sábado, 30 de mayo de 2009

La profesión más antigua del mundo


Están un cirujano, un ingeniero y una informática discutiendo acerca de cuál es la profesión más antigua del mundo.

El médico dice:
Pues está claro. Dios creó a la mujer con una costilla del hombre; una operación exquisita. Los cirujanos somos los primeros.

El ingeniero exclama:
¡Qué va! ¡Qué va!, antes del hombre existía el caos, la desorganización, y va Dios y con una maestría extraordinaria, hace un proyecto de ingeniería asombroso y crea el Universo. Por tanto la ingeniería es la profesión más antigua.

La informática con una sonrisa dice:
¿Y quién creen ustedes que creó el caos?
Webalia

martes, 26 de mayo de 2009

A un buen amigo: Armando

Queridos amigos, cuando hace poco más de un año empecé el blog, nunca imaginé que pudiera depararme tantas satisfacciones. Compruebo hoy que la red está llena de gente valiosa, cuyas virtudes personales trascienden la escritura.

Una de ellas es nuestro querido amigo Armando Rodera, tan conocido por todos por sus impecables entradas, sí, el escritor de El enigma de los vencidos y relator de las crónicas literarias a las que nos tiene acostumbrados, y que últimamente se codea con gente de la industria editorial a fuer de asistir a actos de presentación de libros, pero más que nada por el gran amor que tiene a la literatura.

Armando ha querido darme una agradable sorpresa en el blog del que a continuación pongo el enlace:

http://llegirencasdincendi.obolog.com/busqueda-blanca-miosi-261905

Por supuesto que me servirá muchísimo, ahora que está en puertas la publicación de mi novela El legado. Cualquier esfuerzo me vale oro, pues todos sabemos cuán importante es la presencia en los eventos de lanzamiento de libros. Y estando tan alejada y sin poder hacer mucho por mi novela, ya casi me había resignado a observar todo de lejos, pero acciones como esta me elevan el espíritu y me emocionan.

¡Gracias, amigo!
Algún día podré retribuir todo tu desprendimiento.

También quiero agradecer a Teo Palacios. Pero a él le debo otra entrada.

Y desearía que pasaran por el enlace y si no es pedir demasiado, dejar un comentario, es lo menos que puedo hacer por este par de buenos amigos: Xavier Borrel y Armando Rodera.

B. Miosi

jueves, 21 de mayo de 2009

Destinatario

Y aquí estoy, sentada sobre la cama desarreglada por enésima vez el día de hoy. No me puedo quejar, el día ha sido bueno. Que escriba una carta, decía el periódico; que escriba una carta y la envíe al concurso “Cartas de Amor”… ¿Yo? ¿Escribir ahora? No. Ha pasado el tiempo, y no en vano. Ya no puedo tomar la pluma entre los dedos, y dejar que corra mi imaginación, como cuando te escribía a ti, mi amor. Ahora todo es diferente, siento frío en el alma, si es que aún la tengo y no se ha escapado con tantos suspiros que debo fingir. Pero he de apurarme, la cama está desecha y aún falta el último cliente.Siento su cuerpo sobre el mío, mientras mi mente vaga interminable por los recovecos del pasado, desde que leí el maldito aviso en el diario. Creo que escribiré una carta, se la enviaré en pensamiento y le preguntaré por qué, si me ama tanto, dejó que muriera mi vida, por qué no me escuchó cuando mi hijo era asesinado en mi vientre, por qué dejó que yo amase a un desgraciado. Por qué me trajo al mundo. Le diré que no espero ya nada de él, que sólo espero a que… Esta es la peor parte de todas, debo esperar a que termine de jadear como un ahogado en la orilla. No me puedo concentrar. Bien, gracias, hasta nunca. Bien, bien, a mí también me gustó.Hoy fue un buen día. Hoy iré frente al mar y respiraré aire fresco, después exhalaré con fuerza, miraré al cielo y enviaré mi carta. O tal vez me decida a llevarla yo misma, O tal vez encuentre a Alfonsina y le pida que lo haga por mí.

