenda: ahogado en su propia sangre, debido a una hemorragia nasal mientras dormía en estado de embriaguez, la noche de bodas con su nueva esposa. Pero esto forma parte del anecdotario popular, pues al no poseer escritura, son muchos los detalles perdidos.

La historia que ha llegado hasta nosotros es la que cuenta la parte romana. Y es lo más relevante de la novela, pues William Dietrich ha sabido recrear los momentos históricos de los verdaderos protagonistas, cubriendo los grandes huecos con escenas lógicas, que bien pudieron suceder en los escenarios reales.

Atila, el azote de Dios, no es un libro de historia, es una novela con datos verídicos, con una trama interesante que se desenvuelve en un argumento apasionante.

William Dietrich es autor de El muro de Adriano, otra gran obra que pienso leer apenas la encuentre. Otras obras: El Reich de hielo, Las pirámides de Napoléon.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Un pequeño Balance Anual



En este año 2009 se consolidaron las emociones que venía arrastrando desde el año anterior. Una de ellas: la publicación de mi segunda novela: El legado. A cinco meses de su lanzamiento sigo recibiendo correos y reseñas de personas que la han leído y, créanme: no existe un mejor premio.

De las opiniones que me han llegado, la mayoría son positivas, supongo que dadas con una pátina de la simpatía y amistad que nos une a la mayoría de los blogeros, lo que agradezco de todo corazón. Pero también he recibido sorpresas de personas que ni conozco, articulistas como José Rivera de El tiempo Digital, o un artículo publicado en la revista de la UNAM
RevistadelaUniversidadNacionalAutónomadeMéxico , en donde mi libro aparece como referencia —en uno porque habla del veinteavo aniversario de la caída del Muro de Berlín, y en el otro porque trata el tema del inusitado interés en el mundo editorial español por los temas relacionados al nazismo contra el poco o casi ninguno demostrado por los lectores mexicanos—, lo cual no me parece extraño, dado que el nazismo proliferó y se extendió en otras latitudes, digamos, más al sur de nuestra América hispana. En todo caso, el hecho de que hablen ya es algo.

Hoy puedo decir que me siento relajada y muy a gusto con la cantidad de amigos y amigas que frecuentan este blog, con los que he desarrollado una afinidad parecida a la que se siente por una familia, en la que nos contamos nuestros deseos, proyectos, metas, y nos consolamos de nuestros fracasos, nos damos ánimo y felicitamos a quien da un paso hacia delante o sube un escalón, como es el caso de Daniel de Córdova, con La estrella de David, Teo Palacios, con Hijos de Heracles; a publicarse en enero del 2010, y que estoy segura, pronto le seguirán Lola Mariné y Blas Malo Poyatos.

Este año 2009 he descubierto que el mundo blogero literario está lleno de gente hermosa, no puedo dar otro calificativo a aquellas personas que dedican gran cantidad de horas a la práctica de la lectura y la escritura, experiencias que enriquecen nuestro mundo interior. Chicos como Armando Rodera, con sus crónicas acerca del mundo literario que él sabe relatar con maestría; a Teo Palacios, que nos enseña cómo movernos en el mundo editorial, y qué esperar (y qué no), a Víctor Morata Cortado, ahora dedicado en cuerpo y alma a su rincón:
ElCafédelAutor , un blog que recomiendo visitar encarecidamente, a Marta Arbelló, y sus Manuscritos del Caos, con artículos que sólo ella sabe dónde encontrar, y sus cuentos ganadores de concursos, a Montse de Paz (Elisabet) y sus reflexiones acerca de lo que significa la literatura para los que hemos escogido este pedregoso camino, a Maribel Soler, de Sucedió en febrero, que este año ha tenido un récord de publicaciones, entre ellas su manual: Todo lo que se debe saber en Derecho, y varias antologías de cuentos compartidos, y en esto de los cuentos no puedo dejar de mencionar a Cristina Puig, quien este año publicó Lankhar. Diario de una vampira, por la editorial Mallorca Fantástica y hace poco otro libro de narraciones al que le están dando mucha publicidad en la prensa mallorquina. Tampoco puedo dejar de mencionar a mi querida Arlette Geneve, de quien ya he perdido la cuenta de sus muchas publicaciones y la próxima, para el 2010: El carcelero de Ysbililla.