B. Miosi

viernes, 15 de mayo de 2009

Nace Viceversa Editorial

Copio la publicación de Palabras Encantadas un página Web dedicada a las novedades literarias:

"En esta ocasión queremos informaros de una
nueva editorial de libros, Viceversa Editorial, una editorial cuyo lema puede
diferir de muchos otros: “Buscamos un autor para cada lector y VICEVERSA”.
Las novedades de
Viceversa Editorial están calentitas ya que han sido presentadas en
este mes de mayo así que tenemos:


El legado. La hija de Hitler (Blanca Miosi): Pocas personas influyeron tanto en la vida de Adolf Hitler como el misterioso Erik Hanussen considerado, durante muchos años, el mejor vidente de Berlín y consejero personal del dictador. Dos personalidades ambiciosas que se utilizaron mutuamente para obtener lo que más deseaban. Pero todo tiene un precio… Hanussen ayudó a Hitler en su fulgurante ascenso al poder; sin embargo, no fue capaz de controlar las consecuencias de una descendencia con los mismos genes que el Führer.



A partir de la misteriosa historia de Erik Hanussen, astrólogo, vidente, mago y amigo personal de Adolf Hitler, El legado. La hija de Hitler es una fascinante novela sobre una saga familiar fantásticamente ambientada entre Alemania, Suiza y EE.UU. desde 1919 hasta 1988.

La historia se inicia en los años 20, cuando el ambicioso Erik Hanussen conoció a Adolf Hitler, al que enseñó técnicas de oratoria, esotéricas y de control mental.
A partir de ese momento empiezan a surgir las impredecibles consecuencias
del pacto entre ellos: Alicia, la hija de Erik, mantendrá en secreto una
relación con Hitler y quedará embarazada. Es entonces cuando estalla la guerra y
Alicia huye en secreto a EE.UU. donde tendrá a su hija Sofía, hija del Führer, y
años más tarde nacerá Oliver, el nieto.
Partiendo de un hecho real pero a su vez extraordinario, El legado. La hija de Hitler narra la historia de una saga familiar marcada por el secreto, la vergüenza y el poder. Un relato con personajes perseguidos por un pasado que determinará sus trágicos destinos."

Para los que deseen saber un poquito más de la novela: El legado

Y más de la editorial Viceversa, les aconsejo visitar: Nace la Editorial Viceversa , podrán conocer a los miembros que la conforman, así como sus objetivos.


lunes, 11 de mayo de 2009

A los compañeros de camino

Tengo este blog hace aproximadamente año y medio, pues aunque lo creé meses antes, empecé mis primeras entradas a partir de la publicación de mi primera novela. Confieso que al principio tenía mis dudas respecto a la efectividad de tener un blog. Después de todo este tiempo, me alegro de tener uno, pues el camino del escritor no necesariamente tiene que ser un camino solitario, he aprendido que formar parte de un grupo solidario es muy importante.

Es curioso. Hemos logrado juntarnos un grupo de personas con toda seguridad tan diferentes, que en circunstancias normales es posible que ni siquiera nos hubiésemos lanzado una mirada. Y al decir circunstancias normales no me refiero a que nuestras circunstancias sean anormales, no. Pero la Internet ha logrado el milagro de que personas que viven en un extremo del planeta se hayan conectado quién sabe por qué motivos, con otras que tienen los mismos intereses, como son escribir, leer, querer publicar. Eso en sí ya es asombroso. Antes de la última década hubiera sido casi imposible. Hoy existen más probabilidades que podamos llegar a contactar con escritores famosos, o que podamos enviar nuestros manuscritos sin tener que perder tiempo y dinero en el engorroso proceso de imprimir y utilizar el correo postal, para contactar editoriales o agentes literarios.

Lo que me ha llevado a hablar de este tema es que del grupo de potenciales escritores que empezamos más o menos por las mismas fechas a hacer uso de los blogs, ya hay varios que están logrando alcanzar sus metas, lo cual no sólo es alentador para todos, sino es una demostración de que cuando realmente se desea algo y los pasos se encaminan en la dirección apropiada, se obtienen resultados. Claro ejemplo de lo que digo son los compañeros:

Elisabet, o Montse de Paz, de
Andanzas de una escritora en busca de editorial Ella no sólo ha llegado a publicar con una de las más conocidas editoriales como lo es Espasa Calpe del Grupo Planeta su novela “Estirpe Salvaje” también ha publicado un libro de autoayuda: “Cómo enfrentar los sentimientos negativos” y creo que tiene ofertas para dar a conocer sus “Andanzas”.