Javier Pellicer Moscardó este año batió marca con premios y nominaciones por sus cuentos; para los que quieran enterarse les invito a pasar por Tierra de Bardos. Muchos terminaron sus novelas, y otros empezaron las correcciones. Este es un mundo dinámico, que no se detiene, en el que cada día hay una sorpresa, una noticia, o una meta alcanzada, y dentro de esas buenas nuevas está por supuesto, la impresión de la revista Prosofagia, del foro Prosófagos, en el que algunos de los blogeros participan y al que invito a participar, para que puedan formar parte de esa agradable comunidad literaria, y tengan la oportunidad de publicar sus artículos, entrevistas, cuentos y hasta sus Cartas al Director en la revista, una experiencia nada despreciable.

Quiero hacer una mención especial a Sergio Astorga, un mexicano residente en los Estados Unidos, poeta, pintor y vendedor de albarrotes, quien se dio a la tarea de obsequiarnos con su arte a muchos de los que participamos en su
Blog.


De lo que sí estoy segura es de que, tarde o temprano todos llegarán a publicar. He tenido el privilegio de leer algunos trabajos, y créanme: son mejores que muchas de las novelas que pululan por ahí, incluyendo las mías. Lo digo sin ambages.

Agradezco profundamente a todos ustedes, queridos amigos y amigas, por estar allí, al otro lado de la pantalla, por pasar por mi blog y con su participación haber enriquecido este pequeño espacio, y a todos, sin excepción, quiero desearles unos días agradables en estas fiestas navideñas, y un año 2010 en el que se cumplan sus deseos: ¡solo tienen que ir por ellos!



¡Feliz Navidad!
Y
¡Que el 2010 sea aún mejor que el 2009!


PD: Acabo de enterarme que Guillem López Arnal del blog Leyenda de una Era, ya tiene casi lista la publicación de su novela: La guerra por el Norte, bajo el sello Grupo Editorial AJEC. ¡Bravo, Guillem!

jueves, 10 de diciembre de 2009

Premio al mejor blog literario

Queridos amigos,

Una agradable sorpresa recibí hoy al enterarme de que mi blog, Blanca Miosi y su Mundo, ha sido convocado entre algunos otros para el Premio Literatura 2 de la Revista Digital Premia.

Los que deseen apoyar este sitio, pueden votar entrando al siguiente enlace:

http://larevistapremia.blogspot.com/search/label/Literario%202

o clicando el aviso de la derecha. Al acceder a la página encontrarán un menú en color azul turquesa debajo del aviso y a la derecha, la lista de los blogs propuestos.

De antemano les agradezco su participación, ¡a ver si gano una!

Besos a tod@s!!

Blanca

lunes, 7 de diciembre de 2009

Sólo un deseo más, por B. Miosi


Mariah percibió en el rostro de Nicolai de facciones usualmente plácidas, un rictus de angustia. Sus ojos enrojecidos, su mirada triste. Le dijo que también lo había amado, que la había hecho feliz, le agradeció por ser como era, pero no escuchaba su propia voz. Una lágrima rodó por la mejilla de Nicolai y fue a caer en la suya, y no la sintió. Nicolai se transformó en una mancha informe hasta desaparecer por completo. De pronto, ella estaba arriba. Desde allí se veía a sí misma en el lecho y a su marido sollozando arrodillado al lado de su cuerpo inanimado, a la gente que entraba y salía de la alcoba, y finalmente a Nicolai solo, besándola tiernamente en los labios, murmurando palabras de despedida.
Mariah podía ver todo lo que sucedía abajo, y como si las paredes fuesen invisibles; vio a Víctor, su amante predilecto, encorvado en una esquina de la sala cubriéndose el rostro con las manos; recordó con indiferencia las horas transcurridas a su lado. Más allá, al joven Alexandro que tantos besos le había robado, sentado, con la mirada perdida. Y vio a Ivana llorando en el jardín, la chiquilla cuyo cuerpo palpitante había acariciado tantas veces...

No entendía el dolor de los que estaban abajo, solo sentía apatía por lo que antes había significado todo para ella. Sintió que se alejaba, y a medida que lo hacía, ese mundo en el que desde que tenía memoria se habían hecho realidad todos sus deseos, se volvía pequeño, transformándose en una bola de hilo enmarañado. Comprendió cómo veía la tierra quien sea que la hubiese creado. Y mientras se alejaba sentía una libertad plena y absoluta.
—Ven, te enseñaré el camino... —dijo una voz en su mente, como si fuese su propio pensamiento.
Se dejó llevar y supo que llegaría a conocer al que concedía favores. Y a medida que se internaba en el infinito, se preguntaba por qué había temido tanto salir de aquel envoltorio de piel que había lucido con orgullo.
Un soplo gélido disipó su alegría, la libertad empezó a transformarse en un pesado fardo. La claridad, en tinieblas. Alguien se estaba convirtiendo en el dueño de su alma, de su esencia, de su ser. La libertad se esfumaba.
—Es el pago por los favores recibidos. —Sintió en su mente. ¡Y había pedido tantos!—. Solo un deseo más… —susurró la voz, como hacen los amantes—, solo uno más, y serás mía.