Maribel, de Sucedió en Febrero; todos sabemos que es una persona íntimamente vinculada al mundo de la escritura, es jurado en concursos de cuentos y novelas, abogada especializada en Derechos de Autor, y que este año publicó su libro:
Doscientas cuestiones de derecho que todo el mundo quiere saber , editado por QUIASMO EDITORIAL

Nelo, o Manuel Pérez Recio, un compañero del foro
Prosófagos , que el año pasado publicó su novela Cuyabeno, la sangre de la tierra por Bohodón Ediciones, y participó en dos libros de cuentos publicados por la Editorial Novaltea, y Bohodón Ediciones. ¡Increíble, tres libros en un mismo año!

Martha Abelló, más conocida como Martikka, de
Los manuscritos del caos , que publicó no hace mucho por Bubok Publishing, su maravillosa novela “Como un dios” y que creo que tiene en puertas buenas perspectivas editoriales.

Víctor Morata Cortado, de
Mente creativa , ganador del Premio de Relatos del portal Yo Escribo 2008, y que publicó su trilogía de cuentos: “Tierra”, “Aire”, “Agua”, y “Crepúsculo”, y próximamente verá luz: “El libro de la vida”; participa en varias páginas dedicadas a críticas literarias, y está siempre presente en la divulgación de las obras y objetivos alcanzados por otros compañeros.

Javier Pellicer Moscardó, de
Tierra de bardos , con “La sombra de la luna” que quedó finalista del I Premio de Creación Literaria Bubok, y que también se muestra solidario con los logros de los compañeros de camino.

Néstor Medrano,
Hombre de letras , periodista dominicano, amigo desde los tiempos de Yoescribo, que este año fue merecedor del Premio Alianza Cibaeña de Poesía por sus poemas Escritos con agua de lluvia, y ha publicado un libro de cuentos para niños: “Héroes, villanos y una aldea” publicado por Editorial Norma.

Pero no se trata sólo de llegar a publicar, también se cuentan entre nosotros un grupo de compañeros que a fuerza de persistencia y entereza han llegado a rozar muy de cerca un mundo literario que al comienzo parecía tan quimérico:

Blas Malo Poyatos de
A Hemingway le negaron 27 , que nos dio una buena noticia la semana pasada: Consiguió agente literario y parece que el asunto va muy bien encaminado, para publicar su novela: "EL ESCLAVO DE LA AL-HAMRA"

Armando Rodera, de
Aventuras y desventuras de un escritor, que se ha convertido en presentador, entrevistador, y asiduo participante en tertulias literarias, enriqueciendo su hoja de vida y que espero que muy pronto nos sorprenda.

El blog de
LETRAWEB, una joven que desde Cuba siempre está presente para infundir ánimo y comentar nuestras entradas, y al mismo tiempo en su blog nos informa y sumerge en el amplio mundo de la cultura y la literatura.

Teo Palacios, de
Fantástica literatura, ¿quién no ha pasado por su famoso blog? Teo se ha dado a la tarea de abrirnos los ojos, de marcarnos una ruta a seguir para la forma de publicar menos traumática, y él mismo ya forma parte de la prestigiosa agencia literaria Sandra Bruna.

Lola Martiné, de
Gato por los Tejados , nuestra hermosa y querida actriz de las tablas, Lola, que nos trajo hace poco la noticia de que su novela Katmandú, captó el interés de un agente literario, lo que hace pensar que también podremos ver su obra en librerías.

Y desde su rincón silencioso, Febade, de Al encuentro del Escritor, que acaba de terminar su novela, como él la llama. Espero de todo corazón que logre publicarla.

Félix Jaimes, que desde su blog Los relatos del acompañante, nos hace conocer preciosos cuentos, tiene enlaces a otros blogs donde habla de libros leídos por él, con una minuciosidad que asombra, también tiene un espacio para películas y un blog dedicado enteramente a Pilar. Sus novelas: Spanish Pysicho y La danza oscura, ya en camino de editoriales.

Julia Siles, de Juyjo Literatura para todos, un blog donde se puede encontrar artículos acerca del mundo editorial, relatos, novelas, fotografías de España, y desde donde Julia ha publicado partes de su novela "No somos dioses", confieso que he leído un par de capítulos y me ha dejado boquiabierta. Un tema duro, durísimo, diría yo, que estoy segura encontrará agente muy pronto.


El mundo de los que escriben no está únicamente supeditado a publicar, mientras ese momento llega, hay compañeros que han tomado el toro por las astas: comprendieron que para llegar a buen fin es necesario pulirse, y entre ellos tenemos a:

Nuestra querida Arwen Anne, de
Pasado, Presente y Futuro, que no sólo siguió un taller literario, sino otro de ¡teatro! Y tiene dos novelas escritas, esperando ser publicadas.

Mjesús, de
El trébol de cuatro hojas, que acaba de terminar un taller de literatura, con la conciencia de que es importante la formación para complementar el don de la creatividad. Estoy segura de que llegará a publicar su novela Corazón de nácar, realmente es muy buena.

Y hay una innumerable cantidad de compañeros de camino que nos animan con sus comentarios, sus buenos deseos, que no tienen interés en publicar pero que sí son buenos lectores, y les gusta la literatura, nos enseñan, y nos hacen conocer valiosas noticias de actualidad, que enriquecen nuestra vida: TitoCarlos, Stanley Kowalski, Turkesa, La bruja, Venator, Conchi, Juan C., Febade, Incongruente, Lugareño, Sergio Astorga, Ñam, Felixón, Germanico, Estoico, Ricardo, Boris Rudeiko, Didac Valmón, Lobo Herido, Irgavilán, Pepsi, Margarita, Vitolink, Palabras, Mamen, Julia, Esther... a quien debo hacer una entrada aparte.


Y no podía dejar de mencionar a mi querido amigo Daniel de Córdova, de
Un rato con Daniel, que ya está en el últimos pasos de la publicación de su novela cuyo nombre nos tiene en ascuas, y que se ha sumado a este grupo de bloggeros en busca de sus sueños, al igual que lo ha hecho Cristina Puig, de La reina oscura, una chica que escribe fantástico y que la Editorial Mallorca Fantástica le ha publicado un cuento gótico: LANKHAR, diario de una vampiro.

¿Y qué decir de Angel Vela de Tortuosos senderos de fe? Una blog novela ganadora de premios, en donde Angel plasma una historia alucinante, escrita en un lenguaje antiguo, un verdadero reto para cualquier escritor...

Mi querida amiga ArletteGeneve, a quien no he puesto en la lista de bloggeros que desean publicar porque ella ya es una escritora con cinco novelas publicadas: Las espinas del amor, Watterfallcasttle, Mil y una noches de amor, La última cita, Embrujo seductor, fue finalista de la última emisión del Premio Planeta y siempre se da un tiempito para pasar por aquí.

DNaz Franco, de Leve desliz hacia lo insano, compañero de Prosófagos, aumenta la lista, les recomiendo su blog, un poco enredado, pero estoy segura de que como expertos bloggeros podrán dar con sus buenísimos relatos. Leí "Saciedad" y es realmente lo mejor en cuentos de vampiros, diferente, no se lo pierdan. Además está en dos idiomas: Inglés y castellano.

Un blog más que una útil herramienta, es una forma de comunicación personal y directa, que nos facilita conocer a otros que están interesados en nuestras mismas inquietudes, y que nos provee de gratos momentos de esparcimiento, al tiempo que, algo importante: nos ayuda a darnos a conocer.

Esta entrada, la dedico con mucho cariño a todos los que visitan mi blog, sin que alguno que haya quedado al margen se sienta aludido. Tengan en cuenta que escribo desde mi casa, donde no tengo Internet, y es en mi taller donde en el escaso tiempo del que dispongo, procederé a copiar los debidos enlaces.