Abajo, todos miraban la fosa, mientras recordaban a Mariah la divina, una mujer con suerte.
—Descansa en paz—. Fue el deseo póstumo frente a su ataúd.
Y fue lo que escuchó Mariah allá en la lejanía de la inmensidad oscura.

Un alarido cruzó el espacio mezclándose con un trueno que anunciaba tormenta. Las últimas lágrimas se mezclaron con las primeras gotas de lluvia, y el ulular del viento fue perdiéndose junto con los pensamientos de los dolientes.
—Se nos fue Mariah, una mujer con suerte. Todos sus deseos eran concedidos. —Murmuraban.
Luego el cementerio quedó vacío.
B. Miosi

jueves, 3 de diciembre de 2009

SAMUEL BECKETT, El escritor maldito


En la literatura hay dos mundos: uno que está montado sobre el pensamiento de los llamados clásicos, como Platón, Aristóteles o Sócrates, a quienes la sociedad eligió como ejemplo o guía, y el otro en el que se tienen como paradigma a personajes irreverentes como Heráclito, que a 400 años antes de Cristo ya atacaba los conceptos y ceremonias de las religiones populares de su tiempo; pasando por Joyce, Eugène Ionesco, Samuel Beckett, por supuesto, y mucho antes: Schopenhauer, quien llegó a la conclusión de que la realidad innata de todas las apariencias materiales es la voluntad, y que la realidad última es una voluntad universal. Y Nietzsche, con su famosa proclama: «Dios ha muerto», catalogados estos últimos —aunque faltan algunos otros por enumerar—, como los escritores malditos de todas las épocas.

¿Por qué?

Porque es una literatura difícilmente aceptable por una sociedad en la que cada cual se ocupa de sí mismo y rechaza los discursos reflexivos. Samuel Beckett, (1906-1989); un irlandés nacido en el seno de una familia acomodada, que en su juventud tuvo amigos como James Joyce (Ulises), y que durante la ocupación en Francia trabajó para la resistencia contra los nazis, empezó escribiendo como terapéutica. Su primera obra: Watt, no captó el menor interés de los editores. Durante veinte años Beckett estuvo en la zona oscura, entre aquellos escritores a los que nadie hace caso. Sin embargo, siguió escribiendo y un buen día sus obras empezaron a ser publicadas. Molloy, una obra rechazada por muchos editores, vio la luz en Francia en 1953 con el apoyo de algunos intelectuales que ya conocían algunos de sus trabajos. Algo equivalente a lo que sucede hoy en día con gran cantidad de escritores que, vía Internet divulgan sus trabajos a la espera de que llegue la oportunidad tan esperada.

A partir de allí se le abrieron las puertas. Malone muere y Esperando a Godot; una obra teatral que pertenece al «teatro del absurdo», se estrena dando lugar a uno de los que muchos dijeron, era el acontecimiento del siglo. Entonces el público descubre a Beckett. Pero la dificultad que encierra su literatura y la absoluta falta de respeto a los prejuicios lo mantuvo circunscrito a un determinado tipo de público, no al de las grandes masas acostumbrada a respetar los cánones, no. Beckett fue escogido por el grupo selecto de pensadores existencialistas de la década de los cincuenta. Cuando en octubre de de 1969 recibe el Premio Nobel de Literatura, sólo pocos amigos sabían su paradero pues era un hombre que huía de la propaganda. Y de hecho, creo que con ese premio se le quiso untar de vaselina. La razón: Beckett era algo más que un escritor social, su literatura sólo puede compararse en violencia destructora, de denuncia radical de la sociedad absurda en que vivimos, con la de Kafka, silenciado y también desconocido durante muchos años. Al otorgarle el premio se le quiso convertir en artículo de consumo y hacerlo inofensivo. Pero al parecer, ya Beckett había dicho todo lo que tenía que decir. En los años siguientes escribió cada vez menos, y como parece que ninguno de los problemas que sus obras plantean tiene respuestas, él mismo se planteó una vez la pregunta: ¿Para qué seguir escribiendo?