B. Miosi

lunes, 4 de mayo de 2009

No apto para escritores, B. Miosi

Siguiendo la invitación de Tito Carlos, aquí va mi cuento de los lunes:
Pues sí. Tengo que escribir un cuento corto para el concurso y no tengo ni una puñetera idea de lo que voy a contar. Creo que después de todos los malos cuentos que he escrito antes haciéndome pasar por intelectual, se me escurrió el cerebro. Delante de mis amistades debo aguantar las preguntas con ánimo de cachondeo: “¿Y cómo va lo de la escritura?” . Joder. ¿Quién me mandó decir a todo el mundo que yo escribía? Me hubiera conformado con mi diario. Pero claro, a nadie le iba a importar si yo me levantaba una mañana creyéndome un canario, o si había tomado la decisión de ir al gimnasio a las seis. Y yo lo que más anhelo en la vida es ser un famoso escritor.
Y ahora resulta que debo contar un cuento en menos de mil quinientas palabras. Hasta las tengo que contar, y encima, no poner mi nombre sino un seudónimo, yo, que quiero hacer célebre el apellido de mi abuela. ¿Quién me mandó meterme en el foro de escritores? Día a día tengo que soportar la idea de que lo que cuelgue sea leído, y sólo veo como respuesta a mis afiebrados impulsos narrativos una que otra palmadita en la espalda: “Vas bien, chaval...” “Te felicito, eso estuvo buenísimo” o “De veras me hizo pensar”. No entiendo qué coño hago en este foro. Todos lo hacen mejor que yo, ¿A quién trato de engañar? Máximo diez leídas y mi cuento queda detrás de los demás, parece que se hubiesen puesto de acuerdo.
Me metí en una cuenta de Internet ABA que me permite una navegación de 10,0 Mbps, que quién sabe que mollejas sea, pero que me cuesta un ojo de la cara y parte del otro. Me meto en Google tratando de conseguir información y a pesar de todo lo que encuentro, lo tengo todo revuelto como si estuviera ayudando a cocinar a mi abuela su salsa para espaguetis de albahaca, mezclada con carne a la tártara. “¡Mijo, no mezcles la carne con el huevo!”, solía decir.
Mi abuela era un relajo. Ayer vi las fotos de su entierro y sentí que ella moría otra vez a pesar de haber sido hace más de un año. Yo no fui al velorio, hace tiempo que vivo en tierras lejanas, soy un extranjero en tierra ajena. También soy redundante. Busco lo que no se me perdió, la única que creía en mí era ella. Decía: “Mijo, el que quiere llegar llega, vaya y coja mundo, que es usted joven, aproveche la vida para que no termine como yo, vieja y sin haber salido de este pueblo”.
La escuché y lo primero que hice fue venir a Venezuela. La tierra del petróleo y las mujeres bellas, lindas playas y sol todo el año. Conseguí trabajo en un tris. Era vendedor de libros y parecía que a todos les gustaba leer, porque el catálogo del Círculo de Lectores lo tenía todo pintarrajeado, empecé a entusiasmarme por la escritura, parecía que eso impresionaba a las chamas, y la verdad, no parecía hacerlo tan mal. Asistí a unos cuantos bautizos de libros para darme ánimos y hacerme creer a mí mismo que era un intelectual, pero en aquellos sitios lo único que conseguía era gente que se paseaba de un lado a otro con el cuello estirado, como buscando a alguien que aún no había llegado. Eso sí, se servían buenos tragos y bocadillos. Empecé a reconocer a varios que coincidían conmigo en los mismos eventos, y llegué a sospechar que me miraban sin ninguna simpatía, porque a pesar de reconocerlos, no soltaban prenda. Creo que era una mafia, o para ser escritor hay que tener percepción extrasensorial, tanto para que lo saluden a uno, como para que lo lean.
Con el tiempo me di cuenta que ellos estaban en la misma onda que yo. Tratando de entrar a un mundo tan inaccesible que si no vas de la mano de Vargas Llosa no se enteran de que existes. Yo podía tomarme todo el vino y comer todos los tentempiés de la bandeja; escuchar los parlamentos de los presentadores, los agradecimientos de los autores del libro en cuestión, y hacer una fila en busca de la firma de un escritor que había publicado recientemente una novela de cómo se fornicaba en un burdel, gastarme parte de mi última quincena en ese gazapo y, ni aún así, ser uno de ellos.

Después de todo, ¿quiénes eran ellos? Simple: parecían tener el don de escribir una línea con el debido sentido lírico aunque estuviesen hablando de las coles de Bruselas. Ni más ni menos. Pero lo último fue lo que derramó el vaso. Debí decir: fue la gota que derramó el vaso, pero es que estoy mosqueado.
Después de más de media hora de pie con unos zapatos que me traían el diablo, llegué donde estaba Laura Restrepo. Su obra: Delirios. Ganadora del premio Alfaguara, al que por cierto, yo también me presenté con la que creía era mi obra maestra: “Los corchetes de mi abuela”. Retomo. Cuando finalmente llegué hasta Laura, ella me miró con aquella forma muy suya, muy bonita ella, cualidad que todos siempre alaban, y con estilo:
—¿Cómo te llamas? —preguntó como si realmente le interesara.
—Julio Cuevas —dije con cara de gilipollas, porque debí verme así, como ahora veo a los que hacen filas tras lo mismo.
—Para Julio, con cariño...
—Un momento —interrumpí—: ¿Podría darme el teléfono de su agente?
—¿Mi agente? —preguntó, con la sorpresa reflejada en rostro.
—Sí... —dije yo, sintiéndome estúpido—. Es que necesito un agente. Me presenté al concurso y no gané.
—¿Ni siquiera quedaste de finalista? —me preguntó la muy perversa, con su tono mofletudo.
—No. —Esta vez me sentí realmente como un tarado. Mira que ir allí casi a reclamarle que ella me había robado el premio.
—Vamos a ayudar a este chico —dijo ella modosita—. Este es mi agente, te puse su número de fax.
Yo estaba en la gloria. Había valido la pena, le di un beso y todavía me quedó valor para agregar: —¿Me puede poner su correo electrónico?
—¡Ah claro! —dijo ella sonriendo— para que me des tu opinión de mi novela.
En este punto no sabía si sentirme halagado. Esa noche inolvidable regresé caminando sobre nubes al cuarto que tengo arrendado. En plena madrugada mandé un fax al dichoso Thomas Colchie. Soy el mejor escritor del mundo, mejor que Danny Brown. Recuerdo que escribí. Sólo necesito un buen agente, uno como usted, que me valore y que se atreva a representar a un desconocido. Le mandé tres faxes. Nunca obtuve respuesta. Escribí entonces un hermoso correo electrónico a Laura Restrepo después de haberme volado su libro en dos días. Silencio absoluto. Y no era que me lo hubieran devuelto porque eso se sabe cuando te aparece un aviso de error-delivery y esas vainas. Nada, que la vieja ni recordaría quién soy, además, debía tener filtros anti-spam. Al diablo con sus delirios, escrito según los sabios, en primera, segunda y tercera persona, todos al mismo tiempo. No entendí un carajo. Decididamente no estoy para concursos, no sirvo para esto de la escritura, menos para escribir algo en mil quinientas palabras.
Creo que me dedicaré a hacer arepas con queso guayanés, que son las que más se venden, mientras, esperaré a que alguien que entienda de buena literatura, decida publicar “Los corchetes de mi abuela”. Alguna de las doscientos cincuenta y siete editoriales me tendrá que contestar. El que persevera, alcanza.

B. Miosi


viernes, 1 de mayo de 2009

Octavia y Francesco, final.


Octavia observaba que Francesco había cambiado. Se había convertido en un joven maduro, sus deseos de llegar a ser alguien en la vida cobraron fuerza inusitada, al tiempo que reparaba en que él ya no tenía más en mente que lo haría para conquistar el amor de una mujer como la joven Octavia. Ahora sabía que él lo hacía para que ella, Octavia Cruz y Orellana viuda de Montes de Oca, se sintiera orgullosa de él. Ella no quería preguntarse cuáles eran los sentimientos que lo empujaban; prefería pensar que era agradecimiento, al haberle brindado una gran oportunidad en la vida. Sabía que él jamás pensaría en ella como una mujer, a pesar de ser su amante de una vez por semana. No volvieron a conversar más de la joven Octavia, no era necesario, ambos sabían lo que había ocurrido con esa relación, él no era muy afecto a detallar sus asuntos personales, y a ella no le gustaba preguntar. Virtud que le había valido como un estandarte en sus tres bien avenidos matrimonios.

Contrario a lo que pensaba Octavia, ella despertaba sentimientos profundos en Francesco, y aunque él no los quería admitir ante sí mismo, muchas veces se encontraba pensando en sus hermosos ojos color jade, su forma sutil y apasionada de hacer el amor y su suave, muy suave perfume a flores de campo. Muchas veces cuando se encontraba frente a ella, únicamente veía sus ojos, y se sumergía en ellos olvidándose del resto de su rostro, no veía la tirantez de sus mejillas, ni la piel ajada del cuello, se había acostumbrado a acariciarla sin verla, y a sentir su suave piel en sus manos. El hombre es un animal de costumbres, pensaba, pero al hacerlo comprendía que algún día terminaría todo. No podía ser eterno.