El lector de Beckett no debe hacerse ilusiones, no es un premio Nobel cualquiera, su lectura no es un sedante reposado que asegura un sueño tranquilo aunque su estilo sea en ocasiones monótono. Y aquí voy a copiar literalmente lo que escribió de él Carlos Ayala, el prologuista de Molloy:

¡Es dinamita! ¡La mejor dinamita avalada nunca por Alfred Nobel! Beckett nos arroja al rostro el único revulsivo capaz de despertar al dormido mundo nuestro: al hombre mismo, con una sinceridad brutal, escandalizante, ofensiva, tan desnudo e indigente que no hay escape posible a la contemplación de sus vergüenzas. Pero tampoco a su inmensa belleza.

Tengo en mis manos Molloy. Mentiría si digo que comprendí en toda su profundidad lo que Beckett quiso decir. Es una obra escrita de manera continua, no hay descansos, no hay párrafos, se debe leer casi sin respirar, metiéndose en la mente del personaje, haciéndose sus mismas preguntas y contestándose a sí mismo. A la larga es como si una misma estuviese ejerciendo un monólogo que se hace eterno, confuso, irritante, y por momentos demasiado parecido a nuestros propios pensamientos, porque al fin y al cabo, ¿qué hacemos cuando hablamos sino escucharnos en los demás nuestro propio eco, y tratar de encontrarnos? Es como cuando caminamos entre las tinieblas con miedo y cantamos o tarareamos una melodía para sentirnos acompañados por nosotros mismos. Porque la verdad es que queremos oírnos, así como deseamos leernos. Por eso escribimos.

Para no dejarlos con la curiosidad acerca del estilo de este peculiar escritor, copio un párrafo de Molloy:

"Estoy en el cuarto de mi madre. Ahora soy yo quien vive aquí. No recuerdo cómo llegué. En una ambulancia, en todo caso en un vehículo. Me ayudaron. Yo solo no habría llegado nunca. Quizás estoy aquí gracias a este hombre que viene cada semana. Aunque él lo niega. Me da un poco de dinero y se lleva los papeles. Tantos papeles. Tanto dinero. Sí, ahora vuelvo a trabajar, un poco como antes, sólo que ya no me acuerdo de cómo se trabaja. Tampoco parece que eso tenga mucha importancia. A mí lo que ahora me gustaría es hablar de las cosas que aún me quedan, despedirme, terminar de morirme de una vez. No me dejan, sí, parece que son varios. Pero siempre viene el mismo. Más tarde, más tarde, me dice. Bueno. La verdad es que mucha voluntad ya no me queda. Cuando viene a recoger los nuevos papeles trae los de la semana anterior. Vienen señalados con signos que no comprendo. Tampoco me tomo la molestia de releerlos. Y cuando no he hecho nada no le doy nada y gruñe un poco. Pero no trabajo por dinero. ¿Por qué trabajo? No lo sé. No sé gran cosa, si he de ser franco. La muerte de mi madre, por ejemplo. ¿Había muerto ya cuando llegué? ¿O murió más tarde? Muerta para enterrarla, quiero decir. No lo sé. A lo mejor no la han enterrado todavía. Sea como sea, soy yo el que estoy en su cuarto. Duermo en su cama. Uso su vaso de noche. He ocupado su lugar. Cada vez debo parecerme más a ella. Sólo me falta tener un hijo. Puede que tenga alguno en cualquier parte. Pero no es probable. Ahora ya sería casi tan viejo como yo. No era más que una putilla. El verdadero amor no es esto. Mi verdadero amor lo tenía puesto en otra. Ya os contaré. Mira, hasta he olvidado su nombre. A veces incluso me parece que he llegado a conocer a mi hijo, que me he ocupado de él. Luego pienso que esto es imposible. Es imposible que me haya ocupado de nadie. También he olvidado la ortografía, y la mitad de las palabras. No parece que esto tenga mucha importancia."

Y así, con frases cortas, al parecer inconexas, sin significado, sin coherencia, página tras página, hasta que una va encontrando sentido, uno asombroso, que aterra, que parece que destapara las capas de cebolla con las que nos hemos ido cubriendo a lo largo de los años…

Algunas de sus obras más importantes:

Watts, Mercier et Carmier, Premier amour, L’Expulsé, La Fin, Le Clamant, Eleutheria, Molloy, Malone muere, Esperando a Godot, El innombrable, Fin de la partida, La última cinta, Comment c’est, Oh les Meaux tours, Días felices, Acto sin palabras, No yo, That Time, y Footfall; los relatos Murphy y Cómo es, y dos colecciones de poemas. Una de sus últimas obras es Compañía.

B.Miosi