En unos días se cumpliría un año de haber conocido a Octavia, deseaba hacerle un regalo, pero, ¿qué regalarle a una persona que lo tenía todo? Entonces recordó que en una ocasión le había dicho que el mejor regalo que había recibido había sido él. Sonrió al recordar los primeros momentos de intimidad, y ahora, un año después, le parecía increíble que aún sintiera deseos de estar con ella. Éste solo pensamiento le hacía sospechar que a lo mejor él no era una persona normal. ¿Cómo podría un hombre de su edad sentirse atraído por alguien tan mayor? En algún lugar había escuchado acerca de las reencarnaciones y ese tipo de cosas. Tal vez ella era alguien que había conocido en alguna vida pasada. Trataba de encontrar una respuesta racional que lo convenciera de que sus sentimientos por Octavia tenían un significado trascendental, y que no era una atracción que no quería aceptar por parecer ilógica.

Tomó la decisión de obsequiarle una cena íntima con velas. Confabulado con Flaubert dispusieron la cena. Francesco personalmente preparó el postre siguiendo las indicaciones del fiel empleado y se ocupó de que la pequeña mesa estuviera en sus aposentos, adornada por un centro de flores que él mismo recogió del jardín. La velada fue maravillosa, el rostro de hermosas facciones de Francesco era un regalo inapreciable para Octavia, sus ojos negros de tupidas cejas tenían un brillo muy especial esa noche, y ella sentía que él le decía con los ojos palabras que no se atrevía a decir con los labios. En la soledad de sus aposentos, ambos se sentían libres de comportarse como quisieran, pero la relación entre ellos se había estrechado de tal manera que sentían que caminaban por terrenos muy peligrosos y evitaban hacer o decir algo que pudiera quebrar el delgado hilo que aún conservaban de aparente racionalidad. Ella y él, ambos, tenían miedo de decir en voz alta lo que muy dentro deseaban, por pensar que el otro podría rechazarlo. Y esa situación se hacía más difícil cuando estaban como en ese momento, sentados frente a frente, separados por una pequeña mesa. Cuando estaban en la cama era diferente, daban rienda suelta a sus deseos y las palabras que salían podrían adjudicarse al momento de pasión sin implicar en ellas algo más íntimo y secreto.

Esa noche, Octavia tuvo un regalo de cumpleaños que una vez más, y ahora más que antes, la colmó en todos sentidos: Francesco. Pero aquella había de ser una noche especial, por primera vez, él se atrevió a decirle que la amaba, y ésta vez lo hizo sin pensar en nadie más que en ella. Octavia, te amo, te amo a ti, ¿me comprendes? fueron las palabras pronunciadas por Francesco, a las que ella respondió una vez más, con un: ¡Yo también te amo, Francesco!, palabras que desde hacía tiempo Octavia las había dicho únicamente pensando en él. El amor declarado por Francesco se clavó en su pecho y Octavia sintió como si no pudiera resistir más la felicidad que la embargaba, por un momento sintió que el corazón se le detuvo y que le faltaba aire. Francesco se sentía feliz, sabía que ella lo amaba. Sintió su cuerpo relajarse, sabía que Octavia estaba una vez más satisfecha. ¡Ah, su Octavia!

Momentos después, Francesco le dio un beso en la mejilla y se dio cuenta que se había quedado profundamente dormida. Pero sintió algo extraño, estaba demasiado quieta, incluso no se había cubierto con la bata como siempre lo hacía, en eso no había cambiado, parecía que tenía vergüenza de mostrarle a él un cuerpo demasiado ajado por los años. Instintivamente, Francesco la movió, algo no estaba bien, ella no reaccionaba, tenía los ojos semiabiertos como siempre y una sonrisa adornaba su cara, pero no despertaba. Desesperado, puso la oreja a la altura de su pecho y se dio cuenta que no había latido alguno, de un salto se levantó y empezó a temblar, ¡Dios, los últimos minutos había estado haciendo el amor con una muerta!

Como pudo, se vistió y bajó corriendo a buscar a Flaubert. Fue lo único que se le ocurrió.

Flaubert subió las escaleras sin esperar al ascensor; lo que él intuyó había sucedido. Demasiadas emociones para un viejo corazón. Pero al mirar a Octavia, cayó en cuenta que había muerto feliz. Y no era precisamente la eterna sonrisa de su rostro la que le hacía pensarlo, había algo más en aquel rostro, se reflejaba una felicidad que no se podía haber plasmado de manera más indeleble.
—¡La maté, Flaubert, yo la maté! —repetía abatido, Francesco.
—No diga eso, señor Francesco, la señora Octavia hacía tiempo no estaba muy bien del corazón, hubiera fallecido de todos modos, en cualquier momento...
—¿Por qué nadie me dijo nada? ¡Hubiera evitado que sucediera esto! Ahora... ¿qué va a suceder? Debemos dar parte a la policía...
—Nada de eso. La policía no tiene por qué estar aquí, esta es una muerte natural, no un asesinato, escuche bien lo que vamos a hacer: borremos todo vestigio de lo que ha sucedido aquí. Vamos a poner el pijama a la señora Octavia, cambiemos las sábanas, limpiaremos los restos de la cena, y llamaré a su médico de cabecera en cuanto amanezca, para que certifique que murió de un ataque al corazón mientras dormía. Será mejor que usted no se encuentre aquí para cuando él llegue.

Flaubert y Francesco desnudaron a Octavia despojándola de la bata de seda, y Francesco por primera vez la vio totalmente desnuda a la luz de una lámpara. A pesar del grave momento, no pudo evitar admirar lo bien conservada que estaba para la edad que tenía, y no se explicaba el motivo de nunca haber querido que él la viera sin ropa, siempre una bata, siempre las sábanas... sacudió la cabeza horrorizado ante esa clase de ideas en un momento tan inapropiado. Después de dejarla tendida sobre las sábanas limpias y con uno de sus pijamas favoritos, Francesco se arrodilló ante ella y le dio un beso de despedida en los labios, las lágrimas le surcaban el rostro, estaba empezando a comprender que nunca más la volvería a ver con vida, nunca más. Rezó bajito la única oración que sabía, se la había enseñado su madre cuando era niño: “Angel de la guarda, en vos confío, no me desampares, ni de noche ni de día”.

Flaubert observaba a Francesco pensando que no se había equivocado al juzgarlo. Era un buen hombre y había amado a su querida patrona. Eso él lo sabía desde hacía tiempo. De una de las gavetas de un mueble de la alcoba, tomó un sobre blanco, anudado por una cinta de color rojo como si fuera un regalo, y se lo entregó a Francesco.
—Esto es para usted, señor Francesco.
—Y esto... ¿Qué es? —preguntó él.
—Es lo que le corresponde. Es suyo.
—No pensarás que voy a cobrar hoy por mis... servicios. Ni lo pienses. Hoy no... y hace un tiempo que no lo hago. De ninguna manera. Yo quise, y tú lo sabes, darle un regalo de cumpleaños a Octavia, y mira lo que he hecho...
—No siga culpándose por lo irremediable, en cuanto al sobre, le aconsejo llevárselo. No lo considere una paga, a la señora Octavia le hubiera gustado mucho que usted lo recibiera —dijo Flaubert con tono autoritario—. Léala.
—Flaubert, sé que para ti, la muerte de Octavia significa mucho, y para mí más aún. Quiero que sepas que esta noche le dije que la amaba. Y era cierto. La amaba.
—Lo sé querido señor Francesco, lo sé. Eso se notaba, y ella también se enamoró de usted, pero nunca lo quiso admitir porque le daba vergüenza.

Las primeras luces del amanecer otoñal hacían su aparición, mientras la larga avenida de abedules excepcionalmente quietos como si aguardasen algo, se dibujaban fantasmales frente a Francesco parado frente al ventanal. El único movimiento a la vista era dado por el agua que manaba de los cántaros de las tres santas, que con su continuo e inacabable brotar, parecían dar a entender que la vida continuaba, que todo debía seguir su curso, y que el tiempo no se detenía ni siquiera por la muerte de una mujer como Octavia Cruz y Orellana. Guardó el sobre con desgana y se enfrentó a la vida.

Con los ojos nublados por lágrimas que no podía evitar, Francesco se despidió de Flaubert. Se alejó caminando por la larga alfombra de hojas doradas de la avenida de altos abedules semidesnudos; no había llevado su auto porque había hecho uso del chófer para los preparativos del cumpleaños de Octavia. El viento empezaba a arreciar. Se subió el cuello del sobretodo y puso las manos en los bolsillos, encontrándose con el sobre que le diera Flaubert. Ni por un momento sospechó que ya era un hombre rico y que algún día sería muy poderoso, como siempre había deseado: un banquero. Sueño que supo comprender Octavia y que lo había hecho posible. Desde la ventana, el viejo mayordomo veía cómo de vez en cuando llevaba su brazo a los ojos en un ademán de limpiarse las lágrimas, y comprendió que era sincero. Se dirigió al cuerpo exánime de Octavia y le dijo:

—No nos equivocamos con Francesco, querida Octavia. Él la amó.

B.Miosi